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Daniel Riu Maraval es poeta. En breve aparecerá su último poemario titulado, "Y perdemos los nombres de la piedra"

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Federico García Lorca en su casa de Granada (1923)

Federico García Lorca en su casa de Granada (1923)

Manuel de Falla (1876-1946)

Manuel de Falla (1876-1946)

Cartel anunciador del Concurso de Cante Jondo, obra de Manuel Ángeles Ortiz (1922)

Cartel anunciador del Concurso de Cante Jondo, obra de Manuel Ángeles Ortiz (1922)

"Canción de jinete" (De Canciones, 1921-1924) Autógrafo (clicar)

"Canción de jinete" (De Canciones, 1921-1924) Autógrafo (clicar)

Retrato de Falla, obra de Manuel Vázquez Díaz

Retrato de Falla, obra de Manuel Vázquez Díaz

Fragmento de la partitura de El Amor Brujo de Manuel de Falla (escenificada en 1925)

Fragmento de la partitura de El Amor Brujo de Manuel de Falla (escenificada en 1925)

Carmen de Manuel de Falla en la Antequeruela (Granada)

Carmen de Manuel de Falla en la Antequeruela (Granada)

Pintura de Roger Vandenbulcke

Pintura de Roger Vandenbulcke

Federico García Lorca (Buenos Aires, 1934)

Federico García Lorca (Buenos Aires, 1934)

Portada del número dedicado a Manuel de Falla por la revista Litoral (enero-febrero, 1973)

Portada del número dedicado a Manuel de Falla por la revista Litoral (enero-febrero, 1973)

Lorca, en la Huerta de San Vicente, meses antes de su muerte

Lorca, en la Huerta de San Vicente, meses antes de su muerte


Tribuna/Tribuna libre
Música, cante y poesía
Por Daniel Riu Maraval, martes, 6 de abril de 2004
Se hace difícil, por no decir imposible, hablar de Federico García Lorca y de su estrecha vinculación con el cante, sin que no aparezca la inigualable figura del que fuera gran músico y compositor Manuel de Falla. La amistad que llegó a unirles, y el hecho de compartir idénticas inquietudes y proyectos en la temática que nos ocupa, había de permanecer inalterable a lo largo de sus vidas. De que la admiración y afecto eran mutuos, no cabe la menor duda. Decía el maestro, ”me gustaría escribir versos con el mismo arte que Federico toca el piano", y Lorca –a su vez- veía en Falla la que había de ser su eterna pasión por la música, ”no sé qué vibra mejor en mí, manifestó en más de una ocasión, si mi admiración o mi cariño”.
Y fue la capital granadina, en la taberna-estudio de Antonio “El Polinario” –por la que desfilaron las más importantes figuras relacionadas con el arte y en donde, junto al buen vino, podía escucharse el mejor de los cantes-, testigo del conocimiento y primeros encuentros entre el músico y el poeta.

Falla, a su vuelta a España y después de una dilatada estancia en París, fijó definitivamente su residencia en Granada -año 1920- en uno de los carmenes de la Antequeruela Alta. Y precisamente allí, en la quinta que tantas veces fuera centro de reunión, surgió la idea de organizar un concurso de cantaores que reivindicase el abandonado arte flamenco y ofreciera una fiel y correcta imagen del mismo. Música, cante y poesía, el grito anclado estaba a punto de despertar.

El 31 de diciembre de 1921 y dirigida al Ayuntamiento de Granada, se presenta la correspondiente solicitud para la celebración del Concurso. Aparecen como firmantes –entre otras personalidades del arte y la cultura- los directivos del Centro Artístico, Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, Turina, Ramón Pérez de Ayala, Fernando de los Rios, Díez Canedo, Alfonso Reyes y un jovencísimo García Lorca, que por aquel entonces contaba con veintitrés años. ”La gratitud que hoy sentimos por Falla, señala el poeta Félix Grande, debemos arrimarla también a Federico. Ambos empujaron durante meses para que aquel tan accidentado proyecto llegase, sudoroso y feliz, a las noches del trece y catorce de junio”.

