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Woody Allen: <i>Si la cosa funciona</i> (2009)

Woody Allen: Si la cosa funciona (2009)

    GÉNERO
Cine

    TEMA
Crítica de Si la coa funciona, la película de Woody Allen (por Juan Antonio González Fuentes)

    OTROS DATOS
Guión: Woody Allen. Países: USA y Francia. Año: 2009. Duración: 92 minutos. Género: Comedia. Reparto: Larry David (Boris), Evan Rachel Wood (Melody), Ed Begley Jr. (John), Patricia Clarkson (Marietta), Conleth Hill (Leo Brockman), Michael McKean (Joe), Henry Cavill (Randy James), John Gallagher Jr. (Perry), Jessica Hecht (Helena), Carolyn McCormick (Jessica). Producción: Letty Aronson y Stephen Tenenbaum. Fotografía: Harris Savides. Montaje: Alisa Lepselter. Vestuario: Suzy Benzinger
















Magazine/Cine y otras artes
Si la cosa funciona, película de Woody Allen
Por Juan Antonio González Fuentes, lunes, 02 de noviembre de 2009
Sin duda Woody Allen es el único director de cine occidental de su categoría que rueda desde hace décadas prácticamente una película al año. El hecho no es sólo relevante, es desde luego decisivo. Ya he escrito en estas mismas páginas al respecto. Dirigir películas tiene un gran componente artesanal, de puro oficio. En los tiempos dorados de la gran industria norteamericana un director de nivel medio podía rodar a lo largo de tres décadas de carrera cerca de treinta, cuarenta títulos de muy diversa temática y presupuesto. El maestro John Ford, entre cintas mudas y sonoras, cortometrajes y largometrajes, rodó ciento y pico títulos. Nadie debía enseñarle dónde se colocaba la cámara, ni a situar a los personajes en plano, ni a decirles a los actores qué gestos eran más o menos expresivos. En nuestros días directores como Coppola o Scorsese ven pasar varios años entre un rodaje y otro, y su filmografía no es ni de lejos tan abundante como la de los grandes directores de antaño.


Woody Allen no creo que naciera con las condiciones innatas del cineasta talentoso, casi milagrosamente dotado. Lo suyo era y es escribir historias corrosivamente irónicas bañadas con una capa, en ocasiones genial, de humor con infinitos quilates. Sus historias algún día serán analizadas como genuina expresión de una manera de ser y estar, en las postrimerías del siglo XX, del ciudadano occidental. Pero desde que rodó su primera película, Toma el dinero y corre, a finales de los 1960, hasta la fecha, el cineasta neoyorquino ha aprendido de sobra el oficio, vaya si lo ha aprendido!!!, dejando por medio decenas de películas mejores o peores, muchas entretenidas, varias interesantemente pedantescas en la senda de la imitación de Bergman o Dreyer, algunas memorables, casi todas más que interesantes y visibles, todas dando muestras de un oficio y dominio de cineasta en evidente crecimiento y consolidación. Como para no desmentir el argumento de esta reflexión, Allen pone estos mismos días punto final a su nueva película, rodada con el actor español Antonio Banderas como uno de los protagonistas, y lo hace justo cuando su último trabajo terminado, Si la cosa funciona, coproducción USA/Francia estrenada en Nueva York el pasado mes de junio, llega a nuestras pantallas concitando el interés de la legión de seguidores que el neoyorquino tiene entre nosotros, y en Europa en general; legión a la que pertenezco desde la adolescencia, legión que acude a ver la película anual del director de Manhattan como si de un feliz ritual se tratara.

