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Evo Morales y Mahmud Ahmadineyad (foto procedente de http://balun-canan.com)

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Carlos Malamud es Catedrático de Historia de América Latina de la UNED e investigador principal del Real Instituto Elcano

Carlos Malamud es Catedrático de Historia de América Latina de la UNED e investigador principal del Real Instituto Elcano


Análisis/Política y sociedad latinoamericana
El uso del velo islámico en la Bolivia multiétnica, pluricultural, plurinacional y multilingüe
Por Carlos Malamud, martes, 1 de diciembre de 2009
El pasado 24 de noviembre, coincidiendo con la visita de Mahmud Ahmadineyad a Bolivia, se inauguró un hospital financiado por la cooperación iraní en la ciudad de El Alto, vecina a La Paz. El acto, en sí mismo, no tendría nada de extraordinario si no hubiera sido por unas imágenes difundidas internacionalmente que mostraban a las médicas y enfermeras de dicho hospital a cubrirse con la hiyab (el velo islámico). No se sabe todavía a ciencia cierta si se trató de una medida excepcional de deferencia al huésped durante el acto inaugural, o será una norma seguida a rajatabla a partir de enero próximo, cuando el hospital entre en funcionamiento. De todos modos, la polémica está servida.
El artículo 1º de la Constitución boliviana de 2009, actualmente vigente, tras definir al país como “un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías”, añade que Bolivia se “funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país”. Estas breves líneas definen el proyecto político de revolución étnica que impulsa el gobierno de Evo Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS), el partido que lo apoya.

Una de las notas características del discurso del MAS en los últimos tiempos ha sido la reivindicación de los valores de los llamados “pueblos originarios” por encima de la cultura occidental. Es la diferencia entre el vivir bien, la aspiración de los indígenas que respetan la tierra y el medio ambiente, y el vivir mejor, propio de la depredadora cultura occidental. En la misma línea se han satanizado muchos de los valores culturales occidentales, a los que se asocia al imperialismo norteamericano.

¿Si con un donativo de 1,2 millones de dólares hubo tal respuesta, qué pasará cuando se hable de sumas mayores?

De ahí que me haya llamado poderosamente la atención la forma vergonzante en que un gobierno tan celoso de sus logros y sus valores ha claudicado frente a una imposición extranjera. Se podría justificar el acto diciendo que Ahmadineyad es un “hermano” y que la revolución islámica tiene una gran cantidad de puntos en común con la Bolivia plurinacional comunitaria, que al mismo tiempo es libre, independiente y soberana, y también con la revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI.

También se podría utilizar el argumento, algo más rebuscado, del diputado del MAS Gustavo Torrico quien dijo no mostrarse extrañado por el hecho, ya que en el supuesto caso de que Bolivia financiara la construcción de un hospital en Estados Unidos, se obligaría a sus trabajadores a usar lluch’us, los gorros de lana típicamente andinos. Ante esta actitud cabría preguntarse qué es lo que puede extrañar al diputado Torrico, que tampoco se extraña por el vaciamiento del poder judicial de su país, o por la violencia ejercida por unos indígenas oficialistas contra otros indígenas opositores. Sin embargo la cuestión de fondo del problema que nos ocupa es la siguiente: ¿si con un donativo de 1,2 millones de dólares hubo tal respuesta, qué pasará cuando se hable de sumas mayores?

Aun en el caso de que se constate alguna irregularidad no se sancionará a nadie, y menos a ningún iraní

Uno de los temas de debate gira en torno a si hubo o no compulsión para que las médicas y enfermeras si pusieran el velo y si la medida fue excepcional o será una constante en el funcionamiento del hospital. Según algunos testimonios anónimos de enfermeras contratadas, sólo había trabajo si se ponían el velo: “Nos han mencionado que si queríamos ser contratadas en el hospital deberíamos usar turbante y bueno, yo no entiendo qué significa, pero como necesito el trabajo, no tenemos otra opción”. Por su parte, desde las instancias de la gerencia del hospital se abundaba en otros aspectos. Según estas fuentes en el momento de la contratación se les preguntaba si estaban de acuerdo con las normas que se iban a implantar y todas estaban de acuerdo, no se obligó a nadie. En realidad, el velo es “parte del uniforme, bajo el concepto que esto [el hospital] es un pedacito de Irán en Bolivia.

La voz oficial sonó poco contundente. El ministro de Trabajo, Calixto Chipana, sostuvo que “nadie tiene por qué obligar a nadie. Estamos con leyes vigentes de nuestro país y, por tanto, cualquier extranjero tiene que respetar nuestras leyes bolivianas. Los consulados o embajadas internamente pueden respetar su cultura”. De una manera similar se expresó el ministro de Salud y Deportes, Ramiro Tapia, quien dijo que se harán respetar las leyes bolivianas. Chipana llegó a ser algo más enfático y apunto que en el supuesto que hubiera alguna infracción se sancionará duramente a la administración del hospital o a quienes hayan obligado a las mujeres a usar el velo. Mucho me temo que aun en el caso de que se constate alguna irregularidad no se sancionará a nadie, y menos a ningún iraní.

La población iraní en El Alto debe ser cercana a cero, una cifra próxima, aunque algo menor al tamaño de la colonia iraní en Bolivia. Por tanto, ¿para qué quiere Irán un hospital a 4.200 metros de altura? El gobierno de Morales, a veces tan celoso de su independencia, debería haber puesto algunas condiciones a esa construcción. Pero si partimos de la base de que ni Venezuela, ni Nicaragua, ni Ecuador, ni Bolivia han pedido explicaciones al gobierno iraní por el carácter fraudulento de las últimas elecciones, ni por la represión ejercida a continuación, cómo se va a tener una actitud semejante. Con todo, lo peor de la última gira de Ahmadineyad por América Latina no han sido los comportamientos bolivarianos, más o menos predecibles, sino el espaldarazo que el programa nuclear iraní recibió del gobierno brasileño. Como bien dijo Moisés Naím, Lula se equivocó. Pero Morales también.



Gobierno Iraní financia un hospital de Segundo Nivel en la ciudad de El Alto (vídeo colgado en YouTube por ComunicaBolivia)
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