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    AUTOR
Ulrich Beck

    GÉNERO
Teoría política. Teoría económica. Sociología.

    TÍTULO
Un nuevo mundo feliz. La precariedad del trabajo en la era de la globalización

    OTROS DATOS
Traducción de Bernardo Moreno Castillo. Madrid, 2000. 270 páginas. 2800 pesetas

    EDITORIAL
Paidós




Reseñas de libros/No ficción
Sociedades sin trabajo
Por Pablo Manuel Fernández Alarcón, sábado, 17 de marzo de 2001
El sociólogo alemán Ulrich Beck, conjuga en este texto las proyecciones de futuro de las más que palpables modificaciones en el ámbito de las relaciones laborales, entre ellas la constatada globalización de la precariedad en el trabajo, con una nueva era de tecnología, desocupación, libertad y neocapitalismo.
Desde algún lugar entre la sociología de salón y la más profunda filosofía política, Ulrich Beck, el famoso sociólogo y también político alemán, ha decidido tratar de responder a la vieja y famosa pregunta de Hannah Arendt acerca del futuro de una sociedad sin trabajo. Y lo ha hecho desde ese tono amable y un poco desorganizado que se gastan los sociólogos de masas cuando conjugan el discurso del sentido común con pinceladas de verdadero y retorcido ingenio.

Quizá lo más interesante del libro de Beck es que la sociedad sin trabajo no es una sociedad contra la cual se ha de combatir o se ha de defender. La sociedad sin trabajo es un hecho, es verdad que aún en formación, pero un hecho seguro. La pregunta es, pues, qué sobrevivirá a ese enorme cambio en el que los países subdesarrollados son ahora el modelo.

A partir de unas cifras desde cuya visión resulta incontestable el hecho de que en unos años menos de la mitad de la población activa (aproximadamente un tercio de los ciudadanos) gozará de un trabajo clásico, y desde la constatación de que, aunque desde luego la marea arrastre primero a los trabajos de menor productividad, este nuevo mundo inundará también a los trabajos más cualificados y mejor pagados, parece indiscutible que el futuro se presenta sin que el trabajo sea el centro de la sociedad, un trabajo que –por otra parte- ha resultado ser el ethos central de la sociedad llamada moderna.

Desde el análisis de la inevitabilidad de este proceso, (al fin y al cabo el fin de esta sociedad siempre fue la productividad y, como es sabido la productividad responde a la fórmula de producto dividido por el número de productores) no es necesario pensar que el horror económico y político sea seguro, sino que tal vez sea posible obtener a partir de ello una sociedad más avanzada y plural.

Por supuesto que ello no es fácil y son posibles, e incluso más probables, alternativas más pesimistas, pero dado que la “brasileñización” del trabajo va a ser un hecho, es el momento de que nos pongamos a pensar una salida esperanzadora para tal situación en vez de negarla –con la retórica simbólica del pleno empleo (¡precario!)- o criminalizarla, -es el desorden moral, la falta de valores y honestidad profesional –cuando no la inmigración- las causas (¡y no los efectos!) del desorden que vivimos-; cosas que son más o menos las que se han venido haciendo.
La desaparición del trabajo es la desaparición del Estado tal cuál lo conocemos; a partir de ahí tendremos que inventar nuevas categorías políticas para administrar la indudable capacidad de construir una nueva democracia de la combinación de riesgo, ocio y libertad

Si estamos entrando en algo así como en una segunda modernidad será necesario que no pase como con el inicio de la primera porque, como dice el autor, es “precisamente cuando no sucede nada políticamente, cuando ocurre mucho.”

Desde luego que el repaso del mundo sin trabajo resulta de lo más vertiginoso: prácticamente todas las instituciones y valores de nuestra sociedad dependen de dicha institución ya obsoleta: no sólo nuestra idea de la Democracia viene ligada a una sociedad basada en el pacto entre capital y trabajo, sino también nuestra idea de legalidad trata con seres humanos establecidos económicamente y responsables civil y penalmente. La desaparición del trabajo es la desaparición del Estado tal cuál lo conocemos; a partir de ahí tendremos que inventar nuevas categorías políticas para administrar la indudable capacidad de construir una nueva democracia de la combinación de riesgo, ocio y libertad.

