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Antonio Méndez Rubio: <i>La desaparición del exterior. Cultura, crisis y fascismo de baja intensidad</i> (Eclipsados, 2012)

Antonio Méndez Rubio: La desaparición del exterior. Cultura, crisis y fascismo de baja intensidad (Eclipsados, 2012)

    TÍTULO
La desaparición del exterior. Cultura, crisis y fascismo de baja intensidad

    AUTOR
Antonio Méndez Rubio

    EDITORIAL
Eclipsados

    OTROS DATOS
ISBN: 9788415077244. Zaragoza, 2012. 14 €



Antonio Méndez Rubio (Fuente del Arco, Badajoz, 1967) (fuente de la foto: vasoroto.com)

Antonio Méndez Rubio (Fuente del Arco, Badajoz, 1967) (fuente de la foto: vasoroto.com)

David P. Montesinos ha sido profesor de Filosofía de la Universidad de Valencia y su tesis versó sobre Jean Baudrillard

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Reseñas de libros/No ficción
Antonio Méndez Rubio: La desaparición del exterior. Cultura, crisis y fascismo de baja intensidad (Eclipsados, 2012)
Por David P. Montesinos, lunes, 17 de febrero de 2014
Se cumple medio siglo desde que Richard Hoggart fundara en Birmingham el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos. Pese a que de los cultural studies se habla desde finales de la Segunda Guerra Mundial y que el campo de investigación que se abre a partir de esta denominación es pluridisciplinar y difuso, identificamos con esa fecha el surgimiento de una enérgica corriente de análisis crítico cuyos gran protagonista sería Raymond Williams. No es insignificante el que en algunos contextos se identifiquen los estudios culturales como “teoría poscolonial” o que la obra de Williams recoja la herencia de autores como Antonio Gramsci o Walter Benjamin. La orientación novedosa de esta corriente, una vez vencida la resistencia académica a abandonar la brecha entre Alta y Baja Cultura, consiste en conducir el análisis hacia los productos de la cultura popular y masiva, tanto en aras de desenmascarar las prácticas institucionalizadas que construyen la hegemonía como por identificar las posibilidades de resistencia que se abren en las formas de recepción de dichos productos. No sé de ningún investigador español que haya asumido esta herencia con todas las consecuencias de la manera que lo ha hecho el ensayista y poeta Antonio Méndez Rubio, de quien empezamos a saber cuando publicó sus primeros trabajos para la Universitat de València sobre el conflicto entre lo popular y lo masivo.

La idea de que el exterior desaparece abre,  a partir de una metáfora cautivadora, una perspectiva inquietante.  La advertencia no es nueva, se podría incluso afirmar que el pensamiento occidental no ha hecho mucho más en los últimos ciento treinta años que intentar alumbrar un pensamiento del afuera, es decir, una forma de no dejar a las ideas asfixiarse en el aire saturado de una cultura ensimismada, incapaz de vislumbrar alternativas al modelo de razón instrumental desde el que se ha gobernado la gestión de la herencia ilustrada.

En nuestro tiempo, como explica Méndez Rubio, la sobreproducción de información, de gadgets, de teorías, de objetos, de imágenes o de temores degenera en “pensamiento único”, es decir, impotencia a la hora urdir alternativas a una política y a unas formas sociales cuyo resultado, además de la pobreza y la injusticia, es la explosión publicitaria de las formas de la privacidad en detrimento del espacio público. Dice el autor:   “La hipóstasis de la domesticidad y la privacidad, con todo su estallido irrefrenable de nuevos mobiliarios, decorados, pasajes y estancias, convierte el espacio privado en el epicentro de la experiencia social, al precio, claro está, de funcionar como espacio compensatorio del debilitamiento de los espacios comunes, de la desrealización de lo social que conlleva la experiencia de la multitud como fantasmagoría.” (42) Méndez Rubio no evita acudir a los territorios donde se materializa esa pérdida: la calle, antiguo epicentro de la vida comunitaria, se vacía, convertida en mero escenario propagandístico o no-lugar destinado al tránsito anónimo.

Este proceso es asociado a un “fascismo de baja intensidad”, un fascismo que “carece de solución final porque no la necesita” (115) Es importante asumir con sus aristas esta terminología  porque lo que se cuestiona  es  la visión aquietadora que vincula el final de los viejos regímenes autoritarios con la mundialización de la democracia. Lo que falla en este discurso es la presunción emancipatoria, en la cual la masa es cotidianamente aleccionada, ya no desde las delirantes soflamas del Reichstag sino desde la sugestión dulce de unos medios que nos quieren, y nos quieren porque, en tanto que consumidores, somos su obediente clientela. El mayor logro del régimen es normalizar su dominio, presentarse como incuestionable, convirtiéndonos en ciudadanos indiferentes a los que los gobiernos pueden dirigirse insistiendo en que “no podemos actuar de otra manera, no hay alternativa”.

Allá donde se extiende el principio de que no hay elección quedan desactivados los impulsos a la desobediencia. El autor cree, no obstante, que sí es posible articular discursos antagónicos, lo que arrastra la disposición a la acción insumisa. Esa acción debe ser organizada y transitiva, debe transportar propuestas, pero debe asumir también el riesgo de una cierta dispersión. Para ser más exacto, lejos de viejas escatologías de la tradición revolucionaria, la resistencia debe aprender a instalarse en su propia incertidumbre, ya que su inspiración son prácticas políticas, sociales y culturales no colonizadas por el Estado y los medios de masas.  En este enfoque, que bebe de las aguas del anarquismo, se puntualiza que la denuncia de la dictadura de los mercados, a la que insistentemente nos referimos todos durante la recesión, no es entendible sin advertir la complicidad de unos estados que se han desenmascarado en estos años como agentes de vigilancia y garantes de la brecha socio-económica y la hegemonía cultural.

En las páginas de La desaparición del exterior no nos encontraremos sólo con un escrito urgente,  comprometido y admirablemente documentado, estamos ante un texto de lectura necesaria, puesto que –parafraseando a Ortega y Gasset-  queremos que nuestra condición no consista justamente en no saber lo que nos pasa. Bajo la mirada escrupulosa de Antonio Méndez Rubio atenderemos a una polifonía que nunca llega a confundir, pues todo toma forma dentro de una cartografía incierta pero razonable y seductora.  En ella encontramos la reflexión sobre los restos del Holocausto o la vigencia de las visiones de Gramsci o Adorno, pero también sabremos lo que nunca se nos ocurrió pensar del gato Garfield, las películas de la Disney  o los astutos spots de Ikea.
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