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Remedios Falaguera (foto de Jesús Martínez</b>)

Remedios Falaguera (foto de Jesús Martínez)

    AUTORA
Remedios Falaguera Silla

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Valencia (España), 1961

    BREVE CURRICULUM
Licenciada en Periodismo por la Universitat Internacional de Catalunya y diplomada en Magisterio por Edetania de Valencia. Casada y madre de seis hijos, intenta compaginar su trabajo de madre con el de maestra y periodista. Tres profesiones en los que los resultados positivos o negativos se ven a largo plazo, y por lo tanto, exigen mucha oración, mucha paciencia, firmeza y justicia, y grandes dosis de sentido del humor y cariño para no desfallecer en el intento

    OBRA
Las mujeres en la vida de San Pablo (Styria de Ediciones y Publicaciones, 2009). Homenaje a las madres de los sacerdotes y La mujer en primera línea de la Iglesia (ambos libros sin editar)




Opinión/Entrevista
Entrevista a Remedios Falaguera, autora de ¡Pide el cambio! Cartas a los jóvenes que sueñan con cambiar el mundo
Por Jesús Martínez, martes, 4 de octubre de 2011
Cartas al lector

¿Se acuerdan de aquella frase de la televisión, que Fernando Tola le dirigió a Carmen Maura: "Nena, tú vales mucho"? Sí se acuerda de ella la comunicadora Remedios Falaguera (Valencia, 1961), licenciada en Periodismo por la Universitat Internacional de Catalunya y diplomada en Magisterio por Edetania de Valencia. Remedios reivindica el «genio femenino» para humanizar al ser humano en el ámbito familiar, educativo, político, económico y cultural. Y religioso: “Yo soy católica, apostólica y romana. Creo que la mujer tiene un papel fundamental en la Iglesia. Nuestro carisma y talento —que Dios ha elegido única y exclusivamente para cada uno de nosotros— también es un modo de servir. Yo lo veo así”. En esa línea, y como “deuda a sus hijos y a los amigos de sus hijos” (“quería darles las gracias por estar conmigo, por que me dejaran ser partícipe de su vida, por enriquecerme y por hacerme mejor persona, mejor profesional, mejor hija de Dios”), Remedios ha escrito el ensayo ¡Pide el cambio! Cartas a los jóvenes que sueñan con cambiar el mundo (Ediciones Carena, 2011). “Yo siempre he escrito a mis hijos, les he inculcado el poder del diálogo y de la escritura. Les dejaba papelitos por las noches: ‘Mira, que ayer me quedé pensando en lo que me dijiste y creo que fallas en esto o bien deberías de plantearte esto otro.” A su vez, guardo sus cartas al Ratoncito Pérez y a los Reyes Magos de Oriente, en las que siempre me pedían un nuevo hermanito.” Con ¡Pide el cambio!, Remedios se transmuta en poco menos que el activista Arcadi Oliveres, por la intención subliminalmente levantisca que revierte su mensaje: “Pedir el cambio para transformar esta sociedad en un campo fértil y limpio de rastrojos heredados”
Para saber quién es Remedios Falaguera habría que preguntarse quién fue primero, si la gallina o el huevo, si ella o sus hijos, puesto que los dos se prolongan en los dos, dando al traste con las leyes biológicas y adentrándonos en los universos paralelos de la Física.

Si suponemos que Remedios, flemática, rubia cobrizo, con las uñas pintadas de un negruzco malvavisco, llegó antes, como es lógico, percibiríamos en ella la influencia de sus seis hijos, con edades comprendidas entre los 11 y los 26 años, y con este orden natalicio, de menor a mayor: Santiago (“porque me quedé embarazada durante el Año Santo Jacobeo Compostelano”), Almudena (“porque mi marido, Javier, es de Madrid”), Víctor, Rafa, Rocío (“estaba en Huelva por entonces”) y Javier. Remedios se crió con dos hermanos, y le supo a poco: “Me gustan las familias numerosas, y siempre creí que tres hermanos eran pocos hermanos. No sé”. Cuando Remedios se matriculó en Periodismo, en el 2001, destinaba un día por semana a realizar los trabajos pendientes de clase (algunos, en powerpoint, una vez supo que se trataba simplemente de un programa de presentación y no de una teoría económica). Ese día, coincidía con cinco de sus hijos, siendo su casa, en Sant Cugat del Vallès, el sagrario de las bibliotecas, con un silencio insólito: “Le pedía a mi marido que se llevara al peque al parque, y aquí todos hincábamos los codos para estudiar”. En seis años, se sacó la carrera, y no defraudó a sus hijos: “Recuerdo que era junio cuando hice mi último examen, y que al día siguiente nos íbamos de vacaciones. Le dije al profesor: ‘Mire, tengo a uno de mis hijos esperándome en la cafetería’. Ya sé que no se suele hacer, pero ¿podría revisar mi examen hoy mismo y adelantarme si he terminado, por fin, la carrera o bien me queda la asignatura para septiembre?’. Aprobé”.

