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martes, 23 de mayo de 2006
Ordet (1955), de Dreyer, algunas reflexiones
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[8579] Comentarios[20]
La obra maestra de Dreyer, Ordet, acaba de aparecer en en el marcado en formato dvd, y su contenido parece molestar bastante, medio siglo después de su rodaje.

www.ojosdepapel.com

Juan Antonio González Fuentes

Recientemente ha salido al mercado, en dvd, Ordet (La palabra, 1955), película del director danés Carl Theodor Dreyer. Yo he tenido la suerte de verla al menos dos veces en pantalla grande, gracias a los desvelos cinéfilos Enrique Bolado, director de la filmoteca de Cantabria. Pero ahora, gracias al nuevo formato, he podido volver a repasarla con detenimiento junto a unos amigos, y la revisión me ha confirmado que estamos ante una obra sobrecogedora desde cualquier punto de vista desde el que la analicemos.

Sin embargo, los amigos con los que la vi se quejaron al terminar la sesión esencialmente de dos cosas: por un lado, todas las personas religiosas de la historia viven con sosiego y firmeza su existencia, mientras que los que dudan sufren en todo momento la crueldad de las diversas situaciones planteadas; y por otro lado, lo inverosímil del final de la historia: el loco que se cree Jesucristo acaba realizando nada más y nada menos que el milagro de resucitar a su cuñada.

Mis amigos, todos ellos progresistas y “librepensadores”, y en lógica consecuencia, según ellos mismos apuntan, necesariamente contrarios a lo “religioso” y a lo que tenga que ver de alguna forma con la iglesia y la reflexión en torno a Dios, estaban incluso indignados con los planteamientos de la obra de Dreyer.

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Carl Theodor Dreyer

Bien, como entonces no podía decirles sin cierto riesgo personal que en mi opinión no habían visto con “ojos limpios” la obra, he preferido darles mi visión y entendimiento de la misma por escrito, y a esta página les remito a ellos, además de a todos los lectores, para que se acerquen y compartan o rechacen mis opiniones al respecto.

En efecto, todos los personajes en la película son radicalmente creyentes, salvo el hombre que pierde a su mujer, quien siempre ha sido un tanto escéptico y esa pérdida le hace abandonar casi por completo cualquier posible fe en Dios, en la vida, en sí mismo, en su familia, en lo establecido.

Pero la mirada de Dreyer sobre ese personaje creo que es profundamente afectuosa, pues comprende esa actitud que le hacer ser, claro, tan rabiosamente humano. El resto de la comunidad que le rodea, sí, son creyentes, pero sobre ellos Dreyer lanza una mirada bastante reprobatoria, pues no son “creyentes” de verdad (no creen en la posibilidad del milagro final, por ejemplo), sino sólo fanáticos, gentes domesticadas, con una vida plana y desapasionada… Gentes que se aferran con uñas y dientes a unas estrictas normas religiosas que les marcan un camino; camino que, sumisamente, fanáticamente diría yo, aceptan y siguen. Su vida no tiene riesgos, todo lo dejan en manos de una providencia que a su vez está en manos de un Dios hierático e impositivo bajo cuya protección nadie toma realmente decisiones, no hay libre albedrío, todo en la vida viene establecido en una especie de libro de instrucciones que hay que aceptar con resignación cristiana.

Dreyer no está en modo alguno con ellos. Dreyer mira y hace mirar de otra manera a los personajes que sí son dolorosamente “humanos”: al esposo desconsolado por la muerte de su amor; a la pareja de jóvenes novios que están dispuestos a cambiar de fe por entregarse al amor; a la mujer que muere e intuyes que ha sacrificado todo por amor a su marido y a su familia –incluso tolera con paciencia y sonrisas las intolerancias evidentes de su suegro-, los niños que creen a ciegas que su tío resucitará pronto a su madre... Dreyer, es obvio, piensa en un Jesús que no es ni justiciero ni impone estrictas normas de conducta. En ese Jesús-Dios hierático sólo creen los fanáticos porque les conviene, porque ese Dios les ofrece una vida egoísta, perfectamente enmarcada y reglada, sin tener que amar, sin tener que pensar, sin tener que esforzarse, sin tener que imaginar, sin tener que apasionarse, sin que la ‘locura’ tenga cabida alguna en sus vidas.

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De ahí el personaje del loco que se cree Jesucristo. Evidentemente es Don Quijote. Ha perdido la razón de tanto leer sobre religión, sobre la religión dogmática en la que los demás, su propio padre y comunidad, sí creen, o hacen pensar que creen, porque sólo creen de verdad en el cultivo de sus tierras, en sus dineros bien guardados, en dormir calientes y en respetar las normas y reglas que posibilitan que todo siga igual.

Pero las lecturas que le han convertido en loco para los demás (salvo para los niños, claro), le han dado por completo la vuelta como ser, al igual que le sucedió a Don Quijote. Le han hecho un ser del espíritu y la poesía, alguien que ha dinamitado con su forma de actuar y pensar la vida reglamentada hasta el espasmo y la arcada de su comunidad. Es un loco, todos le creen un loco, pero simplemente es un ser con luz propia, con personalidad, un ser misterioso que sólo es tolerado por los demás y que desaparece, se volatiliza peregrino, para reaparecer en la emocionante y alucinatoria escena final.

La sociedad bien pensante le trata como a un loco, se ríen de él. Igual le sucedió a Don Quijote, que sufre las burlas de las clases altas, de las bajas, del médico, del cura, del barbero…, pero él continua en su fe inquebrantable en la caballería, fe en sí mismo que lo convierte, finalmente, en alguien resplandeciente: el payaso se convierte en caballero en la obra de Cervantes; en la de Dreyer el payaso es un santo, el único creyente de verdad, pues es el único que tiene verdadera fe, fe en un Jesús, en un Dios, que es el del amor, el que no va a permitir el sufrimiento del marido, el que va a devolver a la vida a la mujer, el que da esperanzas a los niños. Dejad que los niños se acerquen a mí!, dijo Jesús a sus discípulos. En este sentido, la escena de la conversación del tío-loco con su sobrina-creyente mientras la cámara gira lenta a su alrededor describiendo un círculo perfecto es sin duda una de las más hermosas de toda la historia del cine.

Todos los personajes humanos (capaces de amor) de la película son recompensados: los niños recuperan a su madre; el marido a su mujer; la mujer la vida; los novios forman pareja… Todos ellos han sufrido, claro, todos han experimentado los vaivenes de la existencia, la crueldad de las reglas sociales y naturales, todos han sufrido pérdidas que les han angustiado y hecho sufrir hasta las lágrimas…, pero todos tenían una pasión, un por qué vivir, una fe en el Amor, tomando éste multitud de formas: madre, pareja, mujer, Jesucristo...

