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Evelyne Lucia es Maitrise en Sociología Política  por la Universidad de Nanterre (Paris X) y Master en Sociología por Michigan State University (USA). Areas de especialización: inmigración y sociedades en conflicto

Evelyne Lucia es Maitrise en Sociología Política por la Universidad de Nanterre (Paris X) y Master en Sociología por Michigan State University (USA). Areas de especialización: inmigración y sociedades en conflicto




Tribuna/Tribuna internacional
Velo y discriminación social en Francia
Por Evelyne Lucia, viernes, 10 de marzo de 2006
El año 2005 es el de la conmemoración del centenario de la ley francesa de 1905, que establece la separación entre las iglesias y el Estado. Con esta ley, el Estado francés enuncia que no reconoce, no financia y no subvenciona ningún credo religioso. La ley sella la retirada de la Administración de los asuntos relativos al culto. Una de las consecuencias será la desaparición de la enseñanza religiosa en las escuelas publicas. La libertad religiosa queda garantizada, pero debe ajustarse a la esfera privada. El francés se convierte en un Estado laico y esta se convertirá en una de sus características distintivas respecto a los otros vecinos europeos. En 1946 el principio de laicidad quedará incorporado en el preámbulo de la Constitución.
La primera polémica en relación con el velo en Francia dentro del debate publico se produce en 1989. En 1994, la circular administrativa llamada Bayrou, nombre del ministro de la Educación en ese momento, recomienda a los directores de los establecimientos escolares “hacer figurar en su reglamento interior una disposición prohibiendo el uso de signos ostentosos“ . Después de diez años, la polémica sigue, con chispazos en algunos lugares que se resuelven más o menos bien dentro de los establecimientos escolares. En 2003 se produce el punto de no retorno que concluirá con la ley prohibiendo el uso del velo dentro del recinto escolar, adoptada el 10 de febrero de 2004: 494 votos a favor, 36 en contra y 31 abstenciones. Resultado elocuente, la práctica unanimidad puede sorprender cuando recordamos la amplitud de la polémica y los debates muy contradictorios que se han desarrollado.

La hipótesis de partida es que este resultado refleja la opinión de una gran mayoría de franceses que respalda la decisión del poder legislativo y que la controversia, a favor o contra esta ley, fue alimentada por consideraciones de política exterior y razones internas, además de reflejar la preocupación por lo políticamente correcto tanto en los partidos de izquierdas como en los de derechas. ¿Cuáles son las causas de esta chispazo irreprimible de 2003? Catorce años han pasado desde los primeros incidentes y este periodo se revela como una larga etapa de gestación y ampliación del problema.

En sí mismos, los hechos parecen anodinos. Al principio, un puñado de jóvenes musulmanas, que aumenta en el transcurso de los años, reivindica el derecho de llevar un fular o un vestido islámico en la escuela. Esta reivindicación se funde con el contexto y el paisaje social de los barrios periféricos (banlieues), en su mayoría habitados por inmigrantes, donde se pueden observar más y más mujeres, jóvenes en general, llevando el velo o el vestido islámico, tendencia que se amplifica durante los veinte últimos años.
Esta emergencia del velo y de todas las demandas que vienen detrás (Ramadan, exención de las clases de gimnasia, día festivo religioso, etc.), fue percibida por la opinión pública francesa como el preliminar o la puerta entreabierta al cuestionamiento del equilibrio alcanzado en Francia entre la iglesia y la sociedad secular

Podemos interpretar este fenómeno a dos niveles, por un lado el individual y nacional y por otro el social, político e internacional. Al tiempo que se distinguen ambos niveles, es necesario establecer la relación entre ellos para entender la elección de estas jóvenes y el motivo por el que dicha polémica ha cristalizado en torno a este fenómeno y no con respecto a otros posibles.

