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Juan Antonio González Fuentes

Juan Antonio González Fuentes

    NOMBRE
Juan Antonio González Fuentes

    LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO
Santander, 1964

    CURRICULUM
Es Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Cantabria, de cuya Aula de Letras fue creador y director durante seis años. Como poeta ha publicado los libros Además del final (Endymión, 1998), La luz todavía (DVD, 2003) y Atlas de perplejidad (Icaria, 2004). Fue cofundador de la revista La Ortiga y dirigió la revista literaria Componente Norte.




Además del final (Endymión, 1998)

Además del final (Endymión, 1998)

La luz todavía (DVD, 2003)

La luz todavía (DVD, 2003)

Atlas de perplejidad (Icaria, 2004)

Atlas de perplejidad (Icaria, 2004)


Creación/Creación
Antología poética
Por Juan Antonio González Fuentes, lunes, 4 de abril de 2005
En la actualidad forma parte del consejo científico de Trasdós, revista del Museo de Bellas Artes de Santander. Es también autor de las ediciones literarias del poemario Los muertos (Universidad de Cantabria, 1997) y del volumen Poesías completas (DVD, 2000), ambos de José Luis Hidalgo. Junto a Lorenzo Oliván coordinó la obra Espacio Hierro, dos volúmenes que recogen ensayos sobre José Hierro (Fundación Marcelino Botín y Universidad de Cantabria, 2001); y junto al profesor José Mª Beneyto recientemente ha coordinado el volumen María Zambrano, la visión más transparente (Trotta, 2004). En la actualidad está preparando una edición de las poesías completas de Carlos Salomón para la Universidad de Cantabria. Ejerce la crítica literaria en revistas y publicaciones como Clarín, El Diario Montañés, Lateral, Revista de Libros, y la revista electrónica Ojos de Papel.
ALGUNOS COMENTARIOS CRÍTICOS SOBRE SU OBRA

“Conozco la poesía de J. A. González Fuentes anterior a este Además del final y, por ello, estoy en situación de advertir un ‘despegue’ cualitativo que no es propiamente un abandono de los recursos –tan escuetamente nobles- de su anterior manera, ni tampoco del tejido existencial en que ésta se fundaba, sino búsqueda –y hallazgo- de una esencialización que nada tiene de pretenciosa ni ornamental, que no consiste en poner énfasis en la palabra, sino en dejarla en sus puros y más transparentes huesos”.

ANTONIO GAMONEDA



“En el caso de la poesía de J. A. González Fuentes el lector ha de tener en cuenta no sólo el sentido recto de la interpretación, sino que se le impone la conciencia de la lingüisticidad del acto poético, la extrañeza ante la propia lengua. Ninguna paráfrisis, ninguna interpretación podrá agotar la riqueza simbólica de las palabras tal y como las ha dejado escritas el autor”.

DÁMASO LÓPEZ GARCÍA



“...la poesía depurada, casi enteca, de Juan Antonio González Fuentes no reclama paráfrasis, referencias a una realidad exterior, ajena a ella, y mucho menos articulación lógica, narrativa, sino una concentración extrema, un adentramiento en su propio latir, preciso y cósmico, que se extiende por la página desnuda como un aceite encendido”.

EDUARDO MOGA



“El libro se inscribe en esa tradición que aúna poesía y pensamiento. Por este camino, por el que se mueve en la actualidad parte de nuestra mejor poesía, Juan Antonio González Fuentes busca la sustancia de la expresión poética, ahonda en la cantera de la polisemia y ha conseguido de ese modo indudables hallazgos... No es complaciente con el lector y no admite una lectura frívola. Que cada lector, como dice el poeta Ángel González, actúe a su vez como poeta”.

ALEJANDRO CESPEDES



“Se trata de una poesía (la de González Fuentes) despojada, sobria de dicción, de reverberación profunda, que sugiere más de lo que dice y dice menos de lo que calla...; poesía que cerca temblando el misterio del tiempo y la luz, y se detiene justo ahí donde un paso más podría traicionar, con explicitud engañosa, el núcleo indecible de lo que ha de significarse. Poesía de indagación existencial, apuntábamos, valiente y desnuda, que se aventura en los límites donde la precisión es un riesgo, y una querencia sin nombre curva el horizonte de angustia”.

