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    AUTOR
Fernando Savater

    GÉNERO
Ensayo

    TÍTULO
Perdonen las molestias. Crónica de una batalla sin armas contra las armas

    OTROS DATOS
Madrid, 2001. 326 páginas. 2.600 pesetas.

    EDITORIAL
Ediciones El País








Reseñas de libros/No ficción
Un compromiso con la libertad
Por Manuel Alvarez Tardío, sábado, 10 de marzo de 2001
No se trata solamente de una lucha contra ETA y los violentos sino también contra los supuestos y las prácticas exclusivistas del nacionalismo vasco mayoritario. Ambas cosas van irremediablemente unidas. Fernando Savater lo explica con una lucidez y una sencillez admirables y denuncia la actitud de quienes permanecen indiferentes ante la destrucción de la libertad y la democracia
“Este libro, desgraciadamente, también versa sobre el nacionalismo vasco”. Así empieza el prólogo que ha escrito Fernando Savater para esta recopilación de artículos suyos escritos en El País y el Grupo Correo entre el asesinato de Miguel Ángel Blanco y nuestros días. Después de veinticinco años de democracia, ETA sigue matando y los nacionalistas parecen estar más convencidos que nunca de que ha llegado el momento de construir la nación vasca, cueste lo que cueste. No tiene que disculparse Savater por seguir defendiendo los valores democráticos y reflexionando sobre la mejor manera de protegerlos de aquellos que ansían una sociedad homogénea, disciplinada y acobardada. Poco importa que ya haya publicado mucho o poco sobre este asunto o que este libro reproduzca artículos anteriores. Lo que sí importa es que sus textos son imprescindibles para educarnos, para vacunarnos, para enseñarnos por qué hay que derrotar también con la palabra, y no sólo con la fuerza de la ley y de la justicia, a la ideología nacionalista que está detrás del terrorismo y de sus cómplices.
por fin empezamos a librarnos del complejo de culpabilidad que tanto y tan bien ha servido a los nacionalistas como coartada. (“Por lo visto, dice Savater en Los Presos, aquí todo el mundo tiene complejo de culpa menos los culpables”.)

El terrorismo y el nacionalismo vasco no son, ni mucho menos, un problema reciente. No es nuevo que el Partido Nacionalista Vasco busque dentro de la izquierda radical un aliado para imponer su nación vasca; al fin y al cabo, el fondo es el mismo y el objetivo muy similar en ambos. Tampoco hay ninguna novedad en la crueldad y el afán de hacer daño y atentar contra la vida, la paz y la legalidad constitucional que demuestran los terroristas. Pero la tarde fatídica del 12 de julio de 1997 y la posterior “tregua-trampa” de ETA han hecho que cambien, o empiecen a cambiar unas cuantas cosas. De todas ellas, quizá interesa especialmente el hecho de que por fin empezamos a librarnos del complejo de culpabilidad que tanto y tan bien ha servido a los nacionalistas como coartada. (“Por lo visto, dice Savater en Los Presos, aquí todo el mundo tiene complejo de culpa menos los culpables”.) ETA y el nacionalismo vasco no defienden la democracia frente a un Estado español que les deba algo o que tenga que estar sistemáticamente pidiéndoles perdón por el pasado. El nacionalismo vasco, con violencia o sin ella, supedita los derechos individuales y el imperio de la ley a un fin superior. ETA y la izquierda abertzale, pero también el PNV, saben que el pluralismo democrático es el mayor enemigo del nacionalismo etnicista que les caracteriza. España y la Constitución española son un adversario peligroso no porque intenten imponer otra alternativa también nacionalista sino porque aseguran el respeto y la observación de los valores democráticos.
la democracia no puede soportar por sí sola todos los ataques; como la tolerancia, es necesario un compromiso constante en su defensa. Savater lo hace, desde luego, sin vacilar, sin dejarse amedrentar, sin caer en sentimentalismos estériles e irresponsables como los que afloraron tras el asesinato de Ernst Lluch

Hay que agradecer a Fernando Savater, que como todo el mundo de bien sabe no es ningún nacionalista español, que nos recuerde una y otra vez que tanto ETA como el exclusivismo nacionalista han demostrado de sobra que no quieren dialogar sino destruir la democracia liberal que nos protege y que impide que algunos objetivos políticos lleguen a buen puerto. Porque, si en algo nadie podrá quitarle la razón a Savater es en ese aserto que tanto se olvida y tanto hay que recordar a los demócratas: que aun cuando todas las posturas políticas son legítimas no todas son compatibles con la libertad.
¡Cuánto recuerda todo esto a la crisis del liberalismo en la Europa de entreguerras, aquella misma Europa que no supo defenderse a tiempo del totalitarismo y que no quiso quitar la razón a los enemigos de la libertad! Y es que la democracia no puede soportar por sí sola todos los ataques; como la tolerancia, es necesario un compromiso constante en su defensa. Savater lo hace, desde luego, sin vacilar, sin dejarse amedrentar, sin caer en sentimentalismos estériles e irresponsables como los que afloraron tras el asesinato de Ernst Lluch, con una tremenda lucidez y rigor no reñidos con la sencillez, con una rotundidad y una fina ironía compatibles con la tolerancia y la autocrítica.
urge que todos –y especialmente los ciudadanos vascos- dejemos de alimentar ese comportamiento que ha sido tan rentable para los nacionalistas, el del silencio cobarde o la indiferencia

Si algo puede tener por seguro el lector de este libro es que no se quedará indiferente con su lectura. Se le ocurrirán, seguramente, bastantes comentarios y resolverá muchos interrogantes. Permítaseme subrayar tres cuestiones que entiendo realmente decisivas en el hilo argumental de todos estos artículos: una declaración de principios primordial, una tesis imprescindible y un compromiso irrenunciable. La declaración: la primacía siempre de los derechos individuales frente a eso que se suelen llamar derechos colectivos; la libertad de ser y pensar como cada cual prefiera; en fin, una prevención elemental contra quienes desean una sociedad cerrada y homogénea y en su empeño no persiguen otra cosa que eliminar los límites del poder para poder utilizarlo a su antojo. La tesis: el principal enemigo de los nacionalistas no es el Estado español o los de fuera sino los extranjeros de dentro, es decir, los vascos que quieren ser españoles, o los que quieren hablar castellano, o los que defienden la Constitución..., o por decirlo claramente, los que no quieren ser vascos al modo en que lo dicta el pacto de Estella. El nacionalismo vasco ha sembrado o está sembrando las bases de un enfrentamiento civil entre los vascos.
Y por último el compromiso: urge que todos –y especialmente los ciudadanos vascos- dejemos de alimentar ese comportamiento que ha sido tan rentable para los nacionalistas, el del silencio cobarde o la indiferencia. El buen hacer de la clase política y el funcionamiento correcto del Estado de derecho no son suficientes para derrotar al terrorismo y al totalitarismo implícito en el discurso y la práctica del nacionalismo vasco (al menos de quienes desde hace tiempo lo controlan y representan). Y ese compromiso requiere, como en el caso de la iniciativa Basta Ya a la que pertenece Savater, de una defensa explícita y rotunda de la “Constitución, del Estatuto y del Estado de derecho español”. “La dedicatoria de este libro, dice Savater, quiere dejar claro que estas páginas no son precisamente un homenaje a los cautelosos y sí un recuerdo a quienes, generosa y cívicamente, no lo fueron.”
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