Es el amor, la fe en el Amor lo que hace que resucite la mujer. Un amor que para unos lo encarna Jesús, para otros lo puede encarnar una mujer o un hombre, para otros los hijos…“El que crea en mí se salvará”, dice Jesús en los Evangelios. ¿Y qué es Jesús? También lo dice con claridad el libro sagrado: “Yo soy el amor”. Ordet es una historia de amor, una de las más grandes historias de amor jamás filmadas, del AMOR en abstracto, una reflexión sobre el amor como fuerza capaz de mover montañas, de dar sentido final a la vida, de devolverla incluso en forma de milagros.

Don Quijote estaba loco: sí, claro. Pero esa no es la cuestión que plantea Cervantes. La cuestión es que esa locura le hace ser mucho más humano, dota a su vida del sentido de la que carece la vida de los demás, le hace sufrir y pasar calamidades, sí, pero también ser más feliz, llevar una vida infinitamente más plena.

¿Está loco el personaje de Dreyer? Sí, no es Jesús claro (aunque todos somos Jesús, claro). Pero es que eso no importa nada, nada en absoluto. Es como si alguien te cuenta Don Quijote diciendo que es la historia de un loco que va por los caminos creyéndose un caballero andante. ¿Eso es el Quijote? ¿Ordet es la historia de un loco que se cree Jesús y resucita a su cuñada? No, ya lo hemos dicho, es una reflexión sobre el amor, contra la intolerancia, a favor del riesgo de vivir con pasión y fe en la vida…Es una bomba de relojería contra la ñoñez, contra las normas establecidas, contra la falta de imaginación, contra la ausencia de riesgo existencial… Sus lecturas son múltiples: política, religiosa, social… Pero al final, siempre está el Amor, la palabra, la fuerza, la pasión, la pulsión que devuelve siempre a la vida, aunque sea de forma metafórica. Esa es, creo, la palabra en imágenes que comparte con nosotros Dreyer.

Comentarios
23.05.2006 15:36:50 - Agiselao
Comentarios ...

23.05.2006 16:50:58 - Agiselao
Interesante exposición, pero no acabo de ver el afecto de Dreyer hacia el marido por ninguna parte. Por un lado, es el personaje que mas sufre -con mucha, muchísima diferencia- y por otro el único que cambia radicalmente su concepción de la vida al final de la película. ¿Dónde está el afecto en eso? Tras la muerte de su mujer nos lo presenta incapaz de hacer frente a sus obligaciones con sus hijas ¿Afecto? No, incapacidad. Dreyer presenta al marido como un personaje incapaz de enfrentarse al mundo No veo ningún afecto en ello. Por el contrario, el personaje del abuelo transmite dignidad y humanidad. Si hay un personaje tratado con afecto es él, no el padre.
Por otra parte, muy al contrario de lo que expones, considero que la película deja totalmente clara la futilidad del esfuerzo humano ante la voluntad de Dios. La muerte de la esposa justo cuando el médico -la ciencia- acaba de confirmar que vivirá resulta especialmente significativa: no importa lo que hagas, no puedes influir en lo que debe suceder -la voluntad de Dios-. De hecho, la única forma de influir en los acontecimientos es a través de la fe en Dios -de esa forma puedes conseguir cualquier cosa, pero ni se te ocurra confiar en la medicina-.
Es curioso que consideres que todos los personajes "humanos" son recompensados. El matrimonio ha perdido a su hijo -que ya sabíamos lo importante que era para ellos-, y lo único que recuperan es parte de lo que tenían antes de empezar ¿Eso es recompensarles? Es cierto que los dos jóvenes podrán casarse, pero no es menos cierto que son los personajes mas anodinos de toda la película; de hecho, su matrimonio sirve para dignificar el personaje del sastre. El sastre, protagonista de una de una de las escenas de maldad mas pura y fanática que he podido presenciar queda redimido sin el mas mínimo asomo de arrepentimiento, sin haberse disculpado nunca por haber deseado -casi invocado- la muerte de la mujer y el niño. Dreyer nos permite saber que el sastre cambia de postura ante la lectura de la Biblia, y no por reconsiderar su fanatismo asesino -en voluntad y pensamiento- ¡¡sino por no haber puesto la otra mejilla!!. Su maldad -¿hay otra palabra?- queda redimida y olvidada. No, no veo el Dios de amor al que haces referencia.
Un saludo


23.05.2006 20:50:38 - Ethan Edwards
Comentarios ...Amigo Agiselao, impresiona y responsabiliza mucho contar con lectores de tu calidad e interés. Lo cierto es que lecturas como la tuya animan a hacer mucho mejor las cosas de lo que habitualmente salen.
Leo tu comentario y de repente me asalta una seguridad: eres una persona práctica, el barbero o el cura de Don Quijote, y no quiero presentar así, ni mucho menos, un perfil negativo, sólo la constatación de un hecho insoslayable. Así, desde una visión “práctica” y “capaz” ante la vida, creo que resulta más complicado penetrar en el entramado poético y religioso de lo narrado por Dreyer, y conste que empleo las palabras “poético” y “religioso” en el sentido en el que las empleaba María Zambrano, invocando la perdida capacidad del hombre contemporáneo por “religarse” con lo inexplicable, con lo situado “más allá” de la razón práctica, con aquello a lo que sólo se puede llegar, según Zambrano o Heidegger, por ejemplo, por medio de un vehículo muy especial, la PALABRA (Ordet) poética.
Todos los puntos que tratas en tu comentario, en contra de lo que pudiera parecer, creo que vienen a confirmar y a avalar mi visión de la película, son por así decirlo su contrapeso, el negativo del positivo que yo contemplo. Dejando a un lado que planteas algunas cuestiones que quizá sólo pudiera aclarártelas con cierta nitidez el teólogo Ratzinger, el resto subrayan con precisión precisamente lo que en mi texto quiero explicar.
Dices que el marido sufre y es el único de los personajes que cambia radicalmente su concepción de la vida: pues claro, de eso se trata. Dreyer plantea una especie de viaje iniciático (distinto, claro, de los que abundan en la narrativa anglosajona del XIX). El marido está en una situación dada, le sucede la desgracia de perder a su mujer, eso le deja en suspenso, evoluciona espiritualmente, sufre, niega, pierde la fe, y finalmente llega a otro punto espiritual de su existencia ante el paso del milagro. Es decir, como el Jim Hawkins de La Isla del Tesoro sale de un punto A, experimenta diversas peripecias y pérdidas (entre ellas la de la inocencia), y llega a un punto distinto, se ha convertido en algo distinto al muchacho que fue, en un hombre. Así, el marido, sin salir por así decirlo del encuadre de la cámara de Dreyer, es el personaje que cambia y evoluciona, se hace mejor y más consciente de la vida a través del sufrimiento. No hay discurso más enraizado en el cristianismo que éste, es más, no hay otro posible.
Afecto por el que sufre? Desde la visión cristiana no hay nada que explicar: no envió Dios a su hijo a “sufrir” en la cruz?, no lo envió para que lo despedazaran? Precisamente esa es una de las columnas sobre las que se levanta la filosofía cristiana.
Luego hablas de la incapacidad de hacer frente al mundo. Bueno, este es un comentario que de nuevo te señala como una persona probablemente acostumbrada a resolver las cuestiones prácticas del mundo.
El marido, insisto, el personaje más humano de la narración, queda solo, sumido en el dolor de la pérdida de lo que más amaba en el mundo y está desorientado, entregado al dolor. Incapacidad para la acción resolutiva? No llega a gritar “desesperado” incluso Jesús en la cruz: “Señor, por qué me has abandonado”. Era Jesús un incapaz? O es que beber del cáliz del dolor no forma parte intrínseca e inseparable del discurso cristiano.
Futilidad del esfuerzo humano ante la voluntad de Dios, señalas como otro pero en el discurso de la película. De nuevo estamos en las mismas. De nuevo nos topamos con la esencia del cristianismo: claro que todo es inútil sin Dios, de eso trata la Biblia de principio a fin. La cuestión no es esa, ni mucho menos. La cuestión es que la fe en Dios es la única fórmula para transformar los acontecimientos, es la única fuerza capaz de hacernos “evolucionar” en positivo de un lugar espiritual a otro, de llevarnos en volandas podríamos decir. Es que de esto, precisamente, trata la película, eso es lo que cuenta Dreyer, ese es su discurso radicalmente, rabiosamente cristiano.
Por eso la mirada de Dreyer sobre los pragmáticos y muy capaces padre, sastre, médico..., es fría y seca. No pueden evolucionar (lo que tú achacas al hijo, que cambia) porque realmente no creen en Dios y no disponen de la fe necesaria para avanzar y cambiar. Son capaces, prácticos e inmovilistas, terminan la película como la empezaron, no se han movido un ápice de sus seguridades terrenales, son los menos humanos de la sociedad mostrada: no sufren, no cambian, en definitiva, no tienen en Dios, la fe que sí tiene el loco Cristo, la que sí tienen los niños en ese loco.


