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Tribuna/Tribuna libre
Madrid 2-Barcelona 2
Por Bernabé Sarabia, sábado, 10 de marzo de 2001
Las emociones del fútbol, tan vanas como embriagadoras, son casi siempre provocadas por los medios de comunicación. Una vez que se disipan se observa que los clubs están movidos por pasiones e intereses semejantes. El último Madrid-Barcelona pone al descubierto aspectos de gran interés.
A quienes tenemos el corazón partido entre Madrid y Barcelona, el desenlace del partido jugado entre sus equipos más brillantes en el estadio Santiago Bernabeu nos ha dejado sin aliento. Desde la grada o el televisor se ha sufrido con un final tan desgraciado. Lo que no puede ser es que Rivaldo, la estrella azulgrana con carita de Audrie Hepburn, tire a puerta en el último minuto y marque con la intervención de Helguera, un dentrocampista blanco, que con la punta del pie desvía la pelota para que se meta junto al palo. Por si ésto fuera poco el arbitro, vasco, anula un gol de verdad.

Analizado desde la melancolía que produce la mala conciencia de un empate injustificado -y quizá un postrer triunfo en la Liga- este último encuentro Madrid-Barcelona pone al descubierto muchas de las cosas que se dan por supuestas en torno al fútbol, como si fueran naturales pero que vistas desde ópticas teñidas de tristeza o pesimismo no hacen sino añadir escepticismo y distancia a la consideración que nos merece el género humano.
Lo más curioso es que Madrid y Barcelona se parecen cada vez más. Son dos ciudades que tienden a igualarse en la chapuza y en lo difícil que se está haciendo vivirlas

Lo vano aunque embriagador de las emociones del fútbol se puso ya de manifiesto en la preparación psicológica del partido. Para calentar el match los medios de comunicación, Telemadrid más que nadie, volvieron al viejo recurso de periodista perezoso de marcar las diferencias entre un equipo y otro. Venga entrevistas de un lado y de otro. Telemadrid, respaldada por el acierto de haber suprimido Tómbola, se empeñó en montar un psicodrama largo y farragoso que debió costar un dineral. El mensaje subliminal de fondo era enfrentar no sólo a los equipos sino también a las ciudades. Todo muy manido y muy de posguerra civil.

A pesar del artificio mediático, lo más curioso es que Madrid y Barcelona se parecen cada vez más. Son dos ciudades que tienden a igualarse en la chapuza y en lo difícil que se está haciendo vivirlas. Con los equipos sucede lo mismo. Tienden a un equilibrio más de semejanzas que de diferencias. Se han llenado de jugadores que cobran demasiado. Del dinero han hecho su patria y de la publicidad su credo. Su única fe es el consumo.

Con una tropa tan difícil –de los jefes ya hablaremos- el Real Madrid y el Barça se han encontrado en una situación parecida a la de los institutos de enseñanza media de los barrios pobres: lo difícil para el profesor, o el entrenador, es poner orden y sentido del esfuerzo en el aula o en el vestuario.

En el caso del fútbol la solución más socorrida es buscar un “míster” que sea más chulazo, más de todo, que los jugadores. Un ejemplo con éxito de este prototipo lo constituye Capello. Vestido con la mejor moda de Milán, guaperas, con una mujer de buen ver y sabiendo historia del fútbol por un tubo es capaz de cerrarle la boca a cualquier niñato al que se le hayan subido los millones a la cabeza.
Madrid y Barcelona no sólo tienen entrenadores clónicos, tienden a la convergencia y la simetría

Lo malo de este tipo de entrenador es, en primer lugar, su escasez. Es un espécimen complicado y susceptible. Además, y precisamente por sus características, mezcla mal con presidentes estilo Gil o Lopera y, problema añadido, no resultan dóciles para la habitual cuadrilla de mandamases de los clubes.

Así las cosas los cerebros del Madrid y del Barcelona han dado con otra solución. Dos entrenadores que se parecen como gotas de agua y que forman parte de una tipología bien distinta. Se trata de lo contrario, técnicos de perfil bajo, que no compitan con los grandes machos del vestuario. Para eso se necesita alguien ya con años, en la madurez y a ser posible de la casa. Ha de tener una paciencia infinita y ser capaz de consensuar. Para ello habrá de mirar para otro lado en muchas ocasiones. La gran habilidad de un entrenador así está en saber delegar ciertos aspectos del orden en un capitán capaz de mandar entre tanta testosterona y tan pocas horas de lectura.

No sé si Del Bosque y Serra Ferrer han creado el tipo o se han adaptado al personaje pero lo están haciendo bien, torean de muleta todo lo habido y por haber y van camino de acabar la Liga en el puesto, incluso pueden repetir el año que viene. Madrid y Barcelona no sólo tienen entrenadores clónicos, tienden a la convergencia y la simetría. Al paso que vamos nos podemos encontrar que emprenden juntos una gira mundial el año que viene para ganar más dinero que nunca. Falta les hace. ¡Qué confusión¡.
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