JORGE RIECHMANN



“Estamos, pues, ante una poesía desnuda, certera, luminosa, conscientemente reducida a sus puros y más transparentes huesos, como escribió Gamoneda de la poesía de González Fuentes. La voz de los indecible, en definitiva”.


LUIS GARCÍA JAMBRINA



***



I

Ya nadie me llevará al Sur.
Salvatore Quasimodo

...desprecio la amplitud de los mares y me acojo a la intensidad de la excepción, desde donde el mundo –dicen- es sólo ocaso y un adiós sin invierno pronunciado.


II

Marcho como el mármol final de un sueño, como el espejo que solícito devuelve la guirnalda al calor de su entierro.


III

¿Dónde hiela el viento la nube que en la noche me sitúa? Tu ausencia se cierne con gozo entre mi sombra, y canto luego la mirada oscura, el golpe certero a la arena muerta.
Hierro es entonces tu bendición sin pausa.


IV

a Olvido García Valdés

En la llamada también la espera, la mañana distinta sin remedio, la nada que los cantos disponen como el leve margen de esa piel que el tiempo cifra cuando menos. Y de entonces será luego este final concreto, todos los motivos que concluirán el cerco, que en él advertirán la incisa fatiga de un después.


V

No hay claridad en los hallazgos. Con su canto niegan la variedad de mi mano, o aquella luz que los cuerpos entumece y la nada enseña tras el relente fugaz de un viaje: ese tiempo donde se revelan las únicas certezas, y la lejana, la indómita autoridad de los paisajes.


VI

Queda sólo el color vertical del fósforo frío que ocupa el mundo y me sueña con la justa distancia, ausente apenas en el bulto erguido de esta lluvia tensa y cruda, que tras un solo tiempo discurre para al fin encontrarme aquí, perdido, como el dios más descuidado que siempre, siempre te persigue.


VII

a Antonio Gamoneda

Me dispongo atento, pero con arbitraria imprecisión, al solo esfuerzo de esa voz que normaliza la más abierta de las memorias, el álgido momento en el que se incuba la única integridad posible, su nutritivo y jubiloso término, aquel que nunca en todo será de nada.


VIII

a Jorge Riechmann

De la herida nos acepta su ritual invariable, la afirmación donde queda abierta la pujanza de un gesto, la tarde incalculable que tizna de aristas el final.
Mas insisto ahora en saber si aquella luz que a la espera obliga perdiendo claridad, será mañana semilla cierta de intemperie, ceguera insomne hacia algún otro lugar.


IX

Esta luz que sin noticias se hace fuerte en el retraso, en el espacio tembloroso donde unánime es el medio de mi paz. En ella, dentro de su mínimo sendero blanco, descubro con elegida esclavitud el rumor sin margen de una alegría casi cierta, la mano cerrada a la efímera indigencia, a la piedra fiera que encendida espera el último clamor de lo intacto.


X

Tu no cambias. Eres oscura.
Cesare Pavese

Es el exilio en el que crece la piedra con el arte de la flor inmóvil, con la súbita altura de una firme y repetida ofrenda, quien usurpa la distancia al aire vuelto y se eleva sólo por tensar un canto, el grito oscuro que nos dice, huyéndose en el más de cada instante.


XI

Concilio el secreto paso hacia dentro, y en mi memoria asciende la blanca lumbre del redoble que declina, del acierto que trae el ajeno invierno como rescoldo fingido de alzada prisa, como arena destejida que se marcha cansada y aún ardiendo, signo de espera en otra hondura.


XII

Alza la amplia discordia bronce del viento, su augurio acorde con la ociosa marcha que traza fugaz lo cierto.
Siente el gris que alude a la materia, acepta el incienso luminoso de la arena que inclina sonriendo la cabeza, pues serás testigo de esta herida que afirma por dentro mi empeño, que exalta mandíbulas y verbo y al final lo adorna todo con su ancho cauce, con su roto yermo de azul primero.
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