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Marco Esteban: <i>Cómo nos eligen</i> (milrazones, 2010)

Marco Esteban: Cómo nos eligen (milrazones, 2010)

    AUTOR
Marco Esteban:

    BREVE CURRICULUM
Es sociólogo y abogado. Ha trabajado en diversas posiciones en todos los sectores analizados en Cómo nos eligen: universidad pública y privada, empresa privada grande, mediana y pequeña, administración pública, institutos de enseñanza pública y privada en secundaria, bachillerato y formación profesional, y partidos políticos. Una experiencia que le permite presentar una perspectiva general sobre el modo en que somos elegidos



Marco Esteban (mesteban@icab.es)

Marco Esteban (mesteban@icab.es)


Opinión/Entrevista
Entrevista a Marco Esteban, autor de Cómo nos eligen… en la empresa, en la universidad, en los partidos, en la administración... en nuestras vidas (milrazones, 2010)
Por María José de Acuña, jueves, 1 de julio de 2010
¿Se ha planteado alguna vez que media humanidad decide sobre la otra media? Una constante en nuestras vidas es que siempre somos elegidos por alguien, pero mediante unos mecanismos muy poco cuestionados, dada la importancia que tienen en nuestro futuro personal y en el de la sociedad de la que formamos parte. Pasamos por la universidad, trabajamos para una empresa o decidimos opositar para un puesto en la administración y siempre debemos someternos a la subjetividad “del otro”, quien quizás no valore lo suficiente los aspectos competitivos de nuestra candidatura. Marco Esteban ha dedicado varios años de su vida a investigar sobre este tema. En Cómo nos eligen… en la empresa, en la universidad, en los partidos, en la administración... en nuestras vidas (milrazones, 2010), propone el anonimato en los sistemas futuros de evaluación de personas y lamenta lo incapaces que nos hemos mostrado para conservar la herencia de la Ilustración en este sentido.

¿Cómo nació la idea de escribir este libro? ¿Qué le llevó a reflexionar sobre las dinámicas arbitrarias de selección en todas las esferas de nuestras vidas?


La idea nace de una combinación de investigación académica y experiencia profesional. Hace ya algunos años investigué para mi tesis doctoral sobre las dinámicas de cooptación de las elites en las organizaciones y, a partir de mi experiencia en empresas, universidades, institutos de enseñanza, partidos políticos y administraciones públicas pensé que era posible extraer ciertas conclusiones de carácter general sobre la forma en que todos nosotros somos elegidos a lo largo de nuestras vidas. Llama la atención que un aspecto tan esencial para el destino social de cada persona no sea objeto de estudio en los colegios desde la infancia. Creo que se debe a que esta materia, abordada con seriedad, choca profunda y frontalmente con el discurso meritocrático dominante, que se resiste a reconocer la quiebra del modelo y trata desesperadamente de mantener las apariencias y desviar la atención de las cuestiones importantes.

¿Qué entiende usted por progreso social?

Ya no se puede mantener, como en el siglo XIX, que la humanidad progresa incesante y necesariamente, aunque se produzcan altibajos en el camino. Pienso que en ocasiones se producen progresos sociales en determinadas áreas y otras veces tienen lugar retrocesos. Le pondré dos ejemplos de progreso social. El primero es el movimiento antiesclavista que nació en Londres en 1787 a partir de un pequeño grupo de activistas. En pocos años consiguió lo imposible: abolir la esclavitud en el imperio británico. El historiador Adam Hochschild lo ha definido maravillosamente como la primera vez en la historia que apareció un grupo de personas decididas a luchar por los derechos de otros. El segundo gran ejemplo de progreso social es la Ilustración. Eric Hobsbwam ha dicho que los avances realmente valiosos de la era contemporánea se deben al pensamiento y las acciones ilustradas, y yo estoy de acuerdo con él. El colapso de la selección racional que describo en mi libro es una consecuencia de la desintegración de la herencia de la Ilustración en los siglos XX y XXI.

Su visión del tema es muy crítica, baraja términos como arbitrariedad, irracionalidad e injusticia, así como de que “el ser humano no puede controlar su instinto depredador y explotador”. ¿No cree que el lector se va a encontrar con un libro que rezuma demasiado pesimismo?

Decía Isaiah Berlin en su análisis del pensamiento de De Maistre que éste parecía escribir desde el patíbulo. Seguramente por eso le gustaba. Yo no escribo desde un cadalso, pero ciertamente disiento de la corriente de optimismo y entusiasmo hierático que predomina actualmente. Estoy más bien con Maurice Joly cuando afirma que si miramos al fondo del corazón humano, sólo se encuentran instintos contrarios a la igualdad y por ello la sociedad es un estado de guerra regido por las leyes. Precisamente por eso considero que constituye una enorme tragedia destruir en un instante avances como la selección justa y ponderada de los individuos en las esferas del trabajo y la formación. Tal vez nunca llegó a materializarse, aunque fuera en breves destellos, pero era un pilar fundamental de la ilusión ilustrada por hacer avanzar el mundo. En el interior de los gravísimos desequilibrios políticos, económicos y sociales que atravesamos topamos con las puertas cerradas de la carrera hacia el talento que proclamaron las revoluciones democráticas modernas.

Háblenos de sus lecturas, ¿en qué bibliografía ha basado su investigación?

Mi tesis doctoral se basaba en el trabajo de sociólogos y politólogos como Michels, Panebianco o Katz, con el telón de fondo de la visión de la vida de Ortega, Galeano o Ste. Croix, entre otros. No obstante, mi libro no adopta un estilo académico, que me parece extraordinariamente aburrido en los tiempos que corren. Las lecturas no deben servir para repetirlas mecánicamente en las obras, sino para proporcionar un sustrato cultural que permita pensar independientemente. Esto lo realmente difícil. En el texto trato de identificar un problema determinado, la degeneración fáctica de los grandes paradigmas de la cooptación ilustrada, y describir sus principales características, como la orientación al pasado y la disolución ética.

¿Qué alternativas propone? ¿En qué consistiría ese cambio de paradigma histórico que usted ve tan necesario?

La cultura optimista dominante también exige alternativas a toda propuesta, pero los grandes cambios históricos nunca han presentado este tipo de alternativas en el momento de realizarse. Los escasos defensores de la liberación de los esclavos en el mundo antiguo difícilmente podían esbozar un esquema de la sociedad capitalista que se desarrollaría miles de años después. Su respuesta era pura y simplemente acabar con el esclavismo. Sin más. Si hubieran esperado a contar con otra opción, jamás se habría superado el sistema esclavista. La exigencia de una alternativa positiva puede ser una trampa. En mi opinión, el próximo paso que la humanidad debe dar para salir de una vez de la prehistoria es eliminar, de hecho y de derecho, la posibilidad de que un ser humano pueda directamente seleccionar a otro. Estoy convencido de que en el futuro la contratación de un individuo por otro, por ejemplo, será vista como una acción ética y estéticamente inadmisible, además de delictiva. Muchos se llevan las manos a la cabeza cuando escuchan esto y en su mente comienzan a desfilar escenas de caos y desorden social ante el vacío que podría provocar tal medida. Se trata del miedo usual frente a los grandes cambios. No existe dificultad técnica alguna en establecer sistemas de calificación anónimos y colectivos para evaluar a las personas, evitando completamente la decisión directa y sesgada de un único ser humano que, inexorablemente, utilizará esa discrecionalidad para construir una parcela de poder y ventaja para sí mismo, su familia y su empresa u organización.
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