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Carlos Malamud es profesor de Historia de América de la UNED y Subdirector del Instituto Universitario Ortega y Gasset

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Fernando de la Rúa

Fernando de la Rúa

Carlos Menem

Carlos Menem

Federico Ramón Puerta

Federico Ramón Puerta

Juan Domingo Perón

Juan Domingo Perón


Análisis/Política y sociedad latinoamericana
Menem 2003: la pasión de reinar
Por Carlos Malamud, viernes, 14 de diciembre de 2001
La situación económica argentina es cuanto menos desesperada. El país se encuentra al borde de la suspensión de pagos, el temido default, que puede poner en marcha una serie encadenada de efectos no deseados, imprevistos e imprevisibles que agraven aún más la vida cotidiana de los argentinos. Para colmo de males, la congelación de los depósitos bancarios, el uso restringido del circulante y la crisis económica introducen aún más incertidumbre en el futuro del sistema y convocan a viejos y olvidados fantasmas de la familia de la hiperinflación.
La recesión, comenzada durante el gobierno de Carlos Menem, no ha hecho sino acentuarse y sus dolorosos efectos han sumido en el desánimo y la frustración a una sociedad que desde hace ya bastantes décadas no termina de encontrar su rumbo ni su lugar en el mundo y por no saber parece que ni siquiera sabe en qué mundo vive. Sin embargo, y más allá de la gravedad de la situación, habría que insistir hasta la saciedad en que la actual crisis es más política que económica, sin negar la importancia que lo económico y lo financiero tienen en la situación actual.

Las pasadas elecciones legislativas no hacen sino confirmar el diagnóstico. Un elevado porcentaje de ciudadanos mostró su profundo descontento con el actual gobierno negándose a votar (el voto es obligatorio en Argentina), haciéndolo en blanco o anulando su sufragio en lo que se llamó el voto bronca. La bronca de la gente con sus mandatarios, con sus representantes, con sus políticos ha aumentado considerablemente en los últimos tiempos, tal como muestran las encuestas. Según las mediciones del Latinobarómetro ha bajado el grado de satisfacción con la democracia, así como el índice de confianza interpersonal. Otra encuesta de alcance iberoamericano muestra que la falta de confianza de los argentinos en sus instituciones políticas es alarmante: el índice de confianza en los partidos políticos es del 10%, en el Congreso del 11%, en los sindicatos del 16% y en la justicia del 26%. Argentina también ocupa el penúltimo lugar de Iberoamérica en lo que a confianza en sus empresas privadas se refiere, el 33%, lo cual termina de diseñar un panorama totalmente desolador marcado por el descreimiento generalizado. Esta situación se ve agravada en el último tiempo por la evidente falta de liderazgo del actual gobierno, que no ha hecho más que empeorar las cosas hasta llegar a niveles prácticamente desconocidos en el pasado.
De pronto irrumpió como un elefante en una cacharrería la patética figura de Menem que, tras ser absuelto del delito de asociación ilícita que se le imputaba en el caso de contrabando de armas, decidió ser el nuevo presidente de los argentinos

Pero si todo esto sabía a poco, en medio del bochorno casi estival que comienza a vivirse en Buenos Aires, de pronto irrumpió como un elefante en una cacharrería la patética figura de Carlos Menem que, tras ser absuelto del delito de asociación ilícita que se le imputaba en el caso de contrabando de armas a Croacia y Ecuador, decidió ser el nuevo presidente de los argentinos. Reputados juristas habían advertido de lo insólito de los cargos que se le atribuían, aunque eran pocos los argentinos que en su fuero íntimo dudaban de su implicación en los más diversos casos de corrupción ocurridos durante su mandato. Las cosas se agravan, desde el punto de vista del mensaje recibido por la opinión pública, por el hecho de que tanto el presidente de la Corte Suprema y otro magistrado del mismo tribunal son amigos íntimos del ex presidente y no se inhibieron a la hora de pronunciarse. Para colmo, y con el desparpajo que siempre lo ha caracterizado, una vez libre Menem se niega a que su patrimonio sea investigado aludiendo indefensión y usurpación de poderes.

