Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    El derecho a decidir. Las consecuencias estratégicas del secesionismo catalán
  • Cine

    Shutter Island, o el manierismo amanerado de Martin Scorsese (por Juan Antonio González Fuentes)
  • Sugerencias

  • Música

    The Fall, CD de Norah Jones (por Marion Cassabalian)
  • Viajes

  • MundoDigital

    Por qué los contenidos propios de un web son el mayor activo de las empresas en la Red
  • Temas

    Los medios y la opinión pública (por Miguel Ángel Sánchez de Armas)
  • Blog

    La primera novela de la generación beat: Go, de John Clellon Holmes (por Iván Alonso)
  • Creación

    Quietud en el aire, por Alejandro Krawietz
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario




    AUTOR
Giovanni Sartori

    GÉNERO
Sociología. Politología


    TÍTULO
La sociedad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros

    OTROS DATOS
Traducción de Miguel Ángel Ruiz de Azúa. Madrid, 2001. 144 páginas. 1950 pesetas.


    EDITORIAL
Taurus




Reseñas de libros/No ficción
Giovanni Sartori y el nudo gordiano del multiculturalismo
Por José María Lassalle Ruiz, sábado, 31 de marzo de 2001
Valiente ensayo de Giovanni Sartori en el que, además de enfrentarse al multiculturalismo y poner de manifiesto algunas de sus contradicciones teóricas, analiza los retos sociopolíticos a los que habrán de enfrentarse las sociedades occidentales debido a la presencia en ellas de minorías que no están dispuestas a aceptar los fundamentos legales sobre las que se asientan aquéllas.
En su Scienza nuova (1744), Giambattista Vico expresa su idea de que todas las sociedades están destinadas a pasar por los mismos ciclos de la cultura. Idea que hasta cierto punto retomó también, aunque a su manera, Oswald Spengler cuando en 1918 publicó La decadencia de Occidente. En uno y otro la conclusión era más o menos la misma: la cultura occidental estaba llamada a sufrir la suerte de las otras culturas precedentes, a saber: su decadencia y muerte después de su nacimiento y consolidación… Cuando Ortega prologó la traducción española de Spengler dio la respuesta a la pregunta de porqué la cultura occidental estaba en decadencia: porque las “culturas tienen una vida independiente de las razas que las llevan en sí. Son individuos biológicos aparte. Las culturas son plantas… Y, como éstas, tienen una carrera vital predeterminada. Atraviesan la juventud y la madurez para caer inexorablemente en la decrepitud”.

Occidente como concepto cultural está en crisis y esto es difícil de negar. Lo que es más discutible es si esa crisis precipitará su caída en desgracia. El problema de esa crisis no hay que buscarlo, como piensan algunos, en la irrupción de los inmigrantes que soportan las sociedades occidentales. Éste es un problema, cierto, pero tiene solución mientras los inmigrantes que se establezcan estén dispuestos a integrarse en las sociedades de acogida. En realidad, la presencia de minorías étnicas, raciales, lingüísticas o religiosas no es una fuente de discordia para una comunidad pluralista si ésta es capaz de compensar y equilibrar la multiplicidad con la cohesión del conjunto, y si aquéllas, a su vez, están en disposición de tolerar los fundamentos sobre los que se asienta el consenso que sostiene la concordia cívica. No, el problema está en el debilitamiento que sufre la idea de comunidad política debido a ese fenómeno intelectual del multiculturalismo que, al defender un modelo de ciudadanía “diferenciada”, rechaza la isonomía pluralista del Estado de Derecho y reclama el establecimiento de una legalidad compartimentada que salvaguarde a cualquier precio las diferencias étnico-culturales y religiosas que acoge en su seno.
Quiero apuntar la importancia capital que en la historia de Occidente ha tenido la paulatina articulación de un locus político igualitario en el que se ha antepuesto el bien público delimitado por una ley general que no admite excepciones, a esa lógica medieval de las diferencias particularistas que hace primar la fragmentariedad del grupo y sus diferencias frente al conjunto de la comunidad política

En su ensayo Venecias, Paul Morand cita la máxima sobre la que fue edificada aquella talasocracia que antepuso la ciudadanía veneciana a cualquier otra consideración de quienes vivían bajo el gobierno de la ley de la república serenísima. Su “Veneziani, poi Cristiani!” (Primero venecianos, cristianos después) significaba algo que los multiculturalistas de hoy no estarían dispuestos a admitir: que el imperio de la ley, o es general, o es el caldo de cultivo de la arbitrariedad y de la disolución comunitaria.