Comencemos por el final, es decir, por el veredicto, y hagámoslo jugando con las palabras, tal vez de manera lamentable: Si la cosa funciona, funciona, ya lo creo que funciona. La película rubrica el regreso de Allen al escenario de casi todo su cine, Nueva York, tras las últimas experiencias europeas, Londres (Match Point, Scoop y Cassandra’s Dream) y Barcelona (Vicky Cristina Barcelona) El argumento de esta comedia había sido escrito por Allen hace mucho tiempo, pensando en que el papel del fiero misántropo neoyorquino, Boris Yellnikoff, científico retirado, jugador de ajedrez y corrosivo librepensador, fuera interpretado por el cómico Zero Mostel. Pero la inesperada muerte del actor hizo que el proyecto quedase aparcado sine die. Recientemente, y exprimiéndose la cabeza para tener algo que llevarse a la pantalla, Allen recuperó el viejo guión, y consciente de que él ya estaba mayor para el papel de Yellnikoff, buscó y buscó un posible protagonista que se hiciese cargo con solvencia del papel protagonista. Por fin dio con la solución al problema: Larry David, un célebre humorista al que Allen ya había encomendado pequeños papeles en Días de Radio e Historias de Nueva York. Salvado el principal escollo del proyecto, el resto imagino que fue más sencillo (es un decir), pues se atiene fielmente a las principales constantes del cine de Allen. Me refiero a que estamos ante una nueva comedia coral, en la que sobre los hombros de cinco o seis personajes el autor hace recaer el avance de la historia, sus meandros y conclusiones. Las vidas de los personajes se cruzan y entrecruzan como hilos cuyo entretejido final ofrece un elocuente tapiz reflexivo sobre el amor, la amistad, las relaciones humanas..., en el que lo humorístico, optimista y positivo está servido con unas convenientes y muy reconocibles gotas de elocuente mordacidad, agrias reflexiones, y un pesimismo antropológico sobre el que acaban triunfando las exultantes ganas de vivir, sobre todo si la cosa funciona.

Boris Yellnikoff es un insoportable, inteligente, culto, separado y malhumorado misántropo con tendencias suicidas al que la estulticia de la humanidad le pone enfermo. Yellnikoff vive en Manhattan convenientemente encastillado contra la idiotez del género humano, llevando una vida monótona y sedentaria, plagada de excentricidades y salidas de tono, y frecuentando sólo un escogido y minúsculo grupo de amigos a los que tolera por su inteligencia y cultura. Pues bien, en este mundo cerrado, tranquilo y corrosivo, irrumpe casualmente una jovencita que no hará cambiar las profundas y pesimistas convicciones de Yellnikoff, pero sí le hará finalmente adoptar una nueva y más satisfactoria perspectiva vital: si la cosa funciona...

Una puesta en escena transparente y muy efectiva, numerosas escenas desarrolladas en interiores, el uso convincente del clásico recurso teatral y operístico de que el actor principal se dirija directamente al espectador para hacer avanzar la historia o dar explicaciones, una cámara que se hace invisible y apenas subraya, una tempo narrativo natural y lógico..., todo esto unido a un “conjunto rossiniano” de actores que realizan un trabajo sobresaliente, logra que un guión musculado, inteligente y riquísimo en matices e historias paralelas, se convierta en otra excelente muestra más del cine con ideas y oficio del autor de Annie Hall. Si tuviera que ponerle un pero a la película sería quizá Larry David, quien sin estar mal, tampoco está bien. Y es probable que la culpa no sea suya, es un defecto, a mi modo de ver, de todas las historias filmadas por Allen en las que el papel protagonista tendría que haber sido interpretado por él y no lo ha sido. Todos los actores, incluidos los más prestigiosos, acaban “imitando” la formas limitadas y muy reconocibles del Allen actor. Otro posible pero sería la excesiva insistencia en mostrar la postura cínica y devastadora para con los demás del protagonista, actitud que genera los mejores golpes cómicos de la historia, pero que también se hace previsible, un poco cargante y exagerada.

Si la cosa funciona es el regreso del más reconocible y acertado Woody Allen, un cineasta que con cada película crece en oficio y dominio artesanal de los medios, y sin duda uno de los artistas que más y mejor han reflexionado desde el humor y la tragedia sobre la condición humana en las sociedades desarrolladas contemporáneas. Woody Allen ha hecho del medio de expresión más popular del siglo XX, el cine, una sutil, divertida y eficaz herramienta para construir un sólido discurso analítico y filosófico sobre los elementos esenciales que configuran el devenir humano de finales del siglo XX. Allen una vez más no ha logrado su confesado objetivo: construir una imperecedera obra maestra al estilo de La gran ilusión, El ladrón de bicicletas u Ocho y medio, pero ha sumado una muesca más en la que sin duda es una de las carreras cinematográficas más sólidas, consecuentes, ricas y fascinantes de la historia del cine contemporáneo.

 

Tráiler de Si la cosa funciona, película de Woody Allen (vídeo colgado en YouTube por JaviLHP)

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