Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    Entrevista a Francisco Javier Carballo, autor de Circo Ensayo (por Jesús Martínez)
  • Cine

    Joseph McBride: Tras la pista de John Ford .Centauros del Desierto
  • Sugerencias

  • Música

    Hvarf-Heim, CD de Sigur Ros (crítica de Marion Cassabalian)
  • Viajes

  • MundoDigital

    La creación de contenidos web en la era de la economía de la atención
  • Temas

    El estilo personal de Peña Nieto (por Renward García Medrano)
  • Blog

    La poesía de González Fuentes por González Iglesias (blog de Juan Antonio González Fuentes)
  • Creación

    Mario Luzi: Honor de la verdad
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario




    AUTOR
Isaiah Berlin

    GÉNERO
Ensayo

    TÍTULO
Las raíces del romanticismo

    OTROS DATOS
Edición de Henry Hardy.Traducción de Silvina Martí, 2.400 pts.

    EDITORIAL
Taurus




Reseñas de libros/No ficción
El itinerario del Romanticismo, según Isaiah Berlin (Las raíces del romanticismo, Taurus, 2001)
Por José María Lassalle Ruiz, sábado, 17 de marzo de 2001
Estimulante reflexión del filósofo Isaiah Berlin acerca de los orígenes intelectuales del Romanticismo, un movimiento cuyas respuestas reverdecen en el horizonte postmoderno en el que vivimos.

Decía Nietzsche que la existencia y el mundo sólo pueden ser justificados eternamente como un fenómeno estético. Esto, que fue visto con extraordinaria lucidez por los románticos, no sólo ha de considerarse como uno de sus principios vertebradores sino el centro de gravedad de toda su reflexión filosófica. De hecho, En el más antiguo programa sistemático del idealismo alemán (1796), obra que se considera por muchos como una especie de acta fundacional del Romanticismo, y cuya autoría no se sabe si debe atribuirse a Hölderlin, a Schelling o al mismísimo Hegel, se dice al respecto que: "la verdad y el bien sólo en la belleza están hermanados".

Unificados el conocimiento y la moralidad bajo el manto de lo bello, el movimiento romántico encontró en el cultivo de éste algo más que una simple fuente de inspiración creativa. En realidad, para la mayoría de los romáticos, la belleza y la verdad eran una misma cosa, pues, como dejó dicho John Keats en su famosa Oda a una urna griega (1819):"La belleza es verdad, y la verdad belleza,/ todo eso y nada más habéis de saber en la tierra".

La oralidad discursiva y la exposición tajante de algunas de sus reflexiones es algo que se agradece por su espontaneidad pero, a la larga, acaba entorpeciendo también la clarificación de la finalidad última de la obra: determinar qué fue realmente ese fenómeno

A la búsqueda de esta singularísima conexión dedicó, precisamente, Isaiah Berlin su estudio del Romanticismo que aquí comentamos. En realidad, este libro no fue concebido como tal, sino que es el fruto de una serie de conferencias que Berlin pronunció en 1965 en la National Gallery of Art de Washington, y que Henry Hardy ha recuperado y agrupado ahora bajo la forma de un ensayo. Como Michael Ignatieff señala en su biografía sobre Isaiah Berlin, fueron varias las veces que quiso éste dedicarle al Romanticismo un análisis pormenorizado, aunque por unas circunstancias u otras nunca abordó el mencionado empeño. Precisamente este hecho marca el contenido de la recopilación de Hardy. Así, se nota que no estamos ante un trabajo concebido para la difusión científica. La oralidad discursiva y la exposición tajante de algunas de sus reflexiones es algo que se agradece por su espontaneidad pero, a la larga, acaba entorpeciendo también la clarificación de la finalidad última de la obra: determinar qué fue realmente ese fenómeno que sacudió el continente europeo de norte a sur y de este a oeste, y que sus contemporáneos definieron bajo el rótulo de Romanticismo.

