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    AUTOR
Hannah Arendt

    GÉNERO
Biografía. Historia

    TÍTULO
Rahel Varnhagen. Historia de una mujer judía


    OTROS DATOS
Traducción Daniel Najmías. Barcelona, 2000. 411 páginas. 2.100 pesetas.

    EDITORIAL
Lumen




Reseñas de libros/No ficción
En busca de identidad
Por Alicia Yanini, sábado, 10 de marzo de 2001
En una biografía, cuando es autobiografía, se persigue reconocerse en el conocimiento del otro. Como senaló Elisabeth Young-Bruehl: Rahel Varnhagen y Rosa Luxemburgo son dos personajes históricos a los que Arendt se sintió siempre afín. Esa es la razón por la que asistimos asombrados a un espectáculo inteligente en el que se solapan las reflexiones de dos destacadas intelectuales judías -Varnhagen y Arendt- que vivieron dos épocas muy diferentes, desde la perspectiva romántica en la década de 1820 y desde la teológica centroeuropea, como dijo Isaiah Berlin, de los revolucionarios de 1968.
La vindicación del propio ser y la lucha por aceptarse a sí misma como judía andan parejas y acompasadas en el relato biográfico que Arendt, discípula de Heidegger, elaboró a partir de los diarios y la correspondencia de Rahel Levin. Es la historia de una mujer que nació en Berlín y vivió entre 1771 y 1833. Creció ignorante de la historia de su propio pueblo, el judío, y de la historia del otro pueblo, el alemán. Desde una posición de debilidad, “ni rica, ni culta, ni guapa”, libraría continuas batallas por integrarse en el mundo burgués. Una y otra vez intentó legitimar su existencia, pero no logró escapar al hecho de haber nacido judía: “¡Qué historia! ¡Una refugiada de Egipto y Palestina soy aquí!”. Su lucha se convierte en una negación de sí misma, pues en la época del emperador Federico II los judíos buscaban soluciones individuales a sus carencias en derechos civiles. No existía la lucha política por la igualdad de derechos y Rahel, como tantos otros judíos de su generación, intentó asimilarse a un pueblo, el alemán, que la toleró pero nunca la aceptó. Fue una “necia soñadora” que sin ningún ideal actuó como una oportunista dispuesta a renunciar a su ser, eso haría que la infelicidad la acompañara a lo largo de su vida.

El lector es cautivado por el deseo de conocer cómo evolucionó la vida de Rahel, auténtica creadora del culto romántico a Goethe en Berlín. Las relaciones peculiares de Rahel con intelectuales de la talla de Wilhelm von Humboldt, Friedrich Schlegel, el príncipe Luis Fernando de Prusia y su amante -Pauline Wiesel- Brentano, Schleiermacher, entre otros, nos ofrece una mirada íntima del romanticismo. Rahel, atrae el interés del lector gracias a su sincera reflexión en torno a la vivencia del desarraigo, al análisis perspicaz y sincero de su ser más íntimo. En este punto se hace necesario recordar a Elisabeth Young-Bruehl que en 1982 afirmaba el carácter autobiográfico de la biografía de Rahel escrita por Arendt: en ambos casos, tanto en el de Rahel, cien años antes, como en el de Hannah Arendt, (el pasado 4 de diciembre se cumplieron 25 años de su muerte), se habla de estadios en la evolución vital y en la evolución del pensamiento. Primero la introspección filosófica, después la experiencia vivida. En ambos casos parten de la importancia que en sus vidas tuvo su condición de judías y de su experiencia amorosa. Finalmente lo íntimo toma conciencia de lo público, de la sociedad, y la narración aúna introspección y experiencia en una historia vivida. Sin duda, hay que añadir al atractivo del libro el excelente manejo que Arendt hace del archivo de Rahel. Se utiliza el material con especial delicadeza y con perfecta percepción del sufrimiento que se deriva del hecho de ser mujer y judía de lengua alemana.
No es la narración de una historia, es la reflexión y la experiencia de una mujer en diálogo consigo misma, que varía de pensamiento a medida que mudan los tiempos, que tiene que inventar su escala de valores, como hicieron los románticos, porque despreciaba la propia tradición, la judía, y, por añadidura, carecía de las seguridades que otorga la pertenencia a una sociedad, la alemana

