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Tribuna/Tribuna libre
Francisco Ayala o el escritor más premiado
Por Bernabé Sarabia, sábado, 3 de febrero de 2001
Francisco Ayala, propuesto para el Premio Nobel, es el profesor universitario, ensayista y escritor más premiado y galardonado de la España democrática. A sus indudables dotes de seductor ha sabido unir una resistencia que parece hacer cierta la frase de Cela: "En España quien resiste gana".
En los últimos veinte años de vida académica y cultural nadie ha recibido tantos galardones, premios y honores como Francisco Ayala. El último aconteció el pasado 29 de enero, a propósito de la celebración de Santo Tomás de Aquino, la Universidad Carlos III de Madrid le invistió doctor honoris causa.

Ayala vuelve a España con la jubilación de profesor norteamericano en el bolsillo en 1980. Enorme mérito para un miembro de una generación cuyas formaciones científicas y culturales corrían en alemán y francés. Tres años después, en 1983, es elegido académico de la Real Academia y gana el Premio Nacional de Literatura con una obra de carácter autobiográfico titulado Recuerdos y olvidos. Un texto en el que segmenta su interesante vida en episodios breves llenos de eficacia narrativa. Sin embargo, con este recurso el lector queda ayuno de distintos momentos de la vida de Ayala de indudable interés. De este modo, no aclara cómo gana su cátedra de Derecho Político en 1932 o 1934, -no he logrado hacerme con el dato -, con veintiséis o veintiocho años, y si es, en la Universidad Central de Madrid, o en la de La laguna (Tenerife), como asegura alguna de sus biografías. Casi al mismo tiempo se convierte, por oposición, en Letrado de las Cortes.
Ayala ha recibido más honores que ningún otro español tras la muerte del general Franco y todo ello sin levantar críticas ni controversias. Sólo Umbral le ha ninguneado y, eso, sin la acritud y la prepotencia que le acompañan con tanta frecuencia

Que Ayala como memorialista no entre en aspectos personales relacionados con su exilio es cuestión suya, pero que no aluda a su papel en la guerra civil más que de pasada, diciendo que estuvo en Praga como funcionario de la República, dificulta la comprensión cabal de su participación en la contienda y, posteriormente, de su marcha de España, así como de sus vueltas a partir de 1960.

En 1988 el Ministerio de Cultura le concede el Premio Nacional de las Letras españolas y dos años más tarde, en 1991, obtiene el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras españolas. En 1998 recibe el Premio Príncipe de Asturias. A ello hay que añadir los doctorados honoris causa por las Universidades Complutense de Madrid, de Granada y de Sevilla. Su nacimiento en Granada en 1906, deja la ciudad en 1921 o 1922, -otro dato que no he logrado poseer- lleva a la Junta de Andalucía a nombrarle Hijo Predilecto en 1990. En 1994 es recompensado con el IV Premio de Investigación Ibn Aljatib y en 1998 presenta en Sevilla la fundación que lleva su nombre y de la que es presidente de honor.
A partir de ahora habrá que releer a Ayala no sólo como una vida de profesor universitario dedicado al ensayo y a la literatura sino también como el ejercicio de una fina capacidad de seducción. Estilo, juego de presencias y veladuras

Madrid también ha rendido honores a un cosmopolita que afirma que la patria de un escritor es su lengua y que parece desmentir que la envidia es el pecado capital de los españoles. Ayala ha recibido más honores que ningún otro español tras la muerte del general Franco y todo ello sin levantar críticas ni controversias. Sólo Umbral le ha ninguneado y, eso, sin la acritud y la prepotencia que le acompañan con tanta frecuencia.

A partir de ahora habrá que releer a Ayala no sólo como una vida de profesor universitario dedicado al ensayo y a la literatura sino también como el ejercicio de una fina capacidad de seducción. Estilo, juego de presencias y veladuras. Quizá, ahora ya en el siglo XXI, haya llegado el momento en el que convenga rehacer la historia del exilio español.
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