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Opinión/Cartas al director
Cartas
Por --------, viernes, 10 de diciembre de 2004
COMENTARIOS AL EDITORIAL

(Nota de la Redacción: el profesor Justo Serna ha enviado unas consideraciones sobre el editorial del presente nº de la revista; sus apreciaciones van en negrita y cursiva para diferenciarlas con claridad del texto del mencionado editorial)

¿Todavía queremos saber?

El queremos saber fue la baza fundamental de las fuerzas políticas y mediáticas de la izquierda para contribuir al vuelco en las elecciones generales que tuvieron lugar el 14 de marzo de 2004, bajo el tremendo impacto de la masacre terrorista de Madrid del día 11. Otras aportaciones sustanciales fueron la pésima gestión de la crisis del gobierno del PP, que permitió hacer creer a muchos que manipulaba, y el factor del miedo, en algunos casos disfrazado de pacifismo, que se ha demostrado finalmente inútil ahora que ya se sabe que los atentados se prepararon desde mucho antes de las operaciones de Iraq y que los islamistas planeaban continuar con la campaña de masacres, incluso después de la retirada de las tropas.

Desde entonces, las investigaciones judiciales, parlamentarias, policiales y periodísticas han aportado un alud de datos e indicios, muchas veces contradictorios, que han cambiado en parte la percepción sobre aquellos trágicos sucesos. Una conclusión relevante es que no se ha demostrado que el gobierno, primero confuso y luego ofuscado con la autoría etarra, llegara a efectuar la mencionada manipulación entre los días 11 y 14 de marzo. Si al Gobierno popular sólo cabe achacarle confusión y ofuscación con la autoría etarra, si no hubo manipulación alguna, ¿entonces... aquella confusión y esta ofuscación sólo se deben a un empecinamiento que les llevó o les lleva a estar fuera de la realidad? No sé qué es peor si manipular conscientemente para sacar ventaja electoral o para justificar un error gravísimo o si emprender una huida de lo real.

Es incuestionable la atribución de la serie de bombas en los trenes al terrorismo islamista. Fueron sujetos pertenecientes a esa red quienes compraron los explosivos, los armaron y los colocaron en los convoyes. Aunque hay indicios de contactos entre etarras e islamistas, la hipótesis de una implicación de ETA en el atentado es, a estas alturas, una mera conjetura con poco fundamento. Las extrañas coincidencias descubiertas hasta ahora no demuestran la colaboración de ETA. Sin embargo, el peso de los indicios todavía no permite abandonar esta vía de investigación. Imaginemos un crimen. Se comete, hay varios sospechosos, la policía investiga exhaustivamente y con profesionalidad descartando uno tras otro a los individuos a los que cabría imputarles el delito por proximidad o por ventaja circunstanciales. Los descarta y finalmente deja a uno solo sobre el que recaen todos los indicios. Meses después de esa pesquisa llega un inquisitivo superior, al que llamaremos Comisario, que dirigiéndose a sus subordinados y a la sociedad que reclama el descubrimiento de la autoría, dice: “No descartemos al mayordomo. Sabemos que es muy malo, que cometió numerosos delitos tiempo atrás y, pese a las apariencias, no se ha reformado. Por tanto, es muy probable que él cometiera este crimen, solo o en compañía de otros”. Los policías que han seguido la investigación durante tanto tiempo le contradicen: “Mire, señor Comisario, no hay ninguna prueba de lo que supone. Ninguna”. El Comisario, visiblemente irritado, responde: “No me contradigan. ¿Están ustedes en capacidad de descartar lo que yo digo? ¿Están ustedes en disposición de negar que haya sido el mayordomo? Miren, hay un principio general: mientras no existan pruebas que les imputen, ustedes mismos son potencialmente los autores del crimen”. Los policías, estupefactos, responden: “Por favor, señor Comisario, la policía no sospecha de todos porque no haya pruebas. Si así lo hiciera, atentaría contra el principio ‘in dubbio pro reo’. Sospecha de aquellos sobre los que recaiga alguna prueba. Afirmar lo contrario es simplemente paranoico”.