¿Por qué esta demanda en el recinto de la escuela? Hemos subrayado la laicidad de la escuela pública en Francia. Desde Jules Ferry (ministro de Educación Pública de 1879 a 1883), quien establece la obligatoriedad, gratuidad y laicidad de la enseñanza, la escuela publica se convirtió en Francia en el lugar por excelencia de formación, de integración (social) y de asimilación.

Además de proporcionar una educación elemental a la masa de población, en su gran mayoría todavía rural, permitiendo así su éxodo y mejor adaptación a los centros urbanos, otro objetivo fue el homogeneizar esta población reduciendo los particularismos regionales, en concreto imponiendo la unificación lingüística para consolidar de esta manera la unidad nacional bajo la tutela de un Estado laico y republicano. Este proceso, cuyo instrumento básico es la reforma de la enseñanza pública, crea la Francia de hoy, caracterizada por una fuerte conciencia nacional y un poder centralizado, donde el Estado laico, opuesto a la iglesia, toma el control de la formación de los individuos y asienta sobre estos principios su legitimidad y poder. Accesoriamente, se consigue un Estado donde los particularismos regionales tienen escaso peso.

Hoy día la escuela juega o debería jugar el mismo papel, la formación de los “hijos” de la República, la integración y la asimilación. Naturalmente, la escuela, en Francia como en otros lugares, refleja las estratificaciones sociales existentes. Pero la escuela es más que el reflejo de dicha estratificación social, ella contribuye a esta estratificación privilegiando en particular el dominio de la lengua francesa como medio de selección social. Esta maestría se adquiere de manera adecuada en aquellos liceos que reúnen alumnos de clase media o superior, quienes, además, han adquirido ya en su ambiente familiar y social una destreza de base del idioma francés.
En los incidentes sobre el velo, católicos, judíos y otras confesiones aparecieron incómodas y mostraron una cierta dificultad para tomar posición. Por una parte, fue embarazoso para ellos sostener un símbolo de otra religión, por otro les resultó difícil ocultar una innegable simpatía por la emergencia en la esfera publica de un símbolo religioso y, por tanto, de una reivindicación de la preeminencia de lo sagrado sobre lo temporal

Este aspecto nos permite entender por qué la formación, la integración y la asimilación no funcionan con la misma eficacia respecto a los jóvenes procedentes de la inmigración. Durante un periodo extenso, este sistema ha permitido a una masa de jóvenes el tener acceso a una base de conocimientos y aprendizajes que les capacitó para encontrar ocupación en la dinámica económica de posguerra, gran creadora de empleo. Sin embargo, a medida que la economía exige un nivel de competencia, de elevada exigencia técnica, reflejo de una economía mas competitiva, este sistema educativo, cuya puerta de entrada y elemento de selección es el conocimiento sofisticado de la lengua francesa, que no se abre a otros datos sociales, se petrifica en su estructura inicial, volviéndose mas y más selectivo y elitista. Todavía funciona más o menos correctamente para los niños franceses de cuarto o quinta generación y más, procedentes de familias de clases sociales medias o altas, pero paralelamente deja de lado una población marginal que crece peligrosamente, consecuencia de una situación de estancamiento económico, rigidez en el mercado de trabajo y de las mencionadas exigencias cada vez más altas en cuanto a competencia y formación. Este sistema, que debía ser la llave de la movilidad social, no funciona para este sector marginado y los niños procedentes de la inmigración de los años 60 son la componente fundamental de esa población crecientemente marginada, sobre todo en el mercado de trabajo.

El fracaso se observa a todos los niveles: formación (estos niños salen de la escuela con baja o nula cualificación), integración (no son parte de ninguno cuerpo o grupo social reconocido) y asimilación (a los ojos de los franceses “de origen”, esos “nuevos franceses” se ubican en el exterior de la sociedad). Se produce así una acumulación de desventajas: representan a las clases sociales más desfavorecidas, sufren por la masificación y por la concentración en los mismos lugares, colegios y liceos de los barrios periféricos o de los barrios urbanos difíciles, con un índice bajo de éxito escolar, y como consecuencia gran dificultad para adquirir un saber básico, la lengua francesa sobre todo, que podría darles la llave de su integración y asimilación en el cuerpo social francés.

