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Carlos Malamud es profesor de Historia de América de la UNED y Subdirector del Instituto Universitario Ortega y Gasset

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Eduardo Pastrana y Marulanda

Eduardo Pastrana y Marulanda

Alvaro Uribe Vélez

Alvaro Uribe Vélez

Horacio Serpa

Horacio Serpa

Noemí Sanín

Noemí Sanín


Análisis/Política y sociedad latinoamericana
Colombia en la encrucijada
Por Carlos Malamud, sábado, 2 de febrero de 2002
Colombia vive entre grandes tensiones políticas y militares y debe decidir su futuro inmediato entre la guerra y la paz, con unas elecciones presidenciales como telón de fondo. Después de tres años de cierta calma, propiciados por el estilo de gobierno del presidente Andrés Pastrana y la creación de una amplia zona de despeje, se aproximan momentos de definiciones. Definiciones en torno al proceso de paz: el margen de maniobra de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para seguir dando largas a la tregua se acorta, mientras se producen modestos avances en las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en La Habana. Y también definiciones en torno a la identidad del nuevo presidente, con una reciente encuesta que ha caído como una bomba entre la clase política colombiana.
Por primera vez en esta ya larga campaña electoral, el candidato liberal disidente Alvaro Uribe Vélez ha pasado a encabezar los sondeos, con casi nueve puntos de ventaja sobre el liberal Horacio Serpa, hasta ahora el presunto ganador. Mientras tanto, la independiente Noemí Sanín mantiene su caudal de votos aunque sus posibilidades de llegar a la segunda, y definitiva, vuelta parecen alejarse como consecuencia del raudo ascenso de Uribe. Como se señaló más arriba, la difusión de los datos demoscópicos fue un revulsivo para la opinión pública, teniendo en cuenta que Uribe es el candidato que de forma más clara ha manifestado su voluntad de enfrentarse a la guerrilla, sin manifestar al respecto ningún doble lenguaje. Esto le ha permitido tener la menor imagen negativa de los ocho potenciales candidatos y crecer en más de quince puntos en intención de voto en los últimos cuatro meses. Más allá de las descalificaciones que se han hecho de su personalidad, especialmente en Europa, y de que nos gusten más o menos sus propuestas (a mi me gustan bastante poco) no hay dudas de que ha sabido conectar con la gente.

La encuesta se realizó entre el 19 y el 25 de enero, cuando el proceso de paz mostraba sus grandes debilidades. El 20 de enero los embajadores del llamado Grupo de Países Facilitadores del Proceso de Paz, entre los cuales se cuenta España, lograron un principio de acuerdo con las FARC. Esto hizo posible suspender el ultimátum gubernamental para que el ejército penetrara en la zona del despeje. Sin embargo, este principio de acuerdo no significó ningún impedimento para que la organización terrorista lanzara una ofensiva que se cobró decenas de muertos (militares, policías y civiles), arrasó cuatro puentes vitales para las comunicaciones, afectó las redes de distribución de energía eléctrica y petróleo y provocó el pánico entre la población con la colocación de explosivos en zonas urbanas. Tal contexto permite explicar que la gente descrea del proceso de paz impulsado por el presidente y que presente a la violencia como su principal preocupación. Sólo uno de cada diez colombianos cree que debe seguir el proceso de paz mientras dos terceras partes entienden que es preferible la ruptura del diálogo entre el gobierno y las FARC, un porcentaje similar al que piensa que el ejército puede derrotar a la guerrilla. No resulta casual que las FARC y el ELN sean las organizaciones con peor imagen del país, un 90 y un 91% respectivamente, a enorme distancia de los partidos políticos y a mucha más de la Iglesia y las Fuerzas Armadas.
En esta hora la opinión pública ha decidido pasar factura a la inconsistencia de sus políticos, premiando a aquél que se ha mostrado no sólo más contundente sino también menos errático en sus posiciones y manifestaciones

La evolución del conflicto armado y el cada vez mayor cansancio de la población con la acción de la guerrilla y los paramilitares ha convertido a la violencia en la principal preocupación de la sociedad, por delante de los temas económicos y sociales, el paro inclusive. Hasta principios de 2002 el desempleo era una de las mayores preocupaciones de los colombianos y los candidatos presidenciales, con la excepción de Uribe, habían apostado por centrar sus campañas electorales en estas cuestiones dejando la violencia en un segundo plano. Mientras Serpa había apostado claramente por las cuestiones sociales, Sanín prefirió acentuar en su discurso las notas en contra de la partitocracia. Y si bien la enorme polarización y la uniformidad en el deseo de acabar con la violencia lo favorecen, sin embargo, la campaña de Uribe no descansa únicamente en un mensaje centrado en el endurecimiento de la guerra contra la guerrilla, sino también en una concepción más moderna de la política y del Estado. Por eso, se equivocarían sus principales rivales si creen que un relajamiento del conflicto lo haría retroceder en las preferencias populares. En este punto la principal duda gira en torno al tipo de campaña que harán las FARC y a quién será su candidato. En las pasadas elecciones fue obvio que entre Pastrana y Serpa se inclinaron por el primero y en las actuales, de momento, lo cierto es que objetivamente la actividad terrorista ha beneficiado claramente a Uribe.

