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    AUTOR
Enrique Moradiellos

    GÉNERO
Ensayo

    TÍTULO
1936. Los mitos de la Guerra Civil

    OTROS DATOS
Barcelona, 2004. 249 páginas. 16,90 €

    EDITORIAL
Península



Enrique Moradiellos

Enrique Moradiellos


Reseñas de libros/No ficción
Mito y realidad de la guerra civil española
Por Manuel Alvarez Tardío, martes, 7 de junio de 2005
Uno de los historiadores españoles que mejor ha estudiado la dimensión internacional del conflicto español, presenta ahora un trabajo sugerente sobre la guerra civil y algunos de sus aspectos decisivos. Nadie perderá el tiempo leyendo este libro, sobre todo si ha permanecido atento en estos últimos años al renovado interés editorial por la guerra española, y quiere, hechas otras lecturas, formarse una opinión propia y meditada sobre la naturaleza y funcionalidad de los mitos de la guerra.
Han pasado casi siete décadas desde que empezó la Guerra Civil, un episodio de la historia de la España contemporánea que ya forma parte de un siglo pasado y de un conflicto político y social que parece estar superado, sino por algunas elites políticas e intelectuales, al menos por la mayor parte de la sociedad española. En todo este tiempo, como es de sobra conocido, este ha sido con mucha diferencia el asunto al que más libros e investigaciones se le han dedicado, tantos que la bibliografía resulta, hasta para un especialista, abrumadora.

Es posible que entre tanta publicación nos hayamos perdido con cientos de investigaciones dedicadas a asuntos puntuales o locales que si bien pueden resultar útiles a los historiadores, no abordan directamente lo que, pienso yo, preocupa de verdad a los españoles que se interesan por la convulsa historia política de nuestro país durante el siglo XX. Me refiero al estudio global del conflicto, y particularmente, al análisis de las causas que lo provocaron, así como a la explicación de los modelos de sociedad y organización política que allí se enfrentaron. Es verdad que ha habido contribuciones indispensables que han mirado a la Guerra de una manera global, pero también lo es que algunas de estas son ya muy antiguas y que recientemente –salvo excepciones- la principal preocupación de los historiadores y escritores que han abordado este asunto ha sido el estudio de aspectos parciales del mismo, especialmente de todo aquello referido a los datos y los procedimientos de la represión en el bando franquista -y durante la posguerra-.

Este no es el caso del libro que nos ocupa. Enrique Moradiellos, que es un reconocido especialista de las relaciones internacionales durante la guerra, sí ha mirado de frente al conflicto y ha planteado en su texto un balance general de algunos de los aspectos capitales del mismo, empezando por la quiebra política del régimen que la precedió.
El libro que nos ocupa contiene, básicamente, un análisis de algunos de los aspectos más relevantes de la génesis y el desarrollo la guerra, aspectos todos ellos que quieren dar respuesta a las preguntas sobre la Guerra Civil que más interés y polémica han despertado desde siempre

Hay que decir que 1936. Los mitos de la guerra civil no es, para empezar, lo que parece; no es una respuesta al libro de Pío Moa Los mitos de la guerra civil, por más que el editor haya tomado la decisión desafortunada de colocar una tira sobre la portada del libro con la frase “Contra las mentiras de Pío Moa”. No es una respuesta porque aunque plantea en sus páginas algunas cuestiones que sin duda significan una interpretación bien distinta a la que viene realizando Moa, ni el autor explica en la introducción que el libro tenga esa finalidad ni la misma puede ser deducida de un primer vistazo al índice. No quiere esto decir que Moradiellos haya rehusado el debate con Moa, pues hay que decir que él ha sido, precisamente, uno de los pocos –sino el único- historiadores especialistas en la guerra civil que no han tenido inconveniente en mantener públicamente un interesantísimo debate con Moa, discutiendo la mayor parte de las tesis de aquel. Ese debate, muy recomendable, empezó en Revista de Libros (números 61, 65 y 6 de 2002), el mismo lugar donde quien esto escribe dedicó en 1999 una reseña al primero de los libros en que Moa planteaba la tesis de que la guerra hundía sus raíces en el ataque contra la Constitución de 1931 que socialistas y republicanos catalanes plantearon en octubre de 1934. También en Revista de Libros apareció, algo más tarde del intercambio entre Moradiellos y Moa, una reseña de Stanley Payne sobre el libro de Moa Los mitos de la Guerra Civil (números 79 y 80 de 2003), reseña que fue seguida, en el número 81, de un extenso comentario de Santos Juliá en el que este rebatía las acusaciones de Payne contra la historiografía española de la guerra pero apenas hacía referencia al trabajo de Moa. Casi a la par que Payne y Juliá planteaban consideraciones diametralmente opuestas acerca de los últimos estudios de historiadores españoles sobre la guerra, Moa y Moradiellos continuaban su particular y excepcional debate en la revista digital El Catobeplas, donde todo empezó con un artículo de Antonio Sánchez Martínez titulado “Pío Moa, sus censores y la Historia de España”, en el nº 14 de abril de 2003 (ver link). En ese medio ambos autores pudieron plantear con más detalle una de las cuestiones realmente polémicas de la guerra, la referida a la intervención de las potencias extranjeras y a la ayuda militar recibida por uno y otro bando.