Con el fin de cumplir su propósito, que lo transportaría nuevamente hasta la Casa Rosada, Menem no ha esperado ni una semana de libertad para recuperar el control del Partido Justicialista (peronista), cuyo mando había delegado cuando fue encarcelado por la acción de la justicia. El espectáculo del acto montado por Menem para retomar las riendas del poder partidario fue cuanto menos bochornoso. Junto a los bombos que no dejaban de tronar hubo de todo, desde el cura que exhortó a los presentes a rezar un padre nuestro por la libertad del presidente hasta unos carteristas que hicieron su agosto pescando milagrosamente numerosas billeteras.
Menem siempre ha sido un personaje extravagante que ahora intenta sorprender a propios y extraños con presentar nuevamente su candidatura a las próximas elecciones presidenciales que, de no haber un descarrilamiento grave de la vida política argentina, deberían celebrarse en el 2003

Menem siempre ha sido un personaje extravagante que ahora intenta sorprender a propios y extraños con presentar nuevamente su candidatura a las próximas elecciones presidenciales que, de no haber un descarrilamiento grave de la vida política argentina, deberían celebrarse en el 2003. Si bien el pueblo, expectante desde las gradas, también debe cargar con su cuota de responsabilidad al exigir permanentemente a sus representantes reivindicaciones incumplibles, es el actual gobierno quien debe encabezar la lista de recriminaciones. El manejo de la cosa pública por parte del presidente Fernando de la Rúa es cuanto menos desconcertante. En fechas recientes ha regañado a su primer ministro de economía, José Luis Machinea, por haber abandonado el barco, cuando fue precisamente la falta de respaldo presidencial el motivo de su dimisión.

Rodeado de un entorno amical y familiar caracterizado por su ineficacia y su escasa cintura negociadora, De la Rúa ha sabido dinamitar uno a uno casi todos los respaldos políticos que le permitieron llegar al poder. La Alianza casi no existe, el Partido Radical duda entre darle la espalda o mirar para otro lado y, para colmo de males, en un acto de insensatez política casi sin precedentes en la historia argentina, los peronistas han puesto como presidente del Senado a uno de los suyos, Ramón Puerta, lo que implica que el sucesor de De la Rúa no es un hombre de su confianza, ni siquiera un correligionario o un aliado político, sino un opositor. Para que no le quiten la silla, el presidente tendrá que limitar al máximo sus viajes, lo que, visto de otra manera, puede ayudar al objetivo del déficit cero.
La actual crisis argentina si bien tiene una vertiente económica y financiera determinante es básicamente una crisis política que sólo se podrá resolver con nuevos modos y nuevas gentes

Llega por tanto el momento de hablar de la oposición peronista y de sus graves responsabilidades. En este momento no están nada claras las opciones de Menem de llegar al poder, ya que sus actuales apoyos políticos son bastante endebles, aunque más de un gobernador, con la vista puesta en el futuro, parece decidido a cambiar sus apoyos. Por eso, en un país tan imprevisible como Argentina cualquier cosa puede suceder. Pero no creo que sea ese el mensaje que se deba transmitir a las nuevas generaciones de argentinos. Los partidos políticos, incluido el peronista, están sumidos en el mayor descrédito. Por tanto es necesario que la vieja dirigencia sepa dar un paso al costado y permita el ingreso de gente joven en la vida política. La actual crisis argentina si bien tiene una vertiente económica y financiera determinante es básicamente una crisis política que sólo se podrá resolver con nuevos modos y nuevas gentes.

No puede ser que el movimiento sindical sea un freno constante a la gestión de cualquier gobierno democrático no peronista y a la primera de cambio y con total irresponsabilidad convoque una huelga general contra la política económica del gobierno. Tampoco se puede olvidar la gran irresponsabilidad de los gobernadores de las provincias, peronistas en su gran mayoría, que no sólo no reducen el defícit fiscal sino también hacen muy poco por trabajar por una salida negociada. No es casualidad que desde el derrocamiento de Perón en 1955 ningún presidente no peronista terminara su mandato, incompetencias al margen. El peronismo debe renovarse y comprometerse con la democracia, de otro modo no sólo se acabará el peronismo y la democracia, sino también el futuro de la propia Argentina estará sumamente comprometido. Desde fuera del país son muchos los que quieren ayudar a la Argentina, pero para ello es necesario que los propios argentinos se dejen ayudar. Pero ello implica abandonar la retórica victimista y ponerse a trabajar. Como dijo Ortega: argentinos a las cosas.
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