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    AUTOR
Isaiah Berlin

    GÉNERO
Ensayo.

    TÍTULO
El poder de las ideas

    OTROS DATOS
Traducción de Clara Morán Calvo-Sotelo. Madrid, 2000. 361 páginas, precio: 3.600 pts.

    EDITORIAL
Espasa-Calpe




Reseñas de libros/No ficción
Sobre las ideas, sus espectros y poderes
Por José María Lassalle Ruiz, sábado, 05 de mayo de 2001
En medio de la grisura ideológica imperante, el ensayo de Isaiah Berlin nos ofrece una sugerente aproximación a ese reino de las ideas que parece caído en desgracia bajo el efecto del llamado "fin de las ideologías".
Decía Lord Acton a Mary Gladstone en una carta fechada en 1880 que si se quiere comprender la historia, hay que ir más allá de los hombres y captar las ideas ya que éstas “tienen una radiación y un desarrollo, un linaje y una posteridad propios, en el que los hombres desempeñan el papel de padrinos y madrinas, más que de padres legítimos”. Con estas palabras, Acton estaba retomando lo que Hume había sugerido mucho antes, a saber: que la tarea del historiador no es otra que rastrear la historia de la mente humana, pues si las acciones son importantes, más lo son los pensamientos que están detrás de las mismas.

Esto, que a los ojos de los contemporáneos de Lord Acton e, incluso, de nuestros padres, era evidente, sin embargo, en la actualidad resulta casi incomprensible. Del notable papel que las ideas ejercieron ayer se ha pasado a la triste condición de cenicientas que desempeñan hoy. En este sentido, la caída del comunismo ha desatado un proceso de descrédito generalizado de las ideologías que no sólo ha afectado a aquél y al socialismo democrático, sino también al liberalismo y al conservadurismo, ya que el fracaso de la amenaza soviética parece haber erradicado la necesidad de justificar y explicar porqué las sociedad abiertas son como son y actúan como lo hacen.
Tanto se ha hablado de ellas, tanto se han prodigado en los discursos que, al final, las ideas se han desvanecido del escenario público. Pero lo curioso y sorprendente del asunto es que en el contexto contemporáneo no han dejado de ser necesarias, pues, a pesar del nivel de consenso alcanzado en torno a los cauces de participación y manifestación de las mismas, no se han “neutralizado” los conflictos ideológicos sino que éstos, en realidad, han mutado

Por eso la publicación del ensayo de Isaiah Berlin que comentamos aquí resulta sorprendente en medio del escenario gris y desapasionado que caracteriza la vivencia de la política contemporánea. Y no porque, como sugería Ortega con ironía, el hecho de “ser” hoy en día de derechas o de izquierdas se haya convertido en una forma de hemiplejia social, sino porque los reclamos electorales que utilizan los partidos se limitan a ofrecer políticas que buscan asegurar la mayor eficacia posible en la gestión de los asuntos públicos, olvidando, claro, que en un mundo confuso y en ebullición como es el nuestro, el diseño de proyectos políticos de largo alcance es más imprescindible que nunca.

Así, debajo del peso de las estadísticas económicas, las cifras, los conceptos técnicos y, sobre todo, las burocracias partidistas, las ideas se nos presentan exhaustas debido a la presión y las tensiones sufridas a lo largo del desquiciado siglo XX. Tanto se ha hablado de ellas, tanto se han prodigado en los discursos que, al final, las ideas se han desvanecido del escenario público. Pero lo curioso y sorprendente del asunto es que en el contexto contemporáneo no han dejado de ser necesarias, pues, a pesar del nivel de consenso alcanzado en torno a los cauces de participación y manifestación de las mismas, no se han “neutralizado” los conflictos ideológicos sino que éstos, en realidad, han mutado o, si se prefiere, han experimentado cambios en su fisonomía que han terminado ubicándolos fuera de los lugares tradicionales.
Berlin penetra en el hondón de la virtualidad histórica que han revestido las ideas; concretamente de aquellas que todavía gravitan, aunque tan sólo sea espectralmente, sobre nuestro mundo, ya que a través de sus páginas desfilan, no sé si en forma de fantasmas, o no, los nombres de Vico, los ilustrados, la intelligentsia rusa formada en el magisterio intelectual de Belinski y Herzen, los sionistas y, claro, toda esa caterva de románticos europeos que siguen inspirándonos todavía a pesar del tiempo transcurrido

En realidad, con las ideas ha sucedido algo parecido a aquello que plantea Octavio Paz cuando señala que “allí donde mueren los dioses nacen los espectros”. Superado el enfrentamiento bipolar entre las dictaduras comunistas y las democracias occidentales, se ha inaugurado el reinado del “fin de las ideologías” bajo el que han proliferado numerosos espectros ideológicos a tenor de la incapacidad de nuestra clase política de repensar las ideas atribuyéndolas un tratamiento nuevo que esté a la altura de los retos que plantea un contexto en el que los conceptos manejados siguen siendo todavía “modernos”, mientras los nuevos focos de tensión política son de naturaleza postmoderna ya que se plantean alrededor de cuestiones como la ecología, la globalización económica, el desarrollo de las nuevas tecnologías, las orientaciones sexuales o el conficto entre civilizaciones, entre otros.

Precisamente el ensayo de Isaiah Berlin pone de manifiesto que, en este asunto de la presunta defunción de las ideas, quizá habría que decir algo parecido a lo que Tirso de Molina puso en boca de uno de sus personajes: que “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Así, gracias a un análisis brillante y preciso, Berlin penetra en el hondón de la virtualidad histórica que han revestido las ideas; concretamente de aquellas que todavía gravitan, aunque tan sólo sea espectralmente, sobre nuestro mundo, ya que a través de sus páginas desfilan, no sé si en forma de fantasmas, o no, los nombres de Vico, los ilustrados, la intelligentsia rusa formada en el magisterio intelectual de Belinski y Herzen, los sionistas y, claro, toda esa caterva de románticos europeos que siguen inspirándonos todavía a pesar del tiempo transcurrido. Y es que frente a los que tras una mala digestión de Hegel preconizan el fin de la historia habría que recordarles la cita con la que comienza El poder de las ideas de Berlin y que, tomada de la conferencia que en 1958 pronunció con el título “Dos conceptos de libertad”, resume perfectamente el contenido de su exposición: “Hace más de cien años, el poeta alemán Heine advirtió a los franceses que no debían subestimar el poder de las ideas: los conceptos filosóficos alimentados en el silencio del estudio de un académico podían destruir toda una civilización”.
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