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    GÉNERO
CINE

    TEMA
Crítica de la película Intervención divina del director palestino Elia Suleiman (por Eva Pereiro López)

    OTROS DATOS
Premio del Jurado & Premio de la Crítica, Festival de Cannes 2002.
Guión: Elia Suleiman.
Actores: Elia Suleiman (E.S.), Manal Khader (la joven), Nayef Fahoum Daher (el padre).
Fotografía: Marc-André Batigne.
Montaje: Véronique Lange.
Nacionalidad: Francia-Palestina-Marruecos-Alemania.
Año de Producción: 2002.
Duración: 92 minutos.









































Magazine/Cine y otras artes
Ramala “Check Point”
Por Eva Pereiro López, miércoles, 16 de octubre de 2002
E.S. (Elia Suleiman) mantiene unos encuentros amorosos con una joven palestina (Manal Khader) en el no man’s land de la entrada a Jerusalén, frente al puesto de control israelí. Mientras, su padre (Nayef Fahoum Daher), gravemente enfermo, es hospitalizado, y la vida en la Ciudad Santa corre sin rumbo en un absurdo de locura cotidiana y de odio vecinal grotesco.
Intervención divina es una farsa completa de principio a fin. El absurdo más extravagante hace mella en este largometraje que firma el director palestino Elia Suleiman, desde la primera escena en la que un grupo de jóvenes persigue a un Papa Noel por las colinas de Nazaret y lo apuñala.

Es evidente que la mirada que presenciamos es pro-árabe, y que no hay objetividad fácil en un conflicto como éste, pero también lo es que E.S.- nombre del personaje que él mismo interpreta- ha sabido caricaturar, en escenas cotidianas, el hartazgo y desprecio de unos vecinos que se odian desde que la tierra es tierra. Pero esa animadversión al vecino como acto mecánico en una Jerusalén dividida, esa neurosis patológica de gestos cotidianos exacerbados de la población, a semejanza del desquicio general de la situación político-militar, encuentra una repetición excesiva a lo largo de la primera mitad de la película, y prolonga agónicamente una idea brillante, favoreciendo el desinterés y hastío del espectador e impidiendo un ritmo suelto y continuo. Y es que, aunque las risas acompañan las primeras recurrencias- un hombre echa su basura todas las mañanas en el jardín de la vecina, otro se dedica a agujerear el asfalto de la calle - se apagan luego fatigadas de no ver más allá.
A pesar de escenas lúcidas, originales y excelentemente rodadas, el argumento se le escapa al director de entre los dedos, evaporándose entre secuencia y secuencia sin acabar de firmar contundentemente la historia

El largometraje tiene, en resumen, dos partes: la primera es esa repetición, ya mencionada, de molestar al prójimo en el día a día entre obligados vecinos como metáfora real del callejón sin salida que se vive en los territorios ocupados. La segunda debe ser, porque apenas está esbozada, la historia de E.S. dividida entre el amor en silencio a la joven palestina sin nombre y la enfermedad de su padre. La ubicación de los encuentros mutilados de la pareja delante del check point de Ramala, proporciona la caricatura del perenne destacamento israelí que controla la entrada a la Ciudad Santa, y de la militarización en general. La burla tiene asi las puertas abiertas, pero tambien lo está a la absurda relación, que se nos presenta, entre los dos personajes.

Ninguna de estas dos partes, bien separadas, llega a puerto convenientemente. Y a pesar de escenas lúcidas, originales y excelentemente rodadas, el argumento se le escapa al director de entre los dedos, evaporándose entre secuencia y secuencia sin acabar de firmar contundentemente la historia.

Tiene, esta película, destellos de genialidad, sorpresa y un buen trabajo de realización- mayormente la utilización de planos fijos y la detención temporal en pequeños detalles- pero los primeros no llegan a materializar una idea concisa y definida, y el argumento se pierde en la confusión de ¿una historia de amor apenas esbozada?, o quizá, ¿una parodia de un drama irresoluble? No se sabe exactamente. El bucle no se ha cerrado y los cabos sueltos son demasiados, a pesar de la simpatía que puedan transmitirnos ciertas escenas, y de la ciencia ficción de otras al puro estilo Tigre y Dragón.

Sin embargo, la visualización de esta Intervención divina incompleta, resulta interesante por ser de extrema rareza la posibilidad de ver un largometraje nutrido en un dramático conflicto, llevado con desvergüenza pero brillante subjetividad. Sin pretensiones de ser un film político, es, sin duda, una denuncia de la locura social desatada por la violencia, la represión y el odio enraizado de una situación política insostenible.
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