Quizá no sea este ejemplo veneciano el más adecuado para el tema que aquí nos ocupa. Tan sólo quiero apuntar con él la importancia capital que en la historia de Occidente ha tenido la paulatina articulación de un locus político igualitario en el que se ha antepuesto el bien público delimitado por una ley general que no admite excepciones, a esa lógica medieval de las diferencias particularistas que hace primar la fragmentariedad del grupo, grande o pequeño, no importa, y sus diferencias, ya sean étnicas, religiosas, raciales o lingüísticas, frente al conjunto de la comunidad política.
Sartori analiza en La sociedad multiétnica las contradicciones y absurdos a los que aboca el multiculturalismo. Y lo hace, todo hay que decirlo, con agudeza y, sobre todo, con valentía, porque a buen seguro que muchos querrán ver en algunas de las reflexiones que desliza embrionariamente en el texto, más de lo que deja entrever realmente

Demostrar que esto es así y que una sociedad fragmentada no es una sociedad pluralista son, entre otros, los objetivos principales a los que dedica su último ensayo el politólogo italiano Giovanni Sartori. Estudioso de la democracia desde la publicación en 1962 de su The Theory of the Democracy, luego revisitada y ampliada en 1987, Sartori es, además de profesor de ciencia política en Florencia, “Albert Schweitzer Professor in the Humanities” en la Columbia University de Nueva York, y autor de numerosas monografías, entre la que destaca su monumental Partidos y sistemas políticos.

Con ese capacidad para el cuerpo a cuerpo dialéctico que en los últimos años ha desarrollo con tanta brillantez, Sartori analiza en La sociedad multiétnica las contradicciones y absurdos a los que aboca el multiculturalismo. Y lo hace, todo hay que decirlo, con agudeza y, sobre todo, con valentía, porque a buen seguro que muchos querrán ver en algunas de las reflexiones que desliza embrionariamente en el texto, más de lo que deja entrever realmente.

Así, en los antípodas de los cánones del lenguaje “políticamente correcto” Sartori denuncia esa especie de caballo de Troya que para la sociedad abierta es la desintegración planteada desde las filas multiculturalistas. Cuando Foucault, en Vigilar y castigar, utilizaba el despedazamiento del caballero Damiens para denunciar las prácticas aberrantes a las que conducía el sistema penal del Antiguo Régimen nos estaba ofreciendo, también, una imagen que nos ayuda ahora a comprender los peligros que gravitan sobre las sociedades occidentales de la mano del multiculturalismo.

Y es que al igual que el famoso regicida que fue tirado de sus miembros por cuatro caballos percherones, el universalismo legal engendrado por la Ilustración corre la suerte de ser despedazado de la mano de las propuestas multiculturalistas que hacen Taylor y los comunitaristas liberales norteamericanos. No sé si serán conscientes de ello, pero cuestionar la Modernidad jurídico-política, esto es, esa idea de ciudadanía abstracta que deposita en el hombre unos derechos y unas obligaciones comunes establecidos por una ley general que nace de la soberanía del pueblo, y que se aplica en virtud de una igualdad basada en el reconocimiento de la común dignidad del ser humano, es ( y que me disculpen los foucaultianos que lean estas líneas) algo más que una simple arqueología del saber que denuncia los resortes de opresión instituidos por el discurso legitimador del poder democrático. Puede ser, también, la causa de esa decrepitud que haga posible el fenecimiento de la cultura que ha forjado nuestra sociedad pluralista…
  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    Fragmentos de un libro futuro, de Jose Ángel Valente (reseña de Manuel Crespo López)
  • Publicidad

  • Autores

    Joseph McBride: Tras la pista de John Ford .Centauros del Desierto