Las indagaciones efectuadas por la prensa independiente son las que más han contribuido a ahondar en la trama. Y lo que arrojan es luz sobre las conexiones españolas de los terroristas. La principal es la red asturiana. Es un hecho que los cabecillas, Antonio Toro y José Emilio Suárez Trashorras, vinculados al narcotráfico, meses antes del 11-S, y por tanto, a casi dos años de la intervención en Iraq, ofrecían grandes cantidades de explosivos a la venta. De este hecho se puede concluir que la posibilidad de realizar un atentado a la carta estaba vigente, al menos, desde la primera mitad de 2001. Los islamistas simplemente aprovecharon la oferta.

Las citadas investigaciones periodísticas apuntan hacia gravísimos fallos en la gestión de los recursos policiales por parte del gobierno popular, salpicados de descoordinación y descontrol,
Por tanto, ¿a qué ufanarse Aznar, Acebes y Zaplana por su gestión?

particularmente respecto a la Guardia Civil, tanto en sus unidades de élite, la UCO (Unidad Central Operativa), como en la región asturiana. Si bien hay que reconocer el enorme mérito del PP en el desmoronamiento del nacionalismo terrorista vasco, también es cierta la clamorosa dejación ante lo que estaba ocurriendo con el crimen organizados y su conexión con los fundamentalistas. Nada puede disculpar esta gravísima negligencia.
Esto mismo lo leí (con un tono menos inculpatorio) en el libro Ocho años de gobierno, de José María Aznar, un libro escrito (ya saben, ‘en colaboración’ con José María Marco) cuando aún estaba probablemente desconcertado. Ahora, por el contrario, Aznar saca pecho y no reconoce su “gravísima negligencia”. Por otra parte, aunque Eta parezca estar muy disminuida, gracias al PP y a la colaboración del PSOE, no tengo nada claro que se haya producido su “desmoronamiento”: no creo que unas mentes tan fanáticas se derrumben fácilmente: pueden sobrevivir en su inquina, en su odio, a poco que tengan medios y explosivos.

Sin embargo, pese a que los descubrimientos son profundamente negativos para el PP, el gobierno socialista de ZP, los grupos de izquierda y separatistas que lo respaldan parlamentariamente y los medios de comunicación adictos no cejan en su intento de cerrar de una vez y para siempre las vías de investigación abiertas por la prensa desafecta. Parece que ya no quieren saber, extraño si todo lo que aflora perjudica a sus oponentes políticos.
Me parece que en el editorial se emplea un tono airado que asemeja al que Aznar hizo suyo durante años. Vamos a ver: que uno sea adversario, como Aznar puede ser adversario de muchos, no justifica que el vocabulario, la expresión, el tono sea “guerracivilista”. La izquierda, al menos en sus facciones más estultas, ha podido emplear un lenguaje brutalmente derogatorio, incluso insultante, hasta el punto de identificar a los populares con el franquismo. Pero, atención, la derecha política y una parte de la prensa conservadora (yo no digo, los medios adictos: yo creo que es puramente descriptivo lo de prensa conservadora) cargaron sus discursos con un tono de cruzada verdaderamente temible. ¿Qué cabe esperar de los analistas? Pues que no se sumen al lenguaje de trinchera.
Podemos fijarnos, por ejemplo, en las posiciones de la Cope y de Federico Jiménez Losantos: su concepto de España y de nación, su idea de la política, sus juicios sobre lo real, son indiscutibles y quienes no convienen con él o son tibios merecen su condena más estridente, su rechifla.
Recordemos lo de 'Mari Complejines' de FJL refiriéndose a Rajoy ¿Se
puede ser más insultante? Por otra parte, el compadreo verbal de las tertulias de la Cope, tradicional en ese medio (don Antonio, don Federico, don Luis...), me produce irritación: es un modo falsamente campechano, un tuteo inapropiado que hace fraternidad entre los acólitos. O estás conmigo o estás contra mí (por cierto, una desgraciada frase bíblica).


