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    NOMBRE
Rafael Lassaletta Cano

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Alicante, 1948

    CURRICULUM
Licenciado en Filosofía y letras. Traductor literario, editor de teatro infantil y editor multimedia. Ha colaborado como autor en diversas publicaciones de arte y literatura. Acaba de publicar un libro de relatos.




Creación/Creación
El viento del sur
Por Véase ficha del autor, sábado, 3 de marzo de 2001
El viento del sur soplaba tímidamente en la superficie de la copa. Porque en el recuerdo, el viento, el mar y hasta el diente de león pueden actuar con emociones humanas si así quiero yo enredar con la memoria. Y ya era un avance tener allí ese viento, porque cuando me había acostumbrado a observar desde arriba el color de las copas de vino, tan hermoso, a diferenciar los tonos para empezar a degustarlo con los ojos, casi sin querer había traspasado la costumbre a las otras copas, las de la noche, y había sido una mala elección que me había estropeado desde entonces el placer que me producían.

Las copas pueden verse desde el lado, sobre una barra de madera, tan atractivas por ese aspecto fresco que necesitas después del calor asfixiante del trabajo del día. Pero no desde arriba. Parecen grasientas, como si al deshacerse, el hielo soltara en ellas todo tipo de impurezas. Recién servidas se pueden mirar, pero no saben bien; es el tercer trago, cuando ya se han combinado, el que da toda la medida de su fuerza, pero para entonces son ya desagradables a la vista. Desde que me habitué a esa costumbre, perseguía La Copa, aquella mezcla perfecta que me redimiría; pero hasta que la encontrara, la noche era una decepción y el día una esperanza de ser por fin, afortunada.

Ahora se combinaba un elemento nuevo: ese viento del sur que tímidamente quería presentarse y soplar en la copa, es decir en mí, trayendo con él un calor que no asfixiaba, una calidez de otros tiempos en los que no perseguía nada, absolutamente nada, en los que con un vestido ligero de verano y un cuerpo moreno que sabía, cuando me lamía los brazos, a sal, simplemente estaba, con todos los sentidos abiertos, absorbiendo la vida como, ahora, en este país tan frío, absorbía las copas, grasientas, lejanas siempre al ideal.

Cerré los ojos y me dejé acariciar por ese viento, tan lejano ya. Y pensé en el frío que hacía fuera, todo cubierto de nieve y hielo. Hacía tanto frío en ese país al que me había ido a trabajar para ganar el dinero suficiente para poder un día volver al sur y vivir modestamente y sin esfuerzo, sin trabajar nunca más, dejándome acariciar por un calor que venía del sol, que no estaba fabricado, que no olía tanto a limpio que apestaba. Pero conmigo me había traído la costumbre de beber en los bares por la noche, no como mis compañeros de trabajo, solos en sus casas, y el precio era tan alto que llevaba allí muchos años pero siempre tenía la cuenta del banco a cero a finales de mes.

Pero ese viento que tímidamente quería abrirse paso hasta mí, ¿no sería una señal, la última, para que regresara igual que me había ido? Pensé por unos momentos en hacerlo al día siguiente. Dejarme envolver por el aire cálido. Hasta soñé con encontrar un hombre moreno de ojos almendrados y piel perfumada de aire vivo, uno para el que el amor no fuera un ejercicio gimnástico, sino un deseo de robarme el alma.

Lo pensé, sí, pero ya no soy capaz de mantener los pensamientos mucho rato.
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