Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    Las consecuencias estratégicas del secesionismo catalán (por Manuel López Blanco)
  • Cine

    Déjame entrar, película de Tomas Alfredson (crítica de Eva Pereiro López)
  • Sugerencias

  • Música

    Las mudanzas del cante en tiempos de Silverio Franconetti (por Guillermo Castro Buendía)
  • Viajes

  • MundoDigital

    ¿Realmente hay motivos para externalizar la gestión de un website?
  • Temas

    El agua en España
  • Blog

    ¿Tintín racista? (Blog de Juan Antonio González Fuentes)
  • Creación

    Poética o nombrar la transparencia (Rosana Acquaroni)
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario







Opinión/Revista de Prensa
Identidad, divino tesoro
Por ojosdepapel, sábado, 10 de marzo de 2001
Las declaraciones xenófobas de Marta Ferrusola y Heribert Barrera, personajes significados dentro del nacionalismo catalán, han provocado una gran polémica.
Las manifestaciones de Marta Ferrusola, esposa del presidente de la Generalidad catalana, impartidas en una conferencia y las opiniones recogidas en un libro de Heribert Barrera, expresidente del Parlamento de Cataluña, teñidas ambas de un intenso contenido xenófobo, cuando no racista, han destapado la caja de los truenos en la sociedad española y, muy particularmente, en Cataluña (El País, Cataluña, 21-2-2003; La Vanguardia, 21 y 27-2-2001; Heribert Barrera a La Vanguardia, 1-3-2001; ABC, 2-3-2001). De repente, una imagen cultivada desde hace décadas, en la que la región puntera de España aparecía como un modelo de convivencia, integración y solidaridad sostenido por un catalanismo que impregnaba a todos los partidos, se venía aparentemente abajo. Ni tanto ni tan calvo. Ni nunca había sido tan ejemplar, como el autobombo y el debilitamiento de la conciencia crítica hacían pensar, ni ahora Cataluña se ha convertido, merced a una supuesta perversidad intrínseca del nacionalismo, en la Alemania en vísperas del ascenso del nazismo al poder.

Es cierto que en el nacionalismo catalán siempre ha habido personalidades y sectores inclinados a flirtear con las tesis racistas. El mejor ejemplo es el de Pompeu Gener (Pilar Rahola, El País, Cataluña, 3-3-2001). También se confirma en aspectos parciales del pensamiento de Almirall, Prat de la Riba y otros (Antonio Elorza, El Periódico, 4-3-2001). Pero basta establecer el criterio comparativo con el nacionalismo vasco, para que queden bien asentadas las distancias que ha guardado el nacionalismo catalán frente a las tesis etnicistas (Kepa Aulestia, La Vanguardia, 5-3-2001). Su componente liberal ha predominado claramente.
Lo relevante es que las opiniones vertidas por Ferrusola y Barrera han convulsionado a la sociedad y han provocado múltiples respuestas

Otra cosa es que en todo nacionalismo, incluído el español, siempre hay un componente xenófobo (Josep Ramoneda, El País, Cataluña, 27-2-2001; Editorial, El País, 7-3-2001). El cultivo de la identidad lleva a la diferencia y ésta propende a establecer rangos de superioridad, pues nadie es tan tonto que busca un hecho diferencial rango inferior, aunque el futuro puede deparar grandes sorpresas en este sentido. Últimamente, los nacionalistas españoles, vacunados por el hipertrofiado patrioterismo zarzuelero franquista, se han decantado por la aceptación de la pluralidad, tanto política como territorial, pero permanecen los rescoldos de quienes defienden un “ser español”, una esencia tan irracional como el “ser vasco” o el “ser catalán”, que se remonta a los tiempos de Viriato o a una supuesta prehistoria cañí. Así, desde la óptica nacional española refractaria a aceptar que en España existe racismo hay quien considera que los sucesos de El Ejido no fueron “una explosión racista sino el estallido racista popular por tres asesinaros inicuos”, aunque si los criminales fueran miopes a nadie se le ocurriría quemar los coches y las casas de cuantos tuviesen esa afección visual (Luis María Anson, La Razón, 3-3-2001)

En fin, lo relevante es que las opiniones vertidas por Ferrusola y Barrera han convulsionado a la sociedad y han provocado múltiples respuestas. Se pueden agrupar en cuatro grandes grupos. El primero es un agregado formado por los que las han legitimado, las han condenado con la boca pequeña, generalmente tarde, se han dedicado a restarles importancia o han intentado desviar la atención hacia otra parte. Lo más preocupante es que en este grupo están los principales políticos de Cataluña, empezando por Jordi Pujol y su delfín, Artur Mas. El primero tardó días en mostrar una posición rotunda, que de hecho rebatía las opiniones de su mujer y de Barrera, revelando tanto una grave falta de reflejos políticos como que las circunstancias le obligaron a ello. Que esto es lo más probable lo sanciona que primero se mantuviera en su empeño de acudir al acto organizado por la editorial del libro de Barrera, alegando que “se puede presentar un libro sin estar de acuerdo con él”, para luego dejar que otro cargase con el muerto de suspender el acto (la propia editorial que es propiedad de la Generalidad) evitándole protagonizar un desairado papel (Estrella Digital, 1-3-2001; El Mundo, Cataluña, 2-3-2001). Por su parte, Artur Mas, dando pruebas de su escaso fuste político, defendió a su mamá delfín, confirmando que las opiniones de la Ferrusola eran compartidas por miles de catalanes e insinuando que la polémica era un “montaje” de la prensa y de la izquierda (El Mundo, Cataluña, 22 y 28-2-2001)
Quizá el ejemplo más negativo, por su absentismo en el debate, teniendo en cuenta la responsabilidad pública que ostenta por su relevancia política, es el proporcionado por la cínica actitud de Pascual Maragall, para quien el asunto era de su mundo de asimetrías evanescentes