Cabe pensar, pues, que si desean pasar página se deba a que consideran que la victoria en las urnas el pasado 14-M es moralmente ilegítima. Pero esto ya no es convincente teniendo en cuenta el amplio respaldo popular con que cuenta el gobierno ZP en las encuestas. Por lo que con su actitud no hacen otra cosa que alimentar el recelo y la suspicacia, algo que tiene mucho sentido si se piensa en el encubrimiento político, judicial, policial y periodístico desarrollado por la izquierda en los casos de terrorismo de Estado (GAL), de financiación ilegal del PSOE (FILESA) y de saqueo de fondos públicos y demás corruptelas a cargo del hampa socialista española en la etapa de gobierno de Felipe González.

Por último, cualquier persona sensata, cualquiera que sea su color político de preferencia, no puede dejar de darle vueltas a si la fecha elegida para el atentado tenía la intención política de apear a los populares del poder. Aunque estos hubieran podido desarrollar una estrategia de unidad de todas las fuerzas políticas frente a la agresión y parar así el durísimo golpe. Es posible que Aznar no pudiera sustraerse a la tentación de aprovechar la histórica oportunidad que ofrecía lo que se interpretaba, por casi la totalidad de la opinión, como atentado de ETA para invalidar durante años las expectativas de los separatistas. La comparecencia de un demudado Ibarreche avalaría esta hipótesis.
Una de las líneas de defensa de Aznar ha sido la de que desde primeras horas de la mañana del 11-M, todos los responsables políticos apuntaban a Eta como la autora de la brutalidad. Salió Ibarretxe, salió Otegi, salió... ¿Y? También yo pensaba que había sido Eta, también mis amigos y compañeros lo pensaron. Recuerdo aquella mañana, absolutamente desconcertados, hablando entre nosotros y diciéndonos: sólo le falta a Eta dar un paso aún más brutal: el uso de terroristas suicidas. ¿Y? Que pensáramos inicialmente que fuera Eta no es una prueba ni indicio ni nada. Es una impresión de personas que, como yo, estábamos desinformadas, simplemente porque no hacemos pesquisas policiales. Pero el Gobierno contó inmediatamente con datos de los servicios de seguridad, datos que fueron en aumento: no quiero pensar que el Gobierno popular se basara en corazonadas, impresiones, intuiciones o experiencias previas para sostener machaconamente que Eta era la línea de investigación prioritaria. Yo me sentí engañado, estafado, sobre todo el sábado 13. ¿Por qué razón? Porque durante tres días quise confiar en mi Gobierno, en el ministro del Interior y el sábado vi, por fin, que Acebes y Zaplana seguían insistiendo en lo de la línea prioritaria de Eta a pesar de los indicios que se sumaban en contra. Por otra parte, mi ejemplo contradice lo que machaconamente ellos sostienen: yo no cambié el sentido de mi voto, yo no acudí a manifestarme ante las sedes del PP (es más, creí que era un acto de dudosa legitimidad que podría llevar a suspender las elecciones), yo no insulté ni comparé a Aznar con los asesinos. Pero tampoco mis amigos, que votaron mayoritariamente al PSOE, obraron tal como Acebes y Zaplana dijeron. Sí que recuerdo una cosa: cuando ganó Zapatero respiré aliviado, pero no porque me entusiasmara (que no era ni es el caso), sino porque llevábamos meses y meses de discurso “guerracivilista”, de verbosidad ríspida (la de Aznar y algunos de sus acólitos, que no la de Rajoy), de cruzada.

Profesor Justo Serna (Valencia, 10-12-2004)
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