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    GÉNERO
CINE

    TEMA
Crítica de la pélícula de Sam Mendes, Camino a la perdición (por Eva Pereiro López)

    OTROS DATOS
Título origal: Road to Perdition.
Actores: Tom Hanks (Michael O’Sullivan), Jude Law (Maguire- El reportero), Paul Newman (John Roony), Tyler Hoechlin (Michael O’Sullivan Jr.).
Guión: David Self.
Nacionalidad: EE.UU.
Año de producción: 2002.
Duración: 120 minutos.

























Magazine/Cine y otras artes
Senderos perdidos
Por Eva Pereiro López, miércoles, 16 de octubre de 2002
En época de la Depresión estadounidense, el trapicheo y las mafias hacen su ley. Michael O’Sullivan, el Angel de la Muerte (Tom Hanks), es el brazo derecho del capo de la mafia local, John Rooney (Paul Newman), y padre de familia de dos hijos, Peter (Liam Aiken) y Michael Jr. (Tyler Hoechlin). La lealtad y fidelidad hacia el que considera su padre son los valores que le permiten trabajar día tras día en ese putrefacto mundillo, pero un ajuste de cuentas hará que la tranquilidad se desmorone llevándole a emprender el imposible camino de la huida y así asegurar la supervivencia de su hijo mayor.
Sam Mendes y la plasticidad de su cine vuelven a invadir las pantallas con esta película de cine negro que se desarrolla en tiempos de la Ley Seca estadounidense, en los años treinta. Un magnífico elenco de actores se da cita en esta nueva saga de gángsteres que protagonizan Tom Hanks y el veterano e incombustible Paul Newman, cuyas interpretaciones magistrales, a estas alturas, no pueden ya sorprendernos.

Mendes expone aquí una historia conocida de espiral hacia el infierno que estallará tan sólo después de un meticuloso establecimiento en contexto de la situación límite. El tempo lento es, sin duda, la principal característica de este largometraje, esa escrupulosa dedicación a la localización exacta de la acción. Minuciosidad, sin duda, pero en absoluto superflua o pretenciosa.

Así pues, un desafortunado pero estratégicamente bien calculado ajuste de cuentas va a acabar con la aparente tranquilidad y bienestar de la familia O’Sullivan, arrollando valores y creencias a su paso, y obligando a Michael y a su hijo, Michael Jr., a una huida desesperada hacia una seguridad personal imposible que no puede mas que acabar en enfrentamiento directo y muerte.
La perfección aleja la identificación, la emoción, y que a pesar de la maestría sorprendente de la técnica, tanta plasticidad en las retinas no permite un enamoramiento incondicional

Camino a la perdición es, a pesar de su nefasto título español -traducción de Road to Perdition por mención directa a un pueblo costero determinado, además de los posibles significados figurados- un perfecto ejercicio de realización, continuación lógica de la excelente y corrosiva American Beauty, en el que los detalles han sido escrupulosamente estudiados y afinados, así como la impecable fotografía, la exquisita iluminación de las escenas y el dominio de los agigantados planos de rostros. Un perfeccionismo de definición visual digno de lección, que desfila ante nuestros ojos sin esfuerzo ni excesivo detallismo que podría abigarrar el resultado. Y esa plasticidad que se sucede escena tras escena, va acompañada de unos diálogos concisos que no hacen más que acrecentar esa sensación de preciso mecanismo de relojería que se despliega de principio a fin.

Un completísimo reparto crea una unidad de talento extraordinaria, sea cual sea el papel ideado e interpretado por los distintos actores: un chiquillo magnífico, Tyler Hoechlin, tira del hilo del relato de manera asombrosa, acompañado por un Jude Law espléndido en su macabro reportero-asesino, y mecido por un tándem Newman-Hanks (en ese orden, por respeto a la edad) inmejorable.

Ciertas secuencias son de especial belleza visual –diría incluso belleza poética- y auditiva, como por ejemplo, el largo y majestuoso choque de titanes bajo la lluvia, en el más absoluto silencio. Mendes manipula a su antojo, rebuscando sendas perdidas de expresividad, desplegando una maestría indudablemente deliciosa.

Y sin embargo, tanta puntualidad, tanta compleción de requisitos, desafortunadamente, establece una ligera distancia de frialdad entre la historia y el espectador, distanciamiento que se recuerda como un gustillo amargo de fondo. Será que la perfección aleja la identificación, la emoción, y que a pesar de la maestría sorprendente de la técnica, tanta plasticidad en las retinas no permite un enamoramiento incondicional.

A pesar de ello, Camino a la perdición es un lujo de película al que no nos tiene acostumbrados Hollywood, que seguramente se verá recompensada en su justa medida en la próxima entrega de estatuillas.
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