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    AUTOR
Joseph Conrad

    GÉNERO
Novela

    TÍTULO
Salvamento.Novela de amor en las aguas someras

    OTROS DATOS
Traducción de Miguel
Martínez-Lage. Valencia, 2000. 4500 pesetas. 526 páginas.


    EDITORIAL
Pre-textos



Joseph Conrad (1904)

Joseph Conrad (1904)






Reseñas de libros/Ficción
Entre el honor y la pasión: un salvamento conradiano
Por José María Lassalle Ruiz, sábado, 28 de abril de 2001
Inédita en castellano hasta ahora, estamos ante una bellísima exploración novelística de Joseph Conrad en la que nos sitúa ante esos desafíos morales que conforman su extraordinario y peculiar universo creativo.
Afortunadamente la literatura siempre depara sorpresas, aunque tenga que ser, eso sí, la literatura del pasado… Como un salvavidas arrojado en medio de la zozobra que suscita el panorama de las novedades editoriales, la publicación de Salvamento. Novela de amor en las aguas someras de Joseph Conrad (1857-1924) le devuelve a uno las ganas de seguir leyendo o, si se prefiere, de seguir braceando en medio de esa “espera” apática que provoca la vivencia de la literatura de hoy en día.

Inédita hasta ahora en español, la magnífica traducción de Miguel Martínez-Lage y la cuidada edición de Pre-textos hacen de esta novela un tesoro literario. Sobre todo porque estamos ante una obra en la que Conrad se dejó la piel al convertirla inopinadamente en una suerte de escollo que lo tuvo en jaque durante buena parte de su vida creativa. Iniciada durante su luna de miel en 1896, y cuando daba sus primeros pasos como novelista, la que estaba llamada a ser su tercera novela –hasta el momento llevaba publicadas La locura de Almayer y Un vagabundo de las islas-, fue abandonada para dedicarse a El negro del ‘Narcissus’, primero, y después a su monumental Lord Jim.
Aquella novela que pensaba haber escrito en el plazo de doce meses se transformó en un calvario que se demoró más de veinte años (...) Y curiosamente lo hizo en medio del naufragio que supuso aquel otoño de 1918 en el que las revoluciones agitaban el continente tras el triunfo bolchevique y la derrota de los Imperios Centrales

Desde que interrumpió el manuscrito de Salvamento volvió a él numerosas veces, pero nunca pudo rematarlo debido a la complejidad de la historia que deseaba relatar. Así, aquella novela que pensaba haber escrito en el plazo de doce meses se transformó en un calvario que se demoró más de veinte años. Por fin, cuando había superado ya la sesentena decidió abordar su terminación. Y curiosamente lo hizo en medio del naufragio que supuso aquel otoño de 1918 en el que las revoluciones agitaban el continente tras el triunfo bolchevique y la derrota de los Imperios Centrales, y cuando numerosas cabezas coronadas pasaban al exilio o eran ejecutadas en los sótanos de oscuras viviendas ubicadas más allá de los Urales.

No es difícil imaginar la turbación que tuvo que provocar la empresa de retomar el malhadado manuscrito en un Conrad avejentado por sus achaques de marino retirado: un hombre cansado, envuelto por la turbia desazón que provoca el tener que hurgar en las heridas de un pasado aplazado, y que se empeñó en enfilar los últimos años de su vida deseando dar carpetazo a una historia fascinante que venía rumiando desde hacía muchos años y que fue descrita por él mismo como una novela de “una calidad especial. Supongo que siempre se escribirán novelas de aventuras, aunque bien podría ser que… por su concentración de color y de tono, persista como si fuera el canto de cisne de la novela y aventuras en tanto literatura artística”.

Quienes hayan leído a Conrad y se asomen ahora a Salvamento entenderán la importancia que esta obra tuvo que jugar en el hondón creativo del autor. Tener esa madeja en su corazón de novelista, y no poderla dar salida tuvo que ser una exasperante tortura que sólo concluyó cuando en febrero de 1919 comenzó su publicación por entregas.
En esta novela se condensa lo mejor de Conrad, sí, de ese Conrad neblinoso y sugerente, lleno de sutilezas barrocas que se lanza una y otra vez en pos de una exploración del mal a través de su apego morboso por los trópicos y la aventura, y que en este caso, además, se introduce en las peligrosas aguas de las diferencias de clase y los amores ilícitos

Por ello a todos los lectores que participan de esa singular y heterodoxa “hermandad” que engendra la admiración por Conrad no se les puede pasar por alto la lectura de sus páginas. En realidad, sería un delito de "lesa majestad conradiana" –y perdón por la pedantería- obviarla… Y es que en esta novela se condensa lo mejor de Conrad, sí, de ese Conrad neblinoso y sugerente, lleno de sutilezas barrocas que se lanza una y otra vez en pos de una exploración del mal a través de su apego morboso por los trópicos y la aventura, y que en este caso, además, se introduce en las peligrosas aguas de las diferencias de clase y los amores ilícitos.

Gracias al personaje de Tom Lingard la novela nos sitúa en los mares del Lejano Oriente cuando los europeos todavía estaban afianzando su dominio en ellos. Al principio de la novela se nos desvela su “momento”: cuando los ingleses, recién salidos de su expedición a Crimea, preparaban esa campaña imperialista contra China que bautizaron como la “guerra del opio”. Sumido en una trama honorable que persigue la recuperación de un trono nativo, el protagonista tratará de conciliar este objetivo conduciendo su bergantín hacia un inesperado salvamento que las circunstancias dificultarán debido a la irrupción de una bella mujer que trastorna los esquemas del mundo viril y aventurero en el que había vivido instalado hasta entonces.

En medio de las aguas javanesas se desarrolla así una historia en la que se enmarañan afectos y deberes, y en la que un Quijote de Devonshire se ve forzado a lidiar con mil y un avatares que sólo su perfil heroico es capaz de atender al relucir en él “eso que podría denominarse la faceta romántica del hombre, esa sensibilidad que sabe responder a las sombrías apelaciones que hacen la vida y la muerte, y que es la cimentación de un sólido carácter caballeresco”. Quizá por eso esta nueva entrega conradiana inflamará a buen seguro a quienes viven sedientos de convicciones en un mundo repleto de tantas opiniones vacías: porque en ese hidalgo de los mares que nos ofrece Conrad subsiste la eterna belleza de la caballería. ¿Qué mayor consuelo puede pedirse en medio de nuestra espera?
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