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    AUTOR
José Varela Ortega

    GÉNERO
Historia Política

    TÍTULO
Los amigos políticos. Partidos, elecciones y caciquismo en la Restauración (1875-1902)

    OTROS DATOS
Madrid, 2001. 561 páginas. 4500 pesetas

    EDITORIAL
Marcial Pons




Reseñas de libros/No ficción
La vigencia de un clásico de la Historia Política española
Por Carlos Dardé, domingo, 7 de octubre de 2001
Se reedita un libro de historia veinticuatro años después de su primera publicación. Con Los amigos políticos, José Varela Ortega inició en 1977 una profunda revisión de toda una época de la historia de España, la Restauración, que no ha dejado de ganar importancia desde entonces
“Nada envejece tan deprisa como un libro de Historia”, escribió en una ocasión Menéndez Pelayo. Y tenía razón, en la inmensa mayoría de los casos. Las fuentes de información que utilizan los historiadores son siempre limitadas; no es extraño que –sobre todo cuando se trata de historia contemporánea- aparezcan nuevos documentos que dejen obsoletas anteriores interpretaciones. Y más importante todavía: los historiadores son gentes que viven en una época concreta y participan necesariamente tanto de una determinada perspectiva del pasado (“la altura del tiempo”, que dijera Ortega) como de unas teorías e instrumentos de análisis específicos. Todo ello hace que la fecha de caducidad de la mayoría de los libros de historia sea tan reducida

Hay, sin embargo algunos, pocos, historiadores que consiguen escapar a esta ley de lo efímero. Bien porque hacen un esfuerzo extraordinario para utilizar la mayor parte de la documentación disponible, o porque saben liberarse de modas o tópicos de su época o, finalmente, porque aciertan en la utilización de los instrumentos disponibles –teorías, lenguaje- más adecuados para acceder al conocimiento cabal de la época que estudian. Este es el caso de José Varela Ortega con Los amigos políticos.

En efecto, como muchos de los historiadores de entonces, Varela Ortega hizo un uso exhaustivo de la prensa y la historiografía de la época pero, además, llevó a cabo una amplísima investigación en archivos –privados y públicos, españoles y extranjeros- hasta entonces no consultados por los historiadores de la Restauración. La nueva información proporcionada fue sencillamente espectacular. Gracias a ella conocíamos con una luz nueva –y con nuevas palabras y expresiones, que eran las de los contemporáneos- personas y acontecimientos fundamentales.
La autonomía de la política, que pocos años después redescubriría la historiografía occidental quedaba así firmemente establecida en Los amigos políticos

En relación con los tópicos de los que se liberó, destaca el síndrome del fracaso de la II República y la guerra civil. Como dice el mismo autor, “el estereotipo más popular de aquel régimen, tanto para la derecha como para la izquierda, fabricado extrapolando hacía atrás las experiencias de los años treinta y cuarenta de nuestro siglo hasta referirlas a la Restauración, ha dibujado el cuadro confuso de una España en un supuesto estado de perpetuo fermento revolucionario, bien precediendo o siguiendo a la represión”. Por el contrario, Varela Ortega llegaba a la conclusión de que “la característica más acusada de la Restauración fue precisamente esa casi ‘insultante indiferencia’ que tanto descorazonaba a los políticos antidinásticos, siempre quejosos de la ‘anemia cívica’ de sus coetáneos”.

Otro de los estereotipos de los que se escapaba Los amigos políticos era del determinismo económico. Aquella idea formulada por Vicens Vives -que en los años setenta era como un dogma de fe- que el poder politico de la Restauración estaba dictado por los intereses económicos del triángulo Barcelona-Bilbao-Valladolid, era considerada “una mediana abstracción cuando se mantiene dentro de los límites didácticos para los que fue formulada, pero equívoca si se pretende forzarla para darle un alcance explicativo fuera del propósito”. Frente a ella, el autor afirmaba que “la gestión de los diversos intereses distó de ser esa ofensiva irresistible de omnipotentes grupos económicos [...] De este modo, la relación entre poder, o mejor los poderes económicos y el político, no fue tan directa e inmediata; su funcionamiento fue distinto, más implícito y entrecortado”. La autonomía de la política, que pocos años después redescubriría la historiografía occidental quedaba así firmemente establecida.
Los amigos políticos inició, como se ha dicho, una profunda revisión historiográfica (...) Una próxima publicación dirigida también por José Varela Ortega de inmediata aparición -El poder de la influencia, Marcial Pons/Centro de Estudios Constitucionales-, lo pondrá de manifiesto

A partir de conceptos elaborados por la antropología y la ciencia política, Varela Ortega ofreció una nueva interpretación global del caciquismo, ese término infamante con el que –como señaló Raymond Carr- los regeneracionistas descalificaron a todo un régimen. Frente a la idea de que éste se basaba fundamentalmente en la represión, Los amigos políticos señalaba que, en la mayor parte de los casos, las relaciones entre gobernantes y gobernados, representantes y representados, eran de naturaleza clientelar; unas relaciones en las que se intercambiaban votos –o apoyo social- por favores –en especial los que se derivaban del control de los recursos políticos y administrativos-. No era una situación perfecta, idílica, como algunos han querido ver; en el análisis de Varela Ortega quedan bien claros el fraude, la corrupción, la falta de independencia y la limitación de las libertades (desde luego, no es el tipo de régimen en el que a uno le gustaría vivir). Pero el cuadro general estaba lejos de ser el de una “fantástica oligarquía” (Ramos Oliveira) que utilizaba todos sus recursos para imponerse a una población indefensa. Por el contrario, aquel sistema se adaptaba a las condiciones de la España de entonces –rural y analfabeta- y al tipo de cultura política predominante –local y particularista-. Y no supone ninguna excepción monstruosa en el proceso de modernización política –que va desde la creación de sistemas constitucionales de carácter liberal a la implantación de democracias igualitarias- que han experimentado las sociedades occidentales en los dos últimos siglos.

Aquel fue el precio, por otra parte, que se pagó por algo importante, la estabilidad política. Al ponerse de acuerdo sobre las “reglas del juego”, la generación que hizo la Restauración –en la que sobresale Antonio Cánovas del Castillo- consiguió vencer lo que había sido el cáncer del sistema liberal en España: el protagonismo de los militares. A partir de entonces, los gobiernos dejaron de nacer en “las cuadras de regimientos insubordinados” (Cánovas) y se formaron, bajo el arbitraje de la Corona, como resultado de la capacidad de los partidos para integrar las distintas fuerzas políticas existentes.

Los amigos políticos inició, como se ha dicho, una profunda revisión historiográfica. Después de cientos de trabajos realizados en las dos últimas décadas, sabemos muchas más cosas acerca del funcionamiento del sistema, sobre todo a nivel local. Una próxima publicación dirigida también por José Varela Ortega de inmediata aparición -El poder de la influencia, Marcial Pons/Centro de Estudios Constitucionales-, lo pondrá de manifiesto. Sin embargo, ninguna de las tesis originales y provocadoras de aquel libro pionero han quedado desmentidas sino, por el contrario, reforzadas. Bienvenida sea, por tanto, la reedición de una obra que sigue teniendo una completa vigencia.
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