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    AUTOR
Pilar Muñoz López

    GÉNERO
Historia

    TÍTULO
Sangre, amor e interés. La familia en la España de la Restauracion

    OTROS DATOS
Madrid, 2001. 508 páginas. 23,44 euros

    EDITORIAL
Marcial Pons/Universidad Autónoma de Madrid




Reseñas de libros/No ficción
Las familias españolas de la Restauración
Por Anaclet Pons, domingo, 5 de mayo de 2002
Un análisis de las costumbres demográficas españolas entre 1875 y 1931.
Que la historiografía española no tiene un pasado muy boyante ni sobrado es algo bien conocido y admitido. La ignominiosa dictadura tuvo efectos devastadores para las personas y, como no podía ser de otro modo, también en lo tocante a aquello que podían conocer. Por eso, la asimilación de lo que en otros lugares se hacía, ya fueran los objetos o los métodos, resultó muy parcial y poco extendida. Cierto es que esas miserias y penurias comenzaron a ser paliadas desde los años setenta, aunque no lo es menos que la recepción más o menos repentina de todo ese alud de información atrasada nos provocó más de una dispepsia y no pocos atracones. Aun así, y aunque de modo renqueante, los historiadores españoles se aprestaron a ofrecer a su comunidad de lectores un buen surtido de textos sobre los hombres y mujeres del pasado, aderezados además con métodos y teorías a la altura de los tiempos y de la disciplina en general. Se arrinconaron así viejas visiones imperiales y se privilegió el debate en torno a hechos mal conocidos y a su interpretación. Sin embargo, y a pesar de contar con tales experiencias, no parece que hayamos aprendido algunas de aquellas lecciones. Porque si uno observa cuál es la tendencia dominante en esos tiempos, la conclusión que se puede extraer puede parecerle a algunos poco alentadora. Se diría que hemos vuelto parcialmente a algunos vicios antiguos, a la preocupación ontológica por el todo español o por sus partes nacionales. De hecho, ¿qué es lo que predomina en algunos de nosotros, alentado, eso sí, por determinadas editoriales de gran tirada? Pues, diríase que la conmemoración. Pero no en su auténtico sentido etimológico, como diría Paul Ricoeur, la de traer nuevamente (y de forma crítica) a la memoria acontecimientos del pasado, sino la pura y remunerada celebración de episodios dignos de ser recordados en aras de la comunidad o del patriotismo (sea o no constitucional). O bien, por otra parte, el retorno a una historiografía (historizante) de los grandes personajes. Quizá ésa sea la clave para entender nuestra reciente afición a elaborar biografías de todos los monarcas hispanos desde, como mínimo, Carlos I de España y V de Alemania, como decíamos entonces. Biografías que, por lo demás, no siempre son conscientes de los usos que el género permite y que a menudo recaen en su vertiente menos provechosa, ya sea la hagiografía o ya sea una especie de historia mediática, cuyo principal defecto en cualquier caso es que las preguntas que se plantean son (casi) completamente inanes. Cierto es que tal descripción de nuestras prácticas puede resultar caricaturesca e injusta, pues también se emprenden numerosas investigaciones sobre el asunto que dan excelentes frutos, pero conviene al menos subrayar la tendencia.
Este libro, que procede de la tesis que su autora leyó el pasado año (La familia en la España de la Restauración), no toma como objeto a nombres conocidos o a acontecimientos deslumbrantes, sino que explora entre aquellos que han pasado desapercibidos, entre nombres y apellidos anónimos, gentes que construyeron a la postre y sin pretenderlo aquella sociedad española de la Restauración

Es por esta razón por la que iniciativas como la de la editorial Marcial Pons o como las de la historiadora Pilar Muñoz López merecen el debido reconocimiento. Admitamos que dentro de nuestra profesión hay cierta unanimidad en cuanto a nuestro objeto de estudio: las mujeres y los hombres. Como dejo escrito de forma suficiente Lucien Febvre en sus Combates por la historia, nos interesamos “por hombres comprendidos en el marco de las sociedades de que son miembros. La historia se interesa por hombres de múltiples funciones, de diversas actividades, preocupaciones y actitudes variadas que se mezclan, chocan, se contrarían y acaban por concluir entre ellas una paz de compromiso, un modus vivendi al que denominamos Vida”. Así pues, nos preocupamos por lo diverso, por lo plural, que como apuntó su colega Marc Bloch es el modo gramatical de la relatividad, más que por lo singular, afectado de abstracción. Pues bien, de esa vida diversa y plural de nuestro pasado todavía nos queda mucho por conocer, demasiado quizá como para empeñar nuestro esfuerzo en singularidades episódicas o personales como las descritas. En cambio, la obra de Pilar Muñoz (Sangre, amor e interés) es un ejemplo de todo lo contrario.

