Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    Una lectura de “Lo que dijimos nos persigue” (Pre-Textos, 2013), de Nikola Madzirov
  • Cine

    El tratamiento cinematográfico de la historia del psicoanálisis: Freud, Huston y las pasión secretas
  • Sugerencias

  • Música

    Simple, CD de Daan (por Marion Cassabalian)
  • Viajes

  • MundoDigital

    Por qué los contenidos propios de un web son el mayor activo de las empresas en la Red
  • Temas

    ¿Memoria colectiva?
  • Blog

    Ella Fitzgerald más Gershwin más Andre Previn en el Blog de Juan Antonio González Fuentes
  • Creación

    E. E. King: La guía de Dirk Quigby al más allá
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario
Conversaciones con Billy Wilder, por Cameron Crowe

Conversaciones con Billy Wilder, por Cameron Crowe

    AUTOR
Cameron Crowe

    GÉNERO
Cine

    TÍTULO
Conversaciones con Billy Wilder

    OTROS DATOS
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
650 fotografías en blanco y negro, algunas inéditas
365 páginas
Precio: 5.900 ptas.


    EDITORIAL
Alianza editorial



Wilder agradece el León de Oro del Festival de Berlin en 1993

Wilder agradece el León de Oro del Festival de Berlin en 1993

Sabrina,uno de los grandes titulos de Wilder en el mejor momento de su carrera

Sabrina,uno de los grandes titulos de Wilder en el mejor momento de su carrera

Marilyn Monroe en La tentación vive arriba

Marilyn Monroe en La tentación vive arriba


Reseñas de libros/No ficción
Billy Wilder está vivo
Por Eduard Cabré, sábado, 31 de marzo de 2001
Ya no se hacen comedias como las de antes. Cameron Crowe, periodista y director de cine, entrevista a Billy Wilder.
La narración de los hechos que posibilitaron esta obra es el punto de partida de Crowe en tan singular libro-paseo por los últimos 90 años del gran Wilder.

Los hechos se suceden. Con la intención de convencerlo para que acepte un pequeño papel en su proyecto cinematográfico (Jerry Maguire) el osado joven visita a Wilder en su despacho. Wilder se niega. Pero el director insiste en conseguir un imposible y vuelve a presentarse ante Wilder, esta vez con el protagonista de su film, Tom Cruise. Wilder se despide respetuoso “Encantado de conocerles. Especialmente a usted” (refiriéndose a Tom Cruise). Tiene 91 años y no quiere participar en Jerry Maguire.

La película es un éxito (nominada en los Oscar) y Crowe publica, en la revista "Rolling Stones", un diario de rodaje donde incluye el episodio con Wilder.

Poco después, Karen Lener (una amiga personal de la familia Wilder) lee el artículo y propone al joven director hacer una serie de entrevistas a Billy Wilder para editar una obra como la que François Truffaut hizo sobre Alfred Hitchcock en 1966. El trabajo de Crowe quizá no sea tan metódico en sus cuestionarios como lo fue el de Truffaut, pero lo que se pierde en rigor se gana en espontaneidad. Las anécdotas afloran silvestres.

Las primeras entrevistas tratan de las relaciones que mantuvo Wilder con las grandes estrellas de Hollywood , nombres que recuerda con nostalgia y precisas dosis de humor inteligente. Aquí las proporciones siempre son importantes, como en un buen martini.
A medida que transcurren las entrevistas y el tiempo, el maestro se siente más cómodo y el alumno se convierte entonces en amigo. Los contenidos ganan en humor y confianza, mientras se pierden en el desorden.

De la pared del despacho cuelga un cartel: “¿Cómo lo haría Lubitsch?”. Ernst Lubitsch, el mejor. El veterano cineasta cuenta cómo se conocieron en 1938 cuando trabajaron en el guión de La octava mujer de Barba Azul y un año después volvían a coincidir en el de Ninotchka. Fue entonces cuando Wilder desarrolló el oficio de guionista que aprendió antes de huir de Alemania, en 1933.

Otros datos biográficos de su infancia en Viena, de su madre (muerta en Auschwitz), de su paso por Berlín, donde ejerció de periodista y guionista sin nombre (a la sombra), nos muestran su cara más triste. También nos habla de su huida a París y su posterior viaje a América.

A medida que transcurren las entrevistas y el tiempo, el maestro se siente más cómodo y el alumno se convierte entonces en amigo. Los contenidos ganan en humor y confianza, mientras se pierden en el desorden.

Wilder estuvo en el Olimpo de los dioses antes de su prematuro crepúsculo. Ante todo, Billy Wilder se considera guionista. Habla con entusiasmo de su colaboración con Charles Bracket e Izzy Diamond (sus fieles co-guionistas). Aquí se empieza a vislumbrar que la verdadera pasión de Billy Wilder es escribir. En el relato de aquellos tiempos, siempre es Wilder quien encuentra la clave para resolver los problemas de un texto. Insiste en los actos de la comedia, en cómo esconder elementos para sacarlos en el momento preciso.
En cuanto a los grandes actores, nos enteramos del afecto que sentía por Marilyn Monroe, la admiración que le producía Charles Laughton y de cientos de anécdotas sobre Jack Lemmon, William Holden, Marlene Dietrich, James Cagney, Edward G. Robinson o Gloria Swanson. Con todos ellos trabajó, "Todos estan muertos...”.