Y así había de ser, y sin que queden en el olvido los magníficos conciertos de Andrés Segovia, el incondicional apoyo de Rusiñol, Monpou y el maestro Pedrell, la fantásttica exposición de cuadros de Zuloaga y otros actos culturales previos al Concurso, Falla publica el ensayo titulado El cante jondo, sus orígenes, sus valores musicales y su influencia en el arte musical europeo –estudio en el que se han basado los investigadores del flamenco para la elaboración de posteriores trabajos- ,y Federico García Lorca, en un acto público celebrado en el Centro Artístico el 19 de febrero de 1922,pronuncia su conferencia sobre la Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz, llamado cante jondo.

“El cante jondo –nos dice el poeta-, es hondo, verdaderamente hondo, más que todos los pozos y todos los mares que rodean al mundo, mucho más hondo que el corazón que lo crea y la voz que lo canta, porque es casi infinito. Viene de razas lejanas, atravesando el cementerio de los años y las frondas de los vientos marchitos. Viene del llanto y del primer beso”


En el desarrollo de la misma, y teniendo en cuenta que Lorca no era –ni se le debe considerar- un flamencólogo, procede a resumir y enriquecer con su inigualable y particular visión, las conclusiones a las que había legado el maestro “con su sólida ciencia musical y su exquisita intuición”.

“El cante jondo –nos dice el poeta-, es hondo, verdaderamente hondo, más que todos los pozos y todos los mares que rodean al mundo, mucho más hondo que el corazón que lo crea y la voz que lo canta, porque es casi infinito. Viene de razas lejanas, atravesando el cementerio de los años y las frondas de los vientos marchitos. Viene del llanto y del primer beso”.

No hay adjetivos con que calificar acertadamente esta maravillosa definición del cante. Ya nos decía Ricardo Molina, ”que ni antes ni después hubo poeta que más profundamente haya captado el mundo y espíritu de lo flamenco”, y es que esa percepción y expresividad de lo inaprehensible, ese sutil y rotundo comunicar, solamente se hace posible dentro de la magia lorquiana. Cuando nos habla de la siguirilla gitana, en donde “las más infinitas gradaciones del Dolor y la Pena están puestas al servicio de la expresión más pura y exacta”, nos la dibuja “como el perfecto poema de las lágrimas, llora la melodía como lloran los versos, hay campanas perdidas en los fondos y ventanas abiertas al amanecer”, citando

Si mi corazón tuviera
birieritas e cristar
te asomaras y lo vieras
gotas de sangre llorar.

De noche me sargo ar patio
y me jartó de llorá
en ver que te quiero tanto
y tú no me quieres ná.

“El cante jondo canta como un ruiseñor sin ojos, canta ciego. No tiene ni mañana ni tarde, ni montañas ni llanos. No tiene más que la noche, una noche ancha y profundamente estrellada. Es un canto sin paisaje, lanza sus flechas de oro que se clavan en nuestro corazón. En medio de la sombra es como un formidable arquero azul cuya aljaba no se agota jamás”.

Y ese poeta –al que se ha convenido en llamar Pueblo- es el que hace que la poesía y el cante, a veces de distinta forma en cuanto a su manifestación, expresen y plasmen la eterna problemática del hombre, del ser como tal, de su existencia y de su destino


García Lorca, al igual que en su día don Antonio Machado y Alvarez –el que fuera iniciador de los estudios folklóricos en España-, se pregunta y nos pregunta, ”¿quién hizo estos poemas?”, ”¿quién es el autor de estas preciosas coplas?”. La respuesta de ambos a los interrogantes planteados es idéntica. A Lorca, ”le causa extrañeza y maravilla, como el anónimo poeta del pueblo extracta en tres o cuatro versos los más altos momentos sentimentales de la vida del hombre”, y don Antonio afirma, que “el autor de estas coplas es DON X, a quien, para no pasar plaza de ignorantes, hemos convenido en llamar Pueblo, el gran poeta anónimo”. Y ese poeta –me permito añadir- es el que hace que la poesía y el cante, a veces de distinta forma en cuanto a su manifestación, expresen y plasmen la eterna problemática del hombre, del ser como tal, de su existencia y de su destino,

cerco tiene la luna
mi amor ha muerto

“misterio sencillo y real, misterio limpio, el enigma siempre vivo de la muerte, el patetismo melancólico del cante jondo”.

