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Ranajit Guha

Ranajit Guha

    AUTOR
Ranajit Guha

    GÉNERO
Historia/Teoría

    TÍTULO
Las voces de la historia y otros estudios subalternos

    OTROS DATOS
Prólogo de Josep Fontana, 120 páginas, 11'50 €

    EDITORIAL
Crítica



Las voces de la historia

Las voces de la historia

Minneapolis: University of Minnesota Press, 1997.

Minneapolis: University of Minnesota Press, 1997.

New York, Columbia University Press , 2002

New York, Columbia University Press , 2002

México, El Colegio de México, 1999

México, El Colegio de México, 1999

La Paz, SEPHIS, 1997

La Paz, SEPHIS, 1997

Madrid, Biblioteca Nueva, 2002.

Madrid, Biblioteca Nueva, 2002.


Reseñas de libros/No ficción
Las otras voces de la historia
Por Anaclet Pons, miércoles, 7 de abril de 2004
La colección "Historia y Teoría" de la editorial Crítica siempre se ha caracterizado por la agilidad con la que ha captado lo mejor del mercado historiográfico. En esta ocasión, nos ofrece la oportunidad de acceder a uno de los grupos de investigación más dinámicos y significativos de las últimas décadas: los llamados estudios subalternos.
Todos los historiadores en general, e incluso cualquier lector atento, han ido contrayendo en los últimos años una considerable deuda con el trabajo realizado por la editorial Crítica y, en particular, con la colección “Historia y Teoría” que dirige el profesor Josep Fontana. Cierto es que podría cuestionarse el criterio con el que este último ha dispensado en ocasiones prebendas y afeamientos, pero la percepción subjetiva que ha guiado su labor no puede constituir un cargo ni una imputación para cuestionar sus esfuerzos. Antes al contrario, ninguna persona sensata le restaría méritos a la vista de la larga lista de títulos publicados bajo su cuidadoso padrinazgo. De ellos se deduce con nitidez hasta qué punto ha sabido interpretar y traducir para nosotros lo mejor y más significativo de lo que denominamos “nuevas tendencias historiográficas”. En ese sentido, quizá fuera conveniente, pues hay sobradas razones, que alguien se decidiera a analizar la manera en la que ésta y otras colecciones han encauzado y orientado la investigación histórica española de las últimas décadas.

En esta ocasión nos referiremos a uno de los últimos títulos aparecidos en la mencionada colección: "Las voces de la historia y otros estudios subalternos", de Ranahit Guha (dejemos de lado el hecho curioso de que el editor hayan decidido cambiar el nombre bajo el que este autor firma sus obras –Ranajit- atribuyendo a la consonante muda un papel que no parecía destinado a interpretar). No se trata en cualquier caso de ninguna novedad ni de un autor recién llegado, puesto que Ranajit Guha nació en 1932 y en estos momentos es un venerable profesor retirado en sus dominios de Canberra, en nuestras antípodas. Cabe añadir, para ofrecer algún retazo con el que cubrir su dilatada biografía, que se le podría calificar de trotamundos académico, pues, además de sus continuos viajes, ha diseminado sus notables conocimientos en diversas universidades de casi todos los continentes, en Inglaterra, en la India, en Estados Unidos y en Australia. Así pues, su trayectoria es extensa y reconocida, aunque quizá sea su labor al frente de los denominados Subaltern Studies aquello con lo que inmediatamente se le asocia. En efecto, entre 1982 y 1999, impulsó la aparición de una serie que bajo ese mismo título dio a la luz diez volúmenes editados todos ellos por Oxford University Press India. Sin embargo, sería injusto reducir su obra al papel de impulsor y animador de dicha colección, pues durante los últimos cuarenta años ha escrito innumerables artículos y varios libros de referencia, desde su A Rule of Property for Bengal, publicado en 1963 y reeditado en varias ocasiones, hasta su reciente History at the Limit of World-History, aparecido en marzo de 2002. Por lo demás, este último texto no sólo es la culminación cronológica de su trabajo, sino también una condensación metafórica del mismo. De hecho, el núcleo de su argumentación es una crítica de la historiografía occidental que toma como excusa el concepto hegeliano de historia y, como se sabe, una de las ideas recurrentes de este grupo de investigadores es cuestionar el supuesto del carácter universal de la experiencia europea, para lo cual Hegel (y Locke y tantos otros) aparece como referente paradigmático.

Pero volvamos al grupo de los Subaltern Studies, una perspectiva que se cobija, a pesar de las protestas de Fontana en la excelente introducción que acompaña el libro, dentro de los denominados Cultural Studies. Suele decirse que el origen de este grupo se remonta a fines de los años setenta a partir de las reuniones que un grupo de jóvenes historiadores asiáticos mantenía en torno a la figura de Guha, por entonces profesor de la Universidad de Sussex. El grupo debía ser bastante heterogéneo, pero compartía algunas cosas, entre ellas su adscripción marxista y una cierta sensibilidad revolucionaria nacida de los sucesos del 68, aunque no del nuestro, sino del suyo, el del movimiento maoista Naxalbarri. Digamos que ese nombre hace referencia a una localidad situada en el distrito de Darjeeling, en Bengala occidental (zona en la que nació el propio Guha), en la que se produjeron diversos disturbios en 1967. En realidad, se trataba de una serie ocupaciones de tierras, así como de la quema de los archivos del catastro y de los registros de préstamos, acometidas bajo un programa que pretendía acabar con la propiedad monopolista de la tierra por parte los terratenientes y que proponía su redistribución mediante comités campesinos. La importancia de ese movimiento para el grupo de Guha resulta evidente en la medida que sus discusiones se centraban precisamente en la búsqueda de un nuevo modelo historiográfico que atendiera a lo que ellos consideraban la centralidad de los grupos subordinados, algo que esa revuelta les había recordado de forma impactante. Uno de los artículos que se incluyen en el libro que analizamos empieza precisamente con ese tono: “Durante mucho tiempo la historiografía del nacionalismo indio ha estado dominado por el elitismo...”.

