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Carlos Malamud es profesor Titular de Historia de América Latina de la UNED e investigador principal del Real Instituto Elcano

Carlos Malamud es profesor Titular de Historia de América Latina de la UNED e investigador principal del Real Instituto Elcano



Tabaré Vázquez

Tabaré Vázquez

Liber Seregni

Liber Seregni

Danilo Astori

Danilo Astori

José Mujica

José Mujica


Análisis/Política y sociedad latinoamericana
Cambio de gobierno y cambio de rumbo en Uruguay
Por Carlos Malamud, miércoles, 2 de marzo de 2005
El 1 de marzo asumió en Uruguay el gobierno de la coalición del Frente Amplio – Encuentro Progresista – Nueva Mayoría encabezado por el nuevo presidente de la República, el médico oncólogo Tabaré Vázquez. Se trata de una situación novedosa en la historia política uruguaya, dominada durante más de un siglo y medio por los partidos Colorado y Blanco o Nacional, una situación que aporta algunas certezas a la vez que numerosos interrogantes.
Se suele señalar que la llegada del Frente Amplio al poder implica la derrota de los dos partidos tradicionales. En realidad, habría que precisar que el Frente Amplio no es ningún recién llegado a la vida política, ni se trata de una coalición de políticos advenedizos creada con fines mesiánicos o providencialistas. Ya en 1971 algunos partidos de izquierda se habían unido a algunos militares, como el general Liber Seregni, el dirigente mítico del Frente Amplio recientemente fallecido, y a los Tupamaros en una coalición que pretendía enfrentarse electoralmente con los partidos tradicionales. Desde entonces ha corrido mucho agua, incluida una sangrienta dictadura militar, pero la estructura de la coalición se mantuvo y fue capaz de incorporar a grupos escindidos de blancos y colorados, que se sumaron a otras agrupaciones de izquierda y de centro.

Si bien no se trata de un partido unificado, ya que la legislación electoral uruguaya facilita este tipo de coaliciones donde cada uno de los socios mantiene claramente sus señas de identidad y sus estructuras organizativas, estamos frente a un proyecto de poder sólidamente asentado, muy maduro y con un amplio reconocimiento social, a tal punto que muchos de los votantes que con su sufragio permitieron el triunfo del Frente Amplio, son seguidores de los partidos Blanco y Colorado, mientras otros ya lo visualizan como un elemento más del sistema de partidos uruguayo.
Decir que Chávez y su movimiento bolivarianista pertenecen a la izquierda es un atentado a la razón y a la inteligencia

Otro de los tópicos vinculados a la victoria de Tabaré Vázquez está relacionado con el giro a la izquierda en América Latina. Es más, como estaba previsto que a la toma de posesión de Vázquez acudieran los presidentes Lagos,de Chile; Lula, de Brasil; Kirchner, de Argentina y Chávez, de Venezuela; junto al cubano Fidel Castro, se hablaba de una cumbre de la izquierda latinoamericana. La ausencia de Castro, por motivos de salud, ha quitado algo de morbo al acto celebrado en Montevideo, donde también estuvieron presentes el Príncipe de Asturias y los presidentes de las comunidades autónomas de Cataluña y Galicia, el socialista Pascual Maragall y el popular Manuel Fraga.

La verdad es que para aquellos que nos formamos en el clima de la Guerra Fría decir que Chávez y su movimiento bolivarianista pertenecen a la izquierda es un atentado a la razón y a la inteligencia. Su acendrado populismo y su proyecto de construcción de un gobierno cívico-militar, apoyada no en un ejército popular y revolucionario, sino en la Fuerza Armada Nacional tradicional, son un paso más en la larga tradición del nacionalismo antiimperialista latinoamericano, que poco tiene que ver con la trayectoria de la izquierda continental, en cualquiera de sus variantes. El problema de una parte de la izquierda internacional es que ante la falta de propuestas que den sentido a su actividad, cualquier cosa que se levante contra Estados Unidos es reivindicada como propia. Eso pasó en su momento con el ayatolá Jomeini e incluso con Sadam Hussein. También se insiste en vincular a la izquierda al presidente Kirchner, miembro del populista partido Peronista, el mismo al que pertenecen los ex presidentes Menem y Duhalde, que distan mucho de poder ser definidos siquiera como progresistas.
Vázquez envió un claro mensaje a la sociedad uruguaya y a los mercados internacionales señalando el rumbo inequívoco de su gestión económica

Frente a esta situación son muchos los que se preguntan por la línea futura del gobierno de Tabaré Vázquez. ¿Seguirá los pasos de Lula y Lagos o se inclinará por la línea populista de Chávez? Si bien el Frente Amplio no es un partido homogéneo, la mayor parte de sus integrantes responden a distintas tradiciones de la izquierda (socialistas, comunistas, anarquistas o ex guerrilleros tupamaros), del centro izquierda o incluso de la democracia cristiana. De entrada, esto limita las pulsiones populistas de la nueva coalición gobernante. Tampoco se debe olvidar que la sociedad uruguaya es la más envejecida de América Latina, lo que implica un elevado número de jubilados y pensionados y un sesgo conservador de sus ciudadanos, más allá de la simpatía declarada a personas como Castro o Chávez.

Sin embargo, incluso desde antes de la campaña electoral, Vázquez envió un claro mensaje a la sociedad uruguaya y a los mercados internacionales señalando el rumbo inequívoco de su gestión económica. En este sentido, su ministro de Economía, Danilo Astori, es un firme partidario de no improvisar en la materia y mantener la senda de la disciplina fiscal que ha permitido la espectacular recuperación uruguaya. Por tanto, mucho más Lagos y Lula que Chávez. Y por si esto fuera poco, hay que señalar el importante acuerdo logrado por el Frente Amplio con los partidos Blanco y Colorado para consensuar las políticas relativas a economía, relaciones exteriores y educación. Si los acuerdos se mantienen se mandará una señal muy clara de que no es necesaria la confrontación social ni la ruptura para avanzar en un programa de cambios y transformaciones. El paso dado tiene más valor si tenemos en cuenta que el Frente Amplio tiene garantizada una amplia mayoría en ambas cámaras del Parlamento Nacional.

Sin embargo, no todas son rosas en el camino del Frente Amplio. La corriente mayoritaria dentro de la coalición es la de los Tupamaros, liderada por el senador y nuevo ministro de Agricultura José Mujica, mientras que la Asamblea Uruguay, de Astori, es el grupo que le sigue en importancia. Mientras Mujica viva, él mantendrá el control de sus gentes y seguidores. Pero su estado de salud no es bueno, y no debería descartarse el desarrollo por parte de los Tupamaros y otros grupos ubicados más a la izquierda de una agenda propia, más confrontacionista, como ocurre con la fracción más extrema del PT brasileño. La derrota sufrida por el candidato oficialista a presidir el Congreso brasileño fue un duro varapalo para Lula, que puede comprometer incluso su proyecto de reelección. De modo que no habría que descartar, en un futuro, una posible ruptura del oficialismo uruguayo, aunque de momento las cosas van por una dirección totalmente diferente. El éxito del nuevo gobierno dependerá, por tanto, de su capacidad de sintonizar con la mayoría del pueblo uruguayo y no sólo con una vanguardia iluminada de militantes.
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