La escuela no forma ni integra a estos niños y jóvenes que caen o se refugian en la marginalidad y en culturas alternativas. Paro, delincuencia y degradación del ambiente escolar en el que se desenvuelven, son algunas de las consecuencias inmediatas. Este fenómeno se observa de forma creciente desde hace mas de treinta años, imperceptiblemente al principio y de forma aguda hoy en día. Se han aplicado y se están aplicando algunos remedios, pero ya sea que la toma de conciencia sobre la amplitud del fenómeno no es bastante fuerte, ya sea indiferencia, ya sea incapacidad para encontrar soluciones o ya sean todas estas causas a la vez, el caso es que los problemas no hacen mas que amplificarse.
Estas jóvenes devienen en vector que han utilizado las comunidades religiosas musulmanas, desde las más moderadas a las más extremistas, para afirmar sus derechos religiosos y su existencia en el paisaje religioso francés e internacional. Como otras tendencias religiosas, éstas han intentado y siguen intentando bascular la relación de fuerzas en su favor, y sobre todo insertar perdurablemente su influencia en la esfera pública, social y política francesa, que es su objetivo fundamental

Hemos dicho ya que desde 1989 aparecen los primeros velos en las escuela. En general las jóvenes no están involucradas en actos relacionados con la delincuencia y son ellas ciertamente las que mejor llevan sus estudios, abriéndose en consecuencia a mayores oportunidades profesionales y mayores oportunidades de integración social. ¿Por qué entonces el velo? Este sistema que rechaza el reagrupamiento en comunidades culturales y cuya lógica es borrar los particularismos de todo tipo, poniendo el acento en la integración individual, no ha logrado homogeneizar a esta población tan diversificada, que procede en su mayoría del continente africano, cooptándola dentro de la conciencia nacional francesa, fracasando en la transmisión de los conocimientos mínimos que garantizarían que dicha integración y asimilación se produjeran.

Estos jóvenes, que son franceses sin pertenecer a un cuerpo social, y estas jóvenes, pese a estar menos estigmatizadas (menos delincuencia, menos fracaso escolar), aunque sean más fácilmente víctimas de la violencia ambiente, pertenecen a este grupo en razón de sus lazos familiares (hermanos, madres, padres), su residencia (los barrios periféricos) y su origen (Argelia, Marruecos, Senegal, Mali,...). Podemos pensar que en este grupo, especialmente entre estas jóvenes, faltan las referencias (para los jóvenes la delincuencia, que le hace entrar en una banda, juega de manera transitoria un papel de integración en un cuerpo social), no pueden identificar en qué esquema social se inscriben, algo que les permitiría planear su futuro. Un futuro, por lo demás, tanto más amenazado por cuanto viven en un ambiente de inseguridad y no se sienten protegidas por esta sociedad que se resiste a su integración.

Esta situación no está emparentada con la búsqueda de un identidad, pues estas jóvenes cuentan con una identidad nacional, son francesas. No tienen, por otro lado, deseo de vivir en otro país, y Francia es su referencia cultural. Como numerosos franceses que tienen origen italiano, español u otros, estas jóvenes han hecho una síntesis con la cultura de origen de sus mayores y este proceso es parte esencial de la dinámica de las relaciones migratorias entre los pueblos.

