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Niels Arden Oplev: <i>Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres</i> (2009)

Niels Arden Oplev: Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres (2009)

    GÉNERO
Cine

    TEMA
Crítica de Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres, película de Niels Arden Oplev (por Juan Antonio González Fuentes)

    FICHA TÉCNICA
País: Suecia. Año: 2009. Duración: 150 minutos. Género: Thriller. Guión: Nicolaj Arcell y Rasmus Heisterberg; basado en la novela de Stieg Larsson. Producción: Søren Stærmose. Música: Jacob Groth. Fotografía: Eric Kress. Montaje: Anne Østerud.

    REPARTO
Michael Nyqvist (Mikael Blomkvist), Noomi Rapace (Lisbeth Salander), Lena Endre (Erika Berger), Sven-Bertil Taube (Henrik Vanger), Peter Haber (Martin Vanger), Peter Andersson (Nils Bjurman), Marika Lagercrantz (Cecilia Vanger), Ingvar Hirdwall (Dirch Frode), Björn Granath (Gustav Morell), Ewa Fröling (Harriet Vanger).
















Magazine/Cine y otras artes
Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres, película de Niels Arden Oplev
Por Juan Antonio González Fuentes, viernes, 03 de julio de 2009
Ríos de tinta son los que se han vertido para escribir sobre la enorme dificultad de llevar al cine novelas, y sobre todo novelas de éxito, es decir, novelas muy leídas. Dos son en mi opinión los principales obstáculos que deben salvar los cineastas en sus adaptaciones cinematográficas. Primero, por regla general se ven impelidos a simplificar la o las tramas, con el objetivo de que lo que cuenta la novela pueda contarse en formato película en una hora o en hora y media. Esta labor de poda, o dicho de forma quizá menos peyorativa, de concentración dramática o narrativa, por fuerza debe dejar fuera muchas, muchas cosas presentes en la novela, y sobre todo aquellas llamémosles más esencialmente “literarias”, es decir, aquellas que decididamente se apoyan más en el poder evocador y denotativo de la palabra y que son, en consecuencia, de difícil o imposible plasmación en imágenes.



En este sentido, y sintiendo mucho contradecir los refranes más bobalicones (“vale más una imagen que mil palabras”), a la imagen le es imposible competir con el arrollador poder evocador e imaginativo que implica el uso creativo de la palabra. Y segundo, cuando el asunto de una novela es muy conocido porque ha sido leído por mucha gente, cada una de las personas que ha leído las páginas se ha visto en la obligación creativa e ineludible de imaginar personajes, paisajes, escenarios, vestuarios, objetos… El cineasta se ve también en la obligación de materializar en imágenes su personal visión de la novela, y necesariamente “impone” a los espectadores la forma en la que él o ella ven los personajes, los paisajes, los objetos, los escenarios…, y esa “versión” casi nunca coincide al cien por cien con la realizada en su imaginación por el lector que ha acudido a la sala de cine con la esperanza no verbalizada ni posiblemente consciente de ver plasmada, materializada, “su” personal versión.

¿Conclusión? El cineasta le ha tenido que poner rostro y cuerpo a personajes a los que miles, cientos de miles de lectores previamente ya les han puesto ellos en su imaginación rostros y cuerpos. El cineasta ha tenido que materializar paisajes, escenarios, vestuarios…, que también muchísimas personas ya han visualizado y definido en sus mentes, y lo que es peor, el cineasta ha tenido que decidir qué quitar y qué dejar de los contenidos y situaciones que aparecen en la novela, quitando o dejando cosas con las que muchos, conocedores de lo quitado y lo dejado, no van a estar para nada de acuerdo. Un lío monumental.

Ahí reside, creo yo, el relativo poco éxito que está teniendo la versión cinematográfica de la primera novela que publicó el escritor sueco Stieg Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres, primera entrega de la trilogía Millenium que está batiendo marcas de ventas y, suponemos, lecturas en buena parte del mundo.

El guionista de la cinta, Nikolaj Arcel, se ha visto en la imperiosa necesidad de eliminar todas las numerosas subtramas y situaciones existentes en la novela original y que, en mi opinión, sustentan en gran medida el éxito del libro, al hacerlo complejo, sorpresivo, y estimulante por el vaivén de sucesos y consecuencias que plantea, lo que facilita el mantener al lector en tensión permanente, atento a la sorpresa que puede saltar en cualquier párrafo. En la película titulada en español exactamente igual que el libro, o con su forma abreviada, Millenium I, Arcel ha tenido que “podar” las ramas del árbol narrativo para centrarse sólo en el tronco principal, es decir, se ha centrado en la trama más imprescindible y subrayada en la novela. Esto ha significado que la historia pierde notablemente ritmo e interés, o mejor dicho, que ha quedado reducida a algo poco novedoso y original, a algo que ya se ha visto quizá demasiadas veces en el cine y la televisión, a algo bastante predecible no quizá en su resolución, pero sí definitivamente en los pasos que llevan a la misma.

En la película dirigida con competencia artesana por Niels Arden Oplev se nos cuenta la historia de la desaparición hace 40 años de la adolescente Harriet Vanger, y de cómo su anciano y rico tío encarga al conocido periodista Mikael Blomkvist que investigue dicha desaparición, sumándose a la misma de forma bastante impredecible una kacker muy joven llamada Lisbeth Salander, quien ayudará la periodista en sus pesquisas.

Insisto, todos los asuntos paralelos que como afluentes alimentan, perfilan, enriquecen, complican y afilan en el libro el interés y grosor de la trama principal descrita más arriba, en la película o bien han desaparecido por completo o han quedado reducidos a apuntes, pinceladas descargadas de intención, aromas y sabores. Así, la película, de factura correcta y que desde luego se deja ver sin desagrado, ha quedado coja, tullida de las cuatro patas si la comparamos con el libro. La tensión no se respira en casi ningún grado, las escenas de investigación y búsqueda son sin duda reiterativas, la atmósfera (lograda) no presenta evolución dramática, ni ritmo ni el suspense deseado… Si viéramos la cinta por televisión en la programación de un domingo por la tarde no nos llamaría especialmente la atención, ni por la historia ni por cómo está resuelta.

Factura correcta, frialdad expositiva, carencia de ritmo y tensión… Vamos, la sensación de que ya hemos visto esta película en otra vida, en otro año, en otro lugar…, a pesar, sí quiero subrayarlo, de que la puesta en escena, construcción y resolución no son de película del montón, no son de producto televisivo sin pretensión alguna. ¿Y los actores? Todos están correctos e incluso bien. Sin duda el hallazgo es la chica que encarna a la hacker Salander, la actriz Noomi Rapace: un rostro, figura y ademanes que seguro han encajado con la idea generalizada que muchos lectores nos hicimos del personaje descrito por Larsson. Menos convencimiento ofrece el protagonista masculino (Michael Nyqvist), a quien creo le falta un toque de atractivo físico y una tonelada de la luz y el dinamismo que desprende el personaje literario.

En definitiva, una película más que sin duda puede resultar gratificante a quien quiera pasar un rato poco exigente ante una pantalla de cine este verano. Pero desde luego la visión de la cinta no le proporcionará muchos lectores a Stieg Larsson, y los lectores de éste seguro que salen del cine con un grado mayor de decepción que de contento tras establecer la inevitable comparación entre historia leída e historia vista. Gana la primera por escandalosa goleada.



Tráiler español de Millennium 1: Los Hombres que no Amaban a las Mujeres (vídeo colgado en YouTube por ESVERTIGO)


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