Magazine/Cine y otras artes
La universalidad del paisaje
Por Rosalía de Frutos, jueves, 12 de septiembre de 2002
Bajo el título de Solsticio, Antonio Hervás Amezcua (Jaén, 1951) ha recogido su último trabajo continuando con su visión plástica del paisaje. Una visión cuya definición proporciona el propio autor: “el esfuerzo artístico estriba en plasmar mediante líneas y colores lo más íntimo de uno mismo”.
Con motivo de su exposición en Helsinki, el pasado otoño, Antonio Hervás presentó su trabajo pictórico elaborado a partir de la indagación sobre la universalidad del sentimiento de arraigo al paisaje. Al respecto el pintor comentaba: “cuando estuve en Helsinki hace apenas un año me pregunté qué es lo que había en el paisaje finlandés que era capaz de interpelar mi sentimiento, por qué sentí que reconocía en la fuerza y misterio del agua de sus lagos, en sus llanuras luminosas algo que me era propio, que me conectaba a mi paisaje cotidiano de la playa donde resido cerca de Barcelona y a la llanura del Delta del Llobregat y el macizo del Garraf que lo envuelve. Me preguntaba por qué somos capaces de captar profundamente un paisaje que es ajeno a nuestra cotidianeidad”.
Precisamente la obra pictórica presentada en Finlandia responde a la búsqueda de la universalidad del paisaje, despojándolo de toda retórica accesoria y ensalzando los trazos más esenciales, intentando perseguir la línea y el color que nos evoca la imagen de un paisaje particular guardado íntimamente en nuestra alma. "El hispanista irlandés Ian Gibson –nos comenta el autor- decidió tener un cuadro mío porque le evocaba la playa en la que había transcurrido su infancia y a la cual se sentía arraigado, aunque yo me inspiré en la playa que contemplo cada día desde el balcón de mi casa". Ello nos muestra, ciertamente, que ese arraigo al paisaje y a su cultura hace iguales a los individuos y a los pueblos. Por ello, afirma Antonio Hervás “un paisaje nos puede evocar un sentimiento de apego y respeto, y ese sentimiento es universal en cualquier pueblo. De la comprensión de este sentimiento debería surgir el respeto y la tolerancia entre los individuos, sus pueblos y su entorno”.
“Desprenderme de la idea primitiva del color ha significado para mí la búsqueda intensa de la luz, de lo más universal que se expresa en todo paisaje” (Antonio Hervás)
En las pinturas que podemos contemplar en la presente exposición, Antonio Hervás ha estudiado los elementos esenciales de la naturaleza: la luz, la profundidad, la atmósfera, el movimiento, la huella del tiempo y, supeditado a todos ellos, el color. La búsqueda de estos elementos le ha llevado a reducir en sus cuadros la paleta de los colores más explosivos y brillantes, como los rojos, los naranjas o los azules muy intensos, aunque no se ha desprendido completamente de ellos.
La visión plástica de nuestro entorno se origina en la luz. Pero la luz es también la expresión máxima de la emotividad que emerge de su comprensión mas íntima de los elementos. En este sentido el autor afirma: “Desprenderme de la idea primitiva del color ha significado para mí la búsqueda intensa de la luz, de lo más universal que se expresa en todo paisaje”.
Mención especial, dentro de la exposición, merece una parcela de sus lienzos dedicada íntegramente a la flora del Delta del Llobregat. En este caso el autor ha querido hacer especial hincapié en mostrarnos bellos ejemplares de flores y plantas que logran sobrevivir a los efectos contaminantes de la zona como la carlina o el panical marino, nombre con el que conocemos en nuestras costas al Eriyngium Maritimun, el lirio de mar (Cladonia Convoluta) o la panisola (Sporobulus Pulgens). Así podemos contemplar los restos del naufragio de estas bellas especies, y lo hace no sirviéndose de la imagen del deterioro sino todo lo contrario puesto que ha sabido rescatar elementos que con su belleza nos hacen ver las posibilidades que aún tenemos de su recuperación.