En el camino que Guha y sus compañeros emprendieron hubo diversas fuentes de las que bebieron abundantemente y situaciones coyunturales que les ayudaron. En este último sentido, es evidente que la fuerza que adquiriría su discurso es impensable sin tener en cuenta el acceso a la docencia universitaria de refugiados o hijos de inmigrantes procedentes de las antiguas colonias del imperio británico. Pero el referente principal se lo proporcionó el cambio que por entonces experimentaba la historiografía británica, en especial la denominada historia popular o historia desde abajo, en particular los estudios de E.P. Thompson y todo lo que significaban: una cultura popular rica y autónoma, una economía moral que guiaba las acciones de los grupos subalternos, etcétera. Todo ello en el contexto del desencanto producido por el comunismo estalinista y la necesidad de buscar en el pasado alternativas radicales olvidadas por la historia tradicional.

Ahora bien, esa perspectiva quedaría incompleta si no añadimos el otro referente que acabó por perfilar lo que serían los Subaltern Studies. Me refiero a la influencia de Edward Said, sobre todo a partir de la publicación de Orientalism en 1978. Como se sabe, lo que este pensador se propuso desde el primer momento fue analizar las diversas formas textuales mediante las cuales Europa produjo y codificó un saber sobre "Oriente". Es decir, ha tratado de mostrarnos cómo las potencias coloniales penetraron en el otro y examinaron su cultura, lo cual les permitió producir diversos discursos (históricos, arqueológicos, sociológicos, etnológicos, orientales en suma) con los que incorporarlo a su propia (y universal) narrativa. Pues bien, fue el influjo de Said lo que permitió que historiadores como Ranajit Guha o Dipesh Chakrabarty y antropólogos como Partha Chatterjee, a los que habría que añadir intelectuales como Homi Bhabha o Gayatri Spivak, se cuestionaran su manera de proceder e incluso la de los programas anticolonialistas que por entonces imperaban. Ellos advirtieron que todos dejaban de lado el aspecto nuclear, es decir, la reflexión sobre el estatus epistemológico de lo que decían, de sus discursos, y la razón estaba en que la modernidad había creado una gramática totalizante heredera del imaginario colonial. La consecuencia más evidente estaba en que incluso las historiografías no occidentales acababan asumiendo ese modelo dominante en el que, por ejemplo, la independencia de la India no sólo se presentaba erróneamente como obra exclusiva de sus élites sino que éstas, encarnadas en personajes como Ghandi, o Nehru, cumplían un papel redentor (dentro de una ética universal) tras la traición de los colonizadores.

Estas ideas e influencias, y otras en las que no podemos detenernos en este momento (desde la gramsciana a la de la denominada filosofía posmoderna, y sobre todo el influjo de Derrida en Spivak), se encuentran perfectamente recogidas en Las voces de la historia. No se trata por otra parte de un libro preexistente en inglés, sino de una recopilación de artículos que el editor ha elegido atinadamente para dar cuenta del significado de esta corriente. Todo ello acompañado además de una excelente introducción de Josep Fontana en la que, por otro lado, cualquier seguidor habitual encontrará de nuevo algunas de las reprimendas propias de este historiador. Solamente dos quejas finales, fruto eso sí del egoísmo del lector. Por un lado, que el libro sea tan escaso en páginas, apenas cien hojas y cuatro breves ensayos. Por otro, que se hayan elegido precisamente algunos de los que ya eran conocidos en castellano (y repito que su inclusión está justificada, tanto por la importancia que tienen dentro de la obra de Guha como por la notable mejora de su traducción). Pero, en efecto, los dos artículos centrales ya habían sido editados en sendas ediciones aparecidas en América Latina (Silvia Rivera y Rosanna Barragán (eds.), Debates post coloniales: una introducción a los estudios de la subalternidad; Saurabh Dube (ed.), Pasados poscoloniales: colección de ensayos sobre la nueva historia y etnografía de la India). De hecho, y por razones obvias, la influencia de Guha y su grupo ha sido mucho más importante en aquellos países americanos que entre nosotros. Así, desde 1994 funciona un Grupo Latinoamericano de Estudios Subalternos, cuyo manifiesto apareció al año siguiente dentro de un volumen titulado The Posmodernism Debate in Latin America (Duke University Press).

Por todo lo anterior, quien desee seguir esta discusión y leer algunos de los textos de dicha corriente no tiene otro remedio que poner su mirada hacia el otro lado del atlántico. Para quienes les interese, la recomendación más directa es acudir a la revista Historia y Grafía que, además de seguir regularmente este tipo de investigaciones, publicó en su primera entrega de 1999 sendos artículos de Guha y Chakrabarty. Con todo, quizá la mejor introducción a la historia subalterna, y prácticamente única entre nosotros, sea la que ofrece Enrique Gavilán en uno de los artículos que se contienen en el volumen titulado Ensayos de filosofía de la cultura (Biblioteca Nueva, 2002). Ese ensayo no sólo repasa la constitución y las diversas etapas por las que ha pasado el grupo de Guha, sino que aborda sus múltiples significados y derivaciobes.
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