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Ramón Esteban Magaña

Ramón Esteban Magaña

    AUTOR
Ramón Esteban Magaña

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Gavà (Barcelona, España), 1959

    BREVE CURRICULUM
Ingeniero técnico de Telecomunicación (La Salle Bonanova, Universitat Ramon Llull), con un máster en dirección de ventas (EADA). Ha dedicado su vida profesional al mundo de la venta en diferentes sectores y ha ejercido el cargo de director comercial en varias compañías. Apasionado desde muy joven por la escritura, siempre la había desarrollado en ámbito privado. Ahora decide publicar un ensayo monologuista, él así lo define, titulado 15-J. El día en el que los políticos se indignaron




Opinión/Entrevista
Entrevista a Ramón Esteban Magaña, autor de 15-J. El día en el que los políticos se indignaron
Por Jesús Martínez, martes, 03 de enero de 2012
Carta a los Reyes Magos

La multinacional de los juguetes Toysrus, con el permiso de Santa Claus, ofrece a los niños, mediante su página web española, la posibilidad de que escriban cartas a los Reyes Magos. Para ello, se ha de acceder a una especie de intranet, escribir tu mail, escribir la contraseña, confirmar la contraseña y aceptar la política de privacidad. El comercial e ingeniero técnico de telecomunicaciones Ramón Esteban Magaña, un niño con los pies fríos nacido en 1959, también ha escrito su carta, pero la ha hecho extensiva, y como no quiere cortapisas ni censuras, la ha publicado en este libro-panfleto: 15-J. El día en el que los políticos se indignaron (Ediciones Carena, 2011).
En esta obra, Ramón Esteban, como un ciudadano más del movimiento 15-M, se cabrea por la indignación de los diputados que no pudieron acceder al Parlament de Catalunya el 15 de junio del 2011, en aquella jornada que los diarios titularon en caja alta con las palabras cerco y ataque a la democracia, como si la Armada Imperial Japonesa del almirante Yamamoto hubiera vuelto a bombardear Pearl Harbor.

“Ese día estaba viendo las noticias en la tele, con mi hija, Ainhoa, y me encendí. Pensé en que no tenían ningún tipo de razón para lamentarse. Todos estamos sufriendo en nuestras carnes los efectos de esta crisis económica que ellos han permitido. Los puestos de trabajo van cayendo porque cierran multitud de empresas, y la ira de la gente está totalmente justificada”, reacciona Ramón Esteban. Días antes, el 27 de mayo del 2011, cuando los Mossos d’Esquadra intentaron desalojar la plaça de Catalunya, el autor se empezó a “quemar”.

Escasamente vanidoso, con la flema de un labrador en el haza, manifiestamente ofuscado –un ofuscamiento con reveses; también es obsequioso y amable–, muy dado a fruncir el ceño y a platicar para “liarla”, Ramón se puso en seguida delante del ordenador para desembuchar todo lo que llevaba dentro, vehiculando el rencor hacia otras formas de existencia, como si los dardos que disparara fueran las flores del búcaro del 68: “Quise escribir un librito, muy en la línea del ¡Comprometeos!, de Stephane Hessel, en el que volcar una idea a la que voy dando vueltas desde hace mucho tiempo: los políticos se deberían regir como los comerciales y como se rigen la inmensa mayoría de los trabajadores, es decir, por resultados obtenidos, por producción… Por ejemplo, si un presidente, un partido político o quien sea que ocupe un cargo público promete tantos puestos de trabajo, su salario debería ir en función de los frutos cosechados”, discurre, y acto seguido desglosa los puntos fuertes de su razonamiento, que recoge como patatas en una parata: “Los políticos con cargo público no deben cobrar con fijos, sino con variables en función de los resultados y de la marcha del país… Que el sueldo esté en función de si han reducido el paro o no, por ejemplo, y de otra serie de parámetros que determinen la salud y el buen funcionamiento del país. Yo lo veo justo y lógico. Para eso les ha votado la gente. Y su programa, el programa electoral del partido con el que concurren a las elecciones, debería estar presentado ante notario antes de empezar la campaña electoral. Me parece de locos que el Partido Popular –vale para cualquier otro– gane las elecciones y que nadie sepa aún qué narices van a hacer, qué medidas económicas y de diversa índole se van a tomar”.

Sigue y se embala, se envalentona: “Y eso por no hablar de los salarios vitalicios. Machacan a quienes mantenemos su modus vivendi, y ellos sólo piensan en su bienestar mientras están en el cargo y en seguir manteniéndolo cuando lo dejan… ¡Qué chollo! En cuatro añitos ya tienes tu vida solucionada, la verdad es que me produce náuseas…”.

15-J. El día en el que los políticos se indignaron (Ediciones Carena, 2011)fue escrito en apenas tres semanas, de ahí la urgencia con este ensayo. Y se nota: “Cuando lo empecé, justo después de ver las noticias televisivas del mediodía, el 15 de junio, tenía claro que debía ser algo directo al corazón. Y el hecho de que clamaran al cielo los parlamentarios y demás políticos fue el detonante. Lo escribí de una tirada, todo seguido. Yo había votado siempre, excepto en las últimas elecciones municipales, las del 22 de mayo del 2011, cuando me cabreé muchísimo, pero ahora ya lo he visto claro. La política se ha convertido en una profesión, y no lo es; se trata de un servicio al pueblo”.
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