24.05.2006 15:36:42 - Agesilao
Siempre es agradable encontrar lugares en los que se puede intercambiar puntos de vista de forma civilizada. Un placer
Entrando en materia, tu mensaje me parece realmente curioso, porque creo que todos los argumentos que utilizas confirman plenamente mi interpretación de la película. Supongo que no ponemos en duda que el padre es el personaje que mas sufre de toda la película, sin embargo, ni tan siquiera se le permite ser el protagonista de su propia historia. No sufre y cambia ante la cámara, lo hace, en gran parte, fuera de ella. Los protagonistas de la historia son, en realidad y ante el espectador, otros. El abuelo –el que “chupa” mas cámara- e incluso el hermano –resucitar a alguien es una buena forma de adquirir protagonismo… sobre todo si se descubre que tenía razón desde el principio-. El padre no se hace mejor y mas consciente ¿Por qué interpretas que es mejor persona al final de la película que al principio? ¿Quizá porque se ha vuelto creyente? Pero… ¿Qué mérito tiene ser creyente si presencias un milagro? –¡¡nada menos que la resurrección de tu propia esposa!!- y… ¿Ser creyente es ser “mejor persona” que no serlo? No puedo comprender ese sistema de valores “Ha perdido a su hijo, pero se ha vuelto creyente: merece la pena”. No, no puedo. De hecho, me parece profundamente anti-cristiano. Dios envío a su hijo a sufrir por nosotros –dicen-, pero no exigió a nadie que sacrificara al suyo. El Dios de “ordet” parece mas bien el Dios del antiguo testamento, impone el sufrimiento y la muerte a una persona buena por no creer en él. Cristo, con su sacrificio –el suyo propio- puso fin a ese tipo de relación de Dios con los hombres. Efectivamente, es el Dios de Elias el que se adivina en la película. Cristo no impone el sufrimiento, lo asume para él y por nosotros. Es muy distinto.
Quizá deba aclarar antes de seguir que no considero que la película presente al padre como incapaz de enfrentarse al mundo por el mero hecho de su sufrimiento. Hay un momento en el que le pide al abuelo que le prometa que vivirá hasta que las niñas –sus hijas- sean mayores. No es el sufrimiento lo que le revela como incapaz de hacer frente a la situación, es ese abandono –sí, es cierto, a través de una simple frase ¿Pero son casuales los diálogos de la película?- de su mayor y principal responsabilidad. Si el autor hace que el padre realice esa pregunta, solo puede ser para indicarnos que, por una causa u otra –apuesto por el suicidio, pero es que soy un optimista- él no va a ocuparse de ellas. El abuelo deberá cuidar de las niñas hasta que sean capaces de cuidarse por sí mismas. Lo dicho: incapaz de enfrentarse a sus responsabilidades

El problema no es la futilidad del esfuerzo humano ante la voluntad de Dios. Es la enunciación –clara en la película- de su absoluta inutilidad. ¿Si me parece perverso un mensaje que afirme que no existe diferencia entre llamar a un médico para cuidar a un enfermo y en no llamarlo? Si, me lo parece. El buen samaritano no dejó al hombre apaleado habida cuenta de la futilidad de intervenir en el plan de Dios. Ese no es el mensaje cristiano. Puede que la acción del buen samaritano no salvase el alma del desdichado, pero hizo lo que debía hacer. La futilidad de la acción no es un mensaje cristiano, sin embargo es el que se desprende de la película voluntaria –y un tanto forzadamente- enunciado a través de la conversación con el médico y de la profecía de muerte realizada por el hermano loco. No es casual –una vez mas- que el médico salga de la habitación diciendo que la mujer está fuera de peligro –ella podría haber muerto durante la intervención y el médico decir “no pude hacer nada”-, el autor quiere subrayar, no solo la total inutilidad de la acción del médico, sino lo absurdo de haber tenido la esperanza de que pudiera haber resultado efectiva, todo ello dejando al médico –a la ciencia, a la acción humana- enfrentada a lo inútil de sus pretensiones. ¿Me parece cristiano? No. ¿Fuera o no cristiano me parece perverso? Si.
Por último –por ahora- no veo que la mirada de Dreyer sobre el abuelo sea fría y seca, así que no puedo compartir tu argumento. Por otro lado, tanto el abuelo como el sastre cambian su percepción de sus diferencias religiosas ante el milagro –sabíamos que no era un tema insustancial para ellos-. Cambian, no son inmovilistas. De hecho, sus divergencias y su reconciliación es un tema tan importante de la película como cualquier otro… ahora bien, es cierto que sufren menos, claro que Dios –o el autor- han decidido que no sean ellos quienes soporten directamente el mazazo. No puedo considerar que sea una “elección inocente”. Tampoco puedo considerar inocente –en una historia contada con la mágica sobriedad de “Ordet”- la absoluta ausencia de juicio posterior sobre la maldad, el deseo de muerte, del sastre… todo ello sin que medie ni tan siquiera un indicio de arrepentimiento. No veo ni motivo ni explicación a esta omisión –que no sea que el autor lo considera, en esencia, irrelevante- ¿Se te ocurre algo?

