Director: Rogelio López Blanco      Editora: Dolores Sanahuja      Responsable TI: Vidal Vidal Garcia     
  • Novedades

    Pacto o conflicto en México (por Renward García Medrano)
  • Cine

    Buried (Enterrado), película de Rodrigo Cortés (por Eva Pereiro López)
  • Sugerencias

  • Música

    Cuba le canta a Serrat (vol 2)
  • Viajes

  • MundoDigital

    La creación de contenidos web en la era de la economía de la atención
  • Temas

    Mauthausen, el campo de los españoles
  • Blog

    Walt Whitman en el Blog de Juan Antonio González Fuentes
  • Creación

    La materia valverdiana (por Nicanor Gomez Villegas)
  • Recomendar

    Su nombre Completo
    Direccción de correo del destinatario




    AUTOR
Rogelio Alonso

    GÉNERO
Reportaje histórico

    TÍTULO
La paz de Belfast

    OTROS DATOS
Madrid, 2000.
421 páginas. 2.900 pesetas


    EDITORIAL
Alianza




Reseñas de libros/No ficción
"Everyday is like this"
Por Luis Garrido Muro, sábado, 3 de febrero de 2001
La Paz de Belfast es un extenso reportaje que analiza lo sucedido en Irlanda del Norte desde 1994 hasta la actualidad. La historia de un territorio atravesado por la violencia y los testimonios de sus habitantes son la materia prima con la que Rogelio Alonso construye su obra. Un libro espléndido de obligada lectura para nacionalistas vascos perdidos en el bosque del soberanismo excluyente.
La paz en Belfast ha empezado por los detalles. Las farolas vuelven a tener papeleras, el pub de la esquina elimina el detector de metales de su puerta, los helicópteros ya no planean la ciudad por la noche y las mochilas abandonadas en la calle no levantan sospechas. No es mucho, es más la ausencia de la guerra que una paz plena y duradera, pero no es un mal comienzo. Sobre todo para Belfast, el territorio europeo más castigado por la violencia en los últimos 25 años.
Todo comenzó aquel caluroso verano. Católicos y protestantes se enfrentaron sin concesiones durante semanas ante la pasividad de la policía

El balance es desolador. Más de 3.500 personas han muerto y un número mucho más elevado han sido heridas o mutiladas durante los Troubles, eufemismo que oculta la guerra abierta en que ha vivido Irlanda del Norte desde 1969. Todo comenzó aquel caluroso verano. Católicos y protestantes se enfrentaron sin concesiones durante semanas ante la pasividad de la policía. Cientos de casas ardieron y 1.505 familias católicas y 315 protestantes fueron obligadas a abandonar sus hogares sin apenas tiempo para recoger sus pertenencias. La cifra ascendía a 60.000 en 1973, el 10% de la población de Belfast. Muchos pasaron por un campo de refugiados antes de encontrar una vivienda segura. Esta segregación territorial ha ido aumentando con los años hasta convertir los barrios de Falls y Shankill en verdaderos guetos de católicos y protestantes. Gruesos muros de hormigón, que en el colmo del sarcasmo se denominan peace lines, separan unas zonas de otras e impiden los enfrentamientos entre ambas comunidades en la medida de lo posible. "Llevo veinticinco años de mi vida contemplando la vergüenza que ese muro representa, pero al mismo tiempo sé que con él tenemos cierta seguridad", asegura una vecina protestante.
El influjo de los muertos es más fuerte que el de los vivos en Irlanda del Norte

El IRA y los Paramilitares Unionistas imponen la ley en sus respectivos territorios. Ambos grupos conocieron un verdadero renacimiento a partir de 1969, tras años de declive. Las normas que el fanatismo ha implantado aconsejan no adentrarse en territorio enemigo (bad country) y prohiben toda relación con los miembros de la otra comunidad. Jean McConville, una católica del barrio de Falls, fue asesinada por el IRA en 1972 por atender a un soldado británico que había caído herido a la puerta de su casa. Otra católica, Bernadette Martin, fue asesinada por unionistas para interrumpir su noviazgo con un joven protestante. Sólo un 9% de las parejas de Irlanda del Norte son mixtas y las escuelas de Belfast donde católicos y protestantes comparten pupitre se reducían a tres en 1998. Los terroristas también castigan los comportamientos antisociales dentro de sus respectivos grupos. Una paliza con bates de béisbol o un tiro en la rodilla es el escarmiento reservado a los pequeños traficantes o a los delincuentes de poca monta. Otros han sido crucificados en un semáforo. Es la ley del gueto. Ambos grupos disponen de su propio martirologio para facilitar la cohesión interna. Los protestantes reverencian a Guillermo de Orange (King Billy) y desfilan todos los meses de julio por el mismo lugar en que derrotaron a sus enemigos en 1690. Los católicos no olvidan a Bobby Sands, muerto en 1981 después de 66 días en huelga de hambre, y no dejan pasar una año sin honrar a los muertos de la rebelión de Pascua de Resurrección de 1916. "La vida brota de la muerte; y de las tumbas de los hombres y mujeres patriotas brotan naciones vivas", escribió Patrick Pearse, uno de aquellos mártires, poco antes de su muerte. El influjo de los muertos es más fuerte que el de los vivos en Irlanda del Norte.
El principal mérito del libro de Rogelio Alonso es escuchar a todos. Ni uno solo de los actores del drama norirlandés deja de desfilar por las páginas del libro