Ya que, y como dice el proverbio 2.0, quien no está en Facebook, no existe, Remedios se abrió una cuenta, alentada por la red social de su prole: “Mis hijos me han ayudado a tener mi página, y me han agregado como amiga. Claro que en lugar de poner mi foto, he puesto a mi querida Mafalda. Aún no entiendo cómo los jóvenes pueden colgar fotos de ellos tan libremente. Ahora me están enseñando a moverme en Twitter”.

Si suponemos que sus seis hijos, alistados en brigadas de voluntarios para los campos de trabajo solidarios en el Tercer Mundo (“hay veces que he tenido a mis niños repartidos por tres continentes”), llegaron antes que su madre, cosa improbable y, por lo demás, imposible, percibiríamos la influencia portentosa de Remedios en ellos: “Están muy sensibilizados con el movimiento de los indignados, del 15 de Mayo. Están de acuerdo en que se ha de cambiar algo, porque están muy formados y su futuro es cada vez más difícil”.

La idea de las “cartas a los jóvenes” recopiladas en ¡Pide el cambio! (por ejemplo, “Provoca, que algo queda” y “Un cuerpazo con sensatez”, o aquellas en las que toca las drogas, el botellón, el fútbol…) surgió en el plenilunio de su formación universitaria. Remedios enviaba cada día (ahora, cada semana) una misiva a la sección de Opinión de los diarios tradicionales, firmadas con nombre y apellidos, en las que constaba la dirección, el teléfono y el DNI: “Para mí era un ejercicio, como cambiar pañales, y nunca me ha importado si luego las publicaban o no. En las cartas a los lectores te sientes protagonista, porque es la forma de aclarar, quejarte o felicitar por alguna iniciativa interesante. Sinceramente, creo que debería de darse un premio a esta sección de la prensa diaria”. Temas sobre la actualidad mediática, esa de la agenda setting del docente Bernard Cohen: la eutanasia, l’Estatut de Catalunya, la desertificación, el ahorro energético, las canciones de Hilary Duff, el juicio al exgeneral serbobosnio Ratko Mladic en el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia… “Influir a través de los medios, el futuro”, sostiene con convencimiento, por lo que se preparó para “saltar a Internet”. Colabora como bloguera, con la columna fija “Genio Femenino”, en la revista digital www.infocatolica.com (“su misión es la difusión de información, formación y opinión basada en la doctrina católica”).

Volvemos a la religión: “El Papa es la persona que sirve a la Iglesia. Yo estudiaba COU cuando eligieron Papa a Juan Pablo II, y él me abrió los ojos. Su mensaje, para mí, fue: ‘Tú, como mujer, tienes valor no sólo en la Iglesia, sino en la familia, la cultura, la educación, el trabajo profesional…, en definitiva, en la sociedad en general’”. Institución que, siguiendo la Fe de Jesucristo, no admite sacerdotes mujeres. “Cristo podría haber elegido a una mujer para ser sacerdote y no lo hizo. ¿La razón? No la sabemos. Sólo sabemos que Cristo quiso que la Iglesia fuese tal como es. El sacerdocio no es un derecho, es un servicio. No necesito ‘figurar’ en un cargo eclesiástico para evidenciar mis cualidades femeninas con las que ‘hacer’ un mundo más humano. Ni mucho menos. Sabedora de que en la Iglesia de Jesucristo somos todos iguales, y en la que cada uno de sus miembros tiene su función y sus competencias, me sorprende cómo todavía hay quien arremete contra la Iglesia por no aceptar la ordenación de mujeres. No comulgo con lo de ‘mujer, sométete al hombre’. Pero todos somos necesarios, no hay nadie que sea más que el otro”, pontifica, y reivindica la voz femenina en este campo: “Veo que la mujer puede aportar aún más. Pero veo que algunas mujeres, para competir con el hombre, renuncian a la maternidad, que es un don, una pasada, aquello que nos hace distintos como seres. Yo no he estado dispuesta a renunciar a ser madre ni a renunciar a hacer cosas a favor de la mujer”.

Entre esas cosas, la publicación de una especie de tesis o hagiografías: Homenaje a las madres de los sacerdotes (“dar las gracias a todas esas madres, siempre en la sombra, que como María Santísima, Madre de Jesucristo, Sumo y Eterno sacerdote, han sido predestinadas desde la eternidad para vivir en sus hijos el privilegio de un servicio exigente, el ministerio sacerdotal”) y La mujer en primera línea de la Iglesia (“sobre la grandeza de la dignidad femenina, su reconocimiento a lo largo de la obra de la Salvación y su necesaria y privilegiada participación en la vida de la Iglesia”), ambas sin editar.

Con Las mujeres en la vida de San Pablo (Styria de Ediciones y Publicaciones, 2009), Remedios Falaguera desmontó el tópico de que el Apóstol de los Gentiles era misógino: “Conté todas las veces en las que aparecían mujeres. La proporción es de 52 hombres y de 30 mujeres. Y esto, hace 2000 años, se podría considerar un hecho casi revolucionario y, para muchos, provocativo. Si leemos con atención sus cartas, para cada una de ellas tuvo palabras de admiración y agradecimiento. Incluso para la Virgen, Madre de la Iglesia, Madre de los Apóstoles”.


En el cántico del Magnificat del Evangelio de san Lucas, las palabras más hermosas dirigidas a María:

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador.
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