En esta hora la opinión pública ha decidido pasar factura a la inconsistencia de sus políticos, premiando a aquél que se ha mostrado no sólo más contundente sino también menos errático en sus posiciones y manifestaciones y le ha dado a la paz un significado claro (el silencio de los fusiles), sin añadidos políticos y sociales. Tanto Horacio Serpa como Noemí Sanin han equivocado el eje de sus campañas y en ambos casos han apostado por una política que no pasaba por el reforzamiento de los partidos. En este mal planteamiento coincide también Uribe y uno de los mejores ejemplos es la manera en que han presentado las elecciones parlamentarias del próximo marzo, donde ninguno de los presidenciables parece contar con candidatos propios para el Congreso (ni tampoco se preocupa demasiado por tenerlos). Es indudable que en estos graves momentos la opinión pública colombiana ha cobrado un protagonismo inexistente en el pasado. Fue su determinación de acabar con la guerrilla la que explica, en parte, el cambio de actitud del gobierno en su relación con las FARC. El endurecimiento de la postura de Pastrana también responde al cambio de escenario internacional después de los atentados del 11 de septiembre y a la política antiterrorista de los Estados Unidos. Por eso se entiende que ante la nueva oleada terrorista Pastrana haya decidido una ofensiva militar, para lo cual convocó en el Palacio presidencial una cumbre extraordinaria con los comandantes de la Policía, el Ejército y los ministros de Interior, Justicia y Defensa.
Si las FARC decidieron no abandonar la zona de despeje es porque es más lo que ganan permaneciendo en ella que lo que pierden si la abandonan, más allá de sus bravatas

No hay duda que la población colombiana está cansada de la actual situación y de la hipocresía asesina de los terroristas de uno y otro signo. Fue sintomática la reacción de la gente en las poblaciones cercanas a la zona del despeje al saludar afectivamente al ejército en su toma de posiciones para cumplir la orden presidencial y pedirle que acaben con los insurgentes. Más recientemente, los habitantes de Casanare marcharon 27 kilómetros al son de sus cacerolas para protestar por la voladura de ocho torres de energía que los dejaron sin luz durante varios días. Al mismo tiempo, en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta unos 5.000 campesinos cortaron la carretera troncal en protesta por los asesinatos y los secuestros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), los famosos paramilitares.

La gran duda gira en torno al futuro del proceso de paz. Las exigencias de las FARC son inasumibles por cualquier gobierno democrático y sus pretensiones vuelven a demostrar que su voluntad de paz es prácticamente nula. Si decidieron no abandonar la zona de despeje es porque es más lo que ganan permaneciendo en ella que lo que pierden si la abandonan, más allá de sus bravatas. Pese a su resistencia a que los militares establecieran controles en el exterior de la zona de despeje, lo cierto es que terminaron pasando por el aro. Ahora han vuelto a subir su nivel de exigencias en relación con el cronograma de conversaciones que establece la fecha del 7 de abril como límite para lograr un alto el fuego. Por eso, porque no quieren la paz siguen operando, matando y secuestrando. Y por si todo esto fuera poco abogan, de una forma claramente antidemocrática, por una representación paritaria en la supuesta asamblea constituyente, que según sus intenciones se nombraría a dedo y que sería la encargada de establecer las nuevas reglas de juego del sistema político, social y económica de Colombia en el futuro próximo.

Al conocer el resultado de la encuesta Uribe señaló que “la paz nace de la autoridad y del diálogo útil” y tras agregar que no se debe confundir la autoridad con la guerra dijo que: “La autoridad legitima el orden y disuade la guerra. Yo creo en una salida política al conflicto. Yo soy un padre de familia que quiere la paz para hoy. Pero la actual zona de despeje ha alejado la salida política y ya la guerrilla quiere el poder por la violencia. Por eso mis propuestas [a la guerrilla] de una veeduría internacional para el despeje, que no se secuestre más, que haya un cese de hostilidades de inmediato y así se le puede dar [a la guerrilla] todo el plazo que sea necesario para una desmovilización”. Hasta ahora Uribe se había caracterizado por la dureza de su discurso contra la guerrilla. La publicación del último sondeo ha aumentado su exposición ante la opinión pública nacional e internacional. Sería deseable que más allá de la dureza en el combate contra el terrorismo, el candidato limitara sus propuestas a lo que la legalidad establece. Sin embargo, la campaña no ha concluido. De las rectificaciones que hagan Serpa y Sanín en sus mensajes dependerá el resultado final. Todavía asistiremos a nuevas convulsiones, con el margen que éstas tienen para las sorpresas.
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