En el presente libro encontramos partes del pensamiento de Arendt aplicado a Rahel, se nos habla acerca de un estado de ánimo y no estamos ante una biografía de hechos reales. No es la narración de una historia, es la reflexión y la experiencia de una mujer en diálogo consigo misma, que varía de pensamiento a medida que mudan los tiempos, que tiene que inventar su escala de valores, como hicieron los románticos, porque despreciaba la propia tradición, la judía, y, por añadidura, carecía de las seguridades que otorga la pertenencia a una sociedad, la alemana. No quería saber quién era: una judía. Sólo con su amigo Veit, que llegó a bautizarse huyendo de su propio destino como judío, se reconoce. Y en su vejez, sin dejar de ser “judía y paria”, saluda “al joven Heine con entusiasmo y una sincera amistad: Sólo los esclavos de las galeras se conocen”, dice Rahel.

Finalmente acepta su condición de judía y, entonces, sólo le queda su amistad sincera con Pauline Wiesel. Desde el momento en que se produce en su interior la auténtica renuncia a pertenecer a una sociedad, porque se prefiere la singularidad como individuo, asistimos al final de la acción, al desenlace de la historia de Rahel: ya sólo espera la muerte. “No se puede escapar del judaísmo separándose del resto de los judíos; así sólo deja de ser destino histórico, condición social, “mal común”, para convertirse en rasgo de carácter en defecto individual”, dice Arendt.
La obra viene a demostrar la autenticidad de Rahel al final de su vida después de haberse arropado de manera diversa en busca de la anhelada asimilación. Viene a defender la tesis romántica y existencial de que lo auténtico es marginal y que la autenticidad incapacita para la vida, para la acción

La individualidad frente a la sociedad es el tema a debate a lo largo de una experiencia personal, de una experiencia romántica. Como sabemos, lo principal del movimiento romántico son las individualidades. Lo sorprendente es el carácter autobiográfico del libro, como si Arendt hiciera suyo, y lo hace, el sentimiento romántico de que sólo los parias son auténticos seres humanos. Quizás por eso Arendt sigue siendo leída con interés por quienes rechazan su propia tradición y el racionalismo exagerado procedente de la Ilustración.

En el año 1806 se produjo un cambio esencial en la vida de Rahel, y es tomado por Arendt como punto de inflexión en la narración biográfica. A través del relato nos sentimos trasladados de la filosofía a la historia. Se ha tomado conciencia de lo público, de la historia. Napoleón entra en Berlín y la guerra produce la disolución del grupo de amigos que se reunían en la “buhardilla” de Rahel. Se pasa de la introspección filosófica del yo más íntimo, más existencial, al análisis de la experiencia. Y sólo lo vivido, la experiencia de lo vivido, puede ser situado en una historia narrada, en la narración histórica.
Elección y acción marcan el curso de una vida y ahuyentan el propio destino. Todo ello ha sido matizado por Arendt que a diferencia de Rahel y del movimiento romántico logra aunar introspección y experiencia en una narración, en una historia que le permite la acción

La filosofía de la historia que la acoge y la consuela es la del romántico Fichte que, en 1807-1808, escribió su Discurso a la nación alemana: el patriotismo unido al antisemitismo les ayudaría (creía ella y otros) a sentirse alemanes y dejar de ser parias. Pero para ello tienen que dejar de ser ellos mismos, esto último lo dice Arendt quien valora a los “parias” de manera peculiar, como le escribía a Jaspers “ sólo los parias son realmente humanos”. La obra viene a demostrar la autenticidad de Rahel al final de su vida después de haberse arropado de manera diversa en busca de la anhelada asimilación. Viene a defender la tesis romántica y existencial de que lo auténtico es marginal y que la autenticidad incapacita para la vida, para la acción.

Elección y acción marcan el curso de una vida y ahuyentan el propio destino. Todo ello ha sido matizado por Arendt que a diferencia de Rahel y del movimiento romántico logra aunar introspección y experiencia en una narración, en una historia que le permite la acción. Los que escribieron en los mismos años que Arendt ya habían vivido la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, habían entendido la relevancia de proclamar la supremacía del individuo singular frente a la sociedad. El pensamiento y la acción son un tema central en la obra de Arendt, como podemos ver ya en este su primer libro.
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