Un saludo


24.05.2006 20:36:32 - Ethan Edwards
Comentarios ...Amigo Agiselao, piensas que mi visión confirma la tuya, y como ya te dije ayer, tus argumentos a mi me parece que confirman la mía. La cuestión cada vez se me hace más obvia: los dos contemplamos la misma o parecida batalla, pero uno está al lado del Séptimo de Caballería y el otro con los Indios. Eso es lo que nos separa en esencia. No lo que vemos, que los dos vemos obviamente lo mismo, si no el lado de la balanza en el que nos coloca lo que vemos. Para ti un gesto del abuelo lo dignifica, y para mí (pongámoslo como mero ejemplo), lo delata.
Mientras uno entienda a la caballería, el otro a los indios, y estas son cuestiones sobre las que es muy complejo posicionarse, dado que las dos posturas son defendibles con argumentos a considerar. Más bien, lo que refleja cada postura es una puesta en escena ante la vida distinta, y una “educación sentimental” si empleamos el término de Flaubert, también distintas. Es decir, tú ves Ordet explicándote a ti, mostrándote tú, y yo a mí.
En la película sólo hay un protagonista principal: la sociedad en la que tiene lugar el drama o la trama. La sociedad que es la de Dreyer, la de Europa pongamos por . En esa sociedad Dreyer presenta esencialmente dos tipos de personajes. Por un lado los fuertes, capaces, seguros de su fe, de su religión, de sus posturas y creencias (los hay creyentes como el sastre, el párroco y el abuelo, y los hay descreídos o ateos, como el médico). Estos personajes son resolutivos, férreos, de una sola pieza, dogmáticos, defienden con solidez su visión de la vida y se la tratan de imponer a los demás, porque están convencidos de que es la correcta. En esta descripción, creo, estamos de acuerdo. Lo que ocurre es que estos personajes a mi no me son simpáticos, y a ti parece que sí.
Por otro lado están los personajes que, por unas u otras circunstancias y razones, son o están (ah, qué maravilla de sutileza el verbo español), desvalidos. El loco porque esta loco y se cree Jesucristo; el marido porque se ha quedado sin su mujer, sin su amor y, en efecto, yo también lo creo, piensa en el suicidio; los niños porque se han quedado completamente huérfanos (su padre “no está” y su madre ha muerto); y la pareja de enamorados porque no les permiten estar juntos. A mí estos son los personajes que me parecen más humanos, que más me emocionan, con los que más me identifico, y a ti parece que no te ocurre lo mismo.
Aquí partimos de una diferencia de concepto fundamental: a mí me parece que el sufrimiento, la debilidad, la desgracia, el dolor... humanizan, y tú, insisto, parece que te mueves por otros derroteros, y he de confesarte que, en muchos momentos de la vida, me hubiera gustado tener tu forma de ser, seguro que me hubiera ido mucho mejor.
Bien, tenemos a los personajes divididos en dos grupos. Unos, los desvalidos, dependen de los otros, de los fuertes: dependen de su protección familiar y económica, de sus decisiones, de sus órdenes, de su forma de ver y estar en la vida, etc...
Creo que hasta aquí vemos lo más o menos lo mismo. Y es a partir de aquí donde nace el desacuerdo, pues creo que tú entiendes mejor a unos y yo a otros. Tú te posiciones con unos (a grandes rasgos, claro, todo requeriría de múltiples matices, probablemente), y yo con otros.
Lo que aquí dirimimos es, claro, con quién está Dreyer, así de sencillo. Y cada uno arrima el ascua a su sardina. Dependiendo de con quién está Dreyer, la película es una o es otra, no desde un punto de vista artístico, ya que ambos, imagino, coincidimos en que la realización (encuadres, planos, movimientos de cámara, movimientos de personajes...) es memorable, sino desde un punto de vista argumental y de (qué poco me gusta la palabreja) mensaje.
Vuelvo a insistir, pero este es un callejón sin salida y quizá ahí resida su gracia, en que para mí Dreyer toma partido sin subrayados innecesarios por los desvalidos frente a los fuertes y dogmáticos. Toma partido por los que sufren, por los que cambian y se hacen no mejores personas (mejor es una palabra innecesaria) sino simplemente más personas. Todos son creyentes en la sociedad que presenta Dreyer (el médico cree dogmáticamente en la ciencia, María Zambrano, por ejemplo, lo correría a gorrazos), pero opino que Dreyer está más con los que creen pero dudan y caen, con los que creen con la fe de la ingenuidad, con los que creen con la fe inquebrantable del loco..., que con los que creen con la biblia abierta en una mano y se atienen, como diría Unamuno, más a preceptos que a conceptos. Dreyer, es mi opinión, creo que así lo plantea, pero yo también me atengo a conceptos y no a preceptos, yo también dudo y me tambaleo en mis creencias, hasta en las cinematográficas.
Recibe un fuerte abrazo.


25.05.2006 17:53:51 - Agiselao
Estimado Ethan, resulta evidente que hemos llegado a aquel punto a partir del cual no tiene sentido proseguir con un intercambio de opiniones que correría el peligro de convertirse en tedioso y reiterativo por ambas partes. Sin embargo, no puedo resistirme a devolverte una última salva. Vamos allá.

Bueno, en primer lugar tengo que decir en propia defensa que,a pesar de lo sencillo que creer tal cosa podría parecer, yo no tomo posición por ningún bando… de hecho, soy incapaz de establecer los bandos que con tanta claridad delimitas; mis “quejas” van dirigidas contra el autor, no contra sus personajes. En ese sentido, Ordet no me explica a mi –soy incapaz de afirmar que lo haga o no contigo, confiare en tu criterio en tal sentido-. No estoy de acuerdo en que el protagonista de la película sea “la sociedad”, ni creo que Dreyer presente esencialmente dos tipos de personajes, ni estamos de acuerdo con la división ni con la caracterización de los supuestos tipos. En cualquier caso, y para tu tranquilidad espiritual, te diré que de los personajes que consideras “fuertes” me es “simpático” el abuelo, me parece un insufrible pedante el médico, un pobre diablo sin nada que aportar el párroco y una auténtica encarnación del fanatismo el sastre. De entre los “desvalidos” tengo una enorme simpatía por el padre –esa simpatía es la que me hace apreciar que el autor maltrata al personaje-, me resultan bastante desdibujados los jóvenes enamorados –me parece que son un pretexto para la acción, pero no llegan a desarrollarse de ninguna forma- y no puedo considerar desvalido en forma alguna al loco –que tan loco como está conoce el futuro, es capaz de ver a la muerte… y de burlarla-, ni a las niñas que, pese a serlo de forma objetiva, son presentadas de una forma tan ajena al drama –total, el tío va a resucitar a mama- que mas que impresión de debilidad, la dan de fortaleza y ejemplo.

En cualquier caso, es curioso que especules sobre los “derroteros” por lo que me muevo y lo que “parece” que me “emociona” ¡¡yo pensaba que hablábamos de la película, no de mi!!. Por favor, ciñámonos al tema.


