Tribuna/Tribuna libre
68
Por Bernabé Sarabia, sábado, 03 de marzo de 2001
La generación del 68 se ha visto puesta en el punto de mira de la crítica. El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer, ha sido acusado de participar de la violencia antisistema de de los años setenta. Al mismo tiempo Daniel Cohn-Bendit, uno de los protagonistas centrales del Mayo, ha sido señalado como posible incitador a la pederastia. La prensa europea de calidad se ha ocupado de todo ello con distintos tonos pero siempre con preocupación.
Dos hechos han quebrado en las últimas semanas la apatía política que cubre la Unión Europea. El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer, ha sido acusado de haber participado en la violencia antisistema de finales de los años sesenta y principios de los setenta. Al mismo tiempo Daniel Cohn-Bendit, uno de los protagonistas centrales de Mayo del 68, ha sido señalado como posible incitador a la pederastia. La prensa europea de calidad desde The Independent hasta La Reppublica, pasando por la portada de Le Monde, se ha ocupado de todo ello con distintos tonos pero siempre con preocupación. Con un ministro alemán no se juega –Deutchland über alles- y con “Dany el Rojo”, eurodiputado por los verdes, tampoco.
Los medios de comunicación españoles han recogido los sucesos con sordina. Mayo del 68 nos ha quedado siempre lejos porque aquí el problema principal era quitarse de encima a Franco. Sin embargo, esta polémica concentra aspectos esenciales en la historia política y social de la segunda mitad del siglo XX.
En esos años buena parte de la izquierda europea apoyaba la idea del uso de la violencia para conseguir la conquista del Estado
En primer lugar, lo que se ventila como problema de fondo con la foto de Fischer dando patadas a un policía caído en el suelo es el papel de la violencia como instrumento político. En esos años buena parte de la izquierda europea apoyaba la idea del uso de la violencia para conseguir la conquista del Estado. La guerra de Vietnam con el coloso follaputas reembarcando en sus portaviones se superponía a la derrota del ejército francés en la descolonización de Argelia.
En España es evidente que mucha gente creía en la violencia. Basta leer las recién salidas memorias de Mario Onaindia o recordar a organizaciones como el FRAP para caer en la cuenta. Se entendía que el pueblo levantado en armas más los soldaditos del servicio militar eran capaces de volcar el Estado.
El desarrollo de la industria militar, los avances de la electrónica y el perfeccionamiento de las técnicas policiales han sido, en las dos últimas décadas de tal envergadura que hacen, en la Unión Europea, a día de hoy, inconcebible la posibilidad de un levantamiento armado para derrocar el poder parlamentario. ETA, por mucho clérigo que tenga detrás, no pasa de ser una mosca cojonera.
Cohn-Bendit ha declarado que su texto hay que entenderlo en su contexto histórico. Esos fueron años en los que se forzó la liberación sexual y familiar
La segunda gran cuestión tiene que ver con la sexualidad. Cohn-Bendit, un curioso producto de la complejidad cultural centroeuropea, ha sido siempre un tipo mal educado y exhibicionista. Su libro de 1975 Le Grand Bazar contiene, en efecto, párrafos que leídos de modo literal son pura pedofília. Se refieren a su trabajo en una guardería de Frankfort. La Fiscalía de dicha ciudad se ha pronunciado diciendo que no existe materia penal suficiente para abrir un proceso.
Cohn-Bendit ha declarado que su texto hay que entenderlo en su contexto histórico. Esos fueron años en los que se forzó la liberación sexual y familiar. No se conocían, como ahora, los horrores de la pedofilía –tampoco los del tabaco- y se buscaba abrir el sexo más allá de los socialmente tolerado hasta entonces. Nabokov se hizo muy rico con su Lolita pero es que basta contemplar el cuadro Katia leyendo(1975) del recientemente fallecido Balthus para percibir, en un pintor tan admirado y respetado, un tono perverso en el retrato de la niña en tránsito hacia la adolescencia.
Por último, violencia y sexualidad se proyectan sobre la mítica generación del 68. Esto nos lleva a otro plano, el del análisis sobre el papel de las generaciones. Sin dicha reflexión se entiende mal mucho de lo que sucede ahora mismo. Quede para otra ocasión.