El libro que nos ocupa contiene, básicamente, un análisis de algunos de los aspectos más relevantes de la génesis y el desarrollo la guerra, aspectos todos ellos que quieren dar respuesta a las preguntas sobre la Guerra Civil que más interés y polémica han despertado desde siempre. Arranca con una primera parte que plantea una exposición de las principales interpretaciones del conflicto y la “tarea desacralizadora” que, según el autor, habría llevado a cabo la historiografía de las tres últimas décadas. Le sigue un capítulo puente en el que bajo el título de “Las tres Españas” se plantea la opinión del autor sobre el transcurrir de la vida política en la Segunda República y la relación entre la quiebra de aquella y el comienzo de la guerra. Tras esto, ocho capítulos más conforman una segunda parte en la que aparecen los temas capitales del conflicto: la inevitabilidad y responsabilidad en su desencadenamiento, la explicación de la victoria franquista –con las razones de la victoria, el desarrollo militar del conflicto y el papel de las finanzas de la guerra-, la cuestión internacional y el tema de la intervención de las potencias extranjeras –aspecto fundamental para la duración y desenlace de la guerra sobre el que Moradiellos ya ha publicado numerosos trabajos referidos principalmente a la posición de las autoridades británicas-, y finalmente un retrato de dos personajes centrales del conflicto, el jefe de los vencedores, el general Franco, y el último protagonista de la presidencia del gobierno en el bando republicano, el socialista Negrín.
Sin duda, siempre que se aborda un análisis general de la Guerra, la perspectiva del mismo está muy condicionada por la interpretación que el autor presenta de la vida política de la Segunda República. Como es lógico, resulta imposible tratar el conflicto como un episodio aislado, independiente del régimen político que le precedió. Es en este aspecto donde mayor es mi discrepancia con Enrique Moradiellos

Puesto que son varios los frentes que aborda el libro, no son menos las afirmaciones y conclusiones que contiene. Sin embargo, hay dos o tres que me parecen especialmente relevantes y provechosas. Primera, que la comprensión y estudio de la guerra española no pueden progresar si nos empeñamos en ver el conflicto en términos maniqueos, de un enfrentamiento entre buenos y malos que habría acabado con la victoria de los malos -añadiría yo que lo mismo debiera hacerse con el régimen político republicano, lo que llevaría, seguramente, a una desmitificación del carácter democrático y reformista de la izquierda republicana durante los años treinta-. Segunda, que la guerra civil “estaría conformada por muchas guerras paralelas y latentes, todas ellas de origen previo a julio de 1936" –asunto este que, en mi opinión, debería conducir a un rechazo más contundente de la tan extendida mitificación de la guerra como la antesala del enfrentamiento entre fascismo y democracia, entre otras razones porque es este un aspecto que no por suficientemente explicado ha tenido la repercusión que debiera sobre una historiografía española que, a pesar de esa labor desacralizadora de la guerra de la que habla el profesor Moradiellos, no ha renunciado a un ofuscado maniqueísmo más o menos disimulado-. Y tercera, que la Segunda República no fue en absoluto “una especie de crónica de una guerra anunciada y mero preludio a una catástrofe inevitable”, argumento que Moradiellos reafirma con una cita de Shlomo Ben-Ami que, paradójicamente, en su parte final afirma que fueron las políticas practicadas en el quinquenio republicano, “algunas claramente malas y otras muy inadecuadas”, las principales responsables del fracaso de aquella democracia.

Sin duda, siempre que se aborda un análisis general de la Guerra, la perspectiva del mismo está muy condicionada por la interpretación que el autor presenta de la vida política de la Segunda República. Como es lógico, resulta imposible tratar el conflicto como un episodio aislado, independiente del régimen político que le precedió. Es en este aspecto donde mayor es mi discrepancia con Enrique Moradiellos. Éste opina que la República fue un régimen democrático con el que la izquierda republicana y los socialistas intentaron resolver algunos de los problemas más graves que tenía planteados la sociedad española, todo ello mediante una intensa actividad reformista sostenida durante el primer bienio y paralizada en el segundo. La República habría quebrado por las condiciones especiales de la primavera de 1936, en las que, a diferencia de otros países europeos, el ejército quiso dar una respuesta anticonstitucional a la crisis socio-política, aun cuando ésta podía haber sido superada sin desembocar en una guerra. En mi opinión, sin embargo, la cuestión ha de ser planteada en otros términos.