El líder de Esquerra Republicana, Carod-Rovira también se anduvo por las ramas, con matizaciones y paños calientes por las declaraciones de Barrera, sin condenar sin paliativos ni sancionarlo como miembro de ERC (El Mundo, Cataluña, 1 y 6-3-2001; La Vanguardia, 2-3-2001). Pero quizá el ejemplo más negativo, por su absentismo en el debate, teniendo en cuenta la responsabilidad pública que ostenta por su relevancia política, es el proporcionado por la cínica actitud de Pascual Maragall, para quien el asunto era de su mundo de asimetrías evanescentes (La Vanguardia, 2-3-2001). Hubo periodistas que prefirieron poner el énfasis en el acoso sufrido por Ferrusola y Barrera, en su derecho a la libertad de expresión y en la desmesura de las reacciones, como si ambos no hubiesen manifestado su xenofobia de una forma clara y rotunda (Editorial, El Periódico, 3-3-2001; Marçal Santos, El Mundo, Cataluña, 4-3-2001; Salvador Cardús, La Vanguardia, 7-3-2001; Carlos Sentís, La Vanguardia, 9-3-2002; Joan B. Cull i Clarà, El País, Cataluña, 9-3-2001) .

Al otro lado de la trinchera, se encuentran los francotiradores apostados en la prensa madrileña adicta al gobierno que forman el segundo grupo. Todos con el mismo patrón explicativo: convirtiendo la parte en el todo, consideran que el nacionalismo es intrínsecamente xenófobo, para algunos hasta unos límites que lo igualan con las peores doctrinas racistas (Enrique de Diego, Libertad Digital, 1-3-2001; José María Carrascal, La Razón, 2-3-2001; Carlos Herrera, ABC, 3-2-2001; Ignacio Sánchez Cámara, ABC, 3-3-2001; Lorenzo Contreras, La Razón, 3-3-2001). Aquí predomina la descalificación y el aprovechamiento de una situación para ajustarle las cuentas a un nacionalismo catalán que ha pecado en muchas ocasiones de complejo de superioridad y de menosprecio de corte y aldea.
Para César Alonso de los Ríos el catalanismo es una suerte de sistema de control de la sociedad para ahormar a la emigración, antes nacional y ahora extranjera, a las necesidades de los catalanes que han venido perpetuando su dominio desde el siglo XIX

En el tercer grupo se agrupan las posturas más equilibradas y, al tiempo, duras con el fascismo que encierran las opiniones de Ferrusola y Barrera, reconocedoras de la tentación xenófoba del catalanismo y el ambiente mediocre y acrítico que se ha posibilitado estas manifestaciones tras veinte años de hegemonía convergente, han salido de plumas catalanas, tanto del espectro catalanista como de la izquierda más opuesta a la que una de ellas ha denominado “cultureta catalana” (Rafael Jorba, Lluis Foix, La Vanguardia, 1-3-2001; Albert Montagut, El Mundo, Cataluña, 2-3-2001; Félix de Azúa, El País, 2-3-2001; Editorial, La Vanguardia, 2-3-2001; Miquel Porta Perales, ABC, Cataluña, 2-3-2001; Josep Pernau, El Periódico, 3-3-2001; Remei Margarit, La Vanguardia, 3-3-2001; Pilar Rahola, El País, Cataluña, 3-3-2001; Xavier Bru de Sala, La Vanguardia, 6-3-2001; Baltasar Porcel, La Vanguardia, 6 y 7-3-2001)

Por último, están las interpretaciones que transcienden el mero significado coyuntural de las declaraciones de Barrera y Ferrusola y se adentran en explicaciones de tipo histórico. Para César Alonso de los Ríos el catalanismo es una suerte de sistema de control de la sociedad para ahormar a la emigración, antes nacional y ahora extranjera, a las necesidades de los catalanes que han venido perpetuando su dominio desde el siglo XIX (ABC, 2-3-2001). Es una tesis que curiosamente se complementa con el excelente análisis del profesor Enric Ucelay-Da Cal el cual queda esbozado en estas líneas: “el mercado catalán, supuestamente meritocrático, se fundamenta en unos referentes visibles sólo para los partícipes: quién era quién en función de sus parientes, amigos y conocidos” (...) “Así, una gran ciudad –Barcelona-, en apariencia llena de oportunidades, queda reducida, para el inmigrante ambicioso, a una oligarquía oculta e impenetrable”) (El Periódico, 4-3-2001) Finalmente, es Santos Juliá quien parece haber percibido con mayor penetración la profundidad la dimensión histórica del asunto que se ha desatado en los días pasado: “España era vivida en Cataluña como mano de obra barata para sus prósperos industriales y como dictadura impuesta a la nación catalana (...) Pero eso se ha terminado: ni el español emigra, ni el Estado oprime (...) Ah, pero la identidad colectiva, esa frágil doncella a punto de ser violada, sigue en peligro (...) la xenofobia ya no puede revestirse con el lenguaje de liberación de la tiranía; de golpe, el nacionalismo se desnuda de romanticismo y muestra su rostro étnico y racial. Es lo que ha ocurrido estos días...” (El País, 4-3-2001)

En definitiva, lo que muestra la polémica tratada en estas páginas es que ante la sociedad española se alza una cuestión que enorme entidad como es la emigración y que un tratamiento populista de la misma o la tentación de politizarla pueden acabar por transformarla en un problema de dimensiones dramáticas.
  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    Todos los hombres del Führer, de Ferran Gallego (reseña de Rogelio López Blanco)
  • Publicidad

  • Autores

    Silbidos de Gloria. Historia de Kurt Savoy, el Rey del Silbido (por Miguel Adrover)