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Opinión/Revista de Prensa
Milosevic y su Gran Serbia menguante
Por ojosdepapel, sábado, 7 de abril de 2001
Repaso a la prensa española sobre la cuestión del arresto del ex-presidente yugoslavo Milosevic y las consecuancias políticas internacionales.
En la prensa española son unánimes las felicitaciones y parabienes por la detención de Slodoban Milosevic. Esto es lo que llevamos ganado porque a partir de ahí, frente a todas las previsiones en contrario, las divergencias son considerables. Se puede establecer una diferencia o corte entre los especialistas y analistas de política internacional y aquellos otros articulistas opinadores que, sin ánimo de ofender, se dedican a verter sus impresiones a partir de lo que leen en la prensa o escuchan en tertulias. Esto no significa que ambos grupos tengan opiniones homogéneas, pero sí que las de los componentes del primero de ellos, por fuerza, alcancen mayor profundidad y rigor, aporten perspectivas más interesantes y se alejen de los lugares comunes.

Así, a medida que nos alejamos de los especialistas las opiniones se van también separando del centro de la cuestión, situación interna en Yugoslavia (actualmente Serbia y Montenegro) y en el conjunto de los Balcanes o la implicación y significado de la justicia internacional en el tratamiento de los crímenes de guerra que han tenido lugar en la exYugoslavia, para remontarse a la naturaleza de la Justicia y sus imperfecciones y a la omnipresencia de la potencia hegemónica que lo va determinando todo. Cuando los estudiosos, o nativos acreditados, dan sus impresiones, las cuestiones que abordan se ciñen más al terreno de lo concreto y sus derivaciones, nada que ver con las banalidades y tópicos de los opinadores profesionales.

Las divergencias son profundas en torno a la función y a la legitimidad del Tribunal Penal Internacional (TPI) para los crímenes en la antigua Yugoslavia. Menos Francisco Veiga, profesor de Historia de Europa Oriental (autor de La trampa balcánica, Grijalbo, 1994), los demás expertos están de acuerdo en la necesidad de que Milosevic sea entregado a TPI, cuya sede está en La Haya, para que pague por sus crímenes lo antes posible. La discrepancia de Veiga nace de la consideración del asunto desde la perspectiva yugoslava y del papel que juega Estados Unidos en su deseo de rentabilizar una fácil victoria internacional y en la utilización del juicio como una justificación retrospectiva de la intervención en Kosovo, ahora que el asunto de la ocupación está en crisis por las acciones de la guerrilla albanokosovar; a ello se suma una particular crítica contra la fiscal Carla del Ponte, cuyo apellido le disgusta y a la que considera una mujer histriónica, alejada de la imagen imparcial que corresponde a un juez, lo que contribuye a dar la impresión de que Milosevic está condenado antes de ser juzgado (Francisco Veiga, El Periódico, 1-4-2001 y El País, 3-4-2001) En la misma línea está la socióloga serbia exilada en España, Mila Milosevich, (autora de Los tristes y los héroes, 1999), quien defiende que el arresto de Milosevic significa la definitiva instalación del Estado de Derecho en Yugoslavia, al que considera, quizá con un explicable apresuramiento, perfectamente capaz de encausar al sátrapa también por crímenes de guerra en su país (Mila Milosevich, El País, 5-4-2001)
Carlos Taibo subraya que todavía son muy pocos los serbios conscientes de lo que ocurrió en Croacia (1991), Bosnia (1992-1995) y Kosovo, un desapego de la sociedad serbia estadísticamente constatado que obliga a tomar con cautela la nueva situación surgida tras la caída del dictador por los evidentes lazos de continuidad con su régimen

El resto de los especialistas es partidario de la entrega cuanto antes de Milosevic a La Haya o, como mucho, según sugiere Hermann Tertsch, tras un rápido paseo por los tribunales serbios para que el pueblo conozca sus habilidades en el ejercicio del latrocinio a gran escala, para de inmediato comparecer ante el TPI y pagar por sus crímenes (Hermann Tertsch, El País, 31-3 y 2-4-2001; Alejandro Muñoz Alonso, La Razón, 1-4-2001; Carlos Carnero, eurodiputado del PSOE, Diario 16, 2-4-2001; Fernando Rodrigo, ojosdepapel, 7-4-2001) La idea de fondo es que esta medida contribuirá en buena medida a consolidar la democracia yugoslava, aún amenazada, como se constató en los apoyos concitados en torno a Milosevic cuando resistió a la detención, lo cual contribuyó a forzar una entrega negociada con ciertas garantías para el detenido; quitándole de en medio se despeja un problema que divide a la coalición gobernante y le abre el camino para depurar las instituciones, sobre todo a un ejército cada vez más poderoso y todavía en parte adicto a Milosevic, destituyendo en definitiva a todos los elementos que compartieron el botín y los crímenes de guerra con el sátrapa (Hermann Tertsch, El País, 2-4-2001; La Razón, 1-4-2001; Francisco Veiga, El Periódico, 1-4-2001)

Hay quien se inclina por pensar que la entrega a La Haya plantea serios problemas de crisis interna para Kostunica, quien tiene que enfrentarse al pueblo y al ejército (Lorenzo Contreras, Estrella Digital, 2-4-2001). Sin embargo, otros creen que no se puede cerrar la puerta en falso por el peligro de rebrotamiento, pues el fin del juicio del TPI que Occidente impulsa no es sólo el de la definitiva pacificación se Yugoslavia, sino, todavía más importante, que “los europeos tengamos muy claro que la tesis de la “limpieza étnica” no tiene cabida en el espacio democrático europeo” (Lluis Foix, La Vanguardia, 3-4-2001)

Datos de procedencias muy distintas avalan la bondad de la idea de hacer comparecer a Milosevic ante el tribunal de La Haya. Frente a lo que opina Mila Milosevich, que considera firmemente implantada la democracia en Yugoslavia, Carlos Taibo (autor de Los conflictos yugoslavos, Fundamentos, 1993) subraya que todavía son muy pocos los serbios conscientes de lo que ocurrió en Croacia (1991), Bosnia (1992-1995) y Kosovo, un desapego de la sociedad serbia estadísticamente constatado que obliga a tomar con cautela la nueva situación surgida tras la caída del dictador por los evidentes lazos de continuidad con su régimen (Carlos Taibo, El Correo, 3-4-2001). La propia Milosevich acepta que los serbios no están convencidos de que “sólo ellos han sido los responsables de las últimas guerras yugoslavas” (Mila Milosevich, El País, 5-4-2001). Esto lo refuerza un compatriota suyo, Solobodan Pajovic, coordinador del Centro de Estudios de España e Iberoamérica en Belgrado, al sostener que conviene la reflexión de los ciudadanos serbios “para poder replantear muchas de las convicciones falsas e ideologizadas que al estudiar esta parte de nuestra historia hemos tenido durante mucho tiempo como verdades y hechos” (ABC, 2-4-2001). El presidente croata, Stipe Mesic confirma las prevenciones sobre una posible vuelta al nacional populismo si Serbia sigue negando su pasado, no colabora, como viene haciendo Croacia desde la muerte de Tujdman, en la entrega de los criminales de guerra y no se extingue la idea de la Gran Serbia (El Mundo, 30-3-2001)
Para Jose María Mendiluce la entrega de Milosevic al TPI supone un pequeño paso hacia la justicia universal y lo razona así: “Si la justicia es imperfecta, lo es más su ausencia, reforzar la idea de una justicia global es uno de los retos de este siglo

Son numerosos los articulistas y opinadores que consideran que el TPI es un tribunal ilegítimo, por ser un instrumento de las grandes potencias, por su parcialidad, por ser un tribunal prejuzgante, por suponer su misma existencia parcialidad y negar la justicia universal (Lorenzo Contreras, Estrella Digital, 2-4-2001 y La Razón, 3-4-2001; Antón Losada, Diario 16, 2-4-2001; Eduardo Haro Tecglen, El País, 2-4-2001; José Luis Balbín, Estrella Digital, 3-4-2001; Julián Lago, La Razón, 3-4-2001; Ignacio Sotelo, El País, 6-4-2001) A todos ellos se opone la postura de Jose María Mendiluce, para quien la entrega de Milosevic al TPI supone un pequeño paso hacia la justicia universal y razona así: “Si la justicia es imperfecta, lo es más su ausencia, reforzar la idea de una justicia global es uno de los retos de este siglo (El Periódico, 4-4-2001). El estuvo allí asisitiendo impotente mientras se consumaron las matanzas, algo debe saber sobre el valor real de “un poquito de justicia”, aunque no sea perfecta e impecable.

Felipe Sahagún, otro importante analista de política internacional, nos pone sobre la pista de lo que probablemente va a pasar. Según este autor, las circunstancias por las que están pasando los Balcanes, con la amenaza guerrillera albanokosovar en Macedonia, la inestable situación de Kosovo y Bosnia, han empujado a Europa y Estados Unidos a apostar por un gobierno yugoslavo estable, asunto que implicaba, para hacer creíble el objetivo, sacarse de encima a Milosevic, con lo cual Occidente ha optado por cierta flexibilidad a la hora de tratar la posible entrega de Milosevic al TPI, opción que ahora sólo cuenta con el apoyo firme del Congreso noteamericano (El Mundo, 31-3 y 2-4-2001)

Por último, cabe destacar el empecinamiento de algunos autores que están lejos de aceptar que Milosevic fuese el responsable de las guerras de la exYugoslavia, atribuyéndola a occidente que atizó la hoguera al respaldar la independencia de Eslovenia y Croacia, tesis de la que, ya hace tiempo, se ha burlado Hermann Tertsch denominándola “teoría de la conspiración germano-vaticana para destruir Yugoslavia” (La venganza de la historia, 1993, p. 217; Lorenzo Contreras, La Razón, 3-4-2001; José Luis Balbín, Estrella Digital, 3-4-2001) La guinda corre a cargo de Antón Losada quien acusa a Occidente de una cosa y su contraria: “Europa y Estados Unidos quieren a Milosevic en La Haya para limpiar su conciencia tras haber permitido, primero, y protagonizado, después, uno de los capítulos más terribles de la historia universal de la infamia” (Diario 16, 2-4-2001)¡Buen cocktail de contradicción con gotas de topicazo!
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