Ninguno de los protagonistas que propiciaron el acuerdo de paz de Stormont de 1998 era ajeno a este trágico escenario. Unos habían crecido en él, otros tuvieron que huir hace años bajo amenazas; la mayoría quería cambiarlo. El principal mérito del libro de Rogelio Alonso es escuchar a todos. Ni uno solo de los actores del drama norirlandés deja de desfilar por las páginas del libro: políticos como Gerry Adams, David Trimble o John Hume, líderes religiosos de la influencia de Ian Pasley o veteranos activistas del calado de Bernadette Devlin o Bernadette Sands-Mckevitt aportan su testimonio. Con todo, son lo irlandeses anónimos, los que ha protagonizado y sufrido la violencia a lo largo de estos 25 años, los que se llevan la mayor parte del protagonismo del libro. Terroristas de ambos bandos, policías mutilados, pistoleros arrepentidos, vecinos anónimos, asesinos orgullosos de sus crímenes, ancianos sin esperanza de ver la paz... Todos contribuyen con sus vivencias a hacer más cercano el libro aunque a veces se caiga en la reiteración. El hartazgo por tanta violencia y el firme deseo de obtener al fin la paz son los sentimientos que anidan en la mayoría de los entrevistados. "Todo ha sido una maldita y sangrienta estupidez desde el principio hasta el fin", asegura un antiguo terrorista del IRA.
Cada uno de los firmantes del acuerdo de Viernes Santo de 1998 ha tenido que renunciar a alguna de sus aspiraciones aun a costa de ser tachados de traidores por los más extremistas de sus partidos

La conclusión del libro de Rogelio Alonso es clara. La paz debe incluir a todos pero nunca contentará a todos por completo, premisa que fanáticos como el reverendo protestante Pasley o el IRA auténtico nunca entenderán. Cada uno de los firmantes del acuerdo de Viernes Santo de 1998 ha tenido que renunciar a alguna de sus aspiraciones aun a costa de ser tachados de traidores por los más extremistas de sus partidos. La República de Irlanda eliminó los artículos de su Constitución que reclamaban la incorporación de los seis Condados del Norte a su territorio, el IRA reconocía en mayo de 2000 la legitimidad de las aspiraciones unionistas y Gran Bretaña ha satisfecho buena parte del programa republicano con la creación de un Parlamento Autónomo en Irlanda del Norte. El tiempo parece dar la razón a esta fórmula. Unionistas y republicanos comparten el gobierno de Irlanda de Norte en la actualidad y los líderes de ambos partidos recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1998. Arzalluz y Otegi no pueden presumir de tanto en el País Vasco. El Pacto de Estella excluyó a todos los vascos no nacionalistas, no exigió a ETA el abandono de las armas y llegó a un acuerdo secreto con los terroristas. La antítesis del acuerdo de Stormont.
El horizonte parece despejado y los acordes de Everyday is like this, la canción de Van Morrison que sirviera de improvisada banda sonora al proceso de paz, no se han apagado aun en las calles de Belfast

Pasarán décadas antes de que las heridas de Irlanda del Norte cicatricen por completo. Merece la pena ser optimista pese a todo. El horizonte parece despejado y los acordes de Everyday is like this, la canción de Van Morrison que sirviera de improvisada banda sonora al proceso de paz, no se han apagado aun en las calles de Belfast: "cuando no tengas que preocuparte, habrá más días como este/ cuando nadie tenga prisa, habrá mas días como este/ cuando no te traicionen con el viejo beso de Judas/ ya me dijo mi madre: habrá más días como este".
  • Suscribirse





    He leido el texto legal


  • Reseñas

    Todos los hombres del Führer, de Ferran Gallego (reseña de Rogelio López Blanco)
  • Publicidad

  • Autores

    Polanski. Biografía (I) (por Christopher Sandford)