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    AUTOR
Horacio Vázquez-Rial

    GÉNERO
Ensayo

    TÍTULO
El enigma argentino (descifrado para españoles)

    OTROS DATOS
Prólogo de Eduardo Sotillos. Barcelona, 2002. 280 páginas. 16,50 €

    EDITORIAL
Ediciones B



"Galimberti. Crónica negra de la historia reciente de Argentina". Marcelo Larraquy y Roberto Caballero. Aguilar, Madrid, 2002. 698 páginas. 23,95 €

"Galimberti. Crónica negra de la historia reciente de Argentina". Marcelo Larraquy y Roberto Caballero. Aguilar, Madrid, 2002. 698 páginas. 23,95 €

Horacio Vázquez-Rial

Horacio Vázquez-Rial


Reseñas de libros/No ficción
Argentina vista desde el telescopio y desde el microscopio
Por Rogelio López Blanco, lunes, 19 de agosto de 2002
Comentario de dos libros imprescindibles para comprender el trauma argentino. En el primero, de Vázquez-Rial, escrito a vista de pájaro, se reconstruye una panorámica que pretende retratar el "fracaso" argentino. El otro, una fascinante biografía de Rodolfo Galimberti, constituye, en palabras de los propios autores, "una biografía social y política de un país".

Son dos obras muy útiles para que el lector alcance a comprender la dramática situación argentina. Su hechura es muy distinta. De uno se podría decir que está elaborado a vista de pájaro, como una panorámica impresionista en la que el autor, Horacio Vázquez-Rial, ha elegido los rasgos más significativos de la historia política y económica de Argentina. El otro, elaborado por dos periodistas de investigación, es un tajo transversal sobre el curso seguido por la clase dirigente argentina a través de la apasionante vida de un tipo, Rodolfo Galimberti, que pasó de ser un guerrillero montonero antiimperialista hasta convertirse en un empleado de la CIA y disfrutar de las mieles del poder y la influencia en la etapa del presidente Menem, evolución que, salvando las distancias, no suena tan lejana en muchos ejemplos de representativos políticos españoles.

Horacio Vázquez-Rial ofrece numerosos datos históricos y políticos para situar al lector español y explicarle las causas del “fracaso histórico” de Argentina, un país que cuenta con inmensas riquezas naturales (petróleo, gas, minerales estratégicos, tierra cultivable en un 70 por ciento de su territorio) y la población con mayor nivel educativo de Latinoamérica, una nación que en 1950 igualaba la renta per cápita de Francia o Canadá y doblaba la de España y que en 1998 sólo llegaba al 60 por ciento de ésta última con casi igual población. Como último dato revelador baste decir que entre 1998 y 200 llegaron a España 200 mil argentinos.

En medio del marasmo aparente, Vázquez-Rial, que mantiene con valentía que ya está bien de proyectar las culpas hacia el exterior --la vieja tradición de pérdida de contacto con la realidad--, constata elementos esperanzadores de salud política en la sociedad argentina

Para el autor el mal principal reside en la clase dirigente argentina, no sólo se refiere a la política, y al propio sistema de partidos. El producto de esta combinación tiene tres hitos fundamentales. El primero es el bloqueo del peronismo por los militares y la derecha desde 1955, que forzó un intervensionismo o tutela constante de la milicia. El segundo fue el amplio desarrollo de un movimiento armado cuya amplitud fue estimulada por dicho bloqueo, por más que el contagio insurgente estuviese extendido por medio mundo alentado por la Unión Soviética y Cuba.

Por último, la estrategia exterminadora de la dictadura de Videla fue decisiva, pues con las desapariciones, el destrozo moral de los encarcelados y el exilio consiguiente aniquiló las posibilidades de renovación de la clase dirigente y permitió la perduración de todos aquellos políticos de los partidos tradicionales que colaboraron con la dictadura y se instalaron en la práctica de la corrupción en los años posteriores de democracia. A esos efectos, la ficticia superación del pasado, por medio de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, supuso la entronización de una moral social y política laxa que contribuyó a la orgia de deshonestidad, ineptitud e indiferencia que ha impregnado la última etapa de la vida política de la democracia argentina.

Sin embargo, en medio del marasmo aparente, Vázquez-Rial, que mantiene con valentía que ya está bien de proyectar las culpas hacia el exterior --la vieja tradición de pérdida de contacto con la realidad--, constata elementos esperanzadores de salud política en la sociedad argentina. Tanto en la postura más activa de las clases medias como en la aparición de una nueva generación que, a través de los movimientos que buscan con constancia la reparación por las aberraciones de la dictadura, está germinando y puede constituir la base del relevo para el antiguo y viciado sistema de partidos.

