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Eva María Ruiz (foto de Marc Javierre)

Eva María Ruiz (foto de Marc Javierre)

    AUTORA
Eva María Ruiz

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Barcelona (España), 1976

    BREVE CURRICULUM
Diplomada en Gestión y Administración Pública, cursó un posgrado en Economía Pública. Empezó su trayectoria laboral ese mismo año en diversas áreas empresariales, especialmente en publicidad y ventas. Su pasión por las letras le ha llevado a ganar en reiteradas ocasiones primeros premios en varios concursos literarios locales y autonómicos, y ha publicado en más de una ocasión en prensa local y nacional artículos, epístolas y otras narraciones




Opinión/Entrevista
Entrevista a Eva María Ruiz, autora de La verdad Scarlata
Por Jesús Martínez, lunes, 2 de mayo de 2011
Tú, yo y ellos

RHETT: [...] Scarlett, bésame, bésame una vez.
Se besan.
SCARLETT: [Le da una bofetada.] ¡Canalla! ¡Cobarde! No tiene usted dignidad. Tenían razón, todo el mundo tenía razón, usted no es un caballero.
RHETT: [Sonriendo.] Eso no tiene importancia en estos momentos.

Eva María Ruiz (Barcelona, 1976), de ojos azul cobalto, entre zarcos y magnesios, vestida con un traje negro sin lazadas, no recuerda el día ni el mes ni el año en el que vio por primera vez Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939), su película favorita junto con Casablanca (Michael Curtiz, 1942), de la que se sabe de memoria todos los diálogos, los que mantienen entre ellos Victor Laszlo y Rick Blaine, y Rick Blaine y la guapísima Ilsa Lund. Se muerde los labios, pura libido: “¡Humphrey Bogart y Clark Gable, les adoro!”.
De Lo que el viento se llevó tampoco recuerda haber sentido compasión por el pobre Ashley, cuyo amor desorbitado le indujo a planear su futuro con la mujer equivocada, lo contrario de lo que les espera al príncipe Guillermo y a Kate Middleton en la isla de Anglesey. Y tampoco se acuerda mucho de la prosapia de los Wilkes, ni mucho menos de los festines, en las habitaciones de roble, entre Butler y la prostituta Belle Watling, que podría ser la Ruby Robacorazones de Silvio Berlusconi. Sólo retiene la entereza de la protagonista, Escarlata O’Hara (Vivien Leigh): “Pese a todo, pese a todas las adversidades, tiró adelante y sacó a flote a su familia. Escarlata es inteligente y egoísta, con una fuerza enorme que significa: ‘Si yo estoy bien, los demás están bien’”. Desde entonces, Eva María Ruiz quiso ser Escarlata, su alter ego. “Es mi Yo”, se define. En octubre del 2010 creó un blog en el que cuenta sus cuitas y recorre los condados de los sentimientos, que comparte con los lectores en la Red: “Aún me sorprende que haya gente que no conozca de nada y que me siga y que me pregunte mi opinión sobre diversos temas. Mis artículos tienen más de ochocientas lecturas. Me satisface enormemente, y cada mail lo contesto y le dedico el tiempo que se requiere”. Ese blog lleva el nombre de su primer nick, “el que usé cuando allá por 1998 me compré un ordenador portátil”: “Scarlata”. Eva María ha prolongado sus epístolas sin pluma (el ratón inhalámbrico es su trasunto) en un libro de bella factura: La verdad Scarlata (Ediciones Carena, 2011). “Aquí cuento mis emociones, lo que siento. La idea se me ocurrió viendo en el cine la película Wall Street 2”. En su entrada del domingo 3 de abril, cierra una cita con el destino, tal y como ella se lo plantea. En el post “La confianza del riesgo” escribe: “Perdernos, ¿cuál es el riesgo?”.

La vida de Escarlata es una vida poética, que sintoniza con los cometas metacarpianos —por su rara anatomía humana, en formato libre— del poeta de la Generación del 27 Pedro Salinas: “Para vivir no quiero / islas, palacios, torres. / ¡Qué alegría más alta: / vivir en los pronombres!”. Escarlata-Eva hace honor a los pronombres: del Tú y el Yo, al Ellos.

Eva nació bajo el signo de la lluvia, cuando abría el balcón de su casa y olía a tierra mojada, a fértil, a renuevo y a buganvillas: “Viví una infancia inmensamente feliz”, resalta, asentada en el mogote de su voz. “Miraba las estrellas, estaba en estrecho contacto con la naturaleza. Me encantaban los animales. Me encariñé con el perro de una vecina, Rocky, que acabé adoptando”.

La muerte de Rocky la marcó de tal modo que a partir de ese momento consagraría sus esfuerzos a paliar el sufrimiento en los demás, quienesquiera que sean los demás (animal humano, animal no humano o vegetal). Creció, como crecía Alicia, en una especie de crecimiento sin repechos. Profesionalmente, se formó como gestora en las áreas de recursos humanos de la función pública, y pasó de trabajos “agresivos y fríos” a otros “más cálidos”, haciendo de sus empleos estaciones meteorológicas que pudieran pronosticar el tiempo. La última empresa en la que estuvo fue una fundación “amiga de los animales”: “Un refugio para los animales en el que son curados física y emocionalmente”. De allí salió con el corazón encogido y la mente en blanco, dispuesta a empezar algo que aún no había acabado: la escritura. Ella se expresa mejor: “Los animales lo son todo para mí, ellos lo son todo. En la fundación llegué a tener a mi cargo a 22 personas y a 2.000 animales. Llegó un momento en el que tuve la necesidad de mostrar mis sentimientos, y me puse a escribir. El corazón es muy sabio, más que la mente”.

Del Tú y el Yo, al Ellos.

Ellos son: 1. Coto, un perro “extremadamente inteligente”; 2. Sandy, una hurón que sube las escaleras de su casa a la velocidad de la luz, “algo sorprendente, ¡tan pequeña y tan ágil!”, y 3. Welcome: “Un gato callejero de preciosos ojos verdes que entró en mi salón como Pedro por su casa, y aquí se quedó”.

“Hace casi dos años, Thais, un pastor alemán hembra, se murió, con todo el dolor de nuestro corazón”, deplora, y agrega, convencida de lo que dice, compendiando sus creencias fundamentales: “Creo en la fuerza del Cosmos, creo en el universo, creo que todos formamos parte de una sola consciencia. Creo que cada existencia merece ser respetada, y creo que yo no soy quién para juzgar a nadie, y mucho menos para quitar ninguna vida: la experimentación con animales es macabra, oscura, insensible y clandestina. Los animales son mi sacrificio, y soy enormemente responsable con ellos. Aún no tengo hijos, pero ahora ellos son mis hijos”.

Ellos.
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