Pero sigamos. La verdad es que no reconozco los grupos de personajes que haces, y no creo –sinceramente- que Dreyer lo hiciera. De hecho, titular la película “La Palabra” refleja claramente –a mi entender- que sus preocupaciones son de tipo religioso. El elemento definitorio básico de los personajes no es su “fuerza” –muy discutible en algunos de los casos que citas- sino su fe –claramente expuesta, por exceso o por defecto, a lo largo de la película-.El viaje iniciático que señalabas en el mensaje anterior no tendría sentido si el tema de la película fuera “fuertes frente a débiles”, ya que no guardaría el “viaje” ninguna relación con el tema. El padre alcanza la fe, ese es el tema; y la posición ante el tema es lo que divide a los personajes, y es en esa división –fe religiosa/no fe religiosa- en la cual Dreyer toma partido.

Por cierto, efectivamente coincidimos. Grandísima película. Memorable

Vamos, que excepto en esto último no estamos de acuerdo en nada -¡¡Ni tan siquiera estamos de acuerdo en cuales son las cosas sobre las que no estamos de acuerdo!! (esto sí que es memorable)-.

Ha sido un placer.
Un saludo




25.05.2006 18:51:01 - Ethan Edwards
Comentarios ...Amigo Agiselao, ya le he pedido al editor que me doble las futuras vacaciones, pues al artículo diario le tengo que sumar ahora esta nueva sección de comentarios que tantas satisfacciones me está dando, pero que me lleva un cierto tiempo. Ahora mismo, por ejemplo, tengo que ir a hacer de tertuliano a la radio, luego a la presentación de un libro, luego a leer el libro y, finalmente, antes de acostarme ya de madrugada, leo cinco o seis veces tus comentarios para hacer buena gimnasia intelectual.
Pero aquí estamos de nuevo. Que el tema de la película es la religión, o mejor dicho, la forma de entender la religión, es obvio, creo haberlo escrito en alguno de mis comentarios, pero no me releo.
En cuanto a lo que quiero decir con respecto al viaje iniciático, y que tan torpemente he expuesto, para no darte más la lata, te propongo que leas la genial introducción escrita por mi amigo Dámaso López a su recientísima traducción de "La Isla del Tesoro", todo te quedará aclarado, y si no fuera así, al menos pasarás un rato estupendo.
Tus quejas van dirigidas al autor, y no a los personajes. Bien, lo que ocurre es que los personajes son invención del autor, y él los utiliza para explicarse y para explicarnos su visión del mundo, su visión de la religión en este caso y de la sociedad en la que él habita y vive esa religión (la película no transcurre en España, o en Nigeria, o en los EE.UU, o en Austalia..., por algo será).
La fe, por definición, siempre es religiosa, en el término que intenté explicar el otro día, es decir, en el religar al ser humano con lo sagrado, por así decirlo, con lo que los territorios a los que la racionalidad no puede llegar por su endeblez o su ausencia de recursos. Vuelves a decir lo mismo pero con palabras distintas. El asunto de la película es la religión, y por tanto la fe. Y si vamos un poco más allá, insisto en ello a fuerza de ser pesado, la cuestión que se/nos plantea Dreyer es qué clase de religión, qué tipo de fe es la que hace a los humanos más humanos. Dado que presenta al menos dos formas de entender la religión, y dos maneras de tener y entender la fe... Y esa cuestión, y me repito y me repito, me pare que al final queda bastanteclara en la hermosísima película de Dreyer. Pero claro, es mi opinión.
Un fuerte abrazo.



26.05.2006 11:56:33 - Agiselao
Amigo Ethan, confió en que tu editor acceda tanto a tus deseos como mi jefe suele hacerlo a los míos –y no es un mal deseo-, y lamento ser el involuntario causante de tanto estrés laboral. Pongamos pues fin a este interesante intercambio de argumentos, pero no sin que antes me permitas un par de breves consideraciones. Aunque es evidente que “Ordet” expone formas distintas de vivir la religión, creo que el peso principal de la película recae en la dicotomía “fe/no fe”. La palabras del loco al principio son reveladoras “Malditos todos los que no crean, porque solo los que tienen fe serán admitidos en el reino de los cielos” –o algo así-. El autor da una vuelta de tuerca mas a lo largo de la película: solo los que tienen fe pueden enfrentarse a la vida. No creo que la cuestión que Dreyer plantea sea qué tipo de fe hace a los personajes mas humanos –a no ser de un modo secundario, en el discurso del abuelo al sastre sobre sus diferentes formas de vivir la religión-

Como muy bien dices, los personajes son utilizados por el autor. Precisamente por ello no puedo sentirme satisfecho con él cuando hace que el padre, de un sufrimiento y desesperación totalmente comprensible por la muerte de su esposa, pase al mucho menos comprensible estado de pensar en abandonar –a través del suicidio, o del método que sea- a sus hijas ¿Por qué es necesario ese paso si no para reafirmar la incapacidad del no creyente para enfrentarse a las situaciones extremas? Siento que el autor traiciona al personaje –si, ya sé que es “suyo”, pero es que soy un sentimental- para dar la ya mencionada vuelta de tuerca a su argumento.
Bueno, no estamos de acuerdo en casi nada y estos breves mensajes no dan de sí para cubrir la inmensidad de nuestras discrepancias –tantas cosas de la película en las que seguro que no estamos de acuerdo y que apenas hemos mencionado-. Dejémoslo aquí por ahora con un cordial abrazo en lugar de seguir porfiando como niños.
Un saludo


26.05.2006 14:14:40 - Ethan Edwards
Comentarios ...Queridísimo amigo Agiselao, no te preocupes mucho por mi estrés, los estupendos partidos que fútbol que juego todos los sábados por la mañana, los abdominales diarios y el hacer el amor con la chica de mis sueños me mantienen bastante en forma a pesar de que ya voy cumpliendo años. Además, vuelvo a estar una vez más en desacuerdo contigo, en tu manejo del lenguaje: los niños porfían tontamente, los hombres (las personas, seamos políticamente correctos) discuten e intercambian opiniones.
Lo que ya no sé es si me estás tomando cariñosamente un poco el pelo, a pesar de que ya no me queda, pues cada nuevo comentario tuyo viene a confirmar más o menos lo dicho con anterioridad pero aportando un pequeño matiz, una pizca de color, así como para tener la última palabra. Ahora sales con lo de la fe, asunto que estaba claro desde el comentario nº ??? (ya no sé, insisto en que no releo).
Y NO, no es cuestión de fe o no fe, si no de qué tipo de fe tienen los personajes (repasa mi contestación de ayer tarde, creo). Todos los personajes tienen fe (lo digo una vez más), la diferencia la marca Dreyer mostrando cómo diferentes tipos de fe establecen distintas respuestas ante la desgracia de la muerte ("anécdota" -son comillas, para que no matices lo de anécdota-, para dar argumento a la película), distintas respuestas al existir, al vivir, a enfrentarse con al realidad de la existencia. El que pierde la fe (la fe dogmática heredada de su padre y propia de la sociedad en la que está viviendo, la fe impostada y de pega que llevaba consigo como una careta que se quita) es el marido al morir su mujer.
Y claro que la actitud del marido viudo, no deseoso de seguir viviendo, es una muestra más de la tesis de Dreyer de que el no creyente tiene muchísimas más dificultades para enfrentarse a los reveses de la vida que el creyente. Es que de ESO VA la película, de eso va en definitiva el cristianismo, y de eso va el "mensaje final" que plantea Dreyer en Ordet (en mi opinión, siempre en mi opinión). Y es que Dreyer, aunque parece que te disgusta o que no lo quieres asimilar, o que no encaja en tu "prejuicio" sobre un artista de la inmensidad de Dreyer, es profundamente cristiano y realiza una obra de arte eminentemente cristiana, por eso su discurso es cristiano y viene a reafirmar las conocidas tesis del cristianismo llamémosle progresista, y no dogmático. Sí, Ordet es una película realizada por un cristiano donde plantea y desarrolla una tesis (su tesis de cristiano) profundamente cristiana de la concepción de la vida. En Ordet, Dreyer abraza las ideas de Jesucristo, y es crítico con bastantes de las que planeta la iglesia, las iglesias como instituciones humanas.


