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Daniel Riu Maraval

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Florentino Huerga (Zamora 1934-Barcelona, 2005)

Florentino Huerga (Zamora 1934-Barcelona, 2005)

Florentino Huerga: "Los laberintos del agua" (Huerga Fierro Editores, Madrid, 1997)

Florentino Huerga: "Los laberintos del agua" (Huerga Fierro Editores, Madrid, 1997)

Florentino Huerga: "Del amor y otros desengaños" (La Mano en el Cajón, Barcelona, 1981)

Florentino Huerga: "Del amor y otros desengaños" (La Mano en el Cajón, Barcelona, 1981)

Florentino Huerga: "Nosotros las víctimas" (La Mano en el Cajón, Barcelona, 1978)

Florentino Huerga: "Nosotros las víctimas" (La Mano en el Cajón, Barcelona, 1978)

Florentino Huerga: "Apuntes para otra historia" (Ediciones Marte, Barcelona, 1974)

Florentino Huerga: "Apuntes para otra historia" (Ediciones Marte, Barcelona, 1974)

Florentino Huerga: "Pasos en la arena" (El Toro de Barro, Madrid, 1972)

Florentino Huerga: "Pasos en la arena" (El Toro de Barro, Madrid, 1972)

Florentino Huerga: "Un puñado de ceniza" (La Mano en el Cajón, Barcelona, 1971)

Florentino Huerga: "Un puñado de ceniza" (La Mano en el Cajón, Barcelona, 1971)

Florentino Huerga: "Carta irreverente a su divinidad en las alturas" (Separata, La Mano en el Cajón, s. f.)

Florentino Huerga: "Carta irreverente a su divinidad en las alturas" (Separata, La Mano en el Cajón, s. f.)


Tribuna/Tribuna libre
Florentino Huerga: su poesía intimista
Por Daniel Riu Maraval, sábado, 31 de diciembre de 2005
En el breve escrito que acompaña al último libro publicado por Florentino Huerga, Los laberintos del agua (1997), transcribí las palabras en las que el poeta exponía, “si ser poeta social significa untar la pluma en el propio corazón y hablar desde la más intima manifestación de la sangre, sí, soy poeta social, pero si a esto también se le puede llamar intimismo, soy un poeta intimista”. Y en el mismo texto, hice constar que “su poesía, y ello determinado por la temática que desarrolla, fue encuadrada en la denominada social, si bien una detenida lectura de su obra nos llevará a consideraciones y matices que hacen no encasillarla dentro de un modelo explícito”.
El transcurso del tiempo, cerca del decenio, no ha hecho más que confirmar estas afirmaciones. La lectura de sus dos poemarios inéditos –-posteriores al antes indicado-- , y los comentarios sobre los mismos mantenidos con el poeta, hacen aún más innecesaria la tan socorrida busca - practicada por algunos analistas - de influencias, parentescos, corrientes y tendencias estéticas que la mayoría de las veces, solo sirven para desvirtuar ese maravilloso enigma que encierra la poesía. Por tanto, no debe confinarse ni reducirse la voz de Florentino Huerga. Hay que aceptar y reconocer que su verso, amplio y profundo, desborda cualquier límite y da cabida a todos y cada uno de los temas esenciales del hombre.

En la antología de la Poesía Española de Gerardo Diego, León Felipe señalaba, “ todo lo que hay en el mundo es mío y valedero para entrar en un poema”. Idénticas premisas acompañan inseparablemente la trayectoria creativa de Florentino Huerga, sus planteamientos poéticos surcan todos los territorios. Ya en su primer libro, Poemas de mala sombra (1968),

deja constancia de su estar,

Yo estuve aquí, también soñé,
repté, quise, odié, dejé marchar el agua
virgen mientras la tierra se quemaba.