Es cierto que muchas de las obras de Berlin han surgido de un contexto semejante al de Las raíces del Romanticismo y que por ello no han desmerecido del aplauso de la crítica y de los estudiosos de la historia de las ideas. Sin embargo, en este caso que nos ocupa, y debido a la enorme complejidad del movimiento romántico que es objeto de su estudio, la falta de un mayor rigor ensayístico e, incluso, de una delimitación más precisa del mismo, plantea serias dificultades al lector. Esta falta de concreción y matización se aprecia, por ejemplo, en la reconducción del Romanticismo hacia sus fuentes alemanas, olvidando que éste fue, también, un ámbito que tuvo sus raíces en otros países (¿cómo obviar, así, el romanticismo inglés o el francés?). También se palpa en antinomias tan extremas como clasicismo-romanticismo o racionalismo ilustrado-irracionalismo romántico, sin olvidar tampoco, la compleja recepción o asimilación que lo romántico tuvo a través de sus propios protagonistas, pues, ¿cómo equiparar el romanticismo subjetivista de Lord Byron con el objetivismo poético de John Keats? Por otro lado, cargar las tintas en el irracionalismo nacionalista que caló en sus seguidores alemanes y conectarlo con la barbarie nazi, es un exceso demasiado reduccionista como para tomárselo en cuenta a un teórico tan fino y agudo como era Isaiah Berlin.

Con todo, el profesor Berlin se cura en salud y nos presenta una aproximación bastante atinada de lo que el Romanticismo ha significado y, todo hay decirlo, sigue significando, ya que la fascinación del mismo sigue proyectando su luz y sus sombras sobre el presente debido a la acuciante necesidad estética y ética que siente el hombre contemporáneo dentro de esa encrucijada que significa la postmodernidad.

Baudelaire sostenía que lo romántico era una manera de sentir, pero habría que añadir que una manera de sentir "rupturista": una especie de aventura emocional que, como toda aventura, se caracteriza por un deseo de soltar amarras

Como dice Berlin con razón, el Romanticismo es antes que cualquier otra cosa una "rebelión". Un ámbito generacional, ideológico y cultural de factura eminentemente subversiva que se empeñó en poner en cuestión todo lo establecido. De ahí que lo romántico sea, por principio, indefinible. Baudelaire sostenía que lo romántico era una manera de sentir, pero habría que añadir que una manera de sentir "rupturista": una especie de aventura emocional que, como toda aventura, se caracteriza por un deseo de soltar amarras con la intención de romper con todo aquello que amenaza con secar las fuentes del asombro y la espontaneidad humanas. Más que saber lo que quería, en realidad habría que decir que el Romanticismo sabía lo que no quería. Y lo que no quería era la uniforme atmósfera engendrada por el discurso cristializado de la Ilustración, es decir, con esa Europa que rendía culto a la diosa razón y sus creaciones; esa Europa del sentido común y de la moderación burguesas que santificaba a Locke y Newton, que edificaba altares a las ciencias empíricas y que desterraba a los infiernos del error y la brutalidad a todo aquello que no fuera reflexión y pensamiento científico.

Frente a los excesos de la Ilustración racionalista reaccionó el Romanticismo, sí, pero no sólo ante eso. En realidad, lejos de cualquier pose melodramática, lo romántico fue, como ha señalado Rafael Argullol, un intento de comprensión de las limitaciones humanas desde la voluntad heroica de su superación. Por eso siguen seduciendo hoy sus propuestas. Porque en medio de la difícil encrucijada en la que vivimos, lo romántico sigue apelando, como decía August-Wilhelm Schlegel, a esa "magia de la vida" que "reposa en un misterio insondable". El mismo que seguimos sintiendo sus herederos postmodernos en medio del desvanecimiento de las utopías racionalistas y los espejismos en los que creyeron nuestros padres.

  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    El samurái barbudo, de Kōda Rohan (reseña de Ana Matellanes García)
  • Publicidad

  • Autores

    Arthur Koestler: el judío errante (por Miguel Ángel Sánchez de Armas)