La elección del velo, además de su vertiente protectora (los jóvenes de los barrios están menos inclinados a molestarlas porque en su sistema de valores se respeta a la que portan velo), les permite mostrar su pertenencia no solamente a una comunidad espiritual, sino también, y sobre todo, a un grupo social. Llenan así un vacío, vacío que experimentan todos los adolescentes, pero de un rango más crucial en este caso, consecuencia de la dificultad de proyectarse en el futuro, de moverse en un universo desconstruido, de sufrir un ostracismo, una marginación, en su propio país, que es Francia.
Bajo el pretexto del velo, pues, varios partidos religiosos han querido forzar el antiguo equilibrio entre sociedad laica y sociedad confesional, poniendo de nuevo en cuestión el statu quo alcanzado durante el siglo pasado

Entonces, ¿por qué no aceptar el velo cuando no tenemos una solución alternativa para estas jóvenes? La emergencia de la escuela laica tal como ha sido descrita anteriormente es una de la razones de esta negación vindicativa (negación más moderada o inexistente en los otros países europeos enfrentados con el mismo problema). Para entenderlo, hay que rememorar el contexto histórico, político y social en el cual se ha construido la escuela pública en Francia.

Esta emergencia del velo y de todas las demandas que vienen detrás (Ramadan, exención de las clases de gimnasia, día festivo religioso, etc.), fue percibida por la opinión pública francesa como el preliminar o la puerta entreabierta al cuestionamiento del equilibrio alcanzado en Francia (así como en el resto de Europa) entre la iglesia y la sociedad secular. Equilibrio establecido progresivamente en Viejo Continente desde tiempo atrás y en Francia particularmente desde la Revolución.

Las iglesias no han renunciado ha intervenir en la esfera pública y a actuar políticamente. La condena regular del Papa contra la ley sobre el aborto y la contracepción, las demandas de subvenciones para proyectos educativos privados confesionales (por ejemplo la Ley Debré de 1959 que permite otorgar subvenciones para los establecimientos privados sobre la base de los Concordatos con el Estado), son ejemplo permanente, vivo, de la importancia de esta actividad y de los símbolos.

En esta lucha de poder, de influencia, eminentemente política, se juega la elección de los valores de nuestra sociedad. Una sociedad donde cada individuo dispone del libre arbitrio, donde se reconoce la igualdad de sexos, donde la democracia real es el ideal hacia el cual nos dirigimos y, en fin, donde todas las creencias son aceptadas y aceptables mientras que no se opongan a los valores arriba enunciados.
La controversia sobre el velo contiene todos los ingredientes, suscita las contradicciones necesarias en el seno de los partidos políticos, en la sociedad francesa, que permitirían, para aquellos que instrumentan esta controversia, la diseminación de una ideología y un poder religioso con el fin de implantarlos definitivamente en la sociedad de acogida

En los incidentes sobre el velo, católicos, judíos y otras confesiones aparecieron incómodas y mostraron una cierta dificultad para tomar posición. Por una parte, fue embarazoso para ellos sostener un símbolo de otra religión, por otro les resultó difícil ocultar una innegable simpatía por la emergencia en la esfera publica de un símbolo religioso y, por tanto, de una reivindicación de la preeminencia de lo sagrado sobre lo temporal. Se vislumbraba así la posibilidad de cuestionar el equilibrio de los poderes con la reemergencia de la dimensión religiosa en la vida publica.

Por lo que se refiere a los partidos políticos, se observa un zigzagueo entre su adhesión a la Republica laica, su deseo de no enajenarse una parte importante de la población (la islamofobia no es más portadora de votos que el antisemitismo), la culpabilidad colonial, ya que esta ley estigmatizaba a una población inmigrante procedente de antiguas colonias, y la culpabilidad de clase. Algunos han presentado la ley como una medida represiva contra una población obrera. Numerosos conflictos de intereses poco propicios para un debate sereno y productivo.

Hay, pues, importantes razones históricas y político-religiosas que llevan a la prohibición del velo en la escuela, pero emergen también cuestiones políticas que se sitúan mas allá del marco escolar. Llevar el velo en la escuela se conecta, para estas jóvenes, por un lado, con la manera en que se integran en el paisaje social francés y, por otro, con sus orígenes.

