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Martin Scosese: <i>Shutter Island</i> (2009)

Martin Scosese: Shutter Island (2009)

    GÉNERO
Cine

    TEMA
Crítica de la película Shutter Island, de Martin Scosese (por Juan Antonio González Fuentes)

    FICHA TÉCNICA
País: EEUU. Año: 2009. Duración: 139 min. Género: Drama, thriller. Reparto: Leonardo DiCaprio (Teddy Daniels), Mark Ruffalo (Chuck Aule), Ben Kingsley (Dr. John Cawley), Michelle Williams (Dolores Chanal), Patricia Clarkson (Rachel), Max Von Sydow (Dr. Naehring), Jackie Earle Haley (George). Guión: Laeta Kalogridis; basado en la novela de Dennis Lehane. Producción: M. Medavoy, A. W. Messer, B. J. Fischer y M. Scorsese. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Thelma Schoonmaker



Leonardo DiCaprio (Teddy Daniels)

Leonardo DiCaprio (Teddy Daniels)

Mark Ruffalo (Chuck Aule)

Mark Ruffalo (Chuck Aule)

Max Von Sydow (Dr. Naehring)

Max Von Sydow (Dr. Naehring)

Ben Kingsley (Dr. John Cawley)

Ben Kingsley (Dr. John Cawley)


Magazine/Cine y otras artes
Shutter Island, o el manierismo amanerado de Martin Scorsese
Por Juan Antonio González Fuentes, lunes, 01 de marzo de 2010
A Martin Scorsese (Nueva York, 1942) cada vez se le ve más el plumero de la impostura. Sí, es indudable que el cineasta es una de las personalidades más interesantes del universo cinematográfico norteamericano de las últimas décadas, autor de dos o tres obras maestras (Taxi Driver, Toro salvaje...), y en general de una filmografía (incluidos algunos documentales excepcionales) que lo sitúa entre los pocos nombres imprescindibles del cine americano actual. Pero con todo, en buena medida, no deja de ser Scorsese un erudito cinematográfico, el más cinéfilo de los cineastas actuales, al que de un tiempo a esta parte se le ve en exceso que imita, que sus narraciones son alardes imitativos de los maestros, que imposta el estilo, que no hay “entrañas” verdaderas en su forma de rodar. A Scorsese le sepulta su propia cinefilia. Es como si cada vez que va a situar la cámara en algún lado se viniese a la mente trabajada el plano de otra película y él lo imita. Muchas de sus películas acaban siendo una brillante y profesional sucesión de planos, de secuencias hilvanadas y entresacadas de diez, veinte, cuarenta películas vistas y admiradas por el cinéfilo cineasta.


Shutter Island, su última entrega, es un ejemplo palmario de lo dicho. Sales del cine deslumbrado por el acabado perfecto. Todo es brillante, lujoso, reluce, seduce. Los actores están sobresalientes, desde un Leonardo di Caprio cada vez más hecho y entero, hasta un veterano de mil batallas como Max von Sydow, pasando por los estupendos Mark Ruffalo y Ben Kingsley. La cámara se mueve con inaudita soltura, los planos son hermosos y con frecuencia elocuentes, casi cada fotograma ofrece un campo de visión grande y hondo, rico en matices. Pero, cómo decirlo, la película no late, no notas que quien está detrás de la cámara ha puesto algo más que el oficio, todo está sin pulso, la sangre no circula, estamos ante un bonito y cuidado artefacto sin vida propia.

Para colmo, en el caso que aquí nos ocupa, el argumento puesto en imágenes por Scorsese, un tenebrista psicothriller con apuntes de tipo histórico, es tan enrevesado y artificioso, está tan empeñado a ofrecerle al espectador giros tan sorprendentes e improbables, que lo cierto es que se deshace como el cartón piedra cuando lo “aprietas” un poco. El cúmulo de elementos inverosímiles, sumados uno tras otro sin rubor alguno, sirve para construir un edificio falsamente suntuoso que se viene abajo por completo al sumarle tan solo un poco de sentido común. Policías perturbados que lo son y no lo son, médicos nazis, desaparecidas que aparecen, viajes en flash back a Auschwitz, un faro con la consabida escalera de caracol, un psiquiátrico aislado en una isla aislada completamente por una tormenta, la apariencia aparente de lo que aparece y desaparece... En fin, un barroquismo argumental de puro cartón piedra que no resiste ni un miligramo de lucidez narrativa. Es todo tan brillantemente artificial en Shutter Island que Scorsese ha logrado ofrecer al espectador una pulcra historia de terror psicológico de diseño.

Pero lo que menos me ha gustado de Shutter Island es el amaneramiento con el que todo está envuelto en bonitas cintas de celofán. Sí, Shutter Island es un ejemplo perfecto de amaneramiento manierista en el cine de hoy. Scorsese quiere que con su historia el espectador se sienta inteligente y sofisticado, un tipo listo e ingenioso que sentado en su butaca va montando un rompecabezas en principio imposible. Y el espectador poco avisado y menos cinéfilo de buena ley, se traga el anzuelo. El espectador se siente satisfecho de sí mismo como espectador. Y cuando el “impostor” Scorsese considera que se ha llevado el gato a su agua, no resiste la oportunidad de decirle al espectador: “te he engañado, el listo de verdad soy yo, te he manipulado de principio a fin, ¿y ahora qué, qué piensas?”. Y claro, el espectador poco avisado y carente de mala leche, no sólo no se queja de la burda manipulación, sino que la agradece, se queda arrobado ante la “listeza”, “ingenio” e “inteligencia” del mago manipulador. Sí, Scorsese es un mago que conoce todos los trucos y saca con habilidad inaudita todos los conejos de la chistera. Pero a mi lo que me gusta es el cine, no la magia.

Con todo, Shutter Island es un artefacto ideado para entretener, para pescar la atención del espectador durante los 159 minutos que dura y no soltarla, para no aflojar el sedal una vez que el pez-espectador ha picado. Y en eso Scorsese es bueno, muy bueno. Y ayer, hoy y siempre, reconozcámoslo, el espectador que paga su entrada y se sienta en la butaca en una sala a oscuras, tiene vocación de morder el anzuelo, de quedar unido al sedal que se le ofrece. El espectador de cine es una espectador predispuesto. Scorsese lo sabe y se aprovecha, pero el espectador, que quizá no lo sepa, también se aprovecha. Shutter Island es aprovechable en el sentido que aquí se deja.



Tráiler subtitulado en español de Shutter Island, del director Martin Scorsese (vídeo colgado en YouTube por Musit)
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