Al libro de Vázquez-Rial hay que objetarle cierto delavazamiento, una falta de trabazón entre los capítulos y algo de sesgo a la hora de tratar el comportamiento de las empresas españolas en su país de origen, en cuanto a sus responsabilidades en la generación de la actual crisis, como si su proceder fuera algo aparte respecto a las demás multinacionales extranjeras. De nuevo la constante, aquí no buscada, de proyectar culpas...

El que Vázquez-Rial dedique su esfuerzo a descifrar lo que sucede en Argentina para los españoles provoca especulaciones plausibles muy interesante para quien esté interesado en la riqueza de matices a la que se presta el cotejo entre ambos países

A ese mundo, a la generación que ha tenido el control de la vida política en las últimas tres décadas, y que puede estar ya en vías de extinción, perteneció Rodolfo Galimberti (1947-2002), cuya biografía han elaborado pormenorizadamente los periodistas Caballero y Larraqy. Pasó de la extrema derecha al peronismo desplazándose ideológicamente hacia su facción izquierdista, sin renunciar nunca a su nacionalismo y a un ferviente anticomunismo. Fue estrecho colaborador de Perón en su estrategia de retorno triunfal. Formó parte de los Montoneros durante los años de plomo, hasta que rompió con ellos en 1979, estando ya en el exilio, etapa en la que colaboró y combatió junto con la OLP en aquel Beirut convertido en ruinas. Volvió ilegalmente a la Argentina democrática donde consiguió el indulto y su habilitación política y social de la mano del menemismo, con el que colaboró en su política de “reconciliación nacional”, tratando con los antiguos torturadores y asesinos de la dictadura. Este paso le obligó a abandonar sus veleidades políticas, aunque nunca se alejó de “la política", pues gran parte de sus negocios privados estuvieron relacionados con las áreas de poder, sea a través de los servicios secretos sea por medio de la representación de intereses de compañías extrajeras en Argentina. Cuando murió estaba a sueldo de la CIA.

La parte más negativa del retrato traza un escenario inquietante. Esa tendencia a creer que la conspiración puede ser el mecanismo para buscar soluciones, algo que sólo contribuye a enturbiar el panorama político; la proyección de culpas al exterior (imperialismo, herencia colonial, conjura judía,...); el concebir el empleo de la violencia como un elemento más del juego político, cuando lo único que hace es poner en marcha una maquinaria infernal... Quizá todo se pueda resumir en la persistencia de una veta mesiánica y de una creencia en soluciones mágicas que sume a la sociedad en un permanente estado de error.

La vida de este individuo, de personalidad arrolladora y verbo subyugante, que pasó por mil peripecias, que vio literalmente de todo y que se ha llevado muchos secretos de la clase dirigente a la tumba --Menem prefería tenerlo al lado, con todos los inconvenientes que ello acarreaba, que en contra-- ha servido a los autores para hacer un sugestivo retrato de la vida social y política de los últimos cuarenta años de Argentina y constituye el complemento adecuado para esa otra visión más general y analítica que proporciona el libro de Horacio Vázquez-Rial.

El que Vázquez-Rial dedique su esfuerzo a descifrar lo que sucede en Argentina para los españoles provoca especulaciones plausibles muy interesante para quien esté interesado en la riqueza de matices a la que se presta el cotejo entre ambos países. En primer lugar hay que destacar que no son muchos los estudios comparativos entre ambos, cuando establecer la comparación es más que aceptable y posible, aunque los principales paralelos de Argentina habría que establecerlos con Australia o Estados Unidos, ambos países frontera también, mientras que España casa mejor con los países mediterráneos y del oeste de Europa.

Sin embargo se pueden establecer notables semejanzas. La inestabilidad política del XIX; los ecos noventayochistas que ahora resuenan en Argentina, con esa mezcla de pesimismo, desgarro y autoflagelación de los críticos (que son mayoría abrumadora); el intervensionismo militar, etcétera, son otros tantos espacios de comparación. Pero lo que es fundamental en ella es el elemento psicológico: Argentina es el espejo de España, encarna todos los temores e inseguridades que subyacen en el inconsciente de los españoles. De ésto se concluye que la apuesta europeísta de las clases política e intelectual españolas, adoptada a principios del siglo XX, ha resultado todo un éxito. Pero hay que matizar que no se ha debido a un simple asunto de renta de situación, como si a cada uno le correspondiese la suerte del contexto geográfico en el que está. La naturaleza del éxito de la apuesta europeísta y su coronamiento está en los modos y modelos y no es debida a las inercias geopolíticas. También está en Europa la región de los Balcanes y de nada ha servido el modelo porque sus clases dirigentes no lo han asumido, con consecuencias sobradamente conocidas.

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