Este libro, que procede de la tesis que su autora leyó el pasado año (La familia en la España de la Restauración), no toma como objeto a nombres conocidos o a acontecimientos deslumbrantes, sino que explora entre aquellos que han pasado desapercibidos, entre nombres y apellidos anónimos, gentes que construyeron a la postre y sin pretenderlo aquella sociedad española de la Restauración. Para ello, además, se ha servido de una fuente extraordinaria: la encuesta que el Ateneo de Madrid llevó a cabo entre 1901 y 1902 sobre las costumbre populares relativas a tres hechos demográficos de primera magnitud: el nacimiento, el matrimonio y la muerte. Éste es, además, un claro ejemplo de lo mucho que queda por hacer y de lo erradas de ciertas prácticas sociales de los historiadores, pues resulta incomprensible que estos informes (casi trescientos en origen) hayan sido ignorados hasta ahora por la profesión y que sólo hayan visto parcialmente la luz transcritos en lo concerniente a determinadas provincias o zonas geográficas, de manera similar, aunque a menor escala, de lo que hace años ocurrió con el célebre diccionario de Pascual Madoz. Aunque sólo fuera por esto, el libro de Pilar Muñoz debería ser considerado imprescindible, y conviene retener el adjetivo por si las posteriores elucubraciones lo encubrieran. De hecho, en buena medida, la autora le debe a esas casi veinte mil papeletas que se conservan en el Museo Nacional de Antropología una parte no desdeñable del interés que su texto suscita. Y no quiere eso decir que no haya acudido a otras fuentes complementarias para enriquecer y contextualizar su estudio, ya sean recopilaciones legislativas, repertorios folclóricos u obras literarias. En cambio, y por razones obvias ligadas al tiempo y al espacio analizadas, ha rehusado las más estrictamente demográficas (libros parroquiales, censos, vecindarios, etc.). En este sentido, quizá el único (y leve) cargo que se pueda atribuir a la autora es la escasa crítica de fuentes. Cierto es que en alguna ocasión se relativiza o se matiza alguna respuesta en ellas contenida por la condición de quien la formula y el tema del que trata --aludiendo, por ejemplo, a los prejuicios de ciertos informantes burgueses al hablar de los obreros--, pero se echa en falta mayor información de cómo fue elaborada la fuente, de cómo construyó aquella compleja realidad social de la que nos informa.
Sangre, amor e interés debe convertirse en un texto inexcusable para cualquiera persona que esté interesada en conocer la época de la Restauración. Con su lectura y con la de otro libro vecino (El poder de la influencia), los interesados en este período están de enhorabuena

Tampoco faltan en este volumen las herramientas metodológicas y conceptuales con las que tratar el asunto. Pilar Muñoz no desconoce la larga tradición que existe en la denominada demografía histórica, como tampoco ignora los abundantes trabajos que en ese campo ha elaborado la antropología o la sociología. Y hace bien, por ejemplo, en trasladar al lector el significado del vocabulario que sociólogos y antropólogos han creado para definir esas realidades, para inmediatamente después distanciarse de sus propuestas. Lo contrario hubiera sido caer en ciertos excesos propios de una mal entendida interdisciplinariedad, pues los conceptos que esas disciplinas nos ofrecen están caracterizados por su ahistoricidad, mientras que los historiadores debemos estar atentos al contexto y al cambio. De ahí que cuando Pilar Muñoz ha de optar por una determinada aproximación, escoja aquella que se ha denominado como teoría de los sentimientos, lo cual en este caso tampoco dice demasiado. En realidad, su apuesta excede los contornos de esa “escuela”, pues lo que de este libro se puede decir es que rehuye la simplicidad y la explicación unicausal, para buscar con todas las ayudas posibles una historia total, que es la única manera de analizar de forma significativa la familia española de la Restauración.

No quiere eso decir que la obra citada sea perfecta en todos sus ángulos. Una de las imperfecciones que podría citarse es la propia de las tesis doctorales, pero la cuidada escritura salva ese escollo en líneas generales. Otra se deriva de la inmensidad de la fuente, de modo que esa ventaja juega en ocasiones en su contra. Es tanta la información disponible que la autora no tiene espacio material para realizar análisis comparativos o para profundizar en el estudio de determinados aspectos, y eso quizá pueda decepcionar a algunos lectores. Porque quizá esperen que, por ejemplo, al tratar las cencerradas se traiga a colación a E.P. Thompson, que se aluda a Bajtin al mencionar el carnaval o a Mauss al hablar de intercambios y reciprocidad. Por otra parte, la ausencia de ese diálogo crea en ocasiones la impresión de que el texto de Pilar Muñoz es eminentemente descriptivo, algo que en cualquier caso siempre se equilibra con la riqueza inagotable de la fuente.

Por lo demás, Sangre, amor e interés debe convertirse en un texto inexcusable para cualquiera persona que esté interesada en conocer la época de la Restauración. Con su lectura y con la de otro libro vecino (El poder de la influencia), los interesados en este período están de enhorabuena. Por eso, les ahorraremos ahora sus conclusiones, el material sustantivo que ofrece, que es algo que ha de ser digerido con provecho por todos los que se acerquen a sus páginas. Como mucho, podríamos reproducir el paratexto incluido en la contraportada: el libro analiza la familia en España entre 1875 y 1931. Se centra en las relaciones conyugales, paterno-filiales y entre parientes, sin descuidar los aspectos demográficos, antropológicos, económicos y jurídicos de la institución familiar. Del estudio de todo ello se deduce la existencia de sentimientos modernos en la familia de la época, una clara dicotomía geográfica entre estructuras domésticas troncales y nucleares, una jerarquía de valores en la que los hombres primaban sobre las mujeres y los mayores sobre los jóvenes, y la importancia de las redes de solidaridad familiar a través del tiempo y del espacio. No les decepcionará.
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