El siete de junio, en un acto pocos días antes de iniciarse el Concurso, García Lorca da un recital en el hotel Alhambra, donde aparecen por primera vez versos de su Poema del Cante Jondo. En una carta anterior a estas fechas, anuncía a su amigo Adolfo Salazar, “ahora pongo los tejadillos de oro al Poema del Cante Jondo que publicaré coincidiendo con el Concurso –publicación que no se produciría en Madrid hasta 1931-, su ritmo es estilizadamente popular y saco a relucir en él a los cantaores viejos y a toda la fauna y flora fantásticas que llena estas sublimes canciones, por él desfilan la siguiriya...,

Va encadenada al temblor
de un ritmo que nunca llega;
tiene el corazón de plata
y un puñal en la diestra.

¿Adónde vas, siguiriya,
con un ritmo sin cabeza?
¿Qué luna recogerá
tu dolor de cal y adelfa?

Tierra de luz,
cielo de tierra.


Los poemas de García Lorca no cuentan, palpitan el flamenco. En ellos la palabra se alumbra, irradia, se hace duende y manantial de transparencias,

Muerto se quedo en la calle
con un puñal en el pecho.
No lo conocía nadie.
¡Cómo temblaba el farol
Madre.
¡Cómo temblaba el farolito
de la calle

La admiración del cronista de la época ante estas poesías, se convierte en clarividencia cuando en su reseña periodística señala. “La tarde fue para Federico García Lorca. Granada cuenta con un poeta. Este chico mañana será una gloria”. Nada más puede añadirse a tan rotundas y acertadísimas afirmaciones.

Si Federico García Lorca, con la autenticidad y hondura de su poesía, nos adentra en la pasión y dolor que encierra el cante, Manuel de Falla descubre los secretos que le rodean y nos los da a conocer por medio de su música y sus valiosísimos estudios


Y después de no pocas vicisitudes y dificultades, había de llegar la fecha señalada. Las noches del trece y catorce de Junio de 1922, la Plaza de los Aljibes de la Alhambra acogerá uno de los más importantes acontecimientos de la historia del cante, el Concurso del Cante Jondo. Por fin, Falla y García Lorca, unidos a las no pocas personas que colaboraron en tan difícil tarea, podrán ver realizado su proyecto.

Confecciona el cartel el pintor Manuel Angeles Ortiz, Ramón Gomez de la Serna procederá a la lectura del Pregón y los miles de asistentes, la cifra se acercaría a los cuatro mil, vibrarán con las actuaciones –dentro y fuera de concurso- de la Gazpacha, Manuel Torrres, Antonio Chacón, La Macarrona y un entonces casi niño Manolo Caracol. El Primer Premio corresponderá a Diego Bermúdez Calas “El Tenazas”, cantaor de más de setenta años, del que Falla diría “que era un arsenal de cante”, siendo precisamente con éste, con el que obtendría el galardón:

Yo tenía en mi rebaño
una cordera,
de tanto acariciarla
se volvió fiera.
El querer no tiene venganza
tú te has vengado de mí
del cielo tarde o temprano
castigo te ha de venir.

A partir de entonces y gracias a la indudable trascendencia del Concurso, se inicia una nueva etapa encaminada a la rehabilitación y merecido reconocimiento del cante. Si Federico García Lorca, con la autenticidad y hondura de su poesía, nos adentra en la pasión y dolor que encierra, Manuel de Falla descubre los secretos que le rodean y nos los da a conocer por medio de su música y sus valiosísimos estudios.

Música, cante y poesía. “En las coplas, la pena se hace carne. Es una mujer morena que quiere cazar pájaros con redes de viento”,

Todas las mañanas voy
a preguntarle al romero
si el mal de amor tiene cura
porque yo me estoy muriendo.

“No hay nada comparable –diría García Lorca- en la delicadeza y ternura con estos cantares”. Y continúa "los verdaderos poemas del cante jondo están flotando en el viento como vilanos de oro, están sobre una veleta ideal que cambia de dirección con el aire del tiempo. Nacen porque sí, son un árbol más en el paisaje, una fuente más en la alameda”.
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