Tuve un dolor profundo ¡como todos!
cerca del corazón, donde se muere,
donde el azul hace más daño
y la noche da más alegría.


de esa continua busca, que hace nuestra,

pero en alguna parte queda un hueco
donde podemos dejar el dolor,
las aristas, las llagas del camino,
el viento negro, la amargura,
los muertos prematuros y enterrados.


del amor,

Cuando te besé por última vez aquella noche,
se acababa de apagar un niño,
se salía el aire de las ruedas,
se rompió el silencio de una esquila,
se cerró una puerta,
se borró el camino,
se cayó de bruces la noche en la cuneta.


el arrepentimiento,

Me arrepiento de haber querido mucho poco tiempo ...

*


Me arrepiento de haber tenido un pájaro
dos horas en la mano;
dos horas de un pájaro, son muchos azules,
son muchos árboles, muchos puentes, muchos prados,
muchos ríos y caminos tenidos en la mano.


*


de la denuncia y la esperanza,

En plena infancia no sé quién
dejó en mis manos un pico y una pala.

No sé quién llevo la manta y la lumbre de mi casa
dejó el frío
y el sueño desquiciado de mi infancia.
No sé quién a mi madre dejaba siempre lágrimas
y a mi padre el pan atado a una cucaña.

No sé quién
le trajo sangre a mi garganta..

Pero alguien me puso el cielo azul,
la luz, el beso, el árbol, la montaña ...
alguien
hizo también azul el agua.

Y alguien junto al tronco
me puso la esperanza.



El extenso poema que en su día había de formar el libro titulado Un puñado de ceniza (1971), lo recoge el poeta en Apuntes para otra historia (1974), manteniendo idéntica extensión y contenido, pero cambiante en cuanto a su estructuración, dando de esta forma una mayor significación e intensidad expresiva a los versos que lo componen. Con ellos, Florentino Huerga nos lleva al recuerdo de aquello antes tenido, o tal vez, al deseo incumplido de tenerlo.

Ayer
sobre el vuelo azul de las palomas
la luz llegaba a las ventanas
y los niños tenían en sus manos
un globo enorme de alegría.

Ayer
sobre los verdes encendidos
los juncos del río, las retamas,
las golondrinas, los jazmines,
las notas hondas de guitarra
y el rítmico candor de la armonía.

Ayer
nada más llovía silenciosamente
y la tierra olía a humanidad, a claridades,
a tulipán y almendra.

Ayer
colgaban gallardetes los balcones,
las sombras nadie conocía.
El hombre de la mano abierta
traía en cada mano una amapola,
en cada diente una sonrisa.


y en el andar, en ese interminable andar, el hombre

Cansado
de regresar
tomó el camino de ir únicamente
pero ir solo
era monótono
y resolvió
parase de repente
y atar todas sus huellas
a una barca anclada
sin timón y sin barquero.


Pasos en la arena (1972).

pero son muchos los caminos, y en el largo recorrido hacia ese “allí” donde “gritaremos nuestra terrible angustia”, el poeta llama y se acompaña de “Daniel”, sirviéndose del mismo y utilizándolo “para un poema en clave” –-como explícitamente manifiesta-- , que habrá de figurar con igual titulo en Apuntes para otra historia (1974).

(Epitafio a la palabra)
Fragmentos.

Mira ven
dame la mano
he dicho la mano
sí como si hubieras comprendido
comprendido Daniel
.

No te detengas
no analices
avanza
avanza por el blanco papel
avanza Daniel
hacia la nada.


Sigue
que el camino lo hace
la pisada y la voz.


No te detengas
el huerto se ha ensanchado
mira
ya que lejos
que lejos las espigas.


Cuando amanezca
ya sin nosotros
el nuevo día
Qué habrá Daniel
a la derecha del parque?
Qué habrá
en el recodo de la tarde?
En el huerto
qué habrá ya sin nosotros?


Gritaremos Daniel
tú y yo
solos
elementales
gritaremos nuestra terrible angustia.


Después
devolveremos
a las espumas
nuestra voz inservible
porque nos vencieron los signos
para siempre Daniel
para siempre ...


Como bien apuntaba Leopoldo de Luis al prologar Nosotros las víctimas (1978), “Florentino Huerga juega limpio: dice su verdad, nos habla de lo que teme y de lo que le repugna, de lo que condena y de lo que cree”, utilizando una poesía en donde “no deja de asomar lo humanamente tierno y hasta lo sentimental”.

