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    GÉNERO
CINE

    TEMA
Crítica de la película Felices dieciséis del director Ken Loach (por Eva Pereiro López)

    OTROS DATOS
Título original: Sweet Sixteen.
Guionista: Paul Laverty.
Productor: Rebecca O’Brien.
Duración: 106 minutos.
Nacionalidad: Reino Unido.
Género: Drama.
Año: 2002.
Reparto: Liam (Martin Compston), la madre, Jean (Michelle Coulter), la hermana, Chantalle (Annmarie Fulton), el amigo, Pinball (William Ruane).
Premios: Mejor guión Cannes 2002 y Espiga de Oro del Festival de Valladolid 2002.




Ken Loach

Ken Loach


























Magazine/Cine y otras artes
Abrir los ojos
Por Eva Pereiro López, miércoles, 9 de abril de 2003
Liam (Martin Compston) proviene de una familia desfavorecida de una ciudad industrial cercana a Glasgow. Ha crecido en un ambiente violento y hostil, rodeado de drogas y con pocas esperanzas de escabullirse de él. Su madre, Jean (Michelle Coulter), está a punto de salir de la cárcel después de haber cumplido condena por tenencia de drogas; hace tiempo que Liam dejó de ir al colegio para buscarse la vida y así poder ofrecer a su familia, Jean, su hermana Chantalle (Annmarie Fulton) y el bebé de ésta, un hogar seguro para celebrar su decimosexto cumpleaños y encarar una nueva vida...
Después de The Navigators, Ken Loach sigue por sus fueros en esta espléndida, dinámica y turbadora película ambientada, una vez más, en la dificultad del día a día de la clase social más desfavorecida a la que incluso se le ha prohibido soñar con la esperanza. Nos presenta un callejón sin salida en el que se desarrolla, a pesar de tanta miseria, una bellísima historia de amor: la de un adolescente adulto ante el mundo exterior y, sin embargo, tremendamente inocente en su relación materna. Con un actor novel como protagonista y un entrecruzado de personajes moldeados psicológicamente hasta el más mínimo detalle, despliega una historia dolorosa y a la vez hermosa como la que ya nos sorprendió gratamente en Mi nombre es Joe. Denuncia social y política son los claros objetivos del tándem Loach-Laverty desde el principio de los tiempos, aunque éstas vienen siempre perfiladas en cuentos maravillosamente humanos.

Liam ha despabilado excesivamente pronto para poder mantenerse con vida, se desenvuelve en el mundillo del tráfico de drogas con una experiencia asombrosa, consecuencia lógica de haber crecido mecido por ese ambiente. No puede escapar de él, es lo único que conoce y, por tanto también, la única posibilidad de lograr a través del dinero una vida más digna. Pero contrapuesto a ese rodaje impropio de su edad, mantiene en la relación con su madre todo el candor del niño que nunca ha podido ser. Y es esta disgregación del personaje y su evolución en ese aspecto lo que consolidan esta película sin maquillaje en la que la desesperanza está agazapada, con toda su crueldad e injusticia, al final de cualquier camino.
Esta minuciosidad con la que trata a sus personajes en Felices dieciséis es apabullante, y la evolución e introspección a las que el protagonista es sometido parecen desarrollarse con facilidad musical

Loach se encuentra como pez en el agua cuando se trata de esculpir la vida en los barrios marginales de la región industrial de Glasgow, y no permite que quede ningún cabo suelto en sus historias sin florituras visuales, pero no por ello desprovistas de un contexto humano extremadamente rico y un desarrollo cuidadosamente estudiado y conseguido. No se trata, en ningún caso, de un desfile de imágenes terribles de amputación de humanidad por unas condiciones penosas, cada personaje está labrado con una sencillez sublime de detalles y reacciones creíbles con las que el espectador no puede mas que identificarse por ser innatas y sentirse desconcertado por ello. Esta minuciosidad con la que trata a sus personajes en Felices dieciséis es apabullante, y la evolución e introspección a las que el protagonista es sometido parecen desarrollarse con facilidad musical. ¿Cómo no sentirse herido con esta sencilla y horrorosa caída al abismo?

Cámara sencilla pero dinámica, colores climáticos de un Reino Unido sin sol, caras en el punto de mira, un seguimiento de los personajes sin detenerse en paisajes inexistentes de barrios desoladores excepto los que ellos mismos hacen florecer, son como siempre su bien conocida manera de acercarnos todo lo que se evita mirar de frente. Eso y una caravana paradisíaca en un acantilado con vistas al mar como puerta a un sueño alcanzable para todos excepto para ellos. Felices dieciséis es un desengaño doloroso, la pérdida de los últimos pétalos de belleza que podían sobrevivir en tanta desesperanza.
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