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    AUTOR
Sándor Márai


    GÉNERO
Novela


    TÍTULO
La herencia de Eszter


    OTROS DATOS
Traducción de Judit Xantus. Barcelona, 2000. 166 páginas. 1700 pesetas.

    EDITORIAL
Emecé Editores




Reseñas de libros/Ficción
Sándor Márai y la herencia centroeuropea.
Por José María Lassalle Ruiz, sábado, 24 de marzo de 2001
Bella novela acerca del amor y sus desencuentros. En la línea de la mejor tradición centroeuropea, la novela de Márai nos sitúa ante el dilema moral que debe afrontar una mujer asaltada por la irrupción inesperada de su pasado.
La literatura centroeuropea es una especie de filón inagotable. La intensa creatividad engendrada durante los años que antecedieron y precedieron al final del imperio de los Habsburgo resulta increíble y fascinante. Aquella "Finis Austria" que llevaba muerta varias años antes de que la derrota de 1918 certificara su colapso, produjo en medio de su putrefacción un magma artístico difícilmente parangonable. Inmersa en un orden de cosas en el que la simulación fue elevada a la categoría de naturaleza, la Kakania soñada por Robert Musil en El hombre sin atributos llegó incluso a suplantar a esa Austria-Hungría verdadera que, víctima de una singular esquizofrenia colectiva, asumió tan a pecho su papel que murió sin enterarse, corroída por el cáncer de las naciones que albergaba en su seno.

Estudiada con precisión por el italiano Claudio Magris en Il mito absburgico nella letteratura austriaca moderna (1963), El anillo de Clarisse (1984) o El Danubio (1986), la calidad de la literatura centroeuropea se ha ganado a pulso su merecida fama gracias a la genialidad de nombres como Kafka, Schnitzler, Roth, Hofmannstahl, Zweig o Broch, aunque no se agota ni mucho menos con ellos. Y es que alrededor de tan esplendoroso núcleo central se ubica una brillante periferia que forman autores menos conocidos que, si bien no revisten el relumbre de los antes citados, sin embargo, tienen por sí solos un peso y un interés que los hacen dignos de atención a pesar del eclipse al que les condena la presencia de los primeros.

Silenciada su obra debido a la proscripción que soportó en Hungría, la desaparición del Muro berlinés lo ha sacado definitivamente del olvido, iniciándose así su recuperación, primero en su patria y después en todo Occidente

Pues bien, uno de los escritores que conforman esta notable periferia literaria es el húngaro Sándor Márai, el autor de la novela que comentamos aquí: La herencia de Eszter (1939). Desconocido en España hasta la publicación el año pasado de su novela El último encuentro (1942), Márai nació en Kassa en 1900 dentro de la minoría húngara que habita la actual Eslovaquia. Exiliado en Francia y Alemania durante los años veinte debido a la dictadura del almirante Horthy, posteriormente volvió a Hungria, aunque la invasión soviética y la instauración del régimen comunista en 1948 le hizo abandonar definitivamente su país. Emigrado desde entonces en los Estados Unidos, allí vivió hasta que se suicidó en San Diego en 1989.

Silenciada su obra debido a la proscripción que soportó en Hungría, la desaparición del Muro berlinés lo ha sacado definitivamente del olvido, iniciándose así su recuperación, primero en su patria y después en todo Occidente. Heredero de la mejor tradición literaria centroeuropea, Sándor Márai construye un universo novelístico que aunque recuerda algo al de Stefan Zweig, sin embargo, está dotado de sus propios recursos y registros expresivos. En este sentido, lo que más llama la atención de su prosa es la forma en la que elabora su discurso creativo. Un discurso melancólico y refinado, provisto de un esteticismo contenido que sirve a una voz elegante que se articula a través de personajes que parecen vivir atrapados por su pasado. De ahí que sus historias giren alrededor de la incapacidad de aquéllos por proyectarse más allá de una temporalidad acuciada por fantasmas biográficos que introducen una tensión que va en aumento gradualmente hasta que por fin se plantea la necesidad imperiosa de resolverla bajo la forma de una encrucijada vital en la que se decide el futuro de los protagonistas e, incluso, su propia supervivencia. Descritos por Márai como seres arrinconados, sumergidos en un parálisis emotiva que los hace vivir suspendidos en medio de un paréntesis que se eterniza en el ayer, sus personajes permanecen en los márgenes de una realidad que no desean asumir, hasta el punto de sobrevivir en medio de santuarios personales desde los que eluden cualquier contacto con un mundo que perciben hostil hasta que éste, precisamente, acaba entrando de manera brutal en ellos.

Lo que más llama la atención de su prosa es la forma en la que elabora su discurso creativo. Un discurso melancólico y refinado, provisto de un esteticismo contenido que sirve a una voz elegante que se articula a través de personajes que parecen vivir atrapados por su pasado

En La herencia de Eszter el pasado es el núcleo alrededor del que se desarrolla la trama que protagoniza una mujer que sobrevive entre los muros de la casa familiar tras el naufragio de su mundo afectivo veinte años atrás, cuando Lajos, el hombre que amaba, la abandonó para casarse con su hermana. Organizada alrededor de una especie de duelo sentimental, la historia que relata Eszter en forma de monólogo describe el pulso que se ve forzada a mantener con Lajos cuando, ya viudo y casi derrotado por la vida, regresa a ella inesperadamente. Descrito como un canalla amoral e hipervitalista que malgastó la hacienda de la familia de su mujer embarcándose en toda suerte de aventuras, la vuelta de esta especie de émulo del superhombre nieztscheano trastorna de nuevo la tranquila existencia de Eszter.

Prevenida por los buenos amigos detrás de los que vive parapetada frente a sus recuerdos, sin embargo, la seducción de Lajos acaba arrollando todo su comedimiento, incluso cuando intuye claramente que al optar por él y sus mentiras está renunciando a la tranquila seguridad que le ofrece la "mediocritas" burguesa en la que vive instalada. ¿Por qué? Quizá porque como le reprocha el inconsciente irracional de Eszter a ese "yo" consciente y morigerado que encarna la figura de su amigo Endre: "Si yo hubiese sido sabia y verdaderamente sincera, habría huido, hace veinte años, con Lajos... el novio de mi hermana... el eterno mentiroso; ese desecho de la humanidad... Eso habría tenido que hacer, si hubiese sido valiente, sabia y sincera. ¿Qué habría pasado? No lo sé. Probablemente nada especialmente bueno o alegre. Pero, por lo menos, habría obedecido una ley, un orden; una ley más fuerte que las leyes del mundo y de la razón". Y es que como dejó bien dicho Ortega: "la vida es lo que es en vista de un pasado que sobre el presente actúa y vuelve a actuar". Curiosa reflexión que, aplicada al concreto momento en el que fue escrita la novela de Márai, el año 1939, permite extraer alguna conclusión mucho más inquietante que la puramente literaria...
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