Estas jóvenes devienen en vector que han utilizado las comunidades religiosas musulmanas, desde las más moderadas a las más extremistas, para afirmar sus derechos religiosos y su existencia en el paisaje religioso francés e internacional. Como otras tendencias religiosas, éstas han intentado y siguen intentando bascular la relación de fuerzas en su favor, y sobre todo insertar perdurablemente su influencia en la esfera pública, social y política francesa, que es su objetivo fundamental.

Este es el caso de la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF), que de una posición radical y militante sobre el velo, se deslizó poco a poco, de una manera calculadamente política, cuando la partida les pareció decantarse en favor de la ley, hacia una posición neutra, resignada, como contrapartida a su integración oficial en el seno del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM), cuya creación fue una iniciativa gubernamental. Es decir, que su reconocimiento oficial ha primado sobre el objetivo de defender la reivindicación de las jóvenes musulmanas del derecho a llevar el velo en las escuelas.
Hace falta que el Islam, al menos el Islam europeo, acepta las reglas del juego presente y no se constituya en los barrios periféricos en un factor adicional de retraso, de handicap y de regresión para la juventud procedente de la inmigración. Respetando esos principios y reglas tendrá el Islam su legítimo espacio en Europa como otras religiones lo tienen en el paisaje occidental

Bajo el pretexto del velo, pues, varios partidos religiosos han querido forzar el antiguo equilibrio entre sociedad laica y sociedad confesional, poniendo de nuevo en cuestión el statu quo alcanzado durante el siglo pasado. Desde luego, el Islam como parte integrante de la sociedad francesa, componente de esta sociedad, y en virtud del principio de laicidad, debe ser totalmente reconocido y obtener los mismos derechos que las otras religiones, pero debe también aceptar las reglas de la Republica laica. Sin embargo, esta restricción fundamental entra en contradicción con el nivel de evolución del Islam, dando lugar a conflictos entre el espacio religioso y el político, produciendo controversias como la que nos ocupa, el derecho al uso del velo en la escuela, que es un reflejo de esa contradicción mas amplia.

Algunos llaman a este fenómeno conflicto de civilizaciones, Occidente contra el Islam. Por nuestra parte, es preferible hablar de conflictos arcaicos que se desarrollan en el seno del Islam, los cuales se importan, con las poblaciones inmigrantes, al mundo occidental, donde se produce la superposición de cronologías históricas que confluyen en un mismo lugar, mezclándose sus diversas problemáticas. A esto se añaden las cuentas pendientes, para algunos, de los conflictos coloniales, que los mismos desearían volver a poner en juego sobre el tablero una vez más, pero esta vez en las antiguas metrópolis.

Tenemos así en un extremo a la sociedad Occidental debatiéndose a propósito del libre albedrío, sobre la importancia fundamental del individuo en la construcción social, cuestionando postulados antiguos como la superioridad masculina, debatiéndose sobre la deconstrucción de las ideologías, un mundo donde los valores antiguos son sometidos a análisis críticos que deben construirse y reconstruirse incesantemente y donde cada uno, si así lo desea, puede elegir su camino espiritual. En el otro extremo aparece un mundo desconstruido, aculturado como consecuencia de las secuelas de la colonización y del desarraigo, donde lo social/comunitario prima sobre el individuo, que intenta redefinirse refugiándose en valores arcaicos y en un pasado mítico, presa fácil de extremismos religiosos, impermeable a la crítica, refractario al análisis racional, incapaz de ponerse en cuestión y que utiliza la humillación y la impotencia que experimenta el pueblo musulmán frente al mundo occidental para reafirmarse contra el mismo a través del rechazo de sus valores.

Tariq Ramadan, profesor de filosofía suizo y nieto del fundador del movimiento egipcio de los Hermanos Musulmanes, uno de los líderes políticos e intelectuales islámicos que defienden el uso del velo, ha comprendido claramente el poder que puede tener una acción política basada en el dogma, contra y en el marco de una sociedad cuya dinámica política se fundamenta en la emergencia de contradicciones y en el debate público democrático.

