Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    Entrevista a Francisco Catena, autor de Por el Cielo, Norma Jeane (por Jesús Martínez)
  • Cine

    25 kilates, película de Patxi Amezcua (por Eva Pereiro López)
  • Sugerencias

  • Música

    Bas As Me, CD de Tom Waits (por Marion Cassabalian)
  • Viajes

  • MundoDigital

    La creación de contenidos web en la era de la economía de la atención
  • Temas

    Los límites de la revolución biotecnológica
  • Blog

    José Hierro, un poeta endemoniado en el Blog de Juan Antonio González Fuentes
  • Creación

    Dacia Maraini: La larga vida de Marianna Ucrìa (Galaxia Gutenberg, 2013)
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario




    AUTOR
Robert D. Kaplan

    GÉNERO
Ensayo

    TÍTULO
La anarquía que viene

    OTROS DATOS
Traducción de Jordi Vidal. Barcelona, 2000. 205 paginas.

    EDITORIAL
Ediciones B




Reseñas de libros/No ficción
Un mundo sin esperanza
Por Vicente Palacio de Oteyza, sábado, 3 de febrero de 2001
¿Qué futuro le espera al mundo? Según lo que el periodista Robert D. Kaplan cuenta en esta colección de ensayos, tenemos sobrados motivos para preocuparnos. La descomposición política, económica y moral de África tras el fin de la guerra fría se presenta como la metáfora del porvenir más inmediato para más de la mitad del planeta y pone en cuestión nuestras ideas sobre la paz y la democracia.
Sólo un periodista norteamericano de raza como el afamado trotamundos del Atlantic Monthly Robert D. Kaplan podría a atreverse a lanzar las afirmaciones contenidas en esta colección de ensayos. Ciertamente, Kaplan no se queda corto respecto a otros forenses de la Guerra Fría, y rivaliza con ellos en la provocación de sus análisis. Ya sea la teoría del fin de la Historia de Francis Fukuyama, o el choque de civilizaciones de Samuel Huntington, o incluso el nuevo concierto de superpotencias preconizado por Henry Kissinger, no hay nada comparable a estos martillazos que el autor asesta directamente a la conciencia adormecida de los lectores.

Y es que nadie, exceptuando quizá a los miembros de algún think tank de implacables “realistas” en Washington DC, tiene un estómago lo bastante duro para desafiar de un modo tan brutal la postura idealista de las relaciones internacionales - aquélla que defiende la aplicación de normas morales en las relaciones entre los Estados. Leer que la ansiada Paz con la que sueñan millones de individuos y decenas de fundaciones repartidas por el orbe puede ser perjudicial para los países del Tercer Mundo, o que la Democracia es un ejercicio inútil cuando no hay un desarrollo económico o un tejido social que lo sustente, resulta un desafío para los buenos sentimientos de cualquiera.
El autor adopta como punto de partida metodológico un crudo positivismo de lo que está la vista, rehuyendo deliberadamente profundizar en las causas. Ello explica la fuerza de sus ensayos y al mismo tiempo su debilidad

¿Por qué Kaplan sostiene estas tesis de un modo tan insolente?. No por casualidad el libro se abre con una cita de Thomas Hobbes que establece que, sin un orden social previo, hablar de justo o injusto no tiene sentido. Sobre este irrompible hilo argumental Kaplan va colgando a modo de ejemplos las devastadoras guerras civiles en el África de los años 90 (Sierra Leona, Congo, Nigeria), o los fallidos procesos de democratización de Rusia y China, que sólo habrían servido para agudizar las diferencias sociales y los rasgos autoritarios de sus regímenes. Este hilo argumental no lleva a ninguna parte: no hay solución a la vista ante tanto desastre demográfico y medioambiental, ante tanto caos y desigualdad. Los Estados se resquebrajan por todas partes, hay conflictos latentes en el Cáucaso, Oriente Medio, India, Latinoamérica, además de los ya activos en los Balcanes, y sus inevitables repercusiones sobre occidente no se harán esperar. Peor todavía: incluso en los países occidentales democracia y oligarquía se parecen cada vez más debido al predominio de las corporaciones y los gigantescos emporios de la comunicación de masas. Por lo demás, el deterioro de la naturaleza amenaza con convertirse en el origen de los conflictos sociales futuros, debido a la lucha por recursos escasos en un mundo superpoblado.