28.05.2006 19:32:52 - Agiselao
Muy estimado Ethan, hay que reconocer que tardamos un tiempo condenadamente largo en despedirnos. En cualquier caso, confío en que no hayas enumerado tus actividades por orden de importancia… ni por orden de frecuencia.

Si te estuviera tomando cariñosamente el pelo –y tú te hubieses dado cuenta- puede que, al fin y al cabo, estuviesemos porfiando después de todo… más aún cuando la sensación empieza ser, cariñosamente, compartida.

Pero vayamos a la cuestión. Me dices en el mismo mensaje que “No, no es cuestión de fe, sino del tipo de fe que tienen los personajes” y “…que la actitud del marido viudo, no deseoso de seguir viviendo, es una muestra más de la tesis de Dreyer de que el no creyente tiene muchísimas más dificultades para enfrentarse a los reveses de la vida que el creyente. Es que de ESO VA la película, de eso va en definitiva el cristianismo, y de eso va el "mensaje final" que plantea Dreyer en Ordet”.

En fin, que la película no va de eso, pero sí va de eso. Que la cuestión no es el tener o no fe, pero sí lo es… ¿o no lo era? Todo empieza resultar un poco confuso.

Desde luego, uno de los dos tiene que revisar la película puesto que apostaría que el padre no pierde la fe como consecuencia de la muerte de su esposa, sino que está muy claro que no la tiene desde el principio. Evidentemente la memoria de uno de los dos está jugando malas pasadas para intentar hacer coincidir la realidad con su propia y sesgada interpretación. Bueno, en unos días estaré de vuelta y podré comprobar si es mi memoria la que falla… quizá tú podrías hacer lo mismo –entre abdominal y abdominal, por supuesto-. Esto está bien, porque hemos pasado del campo de las opiniones, al de los hechos que podemos contrastar. Apuesto por mi memoria –la conozco desde pequeñito y no suele jugarme malas pasadas-

Personalmente no me preocupa en absoluto que Dreyer sea cristiano – aunque empiezo a tener la impresión de que a ti sí-. Parece que consideras que decir que “es cristiano” es explicación bastante para todo, y justificación suficiente para lo que sea. Bueno, ese es tu prejuicio, no el mío –ni en un sentido ni en otro aunque parece que te cuesta creerlo-.

Un saludo


29.05.2006 14:38:46 - Ethan
Comentarios ...Apreciado Agiselao, disculpa la tardanza en contestar, pero el fin de semana no me conecto y he tenido un mañana un tanto ocupada. Pero ya estoy de nuevo aquí, feliz de encontrarte, y de hallarte tan confiado en tu memoria, tal vez ya un poco confusa, cansada y vaga después de haberla atiborrado de tantas opiniones y sometido a tantos dires y dirites. Después de una pequeña tanda de abdominables (cada vez más inútiles, por cierto), y de sí colocar mentalmente en orden de importancia las actividades del fin de semana (qué gloria bendita los fines de semana), continúo, una vez más, intentando hacerme entender por ti y por el cada vez mayor número de lectores que tiene el artículo, sin duda incentivados por la polémica a la que tan generosamente contribuyes (gracias).
El personaje del marido creo que es el fiel de la balanza que crea Dreyer. Si en un plato están los que se aferran a su fe dogmática (por decir algo, no seas ni en exceso puntilloso), y en otro están los que tienen una fe digamos más “pura”, natural y, creo que según Dreyer, sincera y valiosa, en el medio está el marido, que adopta por comodidad y exigencias sociales la fe de los primeros, pues la otra, como tú y como yo, posiblemente, no está capacitado para tenerla, no tiene la suficiente pureza de corazón, o la suficiente inocencia para tenerla.
Sí tiene fe, pero ahí te doy la razón, la tiene impostada, término que creo incluso haber ya mencionado. Es una máscara que la muerte de su mujer quiebra en mil pedazos, hace añicos. Así, a lo largo de la parte central de la película, la que pivota en torno a cómo se enfrentan todos a la muerte de la mujer (junto a las tramas secundarias), el marido permanece sin el asidero de la fe dogmática, por lo que va a la deriva. Los que tienen fe dogmática se agarran a esa fe, que resulta una fe fría y desesperanzada, y luego están los que se aferran a su fe jubilosa e inocente, fe que acaba siendo redentora.
Qué ocurre con la fe de todos una vez se produce el milagro?, hacia donde se encaminará la fe de los dogmáticos?, el marido se entregará a la fe de su hermano el loco y de sus hijos? Todos ellos se entregarán a la fe inocente, loca y redentora? Eso ya no lo cuenta Dreyer. Y es que yo creo que a él, como cineasta eso ya no le interesa tanto, lo que le interesa es mostrar una situación a la que enfrentarse desde la pérdida de la fe o desde distintas fes, triunfando al final una de esas fes, la inocente, juvenil y redentora, la fe por la que Dreyer, como cristiano, aboga.
Qué me preocupa que Dreyer sea cristiano. Hombre!, eso es evidente. Y no es que me preocupe desde mi propia conciencia, es que es un dato ineludible a la hora de acercarse con mirada crítica a su obra, es un dato ineludible a la hora de intentar entender en profundidad al cineasta, de enmarcarlo en un contexto socio-político-cultural determinado.
Cómo acercarse a la mirada de Visconti en el Gatopardo sin tener en cuenta que él era un aristócrata milanés afiliado al partido comunista? Como acercarse a las sinfonías de Bruckner sin saber de su catolicismo? Cómo comprender el cine de Capra sin saber qué fue la Depresión del 29 y el New Deal...? Sí, es verdad, son obras de arte y siempre hay algo en ellas que establece un contacto de entendimiento con el receptor sensible, pero no me negarás es más fácil atar cabos contextuales manejando ciertos datos, e introduciéndoles en los análisis y reflexiones personales. Un abrazo.