Y también sobre algunos con los que (Wilder se lamenta) nunca trabajó, como Gary Grant “siempre se me escapaba”. Toni Curtis, Erich von Stroheim, Barbara Stanwyck, Fred MacMurray, Greta Garbo o Walter Matthau, Ginger Rogers y James Stewart y Bing Crosby son otros de los nombres que aparecen con familiaridad en las conversaciones.
Wilder bromea (o no)
- C. Crowe: “¿Alguna vez tuvo la tentación de trabajar con John Wayne?
- B. Wilder: “No. No he hecho ninguna película con caballos. Me dan miedo los caballos”.
De Audrey Hepburn guarda un gran recuerdo y una delicada anécdota. Cuenta Wilder que durante el rodaje de Sabrina(1954), el guión se escribía sobre la marcha, un viernes el director tan solo disponía de un folio escrito. Tenía a todo el equipo preparado para aprovechar el día entero. Wilder llamó aparte a la actriz, le expuso la situación y le pidió que se equivocara para hacer tiempo. Ella aceptó. El lunes, el guión estaba ya listo y el rodaje continuó sin que (casi) nadie se enterara.

Wilder bromea (o no)
- C. Crowe: “¿Alguna vez tuvo la tentación de trabajar con John Wayne?
- B. Wilder: “No. No he hecho ninguna película con caballos. Me dan miedo los caballos”.

También se menciona el episodio que protagonizó Fernando Trueba al recoger el Oscar en 1992 por Belle Epoque(Trueba dijo que le hubiese gustado dar gracias a Dios por el premio, pero como no creía en él, se lo agradecía a Billy Wilder). El director americano recuerda que exclamó- “¿Está loco o qué?” al tiempo que se le caía el omnipresente martini de las manos.

Con claras influencias del humor de Lubitsch, Chaplin y los hermanos Marx ,de ellos aprendió a medir el tiempo a dejar entre chiste y chiste para permitir al público reír de nuevo, (cuenta que los Marx se iban de gira por los pueblos norteamericanos cronometrando la relación gag-risa para después aplicarlo a sus films ), la carrera de Wilder eclosionó justo a mediados de siglo con títulos inolvidables como Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses) 1950, Sabrina 1954, The seven year itch (La tentación vive arriba) 1955, Witness for the prosecution (Testigo de Cargo) 1957, Some like it hot (Con faldas y a lo loco) 1959 y The apartment (El apartamento) 1960 y One two three (Uno, dos, tres) 1961.

El éxito fue enorme, pero después Wilder nunca volvió a encontrar la fórmula ideal, “....no pude, lo intenté, pero no lo conseguí. Fue una caída tremenda, porque me sentí un poco confuso”.

De los títulos posteriores, Wilder no guarda un buen recuerdo. Ni de Irma la douce (Irma la dulce) 1963, ni de Kiss me stupid (Bésame tonto) 1964, ni de The fortune cookie (En bandeja de plata) 1966. También lamenta su ausencia durante el montaje de The private life of Sherlock Holmes (La vida privada de Sherlock Holmes) en 1970. Asegura el director que cuando volvió de París y vio la película montada ya era demasiado tarde. Dos años después se estrenó Avanti! , considerada la continuación de su obra cumbre El apartamento, pero no fue un verdadero éxito.

Las tres últimas películas del maestro tampoco reactivaron su carrera. Ni The front page (Primera plana) 1973, ni Fedora, cinco años más tarde, pudieron evitar que Buddy Buddy fuese su último trabajo de dirección. Se lamenta ahora de que "...nadie haya venido a ofrecerme otra película".

Un largo desencanto.

Wilder descubre también que se siente en desventaja clara frente a los directores de teatro y dramaturgos - “En Broadway, el escritor se sienta allí y es el rey. Pero en el cine, todavía no”-. Alega el cineasta que, en teatro, si algo no sale bien, se cambia y así puede mejorarse indefinidamente. Wilder es un perfeccionista.

Las conversaciones son una nueva aproximación a uno de los grandes guionistas de la historia de la pantalla que, ante los cambios, omisiones y amputaciones que se hacían a sus textos, decidió convertirse en director.

Nos hallamos ante una obra singular, en ella se esparcen infinidad de anécdotas, regresiones, bromas y aclaraciones. Está salpicada de consejos y es otra de las lúcidas ventanas que Wilder abre para ver las entrañas de la Industria del Hollywood dorado (El crepúsculo de los dioses, o Fedora son otros ejemplos)
Se trata, como no podía ser de otra manera, de una gran obra en blanco y negro.
  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    Elisabeth Bowen: La muerte del corazón (por José Cruz Cabrerizo)
  • Publicidad

  • Autores

    Como el toro: entrevista a José Antonio Baños, autor de El árbol seco (por Jesús Martínez)