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Tribuna/Tribuna libre
Vascos y alemanes
Por Bernabé Sarabia, domingo, 31 de diciembre de 2000
Ácida comparación entre nacionalistas vascos y alemanes, grupos que han fundamentado las señas de identidad de "sus naciones" sobre componentes míticos y raciales que conducen, primero, a la exclusión y, finalmente, al genocidio
Para entender el terrorismo de ETA hay que conocer Alemania. En los talleres vascos le quitan la rebaba a los tornillos mejor que nadie y en las fábricas alemanas hacen coches excelentes. Canta bien, aprecian la comida, son fuertes y andan montañas. Hace años el ideal de toda suegra era un ingeniero industrial de Bilbao y lo alemán ha sido siempre el paradigma de la seguridad.

El gran problema de tantos vascos y alemanes es su vocación genocida. Ayer eran los judíos, hoy son los maketos. Hay que exterminar porque los pueblos necesitan tiempo y espacio. De lo primero ya se han encargado las mitológicas germánicas y euskericas: sus orígenes se hunden en los confines de la historia. Con el tiempo no hay problema: unos y otros son el origen y estarán en el juicio final.
Arana, Arzallus o tantos otros, perciben que algo, muy grave, tiene que pasar para que precisamente ellos, tan magníficos, tan escogidos por Dios no puedan concretar la patria en sellos de correo

Por lo segundo, el espacio, alemanes y vascos llevan muchos años matando. El caso alemán es muy curioso: nunca ganan las guerras que organizan pero se recuperan enseguida. Arrastran la frustración de no haber tenido nunca imperio. Saben que nunca serán imperiales. Los vascos los son todavía menos. El pueblo más antiguo de Europa no ha sido nunca ni nación ni reino ni Estado. No han dispuesto de territorio. Arana, Arzallus o tantos otros, perciben que algo, muy grave, tiene que pasar para que precisamente ellos, tan magníficos, tan escogidos por Dios no puedan concretar la patria en sellos de correo.

Aquí cerca Portugal, más lejos Finlandia, incluso Lituania ha conseguido marcar sus límites espaciales. El caso lituano hiere a tantos vascos bien dispuestos a los distintos formatos de la violencia. Un país pequeño pegado a Rusia, una gran potencia de vocación imperialista. ¿Por qué ellos sí y nosotros no? Mientras buscan justificaciones al calor de unos "potes" de buen vino tinto o de una jarra de cerveza densa y espumosa, vascos y alemanes notan que la serpiente ha dejado sus huevos entre ellos. Tiempo, espacio y algo más.
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