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Tribuna/Tribuna libre
Los tres grandes cambios del siglo XX
Por Bernabé Sarabia, sábado, 30 de junio de 2001
Los tres grandes cambios que caracterizan la centuria residen en el ascenso de la mujer a la superficie y al protagonismo de la vida social, en la capacidad de destrucción del planeta y en el fin de la soberanía del Estado
El siglo XX ha resultado muy corto. Los historiadores de la cultura sitúan el comienzo de la centuria en 1910, una fecha en la que para Stephen Toulmin todo está listo para que se produzca un giro civilizatorio. Tras la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética el siglo se extingue.

Las cosas se torcieron y se desencadenó, en 1914, la mortífera Primera Guerra Mundial. Uno de los efectos no previstos de la guerra fue el comienzo del proceso de liberación de la mujer, lo cual constituye una de las tres grandes características del siglo pasado. Las otras dos vienen dadas -por orden cronológico- por el inicio de la capacidad humana para destruir en el planeta Tierra la totalidad de la vida humana, y por el comienzo del fin del Estado en distintos países situados en Europa y América del Sur.
Hace unos años se pensó que en su viaje de liberación las mujeres tenderían a aproximarse al modelo masculino, pero lo cierto es que se han hiperfeminizado

La emergencia de la mujer a la superficie de todo es un proceso desigual en su velocidad y desarrollo, pero en todo caso es unidireccional y avanza constantemente. Todavía no está en su cenit, pero en lugares como Escandinavia ya casi lo está. Hace unos años se pensó que en su viaje de liberación las mujeres tenderían a aproximarse al modelo masculino, pero lo cierto es que se han hiperfeminizado, al menos en cuanto al cuerpo se refiere. Hoy el cuerpo se ha descubierto a la mirada del otro o se ha hecho evidente en sus formas más definitorias. Pasear por Roma, Paris o tantas otras ciudades europeas es contemplar hipertetas, naturales o con material sintético, e hiperculos.

Cualquiera que tenga cerca de su casa un instituto de Enseñanza Secundaria podrá comprobar que las alumnas, en cuanto asoma el calor, van a clase como iban a la playa, en el Mediterráneo más caluroso, hace unos pocos años. Una mezcla de piel al descubierto y de curva marcada por la perfección y finura de los nuevos tejidos.
La lista de señales que evidencian el fin del Estado es muy larga y no se refiere sólo a la desaparición del antiguo modo de entender la soberanía, está ya en la vida cotidiana

En este proceso un factor esencial ha sido el descubrimiento de los anticonceptivos. Han permitido que el control de la sexualidad y de la procreación haya aumentado de un modo considerable. Hoy el divorcio lo piden sobre todo las mujeres y la natalidad está bajo su control. No deja de ser curioso que dos países tan católicos, tan amantes de la familia y de los niños, como España e Italia tengan las tasas de natalidad más bajas del mundo.

De la capacidad de destrucción atómica del mundo no hay mucho que decir que no hayamos visto en el cine, y en lo que se refiere a la contaminación industrial y al aplastamiento de la naturaleza por parte de los grandes intereses tampoco hay demasiado que añadir.

El fin del Estado está siendo muy gradual en España. En países como Ucrania o Colombia es muy evidente. Hoy, en Colombia, pasa como con las muñecas rusas: dentro del viejo mapa en el que vemos un Estado que tiene orillas en dos océanos existen otros estados. Aquí se camina en esa dirección en el País Vasco. Para hacer la prueba basta ir a pedir un café en muchos bares o cafeterías. Si vas con traje, corbata y acento de Madrid, lo menos que te puede pasar es que no te sirvan el maldito café.

La lista de señales que evidencian el fin del Estado es muy larga y no se refiere sólo a la desaparición del antiguo modo de entender la soberanía, está ya en la vida cotidiana. Por ejemplo, el fascinante mundo de la limpieza y de los desperdicios. Pero eso será ya otro dia.
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