jueves, 7 de junio de 2007
Maurice Sachs lee a Marcel Proust
Autor: Juan Antonio González Fuentes - Lecturas[{0}] Comentarios[{1}]
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Maurice Sachs tenía 13 años en 1919, y apunta en su diario, en verano, que lee a Proust, y cómo debe leerse la narrativa de Proust.

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Juan Antonio González Fuentes

Muy recientemente ha caído en mis manos un libro del que para mí era un autor desconocido, Maurice Sachs. Se trata de París canalla, editado por la editorial madrileña Trama en el año 2001. El libro es un diario del autor que abarca desde julio de 1919 hasta octubre de justo diez años después, es decir, desde el final de la Primera Guerra Mundial hasta el año del primer crack capitalista occidental.

Maurice Sachs es el pseudónimo de Maurice Ettingshausen (París, 1906-Hamburgo, 1945?), un escritor francés quizá más interesante como personaje o tipo que explica una época que como escritor en sí mismo. Sachs había nacido en una riquísima familia de judíos alsacianos, y muy joven entró a formar parte de los ambientes literarios parisinos más adelantados y modernos, logrando construirse al poco tiempo una leyenda de aventurero, provocador, cínico, borracho y estafador. Durante la ocupación nazi de Francia en los años 1940, Sachs, el judío Sachs, colaboró con las tropas invasoras, mostrándose un consumado ejecutante del arte repugnante de la delación y el marcadeo en la negrura de las necesidades de los demás. En 1942 se enroló como trabajador voluntario y marchó a desempeñar su nuevo cometido a la ciudad de Hamburgo, donde se le perdió para siempre la pista, suponiéndose que sucumbió en alguno de los bombardeos a los que fue sometida la ciudad por la aviación aliada.

Todos sus trabajos y escritos fueron publicados después de su muerte, destacando El aquelarre, recuerdos de una juventud tumultuosa, autobiografía redactada con violencia inaudita y falta de pudor, que es muy rica, según se cuenta, en resonancias clásicas y en cuadros o escenas de gran interés para conocer la vida en la capital francesas de los años veinte.

En este diario de un imberbe que en español titularon los editores París canalla, Sachs refleja cómo era la existencia, los cambios que se produjeron en la entonces capital del mundo, París, en esa época tan efervescente que fue la del jazz, el cubismo, las primeras películas merecedoras de tal nombre, los ismos y las vanguardias, los primeros happenings artísticos, etc...


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Marcel Proust


Por su diario Sachs hace desfilar, entre otros muchos protagonistas de su juventud, a Max Jacob, Maritain, Marcel Proust, Gide, Anatole France, Gallimard, Cocteau, Satie, Picasso, Chane, Sylvia Beach, Miró, Matisse, Diaguilev..., perfilando un cuadro llamativo y sumamente atractivo de lo que fue la vida artística y desahogada del gran mundo occidental en los llamados “felices” años 1920.

Pero Sachs en sus páginas va más allá de una mera evocación histórica, y en algunos momentos logra el “milagro” de traspasar al lector con su prosa, de ensanchar su mente y su visión de las cosas. Así, el 27 de julio de 1919, es decir, con tan sólo trece años de edad, escribe una entrada en la que comenta la lectura en la Nouvelle Revue Française de unas líneas publicadas por Proust. La inteligencia y sagacidad del comentario no ofrecen lugar a la duda. El niño Sachs señala que Proust conoce muy bien a las mujeres y jamás habla de ellas a la ligera, y que siempre reclama del lector un momento de atención sostenida; atención que es probable le canse desde el mismo principio, pero no porque el estilo o el pensamiento de Proust contengan la menor complicación, sino porque a Proust no se le puede leer sólo con la vista para registrar la acción, hay que aplicar, además, el pensamiento, e incluso la conciencia, para descifrar todo el sentido del texto.

¿Qué ocurre con Proust?, ironizaba el niño Sachs en 1919, ¿se trata de un tremendo rompecabezas y quienes a diario presumen de inteligentes no pueden serlo sino corriendo? Y a continuación, el niño Sachs desafiaba a los lectores del futuro, es decir, a ustedes, a mí, proponiéndonos la lectura del siguiente párrafo proustiano, la claridad misma hecha palabras, en el que las sagaces y atinadas reflexiones del niño Sachs parecen cobrar vida delante de nuestros ojos, de nuestra inteligencia:

“Los días en que Mme Swann no salía para nada de casa, se la hallaba envuelta en una bata de crep de China blanca como la nieve virgen y, a veces, también en una larga muselina de seda encañonada, como una brazada de pétalos rosas o blancos que hoy equivocadamente nos parecería poco adecuada para el invierno. Por que esos tejidos ligeros y esos colores suaves daban a la mujer ¬–en el calor sofocante de los salones de entonces forrados de cortinajes, que los novelistas mundanos calificaban, cuando querían ser de una elegancia suprema, de ‘muellemente acolchados’- el mismo aspecto friolento de las rosas que junto a ellas podían mantenerse, a pesar del invierno, en el rosicler de su desnudez como en primavera. Debido a la atenuación de los sonidos originada por las alfombras y a su tendencia a retirarse en las rinconadas, la dueña de la casa, al no advertir vuestra llegada como hoy, continuaba leyendo hasta que ya casi estabais ante ella, lo que añadía un toque más a esa impresión novelesca, a ese encanto como de un secreto sorprendido que encontramos hoy de nuevo en el recuerdo de aquellos vestidos, ya entonces pasados de moda, que tal vez Mme Swann fuese la única en no haber abandonado todavía y nos hacen pensar que la mujer que los llevaba era sin duda una heroína de novela, porque casi todos nosotros no lo hemos visto sino en ciertas novelas de Henry Greville".

Gracias niño Sachs, y sobre todo gracias Proust, a quien no se puede leer, está claro, con la vista sólo, hay que hacerlo con el pensamiento todo, con la conciencia de quien se acerca a un universo cuya exploración requiere de los cinco sentidos puestos en juego, para no caer en el evidente peligro de superficialidad, snobismo , fraude y frivolidad.

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NOTA: En el blog titulado El Pulso de la Bruma se pueden leer los anteriores artículos de Juan Antonio González Fuentes, clasificados tanto por temas (cine, sociedad, autores, artes, música y libros) como cronológicamente.