Y llama,

... con nuestra voz de sueño,
con nuestra probada impotencia
con nuestro desengaño,
a los ángeles que vigilan la ciudad,
para que se hagan mediadores ...


y solicita

Que no se queden las calles
solas y sin canciones,
sin música el regato,
sin risas los caminos,
sin voces las escuelas,
que no se queden los montes sin destino,
que pueblen las veredas los jilgueros
y los árboles, del ruido
cálido de algarabías.


y enuncia en sus poemas ese “amor que es difícil y duele”, naciendo –-de esta dificultad y este dolor-– los versos que han de componer Del amor y otros desengaños (1981). En este poemario el autor, ahora ya de una forma unitaria, desarrolla ampliamente la temática que el propio titulo nos indica.

Este es el tiempo que viene hacia nosotros
y se va hacia una noche sin orillas
amor, y la esperanza posada está
en tus labios, que son una promesa
no cumplida, sólo cumple el tiempo inexorable
su ciclo con el hombre.


No hay otro camino,
sólo la noche aguarda
aunque ignoremos, amor,
que allá se quiebra la luz,
allá rompe el equilibrio
la claridad que habita nuestros ojos.


No hay otro lugar para quererte
que este páramo hosco, esta sequedad
que a veces humedece la nube pasajera.


No hay otro lugar tan entrañable
que este lugar de tránsito hacia el sueño.

Mañana, amor, habrá en la paramera
un árbol feliz y será tu nombre
al viento cardinal
rompiendo las paredes.


*


Esta tierra que habitamos
los dos, este siglo ancho
que apenas nos contiene,
esta luz que nos llega a la cintura
este pañuelo tejido por las manos
hábiles y clandestinas,
este tremendo espacio
sin tiempo apenas para lanzarlo al viento
voraz, hosco y tan nuestro,
estas breves entregas escondidas
y la mirada clara,...


*


Dime mujer cuál es el nombre mágico
que hay que pronunciar para sentir tu aliento,
qué nombre de ángel o de bruma,
qué nombre acribillado por torres y campanas.


*


Después ni una señal.
Estamos solos.


*


Hasta dieciséis años después –-a excepción hecha de la separata Carta irreverente a su divinidad en las alturas--, no aparecería otro libro de Florentino Huerga. En el que había de ser su postrer poemario Los laberintos del agua (1997), nos trasmite –-con una mayor nitidez´-– esa tristeza esencial, esa angustia de la busca, ese aislamiento y soledad –-especifica o no específicamente expresados-– que de una u otra forma se convierten en las constantes que han de acompañar su trayectoria poética.

No sé como decirlo, parecía
la vida entera que caía
de pronto de tus dedos, como el polvo
irremediable de la muerte.


*


Qué rehenes de espejos y cristales
están en la memoria?
La soledad tallada
en la dura corteza de la encina,

avanza vena a vena,
recorre el cuerpo,
desgarra las costumbres
y el temblor de la escarcha
en el umbral
de las mañanas.


*


Podía decir que te he buscado
tenaz entre los pliegos de la ortiga,
en los severos segmentos
de las rosas,
en las obscenas cicatrices
del insomnio,
en los filamentos monstruosos
del vacío
y solo encontré leves abstracciones,
fragmentos amarillos el letargo,
átomos premonitorios
de los signos
de la nada y sus abismos.


y en la palabra, limpia de todo ropaje superfluo, brotan incesantes la emoción y el misterio,

Qué hay que decir ahora
con la lengua y con las manos?


Qué arquitectura de sombras y de bultos
hay que deshacer
en la tela de araña
en la breve desolación del agua?


*


Qué hacer sin las canciones gloriosas?
Solo queda el perfume
del viento del invierno,
las sombras en los anchos girasoles.


quizás por ello el poeta, que contempla entregado como “el tiempo se deshila”, no aspira

... a más dicha que el abrazo
imposible de la luz.


quizás, al igual que en los versos de Eugenio de Nora,

“Porque todo fue un sueño, porque despierto y miro
la luz, la luz. He sido. ¡Porque ya nada quiero!”.
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