Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

  • Cine

  • Sugerencias

  • Música

    Tonight: Franz Ferdinand, CD de Franz Ferdinand (por Marion Cassabalian)
  • Viajes

  • MundoDigital

    Por qué los contenidos propios de un web son el mayor activo de las empresas en la Red
  • Temas

  • Blog

  • Creación

  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario
lunes, 13 de noviembre de 2006
John H. Elliott: “Imperios del mundo atlántico” (Taurus, 2006)
Autor: ojosdepapel - Lecturas[12372] Comentarios[0]
Este libro es el primero en el que se hace la comparación de los imperios americanos de España y Gran Bretaña de una forma sistemática desde sus inicios hasta el final del dominio español en América

www.ojosdepapel.com

Título: Imperios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830)
Autor: John H. Elliott
Traducción: Marta Balcells
Editorial: Taurus
Lugar y fecha: Madrid, 2006
Páginas: 680
Precio: 29,50 €

Durante siglos, españoles y británicos levantaron sus respectivos imperios coloniales en América sobre las ruinas de las civilizaciones que encontraron y destruyeron al llegar allí. En más de una ocasión los historiadores han comparado las experiencias. Sin embargo, este libro es el primero en el que se hace esa comparación de los imperios americanos de España y Gran Bretaña de una forma sistemática desde sus inicios hasta el final del dominio español en América a comienzos del siglo XIX.

El prestigioso historiador John H. Elliott identifica y explica tanto las similitudes como las diferencias que se dieron en el proceso colonizador, en el carácter de las sociedades coloniales, en los estilos distintivos del gobierno imperial, y en el desarrollo de los movimientos que condujeron a la independencia. Elliott explica cómo las estructuras políticas, económicas y sociales de la América española y de la británica acabaron pareciéndose a pesar de los rasgos que las separaban, y cómo todavía influyen en la América del siglo XXI.

Imperios del mundo atlántico es el relato definitivo de la épica colonización europea de las Américas. Con el estilo claro pero riguroso que caracteriza al autor, se abordan aquí los temas fundamentales del fenómeno de la colonización: el interés por los imperios, en boga en la época; el ángulo comparativo (el imperio británico y el español, América del Norte y América del Sur); el encuentro imperial y la resistencia local. En conjunto, un análisis experto en el que se combina la investigación en profundidad con una narración de lectura apasionante.

De la reseña para El Cultural (2-11-2006) del catedrático de Historia Moderna Luis Ribot destacan dos párrafos en los que se sustancia el núcleo de la obra:

Imperios del Mundo Atlántico constituye la tercera gran obra de Elliott, lo cual ya es decir mucho sobre ella. (...) en este caso no se basa en la investigación minuciosa sobre las fuentes, sino en un exhaustivo manejo de la bibliografía existente. La razón de ello está obviamente en el tema abordado: un estudio comparativo de conjunto entre los dos grandes imperios coloniales americanos de la Edad Moderna: el español y el inglés. Elliott se plantea la cuestión de fondo del distinto resultado final de ambos. Mientras que en la parte principal del británico, las colonias inglesas de Norteamérica, la independencia dio paso a una etapa claramente expansiva, tanto política, como social, económica o culturalmente, los territorios hispánicos emancipados han tenido una historia contemporánea plagada de crisis y problemas. ¿Hasta qué punto la historia de las dos colonizaciones puede explicar tal diferencia? Nada mejor, para ello, que una comparación permanente entre una y otra, si bien la inmensidad del tema y las numerosas cuestiones que plantea, en el espacio y en el tiempo (desde el XV al XIX), obligan al autor a ciertas restricciones, como la que hace al centrar su interés en las colonias inglesas de Norteamérica y en Nueva España, mucho más ampliamente tratados que otras zonas americanas de ambos imperios”.

“Aunque las diferencias no deben ocultar las muchas similitudes que hubo entre ellas, la colonización española, más temprana y que en muchos momentos constituyó un ejemplo para los ingleses, se caracterizó por la creación de sociedades mixtas, en las que los europeos y sus descendientes, pese a su predominio, convivían y se mezclaban en una cierta proporción con los indígenas, y posteriormente con los africanos llevados a la fuerza como esclavos. Frente a tal modelo, los ingleses practicaron una colonización excluyente, empujando fuera de sus límites a los indios que habitaban aquellas tierras antes de su llegada y segregando de forma más rígida que los españoles a los esclavos africanos. La causa de fondo de tan distinto comportamiento estuvo en la abundancia de poblaciones indígenas sedentarias y ricos yacimientos mineros en las tierras colonizadas por los españoles, frente al “yermo” de resonancias bíblicas de la costa oriental de norteamérica. La búsqueda de oro y riquezas, que guió la colonización hispana desde sus inicios, y la ambición de los conquistadores de que los indígenas trabajasen para ellos –junto a otros elementos como el deseo de evangelización– hacían necesaria la coexistencia de ambas sociedades o “repúblicas”. La colonización española rindió importantes beneficios, y no sólo a los particulares, sino también a una corona que, desde un principio, controló eficazmente su participación. En la América Hispana se crearon nuevos reinos, que pasaron a formar parte de la vasta Monarquía española, y en los que se desarrolló un proceso de institucionalización cuya principal característica fue la ausencia de asambleas representativas por encima de los cabildos municipales. La colonización inglesa fue mucho menos controlada por el estado, se basó más en la iniciativa privada y rindió frutos bastante menores. A cambio, la diversidad religiosa de los colonos, muchos de ellos disidentes del anglicanismo oficial en Inglaterra, les llevó a la constitución de sociedades nuevas, cuyo éxito fue facilitado por la “ausencia” de indígenas. En ellas se desarrolló una mayor libertad de creencias e ideas, favorecida además por un sistema político basado en las asambleas representativas. No deja de ser curioso, sin embargo, que en el XVIII, cuando ambas colonias habían alcanzado un grado de madurez social y económica, los ingleses deseasen imitar el modelo español de control estatal para obtener mayores beneficios, al tiempo que los españoles pretendían copiar a los británicos, reforzando, con bastante éxito por cierto, los aspectos mercantiles y la contribución fiscal de su imperio”.