Sin embargo, Kaplan nunca se pregunta si el caos en el que vive la mitad de la humanidad no es en parte resultado precisamente de la política exterior de su país durante cuarenta años de guerra fría y una política económica internacional pseudoliberal. Como buen periodista todoterreno, el autor adopta como punto de partida metodológico un crudo positivismo de lo que está la vista, rehuyendo deliberadamente profundizar en las causas. Ello explica la fuerza de sus ensayos - cuyas descripciones son de una brillantez expresiva y plástica notables: el retrato de megalópolis como Freetown, El Cairo, o Estambul es estremecedor -, y al mismo tiempo su debilidad.

Pues si terribles son sus planteamientos, más desconcertantes resultan sus conclusiones. Según el simple dictum realista (coincidente en ésto, curiosamente, con el neoliberalismo más anárquico), aquellos que están arriba es porque toman las decisiones correctas (right choice), mientras que los de abajo están ahí porque en su momento tomaron las decisiones erróneas. Así las cosas, si seguimos el razonamiento de Kaplan lo peor no es que vaya a haber guerras entre las naciones; lo más terrorífico es que ni siquiera va a haberlas, puesto que un abismo difícilmente salvable separa los enclaves ricos y pobres, ya se trate de regiones, estados, o ciudades. En realidad, el autor recoge la tesis de Fukuyama de que este mundo es dos: el post-histórico, liberal y desarrollado, y el histórico (mayoritario), donde rigen las leyes de supervivencia y el hombre es aún un lobo para sus semejantes.
El libro provoca abiertamente al lector, obligándole a una refutación o a una rendición sin condiciones; una actitud que parece estar cada día más de moda entre los analistas norteamericanos de política internacional. Y ya se sabe lo que pasa con las modas

El tono empleado por el autor deviene aún más polémico en su análisis retrospectivo de la política seguida por Henry Kissinger en Vietnam. A pesar de su carácter sangriento, sugiere Kaplan, la demostración de fuerza del ex secretario de Estado quizá evitó políticas más agresivas de la URSS o China. En esta línea, Kaplan arremete contra la ONU actual por su búsqueda estéril del consenso y su inoperatividad, olvidando que Estados Unidos, a pesar de una retórica victimista, se sigue sirviendo dicha institución para consolidar su hegemonía sobre el resto del mundo. O quizá es que con una OTAN en continua expansión Kaplan ya tiene bastante. Igualmente sorprende la afirmación de que hay que poblar de espías norteamericanos el planeta para evitar males mayores.

El mensaje de fondo es que las soluciones comúnmente aceptadas no sirven, que hay que inventar otras; o más bien aplicar la vieja receta del realismo político, la de la prudencia y el estricto pragmatismo. Por ejemplo, el principio del “proporcionalismo” para la política exterior hacia el Tercer mundo, consistente en encauzar la ayuda no a conseguir democracias, sino a mejorar los servicios básicos de las poblaciones y a asegurar una fuerza contundente para contener esos Estados en descomposición, sin ceder a la tentación de intervenir militarmente en exceso por motivos humanitarios - la llamada Doctrina Powell.

El libro provoca abiertamente al lector, obligándole a una refutación o a una rendición sin condiciones; una actitud que parece estar cada día más de moda entre los analistas norteamericanos de política internacional. Y ya se sabe lo que pasa con las modas. Por cierto, aquellos lectores que pertenezcan a alguna ONG de ayuda al desarrollo se van a enervar seguro; pero aprenderán mucho con las "verdades incómodas" de esta anarquía que está a la vuelta de la esquina.
  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    Y las cucharillas eran de Woolworths, de Barbara Comyns (reseña de Ana Matellanes García)
  • Publicidad

  • Autores

    Entrevista a Juan Manuel López Hernández, autor de Los mil días (por Jesús Martínez)