La controversia sobre el velo contiene todos los ingredientes, suscita las contradicciones necesarias en el seno de los partidos políticos, en la sociedad francesa, que permitirían, para aquellos que instrumentan esta controversia, la diseminación de una ideología y un poder religioso con el fin de implantarlos definitivamente en la sociedad de acogida. El velo está conectado a las desigualdades sociales, a la igualdad todavía no consolidada entre los sexos, a la confrontación entre las comunidades religiosas y el orden institucional laico, cristalizando una parte de las frustraciones de los jóvenes de la periferia.

Esta controversia, verdadero combate político, ha sido utilizada políticamente, por ejemplo, en las primeras negociaciones de rehenes franceses en Irak, con la reclamación por parte de los secuestradores al Estado francés de la abrogación de la ley sobre el velo. Ha sido magnificada como la prolongación de las luchas de independencia y de la descolonización, ofreciendo este nuevo combate un desquite, la dignidad recobrada del pueblo musulmán, transcendiendo todas las diferencias de estos jóvenes procedente de diferentes países pero reunidos en la inmigración para reagruparlos en una misma familia, en una gran comunidad que reivindica un derecho separado, una soberanía paralela, unos valores propios. Ya que no se puede combatir (vencer) al Occidente en el plano económico o militar, el objetivo es acorralarle en sus puntos débiles, en sus contradicciones internas, en sus dudas, donde sigue interrogándose, donde pueden alimentarse los conflictos entre sus propios partidos, donde ha fracasado, donde un sentimiento de culpabilidad le oprime.

Sin embargo, hay un desfase en el tiempo, un anacronismo al cual hacíamos referencia más arriba, estos nuevos profetas rehúsan el posicionamiento de la religión en la sociedad laica de la misma manera que la religión cristiana lo ha rechazado, aunque ha debido aceptarlo, después de una larga lucha. La rechazan en los países musulmanes, pero también en Francia y en Europa. Piensan que el fracaso y acomodo final de la iglesia cristiana, en su antiguo combate contra el laicismo, no les alcanza, no les concierne. Pero sí saben que, hoy en día, no están en posición de fuerza para ir hasta el final en este rechazo. En consecuencia, negocian, en una estrategia gradualista, un estatuto de representación legal del Islam en Francia, comprometiéndose a no incitar a las jóvenes a llevar el velo en la escuela y a intentar forjar compromisos con el mundo político laico. Se desplazan a Irak para denunciar el chantaje por la liberación de los rehenes que los secuestradores ligan a la abrogación de la ley sobre el velo. Poco a poco se someten a la norma de los compromisos para ocupar un espacio institucionalizado, como lo hacen las otras religiones.

Este resultado, esta evolución, es una de las razones, y no la menor, que justifican la ley sobre el velo. Para establecer límites, para señalar, balizar, el espacio de la actividad institucional religiosa que no puede fijar su propio derecho sino que debe respetar las reglas de la República. No se puede dejar desarrollar el conflicto entre sociedad civil y religiosa en Francia, proyectándose de nuevo hacia la Edad Media. Hace falta que el Islam, al menos el Islam europeo, acepta las reglas del juego presente y no se constituya en los barrios periféricos en un factor adicional de retraso, de handicap y de regresión para la juventud procedente de la inmigración. Respetando esos principios y reglas tendrá el Islam su legítimo espacio en Europa como otras religiones lo tienen en el paisaje occidental.

Pero otra conclusión se impone igualmente como fruto de este análisis: si el Estado y la sociedad tienen una voluntad real, política, de resolver este problema a largo plazo, no pueden satisfacerse con hacer votar una ley represiva sobre el velo, que no resuelve más que una presión política conyuntural. Su prioridad debe concentrase en crear mecanismos efectivos de integración y asimilación de las poblaciones de origen inmigrante, en su mayoría ya de nacionalidad francesa, a través de la oferta de una formación sin discriminación, adaptada, eficaz, para sus jóvenes y adolescentes.
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