30.05.2006 16:58:21 - Agiselao
Estimado Ethan, a pesar de tus disculpas de tardanza te percibo rápido como el demonio –dicho sea sin ánimo peyorativo-. Pero sigamos, a ver si llegamos a alguna parte para asombro y regocijo de tus –al parecer- numerosos lectores.

Dejando momentáneamente de lado nuestras discrepancias en cuanto a la “distribución” de los personajes –no puedo colocar en el mismo “platillo” al abuelo y al sastre, lo siento-, podemos centrarnos en el personaje del padre. No creo que adopte fe alguna al comienzo de la película; es mas, su absoluta falta de fe queda claramente reflejada en sus conversaciones con su esposa y en la decepción del abuelo–en este punto quiero resaltar el brillante modo que tienes de darte la razón a ti mismo cuando dices que me la otorgas. Absolutamente magistral-. No teniendo fe, el padre no se mueve en una especie de “tierra de nadie” entre las dos posturas, está radicalmente fuera de ellas. Parece que consideras que Dreyer critica la fe de los que llamas “dogmáticos”, sin embargo, y pese la obvia superioridad final de los “hacedores de milagros” –ya hablaremos de ello-, la crítica podría considerarse, en el mejor de los casos, muy matizada. El abuelo dice que lo único que puede pensar es que tanta desgracia sea para conseguir un fin mejor… y ¡¡tachan!!, aparece el sastre para entregar a su hija en matrimonio. No parece una crítica excesivamente severa. El sastre ruega Dios para que la mujer y el niño mueran –manda narices-… y mueren –sin que el deseo de la muerte de dos inocentes merezca ni el más mínimo comentario posterior por parte del autor-. Como crítica no parece excesivamente dura. Creo que el tema principal de la película es el contraste entre el no creyente –que, además, sufre en primera persona todas las desdichas de la película- y su incapacidad para enfrentarse a los “desastres” –cuidadosamente recalcada-, todo ello junto a la inutilidad de la acción humana.

En definitiva, es mejor ser una mala persona con una fe rígida y excluyente –el sastre- que ser una buena persona sin fe –el padre-. El mensaje será todo lo cristiano que quieras –lo cual también podría discutirse, pero dejémoslo por ahora- , pero que quieres que te diga… también es mejor orar con fe auténtica que llamar al médico. Pues bueno, pues también será cristiano –todo ello discutible, una vez mas-, pero… bueno, ya sabes lo que pienso.

El problema de la fe de niños y locos –la “mas verdadera”, al parecer, y que tu consideras “inocente, libre y redentora”- es que se trata de una fe sin conocimiento. Esto entronca con la inutilidad de la acción humana que se expone claramente en la película, y nos lleva a considerar la inutilidad de cualquier cosa que no sea la ignorancia más pura –la única que permite tener la fe pura-. Por otro lado, la fe de la niña es fe en el loco. No es fe en Dios, sino en su tío que está loco y le ha dicho que su madre se va a morir pero que él va a resucitarla. Uffff, ¿Esa es la fe verdadera?

Pero supongamos que da igual –que no me lo da-. De acuerdo, todo ello puede conformar una forma de entender el cristianismo, pero ni el cristiano que fui ni el agnóstico que soy pueden compartirla.
En cuanto al cristianismo de Dreyer, el problema no es que lo quieras tener en mente a la hora de interpretar o comprender su obra, el problema es que a la hora de valorarla te conformes diciendo “es que es cristiano”. No. Si el autor propugna la inutilidad de la acción humana frente a la fe, sea tal propuesta cristiana o no, puedo valorarla de una forma positiva o negativa, y lo mismo sucede respecto a los otros “temas” de la película. De hecho, debo valorarlos si quiero emitir un juicio sobre la película… y yo no puedo hacerlo positivamente.
Un saludo


30.05.2006 19:27:52 - Ethan
Comentarios ...Querido Agiselao, no, no son mis lectores, son los nuestros. He de reconocer que desde el comienzo de esta controversia el trabajo sobre Ordet e, imagino, las réplicas y las contrarréplicas que nos vamos destinando, se han convertido en las páginas más demandadas de esta sección de blogs. Gracias en lo que me concierne.
Ya no es que estemos perdidos en un laberinto conceptual, dado que los laberintos, al menos los clásicos, tienen una entrada y una salida. Más bien estamos en el callejón de los gatos valleinclanesco, donde todo se deforma. O también, ya que esta es una sección cinéfila, en la atracción de los espejos de la película de Orson Welles "La dama de Shanghai": uno se refleja a sí mismo hasta el infinito en los espejos deformantes de sus textos. Bien, en esta nueva comunicación me echas en cara de nuevo varias cuestiones, abundando en ocasiones en la reiteración. Ayer coloqué en dos grandes grupos a los personajes por motivos de mera operatividad didáctica (por decirlo de algún modo). Convendrás conmigo que varios de los personajes (no menos de cuatro o cinco) podrían ser objeto sin mucho problema de sesudas tesis doctorales de centenares y centenares de páginas. Y en esta visión a groso modo, es decir, grosera, uno no puede andar con demasiados remilgos interpretativos, dado que la eternidad sería poca para ir puntualizando con la exactitud y la deseable pulcritud demandadas.
Hallarse entre las dos posturas como dices, o dicho de otro modo de ver las cosas, mi modo, ser el fiel de la balanza, es no estar en ninguna de ellas, como bien dices subrayando lo ya recalcado con anterioridad.
Casi todos los grandes maestros del cine narrativo (John Ford, Hawks, Hitchcock...) se caracterizan, entre otras cosas, porque en sus historias, aunque haya una cara y una cruz, sus mirada sobre ambas no suele ser simples, ni superficiales, ni mucho menos maniqueas. La grandeza del cine de Dreyer, tan religioso desde casi sus comienzos y tan preocupado también por lo social, no “mira” sin sutileza para condenar a los “malos” y “saludar” a los buenos. Eso no lo hace ninguno de los grandes de verdad, y habría que ir a las entretenidas y demenciales películas “guakas” para toparse con tan esquemática resolución de las historias y sus conflictos.
En cuanto a la fe sin conocimiento, plateas un asunto de honda gravedad teológica que no sé resolver. Pero dale la vuelta a la pregunta: “fe desde el conocimiento?”, qué clase de fe sería la que se construye desde el conocimiento?. Planteas un oximorón, algo así como lo que con gracia comentaba Baroja sobre el “pensamiento navarro”: vamos a ver, o es pensamiento o es navarro.
En cuanto a lo de ser conformista te diría lo que hace años nos cantaba a todos Janette (no sé si se escribe así), es decir, el mundo me ha hecho así. Claro que si, por ejemplo,
Verdi escribe que su Réquiem es una ópera fúnebre y lo acepto, no creo que se me pueda acusar de conformista por aceptar la versión que da el autor de su obra. Otra cuestión es que esa versión me satisfaga o no.
Para terminar te voy a sugerir la lectura de algunos textos, y espero que sepas disculpar esta apelación a un criterio de autoridad que no hay por qué aceptar. Escribo desde el despacho y no tengo a mano mi biblioteca, por lo que no voy a poder ser muy preciso en la bibliografía, pero seguro que sabes manejarte con las pistas. Hay un recomendable libro sobre Dreyer en la editorial Cátedra; otro que editó no hace mucho la editorial de José Luis Garcí, Nikel Odeon; hay un número especial –espero no equivocarme y haberlo soñado- de la revista Nikel Odeo dedicado a Dreyer (los dedicados al western, Billy Wilder, Orson Welles y la comedia americana son estupendos). Hay un libro de lectura imprescindible, me parece a mí, que es Cine y literatura de Pere Gimferrer, reeditado no hace mucho por Seix Barral, y contiene algunas apreciaciones sobre el cine de Dreyer y sobre Ordet en concreto muy iluminadoras. Y luego está el volumen sobre directores de cine de A. M. Torres en el que tiene algunas líneas clarificadoras sobre la religiosidad de Dreyer.