En la interesante entrevista que le hace el historiador especialista en historia de América, Manuel Lucena Giraldo a John H. Elliot para ABC (9-10-2006), destacamos las siguientes cuestiones:

La académica Carmen Iglesias ha destacado del libro la recuperación de lo político, su énfasis en la construcción en América del imperio español y el británico como una periferia europea. Ello nos conduce a reflexionar sobre el carácter occidental de América, que niegan desde posturas extremas Samuel P. Huntington, que considera en su libro sobre el choque de civilizaciones la existencia de una imprecisa “civilización latinoamericana” aparte de la occidental; y los indigenistas, entre los cuales algunos quieren volver a los incas y echar a los blancos.

-Para mí las Américas siempre han sido una proyección de Europa, que presentó unos espacios enormes, donde existió la posibilidad de crear una mejor civilización, realizar sueños, crear nuevas utopías. América fue la gran esperanza, lo que quería ser Europa y no podía ser, representaba una extensión de Europa, pero de una Europa imaginada.

Eso explica que desde el siglo XVI la preocupación por la justicia de la Conquista fuera tan fundamental para los españoles, o que las independencias de la América británica y luego de la española pretendieran recuperar ese componente utópico.

-Especialmente en América del Norte, donde las ideas de la libertad, el desarrollo del individuo, la búsqueda de la felicidad, como dice la Declaración de Independencia norteamericana, la posibilidad de un nuevo mundo, mejor y más justo, fueron fundamentales.

Pero ese proyecto de libertad también era muy visible en la América española, donde se difundía, como en el caso del mexicano Clavigero o el chileno Molina, el sentido de una libertad americana distinta de la europea.

-Hubo un rechazo de la corrupción europea en aquel momento de fundación de los Estados Unidos y las repúblicas hispanoamericanas, pero aquella era, a fin de cuentas, una tradición del Nuevo Mundo. Ya en el siglo XVI los frailes españoles que fueron a México huían del escándalo de la guerra entre príncipes cristianos y la corrupción de la Iglesia, querían edificar una sociedad inocente.

Vamos ahora a una cuestión de actualidad. ¿Por qué existe de manera tan marcada, al menos en apariencia, una dificultad de entendimiento y comunicación entre Estados Unidos y los países iberoamericanos? ¿Tiene algo que ver en ello el origen imperial distinto, inglés, español o portugués?

-Hay varias razones. Un habitante de la América británica señaló en 1776 que quienes vivían en la América española eran para él gentes de otro planeta. Allí tenían una ignorancia enorme, reforzada por la leyenda negra, los estereotipos sobre el mundo hispánico habituales entre los angloparlantes. Esa mezcla fatal de ignorancia y deformación histórica ha creado una visión muy deformada del mundo iberoamericano y un deseo por parte de los norteamericanos de imponer sus propias normas en sociedades que no entienden.

(...)

Existen nacionalismos emergentes -el escocés en Gran Bretaña, el catalán o el vasco en España- que parecen querer obviar este aspecto imperial de su historia.

-Es algo absurdo. En el imperio británico, los escoceses mandaron en todos lados. El imperio español en América fue mucho más un imperio castellano, pero en el siglo XVIII catalanes y vascos fueron muy importantes, como en la Cuba del XIX.

En el libro presta una gran atención al papel de los individuos, lo que es una constante de su obra.

-Hemos vivido demasiado tiempo con modelos deterministas prestados especialmente de las ciencias sociales, que prescinden de las personalidades. La nueva generación de historiadores está descubriendo, de nuevo, la importancia de las personas, su influencia en los acontecimientos. Es importantísimo, por ejemplo, que Washington o San Martín renunciaran al poder, lo que en cambio no hizo Bolívar. De ahí la trascendencia de ese factor humano, libre, personal e intransferible.

Se pueden encontrar otras reseñas sobre el libro de Elliot en Libertad Digital a cargo de Sergio Elizalde.

Como de costumbre, la editorial Taurus proporciona en su web un enlace que permite a los lectores el acceso a la Introducción del libro y al Indice. Por su parte el Epílogo se puede leer en la excelente revista Letras Libres.

___________________________________________________________________
NOTA: Este blog es una suerte de Escaparate dedicado a los libros, pero no a la crítica, sino a dar noticia de ellos a través de la información que proporcionan las editoriales, la prensa y las revistas y suplementos culturales.


Comentarios









  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

  • Publicidad

  • Autores