El día a día de la democracia republicana estuvo fuertemente condicionado por lo que ha venido en llamarse la “legitimidad excluyente” certificada por la mayoría parlamentaria de 1931, formada principalmente por socialistas e izquierda republicana. El diseño partidista de las reglas de juego, fruto de la interpretación de la transición a la república como una ruptura revolucionaria y del irreprimible deseo de ajustar cuentas con el pasado, provocó fortísimas tensiones en el funcionamiento de las instituciones e impidió la alternancia pacífica en el poder, haciendo de la democracia republicana un sistema político inestable e ineficaz. Con una Constitución diseñada para que un grupo de partidos desarrollara un programa revolucionario, lo normal fue lo que ocurrió; esto es, que la ley fundamental no sirviera para resolver o al menos regular los conflictos básicos de la sociedad española, sino, como explicó en su día el profesor Santiago Varela, para exacerbarlos. Y si no se tiene esto demasiado en cuenta, difícilmente se entenderá el desenlace final de aquellos trágicos años.
Pero si hay algunas discrepancias, no es sino porque el trabajo de Enrique Moradiellos es uno de esos libros cuya lectura no sólo es recomendable sino necesaria. La Guerra Civil española fue, como dice Moradiellos, un conflicto sumamente complejo, una guerra con guerras internas que no admite explicaciones monocausales ni se presta, aunque así lo hicieran los dos bandos y siga ocurriendo todavía, a análisis simplistas o maniqueos. Este libro es una buena lectura para vacunarse contra ese simplismo

La democracia republicana quebró porque ni sus reglas de juego fueron las de una democracia liberal ni sus principales actores fueron leales a principios tan elementales como el respeto de la alternancia democrática en el poder. Como ha señalado muy acertadamente Enric Ucelay, “En el contexto de los años treinta en España, casi no había opciones políticas que no viesen la fuerza como una alternativa aceptable a las urnas”, y “no existía la convicción de que un resultado producido por la votación debía tener la preeminencia, ni tan siquiera moral, ante otro que fuera producto de las armas.” Sería la guerra, paradójicamente, la que acabaría por “sacralizar el plebiscito pacífico por encima del violento en la tradición política española”. (En “Buscando el levantamiento plebiscitario: insurreccionalismo y elecciones”, revista Ayer, nº 20, p. 78-79).

En mi opinión, sólo si esta premisa acerca de la aceptación de las reglas del juego es debidamente ponderada, y la misma es tenida en cuenta a la hora de valorar lo acontecido en el año 1934 o la terrible crisis de legitimidad de la primavera de 1936, podrá explicarse con todas la variables necesarias el trágico final de la República, el golpe de Estado y cómo este pudo desembocar en el comienzo de una guerra. Enrique Moradiellos ha preferido la que podríamos llamar la versión mayoritaria entre los hispanistas anglosajones, que sigue insistiendo en la idea de una República democrática y reformista imposible, o en la de una República acorralada, con la tercera España –incluidos los republicanos azañistas- en medio de extremos que nunca deberían haberse impuesto. A mi entender, esta interpretación no valora en su justa medida la contribución de la izquierda republicana –que no era mayoritariamente moderada y que tenía un lenguaje de la revolución y no de la reforma, como ella misma orgullosamente reconocía (Véase, por ejemplo, el importante discurso de Azaña en Valencia el 7 de junio de 1931)- a la destrucción de la República, lo que lastra sensiblemente el análisis de algunos de los aspectos más decisivos de la Guerra, como la imagen que gobiernos como el inglés o el americano tuvieron del alzamiento militar o de lo que representaba el mal llamado bando republicano a ojos de los pocos liberales que quedaban en Europa.

Pero si hay algunas discrepancias, no es sino porque el trabajo de Enrique Moradiellos es uno de esos libros cuya lectura no sólo es recomendable sino necesaria. La Guerra Civil española fue, como dice Moradiellos, un conflicto sumamente complejo, una guerra con guerras internas que no admite explicaciones monocausales ni se presta, aunque así lo hicieran los dos bandos y siga ocurriendo todavía, a análisis simplistas o maniqueos. Este libro es una buena lectura para vacunarse contra ese simplismo y para seguir debatiendo desapasionada pero profundamente sobre los orígenes y desarrollo de la guerra.
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