31.05.2006 6:51:36 - Agiselao
Estimadísimo Ethan, espero que compartas que no tengo obligación de estar de acuerdo contigo, ni tan siquiera cuando tus motivos son de “operatividad didáctica”. Menos aún cuando la frontera entre la “operatividad didáctica” y la “simplificación sesgada” resulta tan sutil. Cuando tus “simplificaciones didácticas” no parezcan hechas a medida de tus interpretaciones, me encontraras mas dispuesto a aceptarlas sin reservas.

Dices que la mirada de los grandes sobre sus historias no es simple, ni superficial, ni maniquea. Pues bien, eso precisamente tengo que reprocharle al autor. Su postura frente a la cuestión fe/acción humana es maniquea –sólo la fe sirve para algo-; su postura frente la cuestión fe/no fe es maniquea –solo la fe es válida, no únicamente para la salvación, sino incluso para enfrentarse a la vida-. Dreyer, como genio que es, no presenta personajes maniqueos, pero eso no significa que las conclusiones de la historia no lo sean, por lo menos en el sentido referido a los temas que acabo de señalar que, como recordarás, son a mi entender los temas básicos de la película. Por supuesto, para quien se acerca a la obra “dando por supuesta” la fe y, como tú, se recrea en los distintos tipos de fe de ciertos personajes, esto no resulta evidente y, me dirás que sobre esas cuestiones la postura debe ser la que él expone, porque es un autor cristiano haciendo una película profundamente cristiana. Por supuesto, para mi eso solo significa que la postura cristiana que elije Dreyer es maniquea en cuanto a las cuestiones básicas que plantea.
El tema de la fe “desde” puede resultar de honda gravedad teológica, pero reconozco haberlo evitado deliberadamente. No planteo la presencia de una fe desde la ignorancia, sino de una fe sin conocimiento. Su contrario no sería una fe “desde” el conocimiento, sino una con conocimiento. Dreyer elige partir de la ignorancia e incorporarla, de hecho ensalzarla, como un valor positivo. No necesito entrar en honduras teológicas para desconfiar de esa postura.
Te agradezco tanto tus recomendaciones, como tu suposición de que no las conozco. Procuro utilizar siempre mi propio criterio y, efectivamente, nunca acepto argumentos de autoridad en una discusión. Si el argumento es correcto, debe exponerse y discutirse y, si no lo es ¿Qué mas da de quien parta?
Un saludo


31.05.2006 14:28:07 - Ethan
Comentarios ...Has leído ya alguno de los trabajos recomendados? Has acudido a la librería o a internet para hacerte con alguno de ellos? Has leído algunas de sus líneas?
Porque la cuestión es que a estas aburridas y reiterativas alturas yo ya sé lo que tú ya sabes, y tú ya sabes lo que yo sé. Así que te sugiero que leamos algo y veamos algo más para ensanchar lo que ya sabemos y que ambos sabemos que sabemos y que el otro sabe.
El resto es darle vueltas con orejeras a un pozo para sacarle un agua que ya no tiene, o como digo en uno de mis poemas en prosa, creo que titulado New Order, y que puedes encontrar en el libro Atlas de perplejidad (Icaria, Barcelona, 2004), "nubes de ciudad sin importancia".


27.08.2008 3:12:48 - José Luis



¿Como puedo conseguir el texto completo de "ordet" ya sea la obra de teatro o el guion literario de la pelicula?
Gracias


12.10.2010 21:14:16 - paula



pedantes.


15.01.2011 6:00:44 - Almar



Ja, ja, ja. Cómo he disfrutado con todos estos comentarios. Sólo quisiera agradecer a Agiselao por sus comentarios y sagaces contrapuntos dirigidos tanto a comentarios concernientes al film como a su "indignado" oponente. Cómo disfruto cuando un pedante, cierto Paula, se lía a sí mismo la madeja al cuello con sus aportaciones, cada vez más ilógicas y/o contradictorias. El hecho de que alguien utilice un canal de comunicación donde valorar, como es este caso, un film (la palabra) para venderse a sí mismo (tiene despacho, escribe libros, hace abdominales, folla mucho y para mas inri, firma sus comentarios con nombre de Superhéroe) no confirma otra cosa sino que interiormente se siente un gusano. O lo es. Pero aún es peor; quiere que pienses como él, y si no es así estás equivocado. Típico del proselitismo cristiano que tanto rechazo. Enhorabuena, Agiselao.
Por cierto, hablando sobre la película; ¿Es necesario poseer la fe para que te guste -clasificada para cristianos/abstenerse ateos y demás- o, dejando la técnica y otros aparte, se puede disfrutar desde una perspectiva puramente humana? A mí no me gustó. Todavía.


30.05.2012 7:55:21 - idiotwind



Hola a todos:
Decirles que me han prohibido publicar un mensaje sólo por tener sentido del humor. Por lo visto todo ha de ser trascendente y dogmático. Miren, ustedes se lo pierden.
Simplemente, si quieren saber mi opinión, pues búsquenla en páginas web más mundanas, si así se puede llamar.
Les recomiendo que vean la película Los comulgantes de Bergman, así tienen otra visión, y si les apetece, pueden hacer unos comentarios trascendentes cual Sócrates y Platón.
Atentamente.
Un pobre hombre mundano.


30.05.2012 8:02:49 - idiotwind



Y, para que sus neuronas descansen, por favor entre col y col, un Kit Kat.
De nuevo el pobre hombre de los insultos y las palabras malsonantes.
¿Por qué no ponemos el Parental Advisory como se lo ponían a los discos de Frank Zappa esos maravillosos ciudadanos de los Estados Unidos?
Antes, les he recomendado Los Comulgantes de Bergman, pues vaya ahora otra recomendación: Miguel Gila.










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