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Stéphane Michaud: "Lou Andreas Salomé" (Crítica, 2001)

Stéphane Michaud: "Lou Andreas Salomé" (Crítica, 2001)




Tribuna/Tribuna libre
Lou Andreas-Salomé
Por Bernabé Sarabia, sábado, 26 de mayo de 2001
En Europa el periodo de máximo esplendor cultural tiene un espacio geográfico y una lengua. Entre 1870 y 1933 desde San Petersburgo hasta París el alemán es el idioma de la ciencia y de la literatura. Están el francés y el inglés, pero por distintos motivos no tienen la fuerza creativa del alemán de esos años y esas tierras. Lou Andreas-Salomé o el esplendor de una Europa desaparecida

En la Centroeuropa de entonces los judíos contribuyeron de un modo decisivo a la creación de tanto conocimiento. Aunque Karl Marx y Sigmund Freud sean los más conocidos, lo cierto es que las figuras hebreas de segunda o tercera fila son numerosas y esenciales para crear un ambiente que hace posible el florecimiento de las artes y las letras. Por desgracia, la ‘decadencia de Occidente’, parafraseando el afortunado título del libro de Spengler, se inicia con la Primera Guerra Mundial y se redondea con la Segunda. Los nacionalismos son culpables, en gran medida, del desastre europeo y, si hoy viviera Kafka, en lugar de escribir en alemán tendría que hacerlo en checo y es difícil calcular quienes podrían ser sus lectores. El narcisismo de las pequeñas diferencias ha hecho un daño incalculable.

Como dejó escrito Max Weber, hay biografías que resumen el vivir de una época. Al hacer esa afirmación quizá tenía en la cabeza la extraordinaria vida de Lou Andreas-Salomé, la hija pequeña de un oficial del zar Nicolas I ascendido por méritos de guerra -represión de Varsovia- hasta la nobleza hereditaria rusa.

Para el público español, Lou Andreas-Salomé es conocida por Más allá del bien y del mal, una película de la directora italiana Liliana Cavanni estrenada en 1977. La meritoria editorial Olañeta ha editado El erotismo y Correspondencia con Rilke. En 1980 Alianza publicó las memorias póstumas de Andreas-Salomé, una edición al cuidado de su albacea testamentario Ernst Pfeiffer que, celoso de su legado, hizo todo lo posible para que la agitada vida de Lou se viera recubierta de un manto de honorabilidad. Pese a todo, la citada autobiografía sigue valiendo la pena aunque sea inencontrable. Lo más probable es que tras la compra de un sello del prestigio de Alianza, realizada por una compañía francesa para la que la venta de libros tiene el mismo significado que la expendeduría de salchichas, el provecho económico, los ejemplares almacenados de las memorias de Andreas-Salomé hayan sido destruidos. No hay manera de encontrarlas en las librerías.

En 1980, instalada ya en Zürich asiste a la universidad y conoce a Paul Rée, el gran amigo de Friedrich Nietzsche. Desde entonces y hasta su muerte en Gotinga, el año 1937, se convierte en la amiga, la compañera de aventuras o la amante de grandes luminarias de la gran cultura centroeuropea

Por fortuna acaba de salir una biografía de Lou debida a Stéphane Michaud, que se ha beneficiado de una albacea testamentaria más abierta, de la apertura de los archivos freudianos y de la posibilidad de consultar correspondencia hasta ahora censurada. Si a todo ésto le añadimos una investigación minuciosa y paciente tenemos como resultado de todo ello una apasionante biografía de un personaje que resume una época irrepetible. La falta de cuidado de Ares y Mares (Editorial Crítica) a la hora de informar al lector de las traducciones al español de Andreas-Salomé y de otros detalles poco familiares por estos lares complican en cierto modo una lectura ya de por sí un tanto rocosa.

Nacida en San Petersburgo, en 1861, Liolia, como la llamaban en casa, tenía 17 años en el momento de fallecer su padre. Provista de una pequeña pensión de huérfana de la nobleza rusa decide dejar su cómoda y confortable casa para lanzarse al conocimiento de mundo. En 1980, instalada ya en Zürich asiste a la universidad y conoce a Paul Rée, el gran amigo de Friedrich Nietzsche. Desde entonces y hasta su muerte en Gotinga, el año 1937, se convierte en la amiga, la compañera de aventuras o la amante de grandes luminarias de la gran cultura centroeuropea.

Nietzsche y Rée desean desposarla pero ella los rechaza porque prefiere su libertad. En 1887 se casa, sin consumar el matrimonio, con Frederick Andreas, un famoso orientalista tan interesante y aventurero como Lawrence de Arabia. Mientras tanto publica distintos ensayos en torno a la filosofía de Nietzsche. Entre 1897 y 1901 vive enamorada de Rilke, y en uno de sus viajes conoce a Tolstoi. En 1910 se encuentra, en Viena, con Freud, su hija Anna y el heterogéneo grupo de los fundadores del psicoanálisis que más tarde habrán de pelearse entre ellos. Será miembro del Círculo Secreto y será admitida en la práctica psicoanalítica.

Lou envejece enferma de diabetes y un cáncer acaba con ella en una Europa, la de 1937, en manos de nazis y fascistas. Todo se transforma a lo largo de su vida, pero Andreas-Salomé es siempre una mujer austera, casi vegetariana que gusta de la naturaleza y de las largas caminatas. En su libertad, en su rechazo de los dogmatismos religiosos y políticos, en su pasión por el diálogo y la reflexión es hoy una fuente de luz en un pasado europeo de una fuerza creadora que hoy parece perdida para siempre.

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