Pero Beck, siguiendo su discurso un tanto deshilachado pero generalmente ameno y a veces incluso divertido y brillante (algunos textos elegidos por el autor son ciertamente antológicos), lleva las consecuencias de la sociedad del trabajo aun más lejos: esa segunda modernidad alterará nuestra noción de división de trabajo y por la tanto nuestra concepción de género al extenderse a “lo masculino” la idea de un trabajo informal femenino repartido entre lo remunerado y lo social, pero también nuestra idea de familia, al desaparecer la educación para la disciplina laboral y la ruptura de periodos clásica entre “estudiante” y “profesional”. Tampoco nuestra noción de Estado volverá a ser igual cuando definitivamente los Estados no administren sus economías y cuando la verdadera emigración no sea la de los trabajadores sino la de los puestos de trabajo. Sin Estados las guerras serán económicas y la intervención por motivos económicos será –si no es ya- la única razón de ser de los aparatos bélicos. Hasta nuestra manera de pensar tendrá que “digitalizarse” haciendo irrelevante los elementos no transmisibles a través del código binario (tercio excluso: negro o blanco).
Un libro que hará pensar, discutir y disfrutar al lector al tiempo que le propone jugar a ese extraño juego que es la nueva ciencia de nuestros intelectuales y que debería denominarse algo así como “futurología política”

A partir de esta combinación de trabajo informal, sociedad de riesgo y desaparición de los sistemas habituales de socialización y control que tanto juego dieran a los libertarismos foucaultianos, Ulrich Beck presenta una colección de escenarios o alternativas para el mundo futuro, ordenados según su carácter de esperanzadores o pesimistas: ¿desaparecerá el pesado trabajo fabril para dar lugar a un trabajo creativo donde la única herramienta sea el propio saber? ¿o asistiremos en cambio a un nuevo capitalismo sin trabajo donde los recursos sean cada vez más independientes de la vida de los hombres?; ¿Traerá el neoliberalismo trabajo para todos en una expansión infinita del mercado una vez administrada la medicina desreguladora por amarga que ésta sea de tomar?; ¿o tendremos que asistir a la destrucción total de las sociedades dado el carácter local de la cultura y el carácter global del capital?; ¿Conseguirá la nueva economía tecnológica obtener de la Naturaleza la productividad necesaria para alcanzar el desarrollo ecológico sostenido equilibrando recursos con necesidades? ¿o se producirá por el contrario un apartheid global entre los que participan de la globalización y los que tienen que sobrevivir en una escala local arrasados por la destrucción de sus medios?; ¿Llegaremos a un mundo de productores independientes y liberados de la disciplina entontecedora que ofrecerán sus servicios en un mercado global? ¿o significará esto el fin de la sociedad y sus defensas ante un capital globalizado y un trabajo incapaz de organizarse e incluso enemigo de cualquier organización o solidaridad..?

Ulrich Beck analiza en profundidad éstas y otras cuestiones comparando los argumentos y tratando de restarles ingenuidad política y darles algo de consistencia material; tratando de aportar no sólo cifras sino también reflexiones y testimonio individuales para acabar lanzando –con un Nietzsche algo traído por los pelos- algo así como un nuevo manifiesto para una nueva ciudadanía.

Finalmente el libro se acompaña de seis interesantes artículos de varios autores con diferentes visiones del problema desde el punto de vista de la percepción de la Globalización en diferentes áreas geográficas y culturales.

En suma, un libro que hará pensar, discutir y disfrutar al lector al tiempo que le propone jugar a ese extraño juego que es la nueva ciencia de nuestros intelectuales y que debería denominarse algo así como “futurología política”. En cualquier caso no habrá nadie que se arrepienta de haberlo leído en la medida en que después de leerlo será un poco más difícil seguir pensando que los acontecimientos políticos y económicos a los que nos enfrentamos como ciudadanos no tienen que ver con cada uno de nosotros.
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