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Tribuna/Tribuna libre
Hispanófilos anglosajones e hispanoingleses
Por Bernabé Sarabia, sábado, 17 de febrero de 2001
Los hispanófilos anglosajones surgen a finales del siglo XIX fascinados por el exotismo español. Andalucía, su vino bueno y barato, la belleza morena de unas mujeres bien distinta de la palidez de las mujeres inglesas fue el iman que atrajo a distintos autores como Gerald Brenan, George Orwell o Raymon Carr. Los hispanoingleses son seres bilingües con un pie en España y otro en el Reino Unido, también han contribuido a iluminar la historia de España.
Aunque a veces se confunde a los hispanófilos anglosajones con los hispanoingleses se trata de dos especies bien distintas. Los primeros arrancan con el ímpetu de los románticos ingleses del siglo XIX por viajar a los países del sur de Europa y conocer sus sociedades. España, sobre todo Andalucía, era para muchos británicos un lugar sucio y atrasado pero con dos grandes ventajas. La primera era la existencia de un puerto seguro y bien abastecido perteneciente a Su Majestad. Tras desembarcar en Gibraltar se entraba de inmediato en Andalucía. La segunda gran ventaja radicaba en la fama andaluza de excelentes vinos y licores a precios más que asequibles. A esto hay que añadir la existencia de mujeres bellas y dispuestas a ser seducidas por el prestigio de los viajeros procedentes de la "pérfida Albión".

Ya en el siglo XX la vida española, incluidas las corridas de toros y la Guerra Civil, siguió fascinando a un buen puñado de habitantes del Reino Unido. En 1920 un chico inglés bien parecido, fuerte y gran andarín aparece en Yegen, un pueblecito perdido en La Alpujarra granadina. Gerald Brenan, que ira y vendrá a Inglaterra a temporadas, llega cargado de libros y con suficiente dinero para pasar una larga temporada dedicado a leer y escribir. Además de dejar embarazada a su joven criada y de -cómo él mismo ha dejado escrito- "acostarse con todas las chicas del pueblo", sus dos libros, El laberinto español y Al sur de Granada causaron un impacto tal que junto con el resto de su obra le han convertido en el hispanista anglosajón por excelencia.
Ayudados por la distancia que supone ser miembro de otra cultura, los hispanistas anglosajones han sabido desprenderse de complejos y puntos ciegos, de ahí que su contribución al análisis histórico y social haya sido, con tanta frecuencia, brillante e iluminador

Durante el franquismo la edición de Ruedo Ibérico –clandestina en España- de El laberinto español sirvió para acceder a una visión, distinta de la de los vencedores, de lo acontecido en la Guerra Civil. Después de Brenan, George Orwell, Raymond Carr, Hugh Thomas o Paul Preston, entre otros, han puesto al descubierto y analizado rasgos y episodios que yacían enterrados en la historia de España. Ayudados por la distancia que supone ser miembro de otra cultura, los hispanistas anglosajones han sabido desprenderse de complejos y puntos ciegos, de ahí que su contribución al análisis histórico y social haya sido, con tanta frecuencia, brillante e iluminador.
Los hispanoingleses se caracterizan por haber alcanzado un equilibrio semejante a la simetría de los hermanos gemelos o mellizos y, como ellos, producen cierta inquietud del orden de la que se siente ante los prodigios de la naturaleza

Los hispanoingleses son otra cosa. Son seres bilingües que han vivido en España y en el Reino Unido. Sus padres han nacido en ambos países y han desposado cónyuges españoles. Se caracterizan por haber alcanzado un equilibrio semejante a la simetría de los hermanos gemelos o mellizos y, como ellos, producen cierta inquietud del orden de la que se siente ante los prodigios de la naturaleza. Cuando una de estas personas se dedica al estudio de uno o, de sus dos países, el resultado suele ser magnífico.

Los dos hispanoingleses que conozco son rutilantes. Uno es Tom Burns Marañón, autor de Hispanomanía, un libro tan divertido como irónico sobre los anglosajones seducidos por España. El otro es Charles Powell, cuya capacidad para expresarse en la lengua de los dos grandes imperios modernos es inverosímil. Formado académicamente en la Universidad de Oxford, recibió en 1991 el premio Espejo de España por un libro titulado El piloto del cambio dedicado a estudiar el papel del Rey en la transición a la democracia.

Su biografía Juan Carlos. Un rey para la democracia (1996) se editó en español e inglés y tuvo en Estados Unidos una singular acogida. Por último España en democracia, 1975-2000 premio Así Fue, es un sólido volumen, que sale a la venta la semana que viene, en el que se analiza la España actual partiendo de los años sesenta y que se ha de convertir, sin duda en un libro de referencia